¿Carlos Marx y Federico Engels eran masones?

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Alcoseri Vicente

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Jan 23, 2026, 10:43:37 PM (8 hours ago) Jan 23
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¿Carlos Marx y Federico Engels eran masones?

No, Karl Marx y Friedrich Engels no eran masones. Aunque algunas teorías conspirativas intentan vincularlos con sociedades secretas como los Illuminati o derivadas de la masonería a través de su participación en la Liga de los Justos (una organización socialista secreta que influyó en la formación de la Liga Comunista), no hay evidencia histórica creíble que demuestre su membresía en logias masónicas. De hecho, tanto Marx como Engels criticaron abiertamente a la masonería en sus escritos, exponiéndola como una estructura secreta al servicio de la burguesía y el imperialismo, incompatible con el movimiento obrero proletario. Por ejemplo, en varios textos, denunciaron sus actividades y su rol en la opresión colonial, viéndola como una herramienta de la clase dominante más que como una fraternidad verdadera.
Estas afirmaciones conspirativas suelen surgir de malentendidos históricos o agendas ideológicas, ignorando el contexto materialista de Marx y Engels, quienes promovían la transparencia y la lucha de clases abierta, no rituales masónicos a puertas cerradas. En un mundo de desinformación, es fascinante cómo figuras como ellos se convierten en blancos de mitos, pero la evidencia apunta a su rechazo explícito de tales sociedades.
El comunismo y su oposición a la masonería representan un capítulo fascinante en la historia de las ideologías del siglo XX, donde la lucha ideológica se entretejió con sospechas de infiltración y control burgués. A la persistente campaña antimasónica de la Iglesia católica y las derechas conservadoras se sumó la hostilidad de movimientos como el anarquismo, el maoísmo , el izquierdismo, el socialismo y, especialmente, el comunismo. Este último se organizó formalmente con la Revolución Bolchevique de 1917 y la fundación de la Internacional Comunista en 1919, en Moscú, precedida por un manifiesto de León Trotsky.
En el primer congreso de la Internacional, celebrado en marzo de 1919, el tema masónico no surgió, pero en el segundo, en julio-agosto de 1920 entre Petrogrado y Moscú, la delegación del Partido Socialista Italiano (PSI) lo impulsó con fuerza. Antonio Graziadei, futuro líder comunista italiano, argumentó que la masonería era una entidad política burguesa que promovía visiones abstractas y formalistas de la sociedad, ocultando diferencias de clase y nacionales bajo una razón universalista opuesta al marxismo. Insistió en que ningún partido adherido a la Internacional debería permitir miembros masones, ya que su secretismo facilitaba el control sin reciprocidad. Esta intervención enriqueció el discurso antimasónico comunista, viéndola como herramienta de la pequeña burguesía para mantener el poder.
Al día siguiente, el delegado francés Guiebeaux respaldó la moción, aprobada por unanimidad, aunque la comisión de admisión la rechazó por ser demasiado explícita, posiblemente intuyendo motivaciones antifrancesas en algunos italianos. Lenin y Zinoviev parecieron desestimarla en ese momento. En el tercer congreso de 1921, Trotsky elevó la apuesta, proponiendo prohibir la masonería a todos los militantes por representar una infiltración burguesa en la sociedad, con principios de solidaridad que obstaculizaban la acción proletaria y ritos reminiscentes de religiones opresoras. El congreso aprobó estas directrices, convirtiendo a la Tercera Internacional en un feroz oponente de la masonería.
No fue hasta el cuarto congreso, en noviembre de 1922, cuando se añadió una condición explícita a las de admisión, enfocada en el Partido Comunista Francés (PCF), dividido internamente. La resolución exigía romper con la masonería antes de enero de 1923, con exclusión automática para quienes no lo hicieran públicamente, y un periodo de dos años sin cargos importantes para exmasones, considerándolo un signo de conciencia comunista insuficiente. Trotsky lo justificó como una lucha implacable contra "máquinas burguesas" como la masonería y la Liga de los Derechos Humanos, armas secretas del arsenal capitalista.
En Francia, esta decisión desató controversias y purgas, usada por Trotsky para disolver facciones internas, como reveló Jules Humbert-Droz en sus memorias: fingió descubrir masones entre líderes para provocar una crisis y unificar el partido. La Internacional defendió la "operación quirúrgica" como necesaria, aunque costara miles de "cadáveres políticos".
En España, el anatema generó inquietud entre masones, que inicialmente simpatizaron con la Revolución Rusa. El Gran Oriente Español (GOE), liderado por Luis Simarro, criticó el bloqueo internacional contra los bolcheviques en 1919. Algunos comunistas españoles, como Daniel Anguiano, prefirieron abandonar el partido antes que las logias. Augusto Barcia, delegado del GOE en Ginebra, destacó que regímenes como el soviético veían en la masonería un enemigo invencible por su rechazo a dogmas políticos  absolutos. Esto marcó el inicio de la "bolchevización", adaptando principios bolcheviques a contextos locales y resolviendo divisiones internas mediante la cuestión masónica.
La Gran Enciclopedia Soviética definía la masonería como una corriente ético-religiosa nacida en Inglaterra en el siglo XVIII, extendida globalmente, con formas tomadas de gremios medievales de albañiles. Reunía elites privilegiadas en logias jerárquicas, promoviendo amor universal y fraternidad que, en realidad, reforzaba la explotación al desviar a las masas de la lucha revolucionaria, fomentando mística y simbolismo. En la era capitalista, la veía como un movimiento reaccionario, centrado en EE.UU.
Sin embargo, en partidos socialistas occidentales actuales, esta prohibición no ha perdido rigor,  y simplemente simulan tolerar a la Masonería. Según fuentes históricas, la antimasonería comunista se enraíza en percepciones de la masonería como aliada del imperialismo, similar a cómo en la España franquista, la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo de 1940 equiparaba ambos como amenazas, prohibiendo logias e incautando bienes, inspirada en medidas nazis como la disolución de logias por Göring en 1933-1935. Además, investigaciones sobre Trotsky revelan su rol clave en el IV Congreso, donde usó la antimasonería para depurar comunistas franceses, viéndola como una "infiltración burguesa" que socavaba la dictadura proletaria.
Esta tensión ilustra ironías históricas: mientras el comunismo acusaba a la masonería de ser un instrumento burgués secreto, regímenes autoritarios como el franquismo o el nazismo la reprimían junto al comunismo, uniendo enemigos ideológicos en la persecución. Esto resalta cómo las sociedades secretas, reales o percibidas, han servido de chivo expiatorio en luchas de poder, fomentando un humanismo ilustrado que valora la transparencia sobre el dogmatismo. En contextos modernos, esta antimasonería comunista ha evolucionado, con algunos partidos comunistas simulando tolerancia a los masones ,  simulando una diversidad ideológica.
Alcoseri 
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