La Diferencia entre Filosofía Académica y la Filosofía Masónica.
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Alcoseri Vicente
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Jun 19, 2026, 10:06:55 PM (12 days ago) Jun 19
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La Diferencia entre Filosofía Académica y la Filosofía Masónica. Profesor Mario , usted por décadas ha sido profesor de filosofía en la Universidad, pero , ¿ha pensado usted qué cosa es realmente la Masonería? Porque la verdad es que es algo bien extraño y curioso, ¿verdad? Es una de las organizaciones fraternales más conocidas e influyentes del mundo, y hay un montón de información dando vueltas por todos Lados , pero… ¿qué es en el fondo? — Mire Profesor Jaime , yo me he informado en Sitios de Internet Masónico por años y lo veo así: es como una filosofía práctica, o mejor dicho, una enciclopedia viviente. Ahí tiene de todo: historias, mitos, leyendas, cosas esotéricas , políticas , religiosas, filosóficas, cosas académicas… todo bien mezclado en un eclecticismo. Por eso es tan bueno para ir aprendiendo, para estudiar esos principios que nos ayudan a pensar mejor. Y mire lo más importante: el objetivo principal de la Masonería en esto, como bien entiendo, es tomar a un hombre que ya es bueno, y ayudarlo a ser mucho mejor, puliendo su moral y su forma de ser. ¿No es esa la cosa? — Totalmente. Pero dígame una cosa, ¿de dónde viene todo esto? Porque uno escucha de todo… que si del Templo de Salomón, que si de los gremios… — ¡Ah, esa es buena! Mire, la leyenda bonita nos dice que todo empezó allá, cuando se construyó el Templo de Salomón, eso es parte de su historia simbólica. Pero hablando en terreno más firme, allá por el siglo XIII, cuando se hacían esas catedrales inmensas en Europa y las islas británicas, los canteros y constructores se organizaban en gremios. Y ¿sabe qué? Ya tenían lo mismo que los masones tienen hoy: tres grados, ¿verdad? Aprendiz, Oficial y Maestro. Y ya lo más moderno, como lo conocemos ahora, arranca bien clarito en 1717, cuando se fundó la Gran Logia de Londres y Westminster. Ahí nació la Masonería tal cual la conocemos hoy. — Oiga, y uno que no es ningún experto, ¿puede entender esto? Porque a veces parece muy complicado, ¿no? — ¡Claro que sí, colega ! Claro que al principio tiene sus cositas, pero créame que es de lo más entretenido e interesante que hay. Con leer un poco en Internet, buscar en fuentes serias y platicar entre nosotros, se va entendiendo todo. Porque, como bien decimos: la Masonería es “un sistema peculiar de moralidad, cubierto con alegorías y explicado con símbolos”. Esa es la definición exacta que encontré en internet . — Oiga, y eso de la moral… ¿cómo lo entiende usted? Porque hay códigos, reglas… — Mire, le explico sencillo: la ética o la moral vienen de reglas que nos dan de afuera, ya sea la religión, la filosofía o las leyes. Pero la moral de verdad, la que importa, es la que traemos aquí adentro: es nuestra propia brújula para saber qué está bien y qué está mal. Y nuestra forma de ver las cosas, la que se armó bien fuerte en el siglo XVIII, se basa mucho en lo que enseñaba ya el viejo Aristóteles, allá hace más de dos mil años, con eso de la ética de las virtudes. Nada nuevo bajo el sol, todo viene de lo bueno que ya se pensó antes. — Pero… ¿cómo le hacemos para entender sin ser masones todos esos extraños símbolos y esas historias que cuentan en los rituales? Porque uno dice “esto es una escuadra”, pero significa un montón de cosas más… — ¡Exacto! Ahí está el secreto. Para eso los masones necesitan de alegóricas herramientas, igual que un albañil. Una se llama hermenéutica: es la forma, el método, para interpretar bien lo que leemos o lo que vemos. Y la otra es la semiótica: que es estudiar cómo se crean los significados, cómo nos comunicamos con señas o símbolos. ¿Y sabe para qué sirven juntas? Para encontrar ese sentido profundo, lo que está escondido debajo de la superficie, lo que los griegos llamaban hypónoia, o sea, lo que está en el fondo. — Y eso de interpretar… ¿siempre se hizo igual? Porque me imagino que ha cambiado con el tiempo. — Claro que sí . Mire, al principio la hermenéutica era una cosa, y fue evolucionando. Hubo un señor, Dannhauer, que escribió el primer libro bien ordenado de cómo interpretar las cosas. Después vino Schleiermacher, que es como el padre de esto moderno; él decía que para entender un texto, uno tiene que meterse en la cabeza del que lo escribió y entender cómo hablaba. Más tarde, Gadamer dijo: “bueno, tal vez no podemos saber exactamente qué pensaba el autor, pero el texto habla por sí mismo”. Y luego llegó esta señora, Kristeva, que dijo algo muy cierto: “ningún texto es nuevo, todo es como un mosaico, hecho de pedacitos de otros escritos anteriores”. A eso le llamó intertextualidad. — ¡Qué interesante! O sea que todo está conectado, ¿no? — ¡Así es! Ella sacó esa idea de otro pensador, Bajtín, que decía que todo lo que se escribe o se dice, se mete en la conversación de todo lo que ya se ha dicho en la historia. Por eso, todo lo que leemos o estudiamos viene de raíces muy antiguas. Mire, la cultura de occidente nace de cosas como la Epopeya de Gilgamesh, de los libros judíos, de la Ilíada y la Odisea griegas. Hasta de esos libros grandes de la India, como el Mahābhārata o el Bhagavad Gītā. Dicen por ahí que toda la filosofía de occidente es sólo una serie de notas al pie de página de lo que dijo Platón… y los masones, en la Masonería, son lo mismo: toman ideas de toda esa tradición vieja, indoeuropea y semítica, y la usan para armar sus símbolos y sus rituales. Todo viene de ahí. — ¿Y cómo le hacemos para estudiarlo bien sin ser masones ? ¿sólo leyendo foros masónicos por internet? — No, hay varias formas. Podemos ver cuándo se escribió, en qué época, cómo era la gente en ese entonces —eso es el historicismo—. O ver cómo están armadas las ideas, como si fuera una estructura —eso es el estructuralismo—. O mejor aún: usar las dos cosas juntas. Y claro, hay que saber de mitos, porque nosotros vivimos llenos de mitos en nuestra vida cotidiana. Ahí entra otro señor muy famoso, Joseph Campbell, que estudió todas las leyendas del mundo. Él decía que casi todas las historias importantes son iguales: es el viaje del héroe, el que sale, aprende, cambia y regresa mejor. Y eso, amigo mío, es exactamente lo que hacen los masones en sus Logias. — Oiga, y eso de acordarse de todo, porque hay muchas cosas que recordar… ¿hay algún truco? — ¡Claro que lo hay! Es una técnica muy vieja, de los antiguos, que se llama “el arte de la memoria”. Se trata de imaginarse un lugar, como un templo o una casa, y poner ahí las imágenes o las ideas que queremos guardar, cada cosa en su sitio. Frances Yates escribió un libro buenísimo sobre eso. Así es como nuestros antepasados aprendían y guardaban todo el conocimiento antes de que hubiera tantos libros. — Ahora, dígame la verdad: ¿esas cosas que vemos en foros masónicos de internet qué realmente significan Profesor? ¿lo que dicen todo, o hay algo más escondido? — ¡Colega , ahí le pegó en el clavo! Tienen dos significados: el que se ve a simple vista, y el que está guardado. Mire, un símbolo es algo que representa otra cosa. Por ejemplo: el orden dórico en las columnas griegas, eso es fuerza. O la ramita de acacia, que nos recuerda que hay vida después de la muerte. Para explicar cosas muy difíciles, los masones usan palabras o imágenes que significan otra cosa; eso es la alegoría. Es un cuento que se entiende por fuera, pero que tiene una verdad metida adentro. — ¿Y de dónde viene esa forma de explicar las cosas? — Viene de muy lejos. La palabra viene del griego y significa “decir algo distinto”. Es como una metáfora, pero más profunda, más escondida. Ya Cicerón, hace dos mil años, decía que era como una cadena de metáforas seguidas. Los sabios de Alejandría la usaban para juntar la religión con la filosofía griega. Y los teólogos antiguos, como Santo Tomás de Aquino, decían que las escrituras tenían cuatro sentidos: El que cuenta la historia, lo que pasó de forma literal. El sentido espiritual o alegórico, que nos dice hacia dónde vamos. El sentido moral, que nos dice cómo debemos portarnos hoy. Y el sentido más alto, que nos habla de las cosas del cielo, y que va más allá de lo meramente literal. — ¡Caray! O sea que un mismo cuento puede tener varias capas, ¿no? — ¡Exacto! Es como una cebolla, o como esas muñecas rusas que traen una adentro de la otra. Cuanto más quitas, más encuentras. Y fíjese qué cosa bonita: la alegoría está hecha así para que el que no está listo, no entienda nada, y la verdad se le guarde. Pero al que ya inició, al que va creciendo en esto, se le van revelando cosas nuevas a cada paso. — Y hablando de pasos… ¿esos tres grados qué significan? — ¡Todo, Profesor! Esa secuencia de Aprendiz, Compañero y Maestro es una alegoría entera de la vida humana: desde que nacemos y empezamos a saber, hasta que aprendemos el oficio, y terminamos construyendo nuestro propio carácter. Fíjese nomás: los masones hablan de construir un Templo. ¿Cuál es ese templo? No es de piedra, es el edificio moral del hombre, lo que vamos lo que supuestamente van armando con sus acciones. — ¡Qué interesante forma de verlo! ¿Y hay más ejemplos así? — ¡Un montón! Mire, hay una imagen muy famosa: La naturaleza desvelándose ante la ciencia. Esa nos dice que la verdad y los secretos del universo no están a la vista de cualquiera, hay que quitar el velo, hay que estudiar y trabajar para verlos claros. Como el velo de Isis de los antiguos, que cubría los misterios más grandes. Pero Profesor ¿Cuál sería la diferencia entre la Masonería y la Filosofía clásica que usted enseña en la Universidad? ¡Va, Colega ! Se lo digo más directo, ahora bien acomodados en la silla con esta rica taza de café, ¿va? Mire, la cosa es así: esos filósofos, como Aristóteles o Platón, lo que hacían era decirte las cosas derechito. Tú abrías su libro y decían: "Oiga, mire, la virtud es esto, la verdad es esto otro, y hay que portarse así". Todo clarito, explicado con palabras, pura lógica, para que cualquiera que pudiera leer y entender, se quedara con la idea ahí nomás. Era teoría pura, dicha a la cara. En cambio los masones… ¡fíjese qué diferencia! Los masones dicen exactamente esas mismas verdades, ¿eh? No inventan nada nuevo. Pero en lugar de decírtelas así de golpe, las envuelven , las disfrazan. Les dan vueltas con cuentos, con símbolos, con historias, con lo que hacen en los rituales. O sea, en Filosofía Clásica te dicen: "Esto es la justicia" asi en concreto . Los masones te ponen una escuadra y un compás enfrente, o te cuentan una historia, y te dicen : "A ver, hermano, ¿qué cree que significa esto de la Justicia ?". Y el masón tiene que irle sacando la punta, poquito a poquito, conforme va avanzando y va entendiendo, exactamente igual que en la Mayéutica Socrática , y finalmente tu deduces con el tiempo que eso es Justicia. ¿Y sabe por qué? Porque aquí afuera, la filosofía es nomás para el que quiere leer y pensar. En Logias Masónicas no: en Masonería es para que lo vivas. Como platicábamos ya desde hace rato, lo que dicen en Logias es que esto está "velado". ¿Para qué? Para que el que nomás pasa por arriba, no entienda nada, y al que ya va entrando, al que se va preparando, se le vayan abriendo los ojos solito. En una Universidad es información , en una Logia Masónica es formación profunda . Y mire la otra diferencia más grande: en una universidad nomás explican cómo debía ser el hombre, puras ideas. Entre masones no: los masones toman esas ideas, las hacen práctica, y entre todos se ayudan . Porque el fin de todo esto, como lo hacen los masones, no es sólo saber mucho, es tomar al hombre bueno y hacerlo mejor. O sea, en un aula de filosofía universitaria te enseñan que es la Justicia ; en Logias solamente te dan las herramientas para que tu mismo construyas con tus propias ideas que es la Justicia, y muchos aseguran que lo que descubren con este método es sorprendente. En resumidas cuentas: es la misma comida, pero en una Universidad te la sirven en el plato listo para comer, te comes el platillo sin cuestionar al profesor . En Logias masónicas te dan todos los ingredientes revueltos, sin receta rígida , y usted tiene que ir descubriendo el sabor, preparando el platillo paso a paso, hasta que le quede buenísima y la hagas tuya y te la comas . ¿Me explico? — La verdad que uno se queda pensando, ¿verdad?, es todo un mundo de ideas. — Así es. Por eso le digo: esto de la Masonería no es una organización cualquiera. Es una escuela, es un refugio, es una forma de ver la vida. Y lo mejor de todo es que mientras más uno busca, más encuentra, y siempre hay algo nuevo que platicar en la próxima taza de café. Alcoseri