El "Demonio" en "Masonería"
la sombra y la Luz que buscamos
Cuando se indaga en Logia sobre el "demonio", no encontramos altares ni cultos a esa entidad maligna externa: lo que hallamos es un espejo. Por siglos, la figura del adversario ha servido para dar nombre a lo que el ser humano no se atreve a reconocer en sí mismo: la sombra, la ignorancia, el impulso de dominar al prójimo y la resistencia a dejar atrás lo que nos ata a la oscuridad y la ignorancia.
El enemigo inventado por la religión y la sombra proyectada
La historia nos enseña que toda estructura política o religiosa que quiera imponer obediencia necesita un contrario temible. La Iglesia Católica, en su afán por unificar creencias y controlar conciencias, moldeó la imagen del diablo como el enemigo absoluto —y no dudó en perseguir, quemar y silenciar a quienes pensaban distinto, tachándolos de aliados suyos. Con el tiempo, ese mismo mecanismo lo adoptaron ideologías políticas: hoy hay quienes llaman "demonios" al neoliberalismo, a la derecha o al capitalismo, al conservadurismo o a quien no comparte su credo retorcido, repitiendo la vieja fórmula: si no tienes un enemigo, lo construyes para culparlo de todo lo que falla.
Pero el verdadero rostro de lo que llamamos "mal" no tiene cuernos ni pezuñas: lo llevamos dentro. Es la sed de poder, la mentira que usamos para subir, el miedo que nos cierra los ojos a la verdad. Como bien nos recuerda la tradición, no hay sombra sin luz: cuanto más elevada imaginamos la perfección divina, más profunda parece la oscuridad que proyectamos fuera de nosotros.
La Masonería y la alegoría de la Luz
En nuestra Orden no adoramos a ningún ser maligno, ni tememos a leyendas. Cuando en los rituales aparecen símbolos fúnebres o referencias a la muerte, no son macabros por gusto: nos recuerdan que somos mortales, que el tiempo es corto y que debemos construir lo que perdure —no en piedra, sino en el espíritu.
Nuestra verdadera lucha metafísica no es contra un diablo externo: es contra la ignorancia. Por eso nos han señalado como "peligrosos" tanto regímenes autoritarios como dogmas religiosos: porque buscamos despertar la razón, cuestionar lo establecido y reconocer que la libertad no se regala —se conquista.
La etimología misma nos da la clave: Lucifer significa "el que lleva la Luz". La leyenda dice que fue arrojado por querer pensar por sí mismo, por no aceptar sin dudar lo que se le impuso. ¿No es eso también lo que hace el masón? Muchos hermanos han sido marginados, perseguidos o expulsados por no callar ante la verdad que ven. La Tabla Esmeralda, esa joya del ocultismo, se decía que provenía de su frente: porque la sabiduría no se obtiene obedeciendo ciegamente, sino atreviéndose a mirar más allá del velo.
En el plano que no se ve, todo lo que existe es dual: en cada uno de nosotros hay algo de luz y algo de sombra, algo de "ángel" y algo de "adversario". La serpiente que el Génesis presenta como tentadora, en las tradiciones antiguas simbolizaba el conocimiento y el discernimiento —lo que nos hace despertar del sueño de la ignorancia. Como en El Principito, la serpiente es quien conoce los secretos de la tierra: no destruye, sino que transforma, y nos invita a dejar de ser niños para madurar nuestra conciencia.
Judaísmo e Islam lo entienden mejor: el "adversario" no es enemigo de Dios, sino quien nos pone a prueba para que descubramos quiénes somos. En ese sentido, el masón es un aprendiz eterno: cada día debemos enfrentar nuestra propia sombra, purificar nuestros impulsos y ordenar nuestro interior para que la Luz del Gran Arquitecto del Universo pueda brillar sin obstáculos.
No busquemos al demonio fuera de nosotros, ni en leyendas ni en etiquetas políticas. La verdadera "lucha contra el mal" comienza cuando dejamos de culpar a otros y nos atrevemos a mirar lo que llevamos dentro: a vencer nuestro orgullo, nuestra ignorancia y nuestro deseo de imponer nuestra verdad.
La Masonería nos enseña que la Luz no se impone, se construye: piedra sobre piedra, en nosotros mismos y junto a nuestros hermanos. Mientras haya quien se atreva a pensar libremente, a cuestionar el dogma y a buscar la verdad sin miedo, la oscuridad no podrá apagarla.
Alcoseri
