La práctica del Recuerdo es el puente entre el Sufismo, Gurdjieff y la Masonería
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Alcoseri Vicente
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May 6, 2026, 10:49:46 PM (4 days ago) May 6
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La práctica del Recuerdo es el puente entre el Sufismo, Gurdjieff y la Masonería Lo primero que debemos entender es que “Recordar” para una persona occidental es principalmente algo mental: traer algo del pasado a la cabeza. En cambio “Recordar” , en medio oriente significa algo más profundo , no solamente pensar en algo, sino actuar por ello y en ello, mencionado , vivirlo, traerlo tal cual al presente . Para un Judío un Arabe recordar por ejemplo a Dios no es solamente acordarte de Él , sino invocarlo estar presente con Él y en Él. En Masonería Invocamos en Logia al Gran Arquitecto del Universo, en ese sentido de Recuerdo. Es una tarea difícil —casi una paradoja— intentar explicar en pocas palabras el significado profundo de la atención o del estado de alerta que constituye uno de los pilares fundamentales de la enseñanza de George Gurdjieff. Sin embargo, es una noción esencial para comprender qué significa realmente estar vivo y consciente. La gran mayoría de las personas modernas no tiene la menor idea de hasta qué punto puede ser engañosa la existencia cuando se vive de manera automática, distraída o desenfocada. Vivimos como sonámbulos: nos movemos, hablamos, trabajamos, comemos y dormimos, pero en realidad estamos dormidos ante nosotros mismos. Como bien lo describía Gurdjieff, el ser humano común es como una marioneta: movida por hilos invisibles de hábitos, impulsos, emociones pasajeras y condicionamientos ajenos, sin tener realmente el control de su propia vida. Hoy en día, esta situación ha alcanzado un grado extremo. La humanidad ha logrado avances tecnológicos y materiales impresionantes, pero casi todo ese progreso se ha desarrollado hacia afuera, sin que haya ocurrido un avance paralelo en la vida interior, en la capacidad de sentir con profundidad, de pensar con claridad y de actuar con voluntad propia. Tenemos más información que nunca, pero menos sabiduría; más comodidades, pero menos paz; más estímulos, pero menos atención real. Y es aquí donde encontramos el punto de encuentro más profundo entre la enseñanza de Gurdjieff, la tradición sufí y nuestra amada Orden Masónica. La Masonería, a través de sus símbolos, sus rituales y sus enseñanzas, nos exhorta constantemente a "despertar a la Vida Real", a dejar de ser autómatas y a convertirnos en hombres y mujeres conscientes. Nos invita a romper el sueño de la ignorancia y a tomar las riendas de nuestro propio destino. Y es muy significativo darnos cuenta de que Gurdjieff, ese gran conocedor de las tradiciones antiguas, perteneció espiritualmente a la mística escuela sufí, una corriente de sabiduría que, en muchos aspectos fundamentales, es hermana gemela de la Masonería. Ambas son vías de transformación interior, caminos de retorno a la fuente, escuelas que buscan forjar al ser humano verdadero a partir de la "piedra bruta". Entre los muchos elementos que el sufismo ofrece y que la Masonería puede asimilar y hacer suyos con gran facilidad y provecho, hay uno que considero de importancia capital: es la práctica conocida como el Recuerdo de Sí, que en la tradición sufí se llama Dikr —que se pronuncia y a veces es transcrito como Sicar—, y que significa literalmente "el acto de recordar", "la remembranza" o "estar siempre presente". Esta enseñanza no es nueva ni exclusiva de una tradición: es la columna vertebral de toda búsqueda espiritual auténtica. Y hay un pasaje bíblico sumamente interesante que parece ilustrar perfectamente esta práctica, y que cobra un significado totalmente distinto cuando se lee con ojos de iniciado. Me refiero al capítulo 4 del Evangelio de Juan: "Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta." Lo que sigue en el texto es el conocido diálogo con la mujer samaritana, una conversación que, leída esotéricamente, es mucho más que un encuentro fortuito: es casi como un monólogo revelador, una conversación entre dos niveles de conciencia, entre lo que se muestra externamente y lo que se esconde en lo profundo del ser. Es como si viéramos hablar al "Yo Superior", al ser verdadero y consciente, con la parte externa, condicionada y dormida de sí mismo. Pero aquí surge un detalle sumamente curioso y revelador: la ciudad llamada Sicar no existe históricamente ni geográficamente. Si buscamos en los mapas antiguos o modernos de la región de Samaria, no encontramos ninguna ciudad ni pueblo con ese nombre. Es, desde el punto de vista histórico, un lugar que "no está en el mapa". Entonces, ¿por qué se menciona ese nombre específico? ¿Qué significa realmente este lugar? Y aquí es donde se cierra el círculo y el simbolismo se vuelve deslumbrante para nosotros, los masones. Porque Sicar no es un nombre cualquiera ni un lugar geográfico: es el mismo término que aparece en nuestra leyenda fundamental. Recordemos bien: según nuestra tradición, los tres criminales que atentaron contra la vida de nuestro Maestro Hiram Abiff fueron finalmente descubiertos y detenidos en una caverna, una gruta profunda y oscura, cuyo nombre precisamente era... Sicar. ¡Qué coincidencia tan extraordinaria —o más bien, qué enseñanza tan profunda oculta bajo símbolos—! En el pasaje evangélico, Jesús —el iniciado perfecto, el Maestro— llega a Sicar cansado del camino, se sienta junto al pozo y entabla un diálogo que transforma. En nuestra leyenda masónica, Sicar es el lugar donde se esconden la ignorancia, la violencia y el error; el lugar de las tinieblas donde moran las fuerzas que se oponen a la luz y a la sabiduría. Pero en ambos casos, Sicar representa lo mismo: es el estado de inconsciencia, el lugar donde el ser humano vive "dormido", donde se ocultan nuestros errores, nuestros vicios y nuestra ignorancia. Y es también el lugar donde debe ocurrir el encuentro decisivo. Cuando Jesús llega a Sicar y se sienta en el pozo, está simbolizando al ser consciente que desciende al lugar de la inconsciencia, al lugar de los "ladrones y asesinos" de la verdad, para llevar la luz y la enseñanza. Cuando en nuestra leyenda se descubre a los criminales en Sicar, significa que el trabajo espiritual y masónico consiste precisamente en llevar la luz a los rincones más oscuros de nuestro propio ser, para descubrir, enfrentar y vencer las fuerzas que nos mantienen prisioneros de la ignorancia y el sueño. Por eso el Dikr o Recuerdo de Sí es tan fundamental: es la herramienta, la llave que nos permite salir de Sicar, dejar la caverna de la inconsciencia y vivir en la luz de la realidad. Como decían los maestros sufíes: "El que se olvida de sí mismo, se olvida de Dios; pero el que se recuerda a sí mismo en todo momento, recuerda al Creador y vive en Él". Y esto coincide perfectamente con la enseñanza masónica: no basta con saber las reglas o repetir los rituales; lo esencial es estar siempre despierto, estar siempre presente, estar siempre alerta, como vigilantes en Logia. Cuando en Logia vemos 2 vigilantes , entendemos que es una alegoría para vigilarnos a nosotros mismos; en mi logia por ejemplo, hay un vigilante hacia dentro de las columnas y otro externo a las columnas y esto, me lleva a pensar que debemos vernos tanto desde un ángulo externo como desde un ángulo interno. Si logramos entender que Sicar no es un lugar en el mapa, sino un estado interior; si comprendemos que los "criminales" que habitan allí son nuestras propias pasiones desordenadas, nuestra falta de atención y nuestra tendencia a vivir en piloto automático, entonces la enseñanza se vuelve clara: nuestra tarea es llevar la luz de la conciencia a ese lugar oscuro, transformar el sueño en vigilia y convertirnos, finalmente, en seres despiertos y libres. Para que este mensaje llegue profundo a todos los hermanos, sin importar su grado o su tradición, creo que debemos enfatizar estos tres puntos esenciales: 1. El símbolo habla más fuerte que la historia Debemos explicarles que muchas veces, lo que parece un detalle histórico o geográfico en las escrituras o en nuestras leyendas, esconde en realidad una verdad espiritual mucho más importante. Que Sicar no es un lugar en el mundo, sino un estado interior, es una lección poderosa: significa que todo lo que buscamos, todo lo que tememos y todo lo que necesitamos está dentro de nosotros mismos. La verdadera geografía que debemos conocer no es la de los mapas, sino la de nuestro propio ser. 2. La práctica del Recuerdo de Sí como trabajo masónico cotidiano El Dikr o Recuerdo de Sí no es sólo una práctica sufí o una teoría de Gurdjieff: es la esencia misma del trabajo masónico. Podemos proponer a los hermanos que, en su vida diaria, intenten pequeños ejercicios de atención: detenerse un momento varias veces al día y preguntarse: ¿Dónde estoy?, ¿Qué estoy haciendo?, ¿Por qué lo hago?, ¿Estoy aquí realmente o mi mente está en otro lugar?. Ese simple ejercicio es nada menos que el trabajo de "llevar la luz a la caverna de Sicar", el trabajo de vencer a los tres criminales que habitan en nosotros: la ignorancia, la pasión desmedida y la pereza espiritual. 3. Todos los caminos de sabiduría conducen a la misma verdad Es muy valioso recordarles que la Masonería no está aislada ni es única en su enseñanza. Que el sufismo, que las enseñanzas de maestros como Gurdjieff y que las tradiciones antiguas coinciden con nosotros en los puntos esenciales, nos muestra que estamos en el camino correcto. Que la invitación a despertar es universal y eterna, y que nuestra Orden es sólo uno de los rostros de esa gran enseñanza que siempre ha estado disponible para quienes tienen ojos para ver y oídos para escuchar. Al comprender esto, el masón deja de ver su pertenencia sólo como una actividad social o filosófica, y empieza a vivirla como lo que verdaderamente es: un camino de transformación interior, un esfuerzo constante por salir de la caverna y vivir en la luz de la verdadera conciencia.