El fanatismo

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Alcoseri Vicente

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May 16, 2026, 11:24:20 PM (5 days ago) May 16
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SECRETO MASONICO

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May 16, 2026, 11:25:15 PM (5 days ago) May 16
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El fanatismo, que en su origen latino significaba "servicio al templo", hoy representa una actitud peligrosa: la adhesión ciega, absoluta y sin dudas a una idea, creencia, persona o grupo. Lejos de ser algo exclusivo de la ignorancia, afecta también a personas muy cultas e instruidas, que a veces resultan ser incluso más dañinas porque su influencia llega a mucha gente. Es una enfermedad social que se disfraza de celo, certeza y seguridad, pero que en el fondo es sólo  el camino fácil para evitar el esfuerzo de pensar, dudar y analizar la realidad.
 El fanatismo (del francés fanatisme y, este, de la raíz de fanatique, fanático, e -isme, a su vez del latín fanum, templo es la pasión o actividad manifiesta de manera desmedida, irracional, y tenaz que rebasa una norma, sobre alguna ideología. Existe el fanatismo negativo y fanatismo positivo, el primero es en contra de algo o alguien y los segundos son a favor.
 El fanatismo es la defensa apasionada, desmedida e irracional de creencias, opiniones o ideologías, que anula la capacidad de razonamiento crítico. Suele derivar en intolerancia hacia quienes piensan diferente y en la incapacidad de aceptar opiniones contrarias.
Se manifiesta de muchas formas: religioso, político, ideológico, deportivo o cultural. En cualquiera de sus versiones, busca siempre un "enemigo" al cual combatir y, tarde o temprano, desemboca en violencia, intolerancia o destrucción. Ejemplos terribles lo confirman: regímenes extremistas que han matado a millones en nombre de ideologías, guerras por creencias o conflictos sociales donde se pierde toda humanidad. Todo porque el fanatismo borra la autocrítica, limita la libertad y anula el respeto por quien piensa distinto.
Es aquí donde brilla con luz propia la labor histórica de la Orden Masónica.
Desde hace siglos, la masonería ha librado una batalla silenciosa pero valiente y fundamental contra este mal que corrompe a la sociedad. Su lucha contra el fanatismo político es admirable, pues siempre ha defendido que el poder político debe estar al servicio del ser humano y no al revés, rechazando el pensamiento único y las dictaduras de cualquier signo. Su combate al fanatismo religioso es igualmente valioso: defiende con firmeza que la fe o la no fe son asuntos estrictamente personales, que nadie tiene la verdad absoluta y que ninguna creencia justifica la imposición ni la violencia. Y su trabajo contra todo tipo de fanatismo —sea ideológico, social o cultural— es una lección permanente de que la verdadera evolución humana sólo  es posible en la libertad, la razón y el respeto mutuo.
Como Masón,  señalo que esta misión es más necesaria que nunca: en un mundo saturado de información y posturas extremas, la masonería nos recuerda que la única cura real contra el fanatismo es la educación, el sentido común y la capacidad de escuchar al otro sin tratar de destruirlo. Combatir la ceguera mental es, sin duda, uno de los mayores servicios que se pueden hacer a la humanidad. Gracias a principios como los de la Orden, recordamos que ser libre es pensar por uno mismo, y ser sabio es entender que nunca se sabe todo.

Hablemos que también en Masonería Hay Fanatismo, si justo dentro de las logias, cuando el celo masónico se disfraza de virtud
El celo masónico es, en su esencia, una virtud: significa dedicación, amor por la Orden, respeto por sus principios y ganas de trabajar por el perfeccionamiento propio y el bien común. Pero, como todo sentimiento noble, puede desviarse y convertirse en fanatismo, aunque se siga llamando “celo masónico”, “fidelidad masónico” o “rigor masónico”. Es el peligro más silencioso y dañino que existe dentro de la masonería: el fanatismo que se cree virtud, que usa las palabras de la Orden para traicionar su espíritu.
¿Cómo se manifiesta?
Ritualismo vacío es esa rara  obsesionan con formas, pasos, palabras exactas, tiempos, vestimenta, sin entender ni importarles el significado profundo. Creen que “hacerlo perfecto” es lo importante, no lo que eso significa para su mente y corazón. Se convierten en guardianes de la letra, enemigos del espíritu. Confunden la ceremonia con la sabiduría.
Dogmatismo de principios
 Afirman que sólo  su forma de interpretar la masonería es la correcta, que su Rito  u Obediencia  es la única correcta, que sus grados acumulados los hace ser superiores, que todo lo que sale del criterio de otros masones es “irregular”, “herético” o “poco masónico”. Transforman enseñanzas de libertad en reglas rígidas, intocables e incuestionables —lo mismo que la masonería combate fuera, lo crean dentro.
Idolatría de personas o jerarquías: Consideran al Venerable, al Gran Maestro o a los de altos grados como seres casi infalibles, con “luz especial”, capaces de hacer milagros o poseer verdades absolutas. Adulan sin límites, obedecen sin pensar, y atacan a quien se atreva a dudar o criticar. Olvidan que el grado no hace al hombre, sino el hombre debe honrar al grado con virtud.
Exclusión y desprecio
Creen que ser masón los hace mejores, superiores a los que no lo son. Hablan con desprecio de profanos, de otras creencias, de otras ideas. Hacen de la masonería un grupo cerrado, elitista y separado del mundo, cuando su fin es trabajar en el mundo y para el mundo. Transforman la fraternidad en casta, y la tolerancia en arrogancia.
Prioridad absoluta: Ponen la logia por encima de familia, salud, trabajo, ética o incluso leyes humanas. “Todo vale por la masonería”, dicen, y justifican malos tratos, divisiones, chismes o injusticias, diciendo que lo hacen “por el bien de la Orden”. Confunden el servicio con la servidumbre ciega.
¿Por qué es una contradicción total?
La masonería nació y lucha contra todo fanatismo: religioso, político, ideológico. Enseña que la verdad es amplia, que la razón debe guiarnos, que debemos respetar al otro aunque piense distinto, que nadie posee la verdad absoluta.
Pues bien: ese fanatismo que se esconde bajo “celo masónico” es exactamente lo contrario. Es adoptar una idea (la masonería, su forma, sus líderes) como verdad absoluta, dejar de razonar, atacar al que discrepa, sentirse dueño de la razón. Es traicionar lo que se dice defender.
Como masón formado en Logias, lo veo muy claro: es como si alguien que lucha contra la violencia, terminara siendo violento “por la causa”. Es el error más grande: creer que por una buena causa, cualquier método es válido. La masonería no necesita fanáticos: necesita hombres libres, pensantes, tolerantes y críticos. Quien confunde celo con fanatismo, no defiende la Orden: la enferma, la debilita y la aleja de su luz verdadera.
La verdadera lealtad masónica no es obedecer ciegamente: es proteger sus principios, incluso de quienes dicen representarlos.
El fanatismo —ya sea religioso, político, ideológico o de cualquier índole— se manifiesta cuando grupos o sectas intentan imponer sus doctrinas a toda la sociedad, presentándose como únicos poseedores de la verdad absoluta y con la misión de "salvar" o transformar el mundo. Ejemplos históricos y actuales abundan: movimientos como los seguidores de  NXIVM , los gnósticos Samaelistas , cienciólogos, morenistas, testigos de Jehová , grupos extremistas musulmanes  o corrientes intransigentes, todos comparten una misma lógica: camuflar sus fines, manipular emociones y presentar una visión catastrófica de la realidad, donde sólo  sus enseñanzas ofrecen solución. Utilizan estructuras políticas, culturales o sociales para expandirse, a menudo ocultando sus verdaderos objetivos, y generan una mentalidad cerrada que rechaza cualquier otra forma de pensar, preparando a sus seguidores para obedecer sin cuestionar.
Este fenómeno no es cosa del pasado: hoy en 2026 sigue muy presente, adaptándose a nuevas tecnologías, redes sociales y contextos sociales. El fanatismo se alimenta de crisis, inseguridades y falta de información, convirtiéndose en un caldo de cultivo para la violencia, la intolerancia y el rechazo a la diversidad. Lo más peligroso es que no siempre es visible; opera de forma silenciosa, transformando personas, familias y comunidades, erosionando los valores democráticos y la convivencia pacífica. Detrás de muchas ideologías que prometen un mundo mejor se esconde la intención de imponer modelos totalitarios, donde la libertad de pensamiento, la igualdad y el respeto desaparecen.
Es aquí donde la Masonería brilla como un faro de luz y razón, cumpliendo una labor histórica, valiosa y necesaria en todo el mundo. Desde sus orígenes, ha sido una institución comprometida con la lucha firme y decidida contra cualquier forma de fanatismo, ya sea religioso, político, económico o social. La Masonería ha defendido siempre la razón, la tolerancia, la libertad de conciencia y la igualdad de todos los seres humanos, sin importar su creencia, origen o condición. Ha trabajado incansablemente para educar, promover el pensamiento crítico y derribar prejuicios, demostrando que es posible construir una sociedad donde convivan ideas distintas, siempre basadas en el respeto y la verdad.
Frente a quienes quieren imponer una única forma de ver el mundo, la Masonería ha sido y sigue siendo un muro de contención contra la intolerancia, un espacio donde se forma a personas en valores humanistas, y un motor para el progreso social. Su legado de defensa de la libertad, la educación y la fraternidad ha sido clave para limitar el avance de ideologías que han traído sufrimiento a la humanidad. La labor masónica es, sin duda, uno de los mayores aportes a la historia de la humanidad, al mantener viva la idea de que la única forma de avanzar es mediante el diálogo, la razón y el respeto mutuo.
En estos tiempos de cambios y desafíos, su mensaje es más necesario que nunca: combatir el fanatismo no es sólo  una opción, es un deber para preservar la dignidad humana y la paz. La Masonería ha demostrado, siglo tras siglo, que es posible y necesario luchar contra cualquier extremismo, manteniendo siempre como guía la verdad, la justicia y la fraternidad universal.
Alcoseri
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