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Los Tres Círculos Masónicos Durante décadas en Logia, nuestro hermano masón Rodoljo Cervantez gastó la suela de sus zapatos circunvalando en las columnas de los templos masónicos. Buscaba ir más allá de lo visible, superar las apariencias y se preguntaba si, detrás de las logias azules o de cualquier otro color, existía un Líder coordinador invisible que dirigiera el mundo masónico y tuviera una poderosa influencia en el Mundo Profano. Esa obsesión lo impulsaba a recorrer los cuatro puntos cardinales: de Cámara del Medio en areópago, de rito en rito, de Taller en Taller, iba de logias regulares , a logias espurias o salvajes, sin olvidar esas logias irregulares. Masón jubilado por una lesión en la columna a los cuarenta y tantos y además soltero, tenía tiempo de sobra para saciar su sed de lo imposible. Era, en cierto modo, el Caballero Errante de la masonería, indiferente a las burlas de los demás. ¡Gloria al Trabajo! Con tenacidad, nuestro hermano Rodoljo logró entrever parte de su búsqueda. He aquí algunos fragmentos de sus reflexiones. El Círculo Número Uno Es el círculo del mayor número de masones, no sólo en las logias azules, sino también en otros talleres filosóficos y/o de altos grados . Los masones que trabajan en se primer circulo obedecen principalmente al intelecto y a la razón. Demasiado a menudo exhiben sus certezas ancladas en un orgullo sólido, rivalizando entre sí por quién presenta la plancha más brillante. Vanidad de vanidades… En estos trabajos se encuentra de todo: temas con sesgo político, textos que nada tienen que ver con la iniciación propiamente dicha (un trabajo sobre por qué los clérigos religiosos son abusadores, otro sobre por qué ponemos queso a las pizzas…). La transmisión iniciática parece no concernirles. Muchos masones ni siquiera saben por qué fueron iniciados: por curiosidad, para complacer a un familiar, para formar parte de una “élite” o simplemente para tener una buena agenda de contactos. Sin embargo, en todo hay su contrario. También existen masones que se interrogan sobre el sentido de su vida y quieren saber por qué están en la Tierra. Aunque estas preguntas parezcan insolubles, para nuestro hermano eran el punto de partida de los verdaderos buscadores, de los caballeros errantes en busca al menos de sí mismos, dispuestos a abandonar su ego. Eran pocos en este primer círculo. La mayoría recordaba el proverbio sufí: “Los tambores hacen mucho ruido, pero por dentro están huecos”. En el margen de su cuaderno anotó: el círculo de los que se conforman… El Círculo Número Dos: Los Buscadores Nuestro hermano escribió en su cuaderno de anotaciones : “No digo que los tres círculos sean distintos y separados; al contrario, están entrelazados, y cada uno necesita de los otros para existir”. Los buscadores habían comprendido, consciente o inconscientemente, que el primer círculo conducía a un callejón sin salida en la búsqueda espiritual. Había que ir más lejos, abandonar las planchas y trazados de origen profano y recurrir a los grandes maestros iniciados de las distintas corrientes espirituales para acercarse a las orillas de la verdadera espiritualidad. En definitiva, el verdadero trabajo consistía en tallar la Piedra Bruta en sí mismos. Sin embargo, no había verdaderos maestros que los guiaran por los caminos del Conocimiento. En el laberinto de propuestas, algunas llevaban a un callejón sin salida, otras confundían la sombra con la Luz, y muchos se quedaron en las Tinieblas. Desanimados, unos abandonaron el camino; otros, más grave aún, creyeron haber llegado al último escalón y transmitieron a nuevos buscadores la suma de sus errores, creyendo hacer el bien. Como si un saber libresco pudiera revelar los misterios del Espíritu. El libro puede ayudar, pero la búsqueda del Conocimiento debe hacerse en varios frentes: mediante la experimentación personal con principios espirituales como la humildad, la fe y la esperanza. Como el lector intuye, el número de buscadores disminuía cada vez más. Esto se asemeja a la práctica alquímica y a la Quintaesencia: no cuenta la cantidad, sino la calidad. El Tercer Círculo: Los Sabedores Con su tenacidad característica, nuestro hermano Rodoljo logró entrar en el tercer círculo. Creyó que su búsqueda había terminado, pero su sentido de la observación le reveló que este tercer círculo también se dividía en tres, como en una espiral, aunque en un plano más elevado. No obstante, ofrecía una imagen serena de la masonería, lejos de la famosa “cordonitis” ( Cordonita, Cordonnite Cordonitis o Collarinitis : Del Argot masónico, palabra que proviene de Collarín masónico. Es una grave enfermedad imaginaria que padecen algunos masones aficionados a recibir honores, lisonjas y a Presumir Altos Grados, profano-masones que coleccionan y exhiben gustosamente y presuntuosamente arreos masónicos y demás condecoraciones masónicas correspondientes, muy afinados a ocupar altos cargos en logias sólo por vanidad). No podía ser de otra manera: las logias tenían un número reducido de miembros, justo lo necesario para su buen funcionamiento, y los hermanos tenían la sabiduría de dejar atrás las pretensiones profanas. Allí descubrió nuestro caballero errante que los trabajos permitían que la Luz, poco a poco, se apoderara de su cuerpo y de su menta, especialmente, de su Corazón. Cada vez que enfrentaba un problema, un descenso al centro de la intuición le daba la respuesta satisfactoria. Pero, como suele ocurrir, perdí el rastro de nuestro caballero buscador. Durante años no recibí más emails suyos, ya no aparecía activo en Facebook, ni en ninguna plataforma de las redes sociales de la internet masónica. Yo seguí mi camino masónico, con altibajos según las disposiciones naturales del hacer masónico. Hasta que un día llegó un correo de mi amigo y buen hermano. Decía así: «Alcoseri, he encontrado una respuesta a mis búsquedas. Después del tercer círculo existe una última masonería muy discreta, mejor dicho secreta. Algunas logias en nuestro mundo esotérico se reúnen según criterios astronómicos y su reclutamiento se basa en una vida masónica ejemplar, por cooptación. Actúan sobre las logias mediante la Palabra Encontrador y no simplemente Buscador , reactivando de forma operativa los tres símbolos del Oriente: el Delta Luminoso, el Sol y la Luna. No dan directivas escritas, sino una influencia eficaz del Pensamiento. Me tomarás por un iluminado, como casi todos los masones, pero precisamente esa incredulidad es lo que las protege. Desde James Anderson nada ha cambiado…» Desde ese email no he vuelto a tener noticias de nuestro buscador o mejor dicho encontrador. Creo que finalmente encontró e integró su meta. Yo envejezco y a veces pienso que nuestro Don Quijote ha encontrado por fin a su Dulcinea: la Sabiduría. Fue Gurdjieff el que desarrolló la idea de los tres círculos de la humanidad (o círculos concéntricos de la humanidad desarrollada) como una forma de describir los niveles reales de evolución consciente dentro de la especie humana. No se trata de divisiones sociales, culturales o externas, sino de grados internos de ser, conciencia y comprensión. Según sus enseñanzas (transmitidas principalmente a través de P.D. Ouspensky en (En busca de lo milagroso), la gran mayoría de la humanidad —toda la humanidad histórica y prehistórica que conocemos— forma sólo el círculo exterior (exotérico). Dentro de este existen círculos más internos, accesibles sólo mediante un trabajo consciente y prolongado sobre uno mismo. Los tres círculos principales
Círculo Exotérico (exterior) Es el círculo más amplio y externo. Aquí viven la mayoría de las personas, incluyendo muchos que se consideran “espirituales”, “intelectuales” o incluso “buscadores”. Predomina el funcionamiento mecánico (“hombre-máquina”). La vida está gobernada por hábitos, reacciones emocionales automáticas, pensamientos dispersos y el “yo” múltiple (muchos “yoes” contradictorios). Hay conocimiento teórico, opiniones, creencias y vanidad intelectual, pero poca transformación real. Gurdjieff lo describe como el círculo donde las personas “saben más de lo que hacen” o simplemente actúan por imitación y sugestión. En términos masónicos o iniciáticos (conectando con tu interés previo), este círculo se asemeja a los masones que se quedan en el nivel de las planchas brillantes, el debate intelectual o las formas externas, sin un trabajo profundo sobre la Piedra Bruta.
Círculo Mesotérico (medio) Es el círculo intermedio. Las personas aquí poseen cualidades más avanzadas que las del exotérico. Tienen un conocimiento más profundo y coherente (sobre todo de orden cósmico), pero aún es predominantemente teórico. Saben y comprenden muchas cosas que todavía no se expresan plenamente en sus acciones (“saben más de lo que hacen”). Han comenzado un trabajo consciente, pero les falta la integración total y la voluntad unificada. Representa una etapa de transición: hay mayor autoconsciencia, pero aún hay brechas entre comprensión y ser.
Círculo Esotérico (interior) Es el círculo más interno y elevado. Lo integran personas que han alcanzado el desarrollo máximo posible para el ser humano. Poseen un “Yo” indivisible, plena individualidad, control total sobre todos los estados de conciencia, todo el conocimiento posible para el hombre y una voluntad libre e independiente. Su conocimiento no es sólo teórico: se ha convertido en ser. Hacen lo que saben. Son los verdaderos “hombres conscientes”, que influyen en la humanidad de forma sutil pero real, aunque casi siempre en el anonimato. Gurdjieff los describe como el núcleo vivo de la humanidad, el que mantiene la posibilidad de evolución para el resto.
Ideas clave para entenderlos mejor
Los círculos no son rígidamente separados; están entrelazados y cada uno necesita de los otros para existir. Sin embargo, el paso de uno a otro requiere un esfuerzo consciente y prolongado (“trabajo sobre sí”, “recuerdo de sí” y “sufrimiento intencional”). La gran mayoría de la humanidad (incluidos muchos que se creen “despiertos”) vive en el círculo exotérico, dormida en un “sueño despierto”. El movimiento hacia los círculos internos no depende de conocimiento intelectual acumulado, sino de la transformación del ser: unificar los tres centros (intelectual, emocional y motor/instintivo) y desarrollar cuerpos superiores (cuerpos sutiles). Gurdjieff insistía en que sólo desde el círculo esotérico se puede ejercer una influencia consciente y benéfica sobre la humanidad. Los círculos exteriores suelen generar más ruido que luz real.
Esta idea de los tres círculos es una de las más poderosas y lucidas de Gurdjieff. Nos recuerda que la evolución no es automática ni colectiva: es individual, ardua y rara. La masonería, como cualquier vía iniciática, puede quedarse fácilmente en el primer círculo (forma externa, vanidad intelectual, rituales mecánicos) o avanzar hacia el segundo (búsqueda sincera, trabajo sobre sí). Sólo unos pocos llegan al tercero, donde la iniciación deja de ser teoría y se convierte en un estado de ser permanente. Conecta muy bien con temas masónicos de siempre (los tres círculos masónicos, la Piedra Bruta, el Caballero Errante). El “buscador” que recorre logias y ritos es típicamente alguien del segundo círculo: insatisfecho con el ruido del primero, pero aún luchando en el laberinto. El verdadero “Maestro Masón” (o el que ha encontrado su “Dulcinea”, la Sabiduría) ya opera desde un nivel donde la influencia es silenciosa y eficaz, sin necesidad de títulos ni reconocimiento. Gurdjieff no ofrecía consuelo fácil: la mayoría permanecerá en el círculo exterior. Pero para quien despierta al hecho de estar dormido, se abre la posibilidad real de moverse hacia adentro. No se trata de acumular más conocimiento o grados masónicos, sino de volverse más consciente, más unificado y, paradójicamente, un masón más humilde.
Como masón, agrego mi punto de vista Esta historia de este Masón Caballero Errante de la masonería evoca las enseñanzas que se activan en algunos masones , se activan por ir más allá de lo que se muestra en los 33 grados de la Masonería, quienes distinguen claramente entre la masonería “especulativa” exterior (el primer círculo, lleno de ruido y vanidad) y las formas más profundas de realización espiritual, reservadas a quienes superan el nivel profano. Recordemos que las verdaderas tradiciones iniciáticas se protegen mediante la discreción y la incomprensión de los no preparados, como ocurre con esas logias secretas que actúan por influencia sutil más que por directivas visibles. Un auténtico masón insistiría en que el verdadero progreso masónico no está en acumular grados o planchas brillantes, sino en el trabajo interior que permite pasar del ego ruidoso al silencio del Corazón, donde surge la intuición verdadera. En diversas tradiciones (sufismo, alquimia, hermetismo cristiano), se habla de círculos concéntricos o espirales de realización: el círculo exterior de los que se conforman, el intermedio de los buscadores que luchan en el laberinto, y el interior de los que han alcanzado un estado de presencia y sabiduría. El símbolo del “punto dentro del círculo” en masonería representa precisamente esto: el individuo centrado en su esencia espiritual, limitado por las virtudes (las líneas paralelas) pero abierto a lo divino. Los tres círculos no son compartimentos estancos, sino etapas de una misma espiral ascendente. La masonería, en su esencia, es un camino de transformación: del ruido vanidoso del primer círculo, al esfuerzo sincero del segundo, hasta la serenidad operativa del tercero, donde la Luz ya no se busca fuera, sino que irradia desde dentro. Nuestro Masón Caballero Errante nos recuerda que la verdadera iniciación no termina nunca. Incluso cuando creemos haber llegado, la espiral continúa elevándose. La sabiduría final no es poseer respuestas, sino vivir en un estado donde las preguntas se disuelven en presencia plena. Como Don Quijote, quien perseguía ideales imposibles y terminaba encontrando una sabiduría paradójica, el masón auténtico debe seguir errando con humildad hasta que el corazón se convierta en el verdadero templo. Al final, no importa cuántos ritos hayamos recorrido ni cuántas logias hayamos visitado. Lo que cuenta es si hemos logrado pasar del “yo” ruidoso al “nosotros” silencioso y, finalmente, al “Ser” en paz. Esa es la idea del Masón Encontrador y no tanto del masón buscador que las logias más Secretas entienden: no un secreto escrito, sino una forma de ser que influye sin imponerse, ya que son muchos los masones que buscan y muy pocos los que encuentran . La masonería no necesita salvar al mundo desde fuera. Basta con que unos pocos, en círculos cada vez más puros, mantengan viva la llama. El resto vendrá por resonancia. Alcoseri