¿Por qué el proceso iniciático masónico provoca cambios en algunos y en otros no?
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Alcoseri Vicente
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Feb 24, 2026, 10:39:15 PM (2 days ago) Feb 24
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¿Por qué el proceso iniciático masónico provoca cambios en algunos y en otros no?
Uno de los equívocos más frecuentes entre los neófitos en la masonería radica en la creencia de que la iniciación por sí sola desencadena una transformación inmediata, como si el velo del templo se rasgara al instante y un cambio alquímico irrumpiera en su ser. Esta ilusión podría materializarse si existiera un trabajo previo de psico-transformación: años dedicados a escuelas esotéricas, una vida alineada con la pureza mística desde el nacimiento hasta el umbral de la logia. Sin embargo, pocos masones encajan en este arquetipo de dueños absolutos de su destino; la mayoría debemos pulir nuestra piedra bruta con esfuerzo tenaz, corrigiendo defectos arraigados antes de comprender el proceso iniciático y ascender al sublime grado de Maestro Masón, donde la escuadra y el compás se convierten en herramientas del alma. Para elevarnos, debemos primero cartografiar nuestras capacidades, potenciarlas como el arquitecto diseña el Templo de Salomón, y diagnosticar los vicios que minan nuestra eficacia vital. De los misterios de la auténtica iniciación masónica emerge un Hombre Nuevo, un constructor activo que contribuye al advenimiento de un Nuevo Orden: no un régimen mundano, sino un equilibrio cósmico donde la luz disipa las sombras del caos. En planos superiores, este Misterio ya está gestando a estos Hombres Nuevos —vislumbres de ellos irrumpen en nuestra era de transición—, condición sine qua non para que la Nueva Era se inaugure con armonía. La cultura de la razón pura y práctica fue el fin de la transformación del hombre antiguo mediante la iniciación, como atestiguan las obras de los grandes filósofos épicos. Hoy, superado ese estadio, el objetivo se eleva: un contacto directo con el Yo real, esa chispa divina, a través de la inspiración celestial que fluye como el río Jordán en el bautismo simbólico. En ambos niveles —antiguo y moderno—, la iniciación demanda un trabajo preparatorio arduo, una metamorfosis profunda que remodela la conciencia del Yo, como el aprendiz en la Cámara de Reflexiones confronta su propia mortalidad para renacer. Los esenios, precursores gnósticos, y los Doctores de la Iglesia ecuménica primitiva, fueron iniciados en el Misterio de la Consumación, al igual que los santos gnósticos históricos. Hoy, una élite masónica se forja para asumir la responsabilidad de instaurar el Nuevo Orden en la Tierra: hombres nacidos dos veces, arquitectos interiores que erigen una sociedad renovada. Esto no asombra: el avance vertiginoso de la técnica ha acorralado a la humanidad en un impasse de poder descontrolado, revelando la impotencia del hombre religioso —dueño del statu quo— para organizar la vida en estas condiciones abrumadoras. La paz verdadera, anhelada por todos y no mero equilibrio del terror, se les escapa. Sólo los iniciados masones, elevados al nivel del Yo real de esencia divina, resolverán estos enigmas, recolocando las cosas nuevas en sus nuevos sitiales. No en vano, la iniciación moderna —en su sentido esotérico— trasciende la mera "ceremonia": no se limita a rituales humanos en el plano material. El iniciado, ciudadano prefigurado del Nuevo Orden, emerge del segundo nacimiento liberado de la obediencia al Absoluto relativo, recibido como el hijo pródigo en la Alianza del Amor, donde Hiram Abiff resucita como el Primogénito. La ceremonia persiste, pero en el plano suprasensorial: confirma la nueva dignidad del masón, forjada por un trabajo que lo pone ante la Gracia divina, presionando desde su interior como el fuego en la fragua. Esta iniciación no ocurre en lo visible, pues transita el espíritu del reino de este mundo al que no es de este mundo, accediendo a las notas superiores de la Segunda Octava Cósmica, el Nuevo Orden armónico. Sin embargo, no todos experimentan esta transformación con igual intensidad. Algunos masones emergen de la iniciación indemnes, sin que el ritual impacte su psique profunda: ¿por qué? Porque carecen de preparación; su piedra bruta permanece áspera, obstruida por egos no disueltos, impurezas acumuladas o una vida profana que diluye el fuego sagrado. La iniciación actúa como espejo: refleja lo que ya existe en el interior. Si no hay suelo fértil —cultivado por disciplina previa, meditación o estudio esotérico—, el ritual se convierte en mera formalidad, un velo que no se rasga. En cambio, para quienes han trabajado su Yo inferior esperanzados en transformarlo en Luz , la iniciación provoca un sismo psíquico: un despertar del Yo superior, donde la dualidad del bien y mal se resuelve en unidad, liberando energías kundalínicas que remodelan la mente, el corazón y el espíritu. Es un renacimiento, un "nacer de nuevo" que purga traumas ancestrales, eleva la vibración y alinea al masón con el Gran Arquitecto del Universo.
Gnósticos modernos, enfatizan que la iniciación no es un rito vacío: es la "muerte del ego" y el nacimiento del "Hombre Solar". Estos gnósticos comparan la iniciación masónica con la disolución de defectos psicológicos, similar al "nacer de nuevo" bíblico (Juan 3:3: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios"). Para el Gnóstico , si no impacta la iniciación masónica, es porque el iniciado no ha "matado" sus yoes inferiores; sólo entonces surge el verdadero masón, constructor del Templo interior. P.D. Ouspensky, discípulo de Gurdjieff, en Fragmentos de una Enseñanza Desconocida, describe la transformación como un "despertar consciente" en el Cuarto Camino. La iniciación masónica, para él, es un choque que eleva la conciencia del "hombre máquina" al "hombre equilibrado". Si no impacta, es por "amortiguadores" psicológicos que amortiguan el cambio; el renacimiento (como en Juan 3:5-7: "nacer del agua y del Espíritu") exige esfuerzo voluntario, no pasividad. J.G. Bennett, sucesor de Gurdjieff, en El Hombre Dramático, habla de niveles de conciencia: la iniciación masónica cataliza un salto del "yo reactivo" al "yo creador", integrando energías superiores. No impacta a quienes permanecen en estados inferiores por falta de "trabajo interior"; evoca el "nacer de nuevo" como un renacimiento cósmico, donde el masón se alinea con la "Inteligencia Creativa", similar al Espíritu Santo en la Biblia. Dion Fortune, ocultista británica en La Doctrina Cósmica, ve la iniciación como "contacto con los Maestros Interiores" y el despertar del "Yo Superior". Si no transforma, es por "bloqueos astrales" o impurezas kármicas; compara con el renacimiento bíblico (Juan 3:3-7), donde el iniciado masón "nace de nuevo" en los Misterios, emergiendo como guardián del Nuevo Orden, fusionando lo material con lo divino. De libro de la Ley o la Biblia, en Juan 3:3-7, Jesús habla a Nicodemo del "nacer de nuevo": un renacimiento espiritual que trasciende lo carnal, análogo a la iniciación masónica. No es automático; requiere fe y purificación, como el masón en la Cámara de Reflexiones muere simbólicamente para resucitar en luz. Si no impacta, es por corazones endurecidos (como en Ezequiel 36:26: "Quitaré el corazón de piedra"), impidiendo el flujo de la Gracia divina.
En cuanto a las ceremonias de admisión en la masonería contemporánea, dejemos a los especialistas su análisis esotérico. La Ortodoxia Masónica no reconoce sociedades secretas iniciáticas ajenas a ella, aunque una literatura reciente —no de adversarios, sino de las propias sociedades— se difunde ampliamente. Un punto clave: en lo divulgado sobre tradiciones y rituales masónicos, el énfasis recae no en la herencia directa de Hiram Abiff, sino en la legada por sus hijos espirituales, los masones actuales. Las causas históricas de esto podrían rastrearse, pero superan el entendimiento de otras sociedades que pretenden iniciación efectiva, ignorando que el verdadero ritual dinamiza el espíritu hacia el Nuevo Orden, no como estática ceremonia, sino como viaje vivo del aprendiz al Maestro, forjando el Templo eterno en el alma. Alcoseri