¿De qué va “El Secreto Masónico”?

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Alcoseri Vicente

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May 12, 2026, 12:01:31 AM (10 days ago) May 12
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¿De qué va “El Secreto Masónico”?
Desde que el candidato cruza por primera vez el umbral del Templo, intuye  que entra a un mundo donde todo tiene un doble sentido: lo que se ve y lo que se oculta, lo que se dice y lo que sólo se comprende con el instinto muy despierto. Como organización iniciática y esotérica, la Masonería es guardiana de un Secreto que es, en realidad, el alma misma de su mensaje y su verdadera razón de ser. Este conocimiento sagrado se transmite por vías reservadas, velado para quien aún permanece en la vida profana, protegido por el juramento que todo masón pronuncia en su iniciación. Es el famoso "Secreto Masónico", del cual tanto se habla, pero que muy pocos comprenden en su profundidad real.
Al igual que en nuestro recorrido iniciático, donde nada se entrega sin esfuerzo ni sin preparación, este tipo de verdad es común a todas las grandes vías espirituales de la historia: desde el pitagorismo hasta los misterios de Egipto, desde el sufismo hasta el shivaísmo, desde el taoísmo hasta el zen. En todos ellos, como en nuestra Orden, el secreto no es algo que se esconde por maldad, sino algo que es secreto por su propia naturaleza. Es una verdad que no se puede explicar con palabras, porque pertenece al mundo de la experiencia interior. Habla de lo más profundo del ser humano, de su capacidad de transformación, de su unión con lo divino. Sólo se descubre viviéndolo, practicando con constancia esa Arte Real que es la vida masónica, paso a paso, grado a grado, tal como avanzamos desde Aprendiz hasta Maestro y más allá.
Como bien señaló el gran conocedor de los misterios Christian Jacq: "Los libros que prometen revelar todos los secretos de la Masonería no son más que engaños; porque el conocimiento último de nuestras verdades sólo se alcanza dentro de la Logia, y no puede ser comprendido por quien no lo ha vivido en su interioridad". Y aquí quiero compartir contigo la visión del ilustre masón Giacomo Casanova, quien en sus propios escritos sobre su paso por la Orden afirmaba: "El secreto no es lo que callamos, sino lo que el corazón aún no está listo para recibir. Guardamos el silencio no para ocultar, sino para proteger la semilla, hasta que el iniciado tenga tierra fértil en su espíritu para que germine". Para Casanova, el secreto era, ante todo, una medida de respeto hacia la verdad misma: no se entrega la luz a quien todavía camina entre sombras, ni se confía la llave al que aún no ha aprendido a cerrar bien su puerta interior.
Es fundamental aclarar algo que la gente de afuera siempre malinterpreta: este secreto no guarda nada vergonzoso, ni planes ocultos, ni fines criminales ni conspiraciones. No es algo que decidimos esconder arbitrariamente para sentirnos superiores o separados del mundo. Si en algunos momentos de la historia ciertas ramas o grupos desviados usaron el silencio como arma, eso fue una degeneración, una traición al espíritu de la Orden, nunca su esencia verdadera. Nosotros guardamos el secreto igual que guardamos el fuego: para que no se apague, pero tampoco para que queme a quien no sabe manejarlo.
La Masonería y los Misterios del Antiguo Egipto: Nuestra Raíz Sagrada
Cuando el candidato recorre las pruebas de su iniciación —el agua que purifica, la luz que deslumbra, la palabra perdida que se busca—, está repitiendo, en su propia alma, el mismo camino que recorrieron los iniciados en los templos del Nilo hace miles de años. Los misterios egipcios son, sin duda, uno de los cimientos más sólidos de nuestra Arte Real. En cada símbolo, en cada rito, en cada enseñanza de nuestra Orden, se respira el espíritu de aquella civilización grandiosa que hizo de la sabiduría y de la construcción un acto sagrado.
En primer lugar, se alza la Esfinge, ese ser mitad animal y mitad divino, que vigila y calla. Es el símbolo perfecto del secreto: ella tiene la respuesta, pero sólo se la entrega a quien sabe hacer la pregunta correcta y tiene el valor de escuchar. En nuestra Logia, la Esfinge nos recuerda que la verdad no se da, se conquista; que debemos dominar nuestra parte instintiva para que brille nuestra parte espiritual.
Junto a ella, el Triángulo, figura central de nuestra simbología, que no es otra cosa que la representación de la pirámide egipcia. Así como la pirámide se levanta desde la base amplia y sólida hasta tocar el cielo con su vértice, el trabajo del masón consiste en elevar su espíritu desde la materia y la ignorancia hasta la Luz divina, paso firme y ascensión constante. Nuestra meta, convertirnos en la Piedra Cúbica perfecta, coronada por la forma piramidal, es exactamente la misma perfección que buscaban los constructores de Gizeh: obra maestra donde nada sobra ni falta, equilibrio absoluto entre tierra y cielo.
Brilla también sobre nosotros el Ojo que Todo lo Ve, ese ojo dentro del triángulo que ya observaba desde las estelas egipcias como el símbolo de Horus. Para el antiguo egipcio, era la mirada de la divinidad que ordena y sana; para nosotros, es el Ojo de la Conciencia, esa luz interior que se abre precisamente gracias a la iniciación. Al igual que Isis recuperaba y unía las partes dispersas de Osiris, el masón utiliza esta luz para reunir las partes fragmentadas de su propio ser, para sanar lo que está roto y para ver la verdad más allá de las apariencias.
Pero si hay una figura que une indisolublemente nuestra Orden con el alma de Egipto, esa es Isis. Ella es la diosa central de los misterios, la Madre Divina, la Viuda que busca incansablemente los restos de Osiris para devolverle la vida. ¿No es acaso esta la definición más profunda de lo que somos? Nos llamamos "Hijos de la Viuda" porque, igual que Isis, nosotros también buscamos sin descanso: buscamos la Palabra Perdida, buscamos la Verdad oculta, buscamos la reunión con lo divino que parece haberse alejado de nosotros. Como explica Jacq: "Isis es al mismo tiempo madre y viuda: siempre madre, porque engendra nuevos iniciados a la luz; siempre viuda, porque permanece una, entera, y nunca puede ser poseída ni dominada por ningún hombre". Para Casanova, esta búsqueda era la esencia misma de nuestra libertad: "Ser Hijo de la Viuda significa ser libre, porque no servimos a rey ni a señor, sino sólo a la Verdad que buscamos, como ella, sin descanso".
Como afirmó Albert Mackey, gran estudioso de nuestra historia, Egipto fue la verdadera cuna de la geometría y del Arte Real. Allí se unieron por primera vez la ciencia exacta y la sabiduría espiritual; allí los constructores no sólo levantaban templos de piedra, sino que entendían que cada medida, cada ángulo y cada forma tenía un significado sagrado. Esa unión entre el trabajo de las manos y el trabajo del espíritu es la herencia que hemos recibido y que mantenemos viva: ser masones es ser constructores en dos mundos, el físico y el interior.
Esta conexión ha sido tan fuerte a lo largo de los siglos que han surgido ritos enteros dedicados a revivir esa sabiduría. Si bien algunas corrientes, como la llamada masonería egipcia de Cagliostro, fueron más que tradición, otras han perdurado con fuerza y seriedad hasta nuestros días. Me refiero al Rito de Misraím y al Rito de Memphis, nacidos en Francia tras la expedición de Napoleón —donde participaron numerosos científicos y masones que quedaron deslumbrados por el legado del Nilo—. Los fundadores del Rito de Misraím sostenían que nuestra tradición venía directamente de Misraím, uno de los primeros reyes de Egipto, quien habría recibido la sabiduría directamente de la divinidad. Por su parte, el creador del Rito de Memphis aseguraba que los antiguos templarios —nuestros antepasados espirituales— habían recibido esta doctrina de un sabio sacerdote de Menfis llamado Ormus, quien supo unir la antigua sabiduría egipcia con la luz cristiana. Ambos ritos se unieron en 1908 para formar el Rito de Memphis-Misraím, que hoy se practica en todo el mundo y que mantiene viva, en cada uno de sus grados, la memoria de aquellos primeros iniciados que, al igual que nosotros, querían descifrar los misterios del cielo y de la tierra.
En cada apertura de trabajos, en cada símbolo que observamos, en cada palabra que se pronuncia en el silencio del Templo, estamos honrando esa herencia: somos los herederos de los misterios, los continuadores de la búsqueda eterna, los guardianes de ese Secreto que no se puede decir, pero que se puede vivir.
"Guardamos el secreto no para ocultar verdad, sino para protegerla, pues la luz sólo revela su esplendor a quien ha aprendido a caminar despierto entre las sombras."
"Un Maestro, dirigiéndose a su discípulo, le dice: —Ven, te mostraré algo propio de un grado superior. Caminan juntos, y el Maestro le señala exactamente lo mismo que el discípulo ya conocía y había visto ya en su grado anterior. El discípulo le dice: pero si es exactamente lo mismo  que vi en mi grado de aprendiz. Entonces el Maestro  le dice con voz grave: —No podrás percibirlo, comprenderlo ni apreciarlo en toda su verdad, mientras no hayas conquistado y vivido el grado y el gradiente  siguiente."
Esta pequeña historia es, sin duda, una de las enseñanzas más profundas y exactas sobre la naturaleza de proceso masónico, y explica perfectamente qué es el "Secreto Masónico" del que hablamos.
Lo primero que debes entender es esto: la realidad, el símbolo, la enseñanza o la obra, es siempre la misma.
El Maestro no le muestra una cosa nueva, diferente o mágica. Le muestra exactamente lo mismo que ya estaba ahí.
En Masonería, la Verdad es una, eterna e inmutable. No hay verdades diferentes para cada grado; lo que cambia es la capacidad del ser humano para comprenderla.
• El Aprendiz de Masón ve una piedra: sólo ve una cosa bruta, pesada y sin forma.
• El Compañero Masón ve la misma piedra: entiende que debe trabajarse, pulirse y cuadrarse.
• El Maestro Masón ve la misma piedra: reconoce en ella la imagen perfecta del espíritu humano y su relación con el Gran Arquitecto del Universo.
Es el mismo objeto, es la misma piedra , pero una mirada distinta lo transforma todo. Como decía Giacomo Casanova: "El secreto no está oculto detrás de las cosas, sino dentro de los ojos que las miran".
¿Qué significa "el siguiente gradiente"?
Un masón puede tener el Sublime grado de Maestro Masón , pero no necesariamente tiene el Gradiente?
La palabra gradiente aquí se refiere al nivel de consciencia, de experiencia y de evolución interior.
No se trata sólo de recibir un título, un grado masónico superior, un diploma o saber palabras nuevas. Tener el "grado siguiente" significa haber vivido, sufrido, aprendido y transformado todo lo que el grado anterior exigía.
En los Misterios de Egipto, en el Pitagorismo y en nuestra Orden, se enseña que nada se revela si antes no se ha conquistado.
• Si te mostrara la verdad superior antes de que estés preparado, no sólo no la entenderías, sino que la malinterpretarías, la usarías mal o te dañaría.
• El "gradiente" es el umbral de tu propia capacidad. No puedes subir el nivel del agua en un recipiente si antes no has ampliado sus paredes.
Por eso el Maestro le dice: "No lo percibirás claramente...". La palabra PERCIBIR es clave. Percibir no es sólo ver con los ojos, es comprender con el alma. Puedes tener algo frente a ti mil veces, pero hasta que algo dentro de ti cambia, es como si estuviera invisible.
• El Secreto Masónico: ¿Por qué guardamos silencio? Porque aunque te dijéramos las palabras o te mostráramos los símbolos, si no tienes el gradiente, verías sólo lo externo, lo profano, y perderías la esencia. Como decía Christian Jacq: "El conocimiento no se entrega, se construye".
• Carl Jung y la Integración: Para comprender un nivel superior, debes haber integrado y vivido todo lo anterior. Si no has trabajado tu sombra, tu ego, tus errores, no puedes entender la luz superior, porque la luz te cegaría.
• Jesucristo como Gran Iniciado: Él enseñaba en parábolas. La multitud escuchaba las mismas palabras que sus discípulos, pero sólo los iniciados, los que caminaban con Él, percibían el sentido oculto. Es el mismo mensaje, pero distinta comprensión según el grado de evolución.
• La Prueba del Agua Lustral: El agua es siempre agua. Para el profano es sólo agua. Para el Aprendiz es purificación. Para el Maestro es símbolo de la fluidez del espíritu y la vida eterna. Lo mismo, pero distinta percepción según el gradiente.
"En la Iniciación, nada nuevo se añade al mundo; todo lo nuevo nace en ti. El Maestro no te regala verdades, te muestra lo que siempre estuvo ahí, pero te dice: cuando hayas crecido por dentro, cuando hayas subido el nivel de tu conciencia, lo que hoy parece igual, se te revelará como totalmente nuevo, profundo y luminoso."
Es la definición exacta de lo que significa SER MASÓN: no buscamos cosas nuevas fuera, sino nuevos ojos para ver lo que ya existe.
 Alcoseri 
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