Una Deliberación Masónica sobre el Dios de la Biblia

0 views
Skip to first unread message

Alcoseri Vicente

unread,
Jan 13, 2026, 8:14:55 PM (10 hours ago) Jan 13
to secreto-...@googlegroups.com
Una Deliberación Masónica sobre el Dios de la Biblia
Siempre me ha fascinado cómo las perspectivas cambian según el lente con el que miramos. Desde una visión religiosa estricta, el Dios de la Biblia parece tener rasgos humanos, como emociones o acciones directas en el mundo. Pero si lo vemos a través de los ojos de la masonería, pierde esa forma antropomórfica y se convierte en algo más abstracto y universal. Vamos a explorar esto un poco más, como si estuviéramos charlando masones e invitados no masones  alrededor de una mesa en la cafetería de una Gran Logia Masónica , compartiendo ideas que invitan a pensar.
El concepto del Gran Arquitecto del Universo, o GADU como lo llamamos en los círculos masónicos, es central en nuestras enseñanzas. Es una forma de referirnos a esa fuerza creadora que muchos identifican con el Dios bíblico. De hecho, creer en el GADU es como tener fe en el Creador descrito en las Escrituras, ese que da forma al mundo desde el principio, tal como se menciona en Génesis: "En el comienzo creó Dios los cielos y la tierra". Es un punto de partida que une a personas de diferentes creencias, reconociendo un diseño inteligente en todo lo que nos rodea. Como bien señala Romanos, el mundo mismo evidencia a un Diseñador, algo que debería ser obvio para cualquiera que observe la naturaleza con atención.
No es que la masonería invente un dios nuevo; al contrario, el GADU abarca al Dios de la Biblia, pero lo presenta de manera neutral para incluir a judíos, musulmanes o incluso deístas que ven en el universo un plan divino sin intervenciones constantes. Es como un puente que conecta tradiciones: todos adoramos a esa misma entidad suprema, aunque la llamemos de formas distintas. La masonería no impone dogmas sobre cómo es Dios exactamente; asume que es una realidad sagrada en la mente de cada uno, y deja que cada masón construya su propia visión teológica. Puedes creer en la Trinidad o no, en la divinidad de Jesús o rechazarla; lo importante es reconocer esa presencia creadora. Como masón, esto me parece liberador: fomenta la búsqueda personal de la verdad, sin ataduras rígidas.
En la Biblia misma encontramos ecos de esto. Por ejemplo, en Hebreos se dice: "Porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". Ahí está, claro como el agua: Dios como arquitecto, planeando y edificando. Pero la fe masónica no exige que este GADU sea trino o que se haya encarnado; eso queda a la interpretación personal. El verdadero Dios, según las Escrituras, se revela como una unidad en tres personas y habla a través de profetas y eventos, como en Hebreos: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo". Sin embargo, reconocer al GADU es solo el comienzo; es como admitir que existe un poder superior, pero sin entrar en los detalles de una fe específica. Está lejos de una creencia bíblica completa, que incluye salvación y juicio.
Piensa en el altar al "Dios Desconocido" que Pablo encontró en Atenas, según Hechos: "Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios no conocido". Pablo usó eso para predicar, empezando por la creación y llegando a la resurrección de Cristo. En la masonería, el GADU es un poco como ese dios misterioso: un punto de partida neutral que invita a profundizar. Para un masón, esta revelación viene poco a poco, a través del camino iniciático, hasta llegar a la maestría, donde se desvela una comprensión más profunda de lo divino. Si estás compartiendo estas ideas con alguien ajeno, podrías usar el GADU como gancho para hablar de verdades bíblicas, igual que los misioneros adaptan conceptos locales.
Como Masón  que explora el Universo con interés, veo en esto una invitación a cuestionar sin miedo. La masonería, al mantener sus enseñanzas en reserva, protege esa búsqueda íntima, como un jardín donde las ideas crecen sin interferencias. Imagina: en un mundo lleno de ruido, ¿no es refrescante un espacio donde la reflexión sea privada? Eso evita que se convierta en espectáculo, y permite que cada uno avance a su ritmo.
Hablando de privacidad, las prácticas masónicas se guardan en secreto, no por ocultismo siniestro, sino para preservar su pureza. A diferencia de las religiones o filosofías que abren sus puertas a todos, la masonería selecciona a quienes están listos, en el momento y lugar adecuados. Recuerdo una anécdota de un viejo masón: cuando le preguntaron por qué tanto secreto, respondió que la enseñanza masónica es como la caridad, que se da en silencio para no dañar a nadie. Jesús, ese gran Tektón simbólico, dijo algo similar: "Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha". Es como la digestión: no ves el proceso, pero aprecias el fruto en la vida de millones de masones. Si los observadores mejoraran el resultado, los acogeríamos con brazos abiertos. Pero alterar el ambiente cambia el producto, y pedir conocimiento inoportuno es como contaminar un pozo limpio.
Un  No Masón o profano podría argumentar que las religiones no funcionan así, pero el masón replicaría: "Ojalá lo hicieran; entonces no habría diferencia entre lo masónico y lo religioso". La masonería se nutre de una lectura profunda de la Biblia, más allá de lo literal que ven muchos creyentes. Integra ideas de deísmo y teísmo: el deísmo ve a Dios como un creador distante, que arma el reloj del universo y lo deja correr, basado en razón y naturaleza, sin milagros ni revelaciones. Figuras como Voltaire o Jefferson lo abrazaron. En cambio, el teísmo presenta un Dios personal, que interviene, responde oraciones y se revela en textos sagrados, aceptando lo sobrenatural.
Aquí entran pensadores clave. Santo Tomás de Aquino, en su defensa de la fe, afirmaba: "La existencia de Dios es evidente en sí misma, pero no para nosotros, por tanto, debe demostrarse". Sus cinco vías, como la del primer motor inmóvil, nos llevan a un Dios necesario: "Es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y este es el que todos entienden por Dios". Immanuel Kant, reflexionando sobre la razón, veía a Dios como un postulado moral: "La voluntad de Dios no es simplemente que seamos felices, sino que nos hagamos felices a nosotros mismos". Para él, Dios es una idea que guía nuestra ética, aunque no demostrable por pura lógica.
Antony Flew, que pasó de ateo a deísta, lo expresó así: "Mientras la razón, principalmente en la forma de argumentos de diseño, nos asegure que hay un Dios, no hay lugar ya sea para cualquier revelación sobrenatural de ese Dios o de cualquier transacción entre Dios y los seres humanos individuales". Su cambio de opinión resalta cómo la evidencia científica puede apuntar a un diseñador, sin necesidad de intervenciones personales.
En resumen, el deísmo pinta a Dios como un arquitecto lejano; el teísmo, como un guía cercano. La masonería, con su GADU, abraza esa amplitud, invitándonos a explorar sin dogmas. Al final, como Masón, creo que esta visión nos recuerda que la búsqueda de lo divino es un viaje personal, lleno de maravillas y preguntas que nos hacen más humanos. ¿Y tú, qué piensas?
Alcoseri image.png
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages