La Concentración De La Mente En Masonería

0 views
Skip to first unread message

Alcoseri Vicente

unread,
Feb 25, 2026, 9:05:44 PM (19 hours ago) Feb 25
to secreto-...@googlegroups.com
La Concentración De La Mente En Masonería

Érase una vez, en el sagrado recinto de una antigua Logia Masónica, iluminada por la eterna luz del Gran Arquitecto del Universo, donde las columnas de sabiduría, fuerza y belleza se erguían como guardianes silenciosos del secreto eterno. Bajo el dosel estrellado del Oriente, los hermanos —hermanas y hermanos de corazón puro— se reunían en tenida para labrar la piedra bruta del alma humana, elevándola hacia la perfección divina.
En esa Logia había un joven aprendiz llamado Mateo, un alma inquieta y llena de buena voluntad, pero con la mente como un río desbordado: saltaba de un pensamiento a otro sin poder detenerse. Cuando llegaba la hora solemne de la concentración, durante las tenidas o los rituales masónicos, Mateo de 25  años no lograba fijar su atención. Su mente divagaba como hoja al viento: recordaba el trabajo del día, imaginaba conversaciones pendientes, se preocupaba por cosas pequeñas... y así, perdía el hilo sagrado de la luz que intentaba captar en Logia, y eso no pasaba desapercibido por los QQ:. HH.: . Se sentía frustrado, pues veía cómo sus hermanos permanecían serenos, con la mirada interior fija en el punto central del compás del ser.
El Venerable Maestro, con voz cálida y firme como el mármol de Paros, le dijo un día:
—Hermano Mateo, la primera y más esencial labor del programa masónico es enseñar a sus hijos la santa arte de la concentración del pensamiento. Para que el hombre se acerque a su verdadero Yo, debe aprender, con ejercicios repetidos y pacientes, a fijar su atención en una sola idea divina, sin permitir que se disperse en mil distracciones profanas. Tú, querido aprendiz, no puedes concentrarte en Logia porque tu mente divaga; pero eso no es fracaso, es el comienzo del camino. Primero, reconoce el inmenso poder del pensamiento que Dios te ha dado. Desarrolla confianza absoluta y una fe inquebrantable en esa fuerza interior. Practica a solas, en silencio, y verás cómo poco a poco domas esa tormenta mental.
Mateo, con humildad, empezó a ejercitarse: cada mañana, sentado en quietud, elegía una sola idea —la luz, la fraternidad, el Gran Arquitecto del Universo— y la sostenía como un faro en la niebla. Al principio fallaba, pero persistía. En las tenidas, los hermanos compartían: “Hoy mi mente voló tres veces”, “Logré cinco minutos de presencia plena”. Juntos, en unión fraterna, se ayudaban sin juzgar, porque la Masonería no es logro solitario, sino colaboración estrecha y amorosa. —
El Venerable Advitam de la Logia, le dijo al aprendiz Mateo: para encontrar el tesoro escondido en tu propio corazón, primero debes aprender a sentarte quieto, a mirar una sola estrella sin parpadear, a escuchar una sola melodía sin que otras voces la interrumpan. Esa es la magia de la concentración: el arte de unir todas tus fuerzas en un sólo rayo de luz poderoso.
El aprendiz, al principio, se distraía con mil mariposas de pensamientos vanos, pero poco a poco, con ejercicios repetidos como gotas que tallan la piedra, comenzó a fijar su atención. ¡Y qué maravilla! Cada vez que lograba mantener su mente quieta y brillante en una sola idea, sentía que crecía una fuerza inmensa dentro de él, como si un río de energía divina fluyera sin obstáculos.
Y no estaba sólo. En las tenidas de la Logia, bajo la luz de la escuadra y el compás, los hermanos se reunían como estrellas en constelación. Cuando muchos corazones y mentes se unían en la misma frecuencia sagrada, el poder se multiplicaba, como ecos que se hacen más fuertes en una cueva profunda. Juntos compartían sus tropiezos —«hoy mi mente voló como pájaro asustado»— y sus victorias —«¡logré estar presente por largos minutos!»—. En esa colaboración fraterna, sin egoísmos, se ayudaban mutuamente a pulir el diamante interior.
Chuck Dunning, Jr., el sabio de la contemplación masónica, les recordaba con serenidad: “La concentración es sostener el foco mental con firmeza; casi todos enfrentamos desafíos para mantenerla, pero al practicarla afinamos nuestra conciencia y nos volvemos capaces de percibir la presencia divina en cada instante”.
W. L. Wilmshurst, maestro de los misterios profundos, añadía con solemnidad: “Controlar la mente inquieta y dominar los pensamientos mediante una regla de vida rigurosa abre la ventana por donde entra la Luz desde el principio espiritual superior que llevamos dentro”.
Jean Morgues, con mirada penetrante al pensamiento masónico, susurraba: “El verdadero pensamiento masónico es fuerza viva que transforma al hombre en constructor consciente de su destino eterno”.
Alberto Pérez Fiallo, desde su dedicación incansable, afirmaba: “La Masonería marca la vida y el pensamiento; sólo mediante la disciplina mental accedemos al corazón de sus misterios”.
Y Ricardo Ríos Rodríguez, con entusiasmo gozoso, completaba: “Aprender jugando e instruyendo con alegría fortalece la mente y el espíritu; el acto masónico verdadero nace de la concentración gozosa y compartida”.
Poco a poco, Mateo descubrió que al disciplinar su mente, sus facultades se multiplicaban: en la vida diaria era más sabio, más fuerte, más amoroso. Cuando dominó el arte de la Atención y la Concentración, estuvo listo para los verdaderos trabajos: ayudar al hermano, elevar a la humanidad entera, obrar con manos activas, corazones amorosos y cerebros vivos.
Porque en la Masonería, al Gran Arquitecto del Universo no se le invoca sólo con palabras, sino con Actos. El pensamiento es el alma de toda acción. Sólo tus actos te conectan con la Vida Eterna que eres tú mismo. Cuando piensas en Luz y actúas en Luz, te conviertes en Luz. Los pensamientos ajenos pueden despertar un momento, pero sólo los tuyos, nacidos de tu fe inquebrantable, te dan vida verdadera.
Así, hermanos y hermanas, anclen en sus mentes estos mantras sagrados: “Yo confío”, “Yo puedo”. Rechacen el temor y el odio, pues el pensamiento atrae lo semejante: la fortaleza llama a la fortaleza, el optimismo multiplica la luz. En unión resonante con sus hermanos, sus pensamientos se convierten en fuente inagotable de riqueza, poder y felicidad para todos.
No dejen que la mente divague en la charla interna sin fin; obsérvenla ahora: ¿cuántos pensamientos vanos les asaltan? Abandonen esa vorágine. Mediten concentrados, y verán cómo su poder mental se expande sin límites.
Si en la dura senda diaria necesitan guía, invóquenla con deseo ardiente, con derecho divino y con convicción absoluta. Pero recuerden: el mejor maestro externo es aquel que los lleva al Maestro Interno, al que vive en su corazón.
Y así, hermano Mateo, el aprendiz que no podía concentrarse en Logia, se convirtió en constructor de luz. Colorín colorado… pero tu aventura de concentración y actos apenas comienza. ¡Sigue practicando, y sé la Luz que el mundo espera!
Aquí te comparto ejercicios prácticos de concentración masónica, inspirados en la tradición operativa y contemplativa de nuestra augusta Orden. Estos se presentan como un camino sencillo y progresivo para el aprendiz Mateo (y para todo hermano que busque domar su mente inquieta). Recuerda: la concentración no es fuerza bruta, sino arte sagrado; se construye con paciencia, como el templo interior.
Estos ejercicios combinan elementos tradicionales masónicos (como la atención a símbolos, palabras sagradas, respiración y visualización del Templo) con prácticas de atención plena y meditación cuadrada, tal como se menciona en textos de logias y maestros contemplativos.
1. Ejercicio básico diario: La Atención a la Llama (5-10 minutos al día)
Siéntate en un lugar tranquilo, con la espalda recta (como al estar "al orden" en Logia). Enciende una vela pequeña o imagina la luz eterna en el Oriente.

Fija la mirada suavemente en la llama (o en un punto imaginario si no hay vela).
Respira despacio: inhala contando hasta 4, retiene 4, exhala 4.
Cada vez que la mente divague (y lo hará), nota sin juzgar: "mi mente se fue", y regresa gentilmente a la llama.
Meta inicial: 5 minutos sin interrupciones mayores. Aumenta gradualmente.
Variante masónica: Mientras miras la llama, repite en silencio la palabra sagrada de tu grado (o "Yo Soy" / "HYH") con cada exhalación, como un mantra para expulsar a los "mercaderes-pensamientos" del Templo interior.

Beneficio: Entrena la atención sostenida y prepara la mente para rituales y tenidas.
2. Ejercicio de la Respiración Consciente en el Cuarto de Reflexión (10-15 minutos)
Imagina que estás en el Cuarto de Reflexión: oscuridad, calavera, espejo, pan y agua... pero enfócate solo en tu respiración.

Siéntate con los ojos cerrados.
Observa la entrada y salida del aire por las fosas nasales, sin forzarla.
Cuenta las respiraciones: 1 al inhalar, 1 al exhalar (hasta 10, luego reinicia).
Si pierdes la cuenta, vuelve a 1 sin reproche.
Incorpora símbolo: Con cada inhalación, visualiza que absorbes Luz del Gran Arquitecto; con cada exhalación, expulsas distracciones profanas.

Progresión: Cuando domines 10 respiraciones sin perderte, pasa a observar el espacio entre inhalación y exhalación (el "silencio" donde reside la presencia divina).
3. Meditación en el Punto Central (Mandala Masónico – 15-20 minutos)
Dibuja o visualiza un mandala simple: el pavimento mosaico, la escuadra y compás entrelazados, o un círculo con el ojo que todo lo ve en el centro.

Concéntrate en el punto central (el centro invariable, símbolo del Yo superior).
Deja que los ojos recorran los bordes geométricos lentamente, pero regresa siempre al centro.
Si la mente divaga, di en silencio: "¿A quién pertenece este pensamiento?" (inspirado en tradiciones contemplativas masónicas).
Usa palabras sagradas: Repite mentalmente "Jaim" (fuerza) al inhalar, "Boz" (estabilidad) al exhalar, o "Mabone" según tu grado.

Este ejercicio reúne lo disperso y lleva al Sancta Sanctorum interior.
4. Ejercicio en Logia o en grupo: La Cadena de Unión Mental (durante o después de Tenida)
En círculo, después de cerrar los trabajos o en ágape:

Todos cierran los ojos y toman las manos (cadena de unión física).
Un hermano guía: "Concentrémonos en la Luz que une nuestras mentes".
Durante 3-5 minutos, todos enfocan la idea común: "Fraternidad", "Luz", o el lema de la Logia.
Comparte después: "¿Cuánto tiempo lograste mantener el foco sin divagar?"
Esto multiplica el poder, como enseñan los sabios: mentes unidas en la misma frecuencia incrementan la fuerza creadora.

5. Ejercicio avanzado: Visualización del Templo Interior (Palacio de la Memoria Masónica – 20-30 minutos)
Cierra los ojos y construye mentalmente tu Logia ideal:

Recorre el Templo: entra por la puerta, pasa por las columnas J y B, sube la escalera de Jacob, llega al Oriente.
En cada estación, detente y visualiza con detalle: el altar, los símbolos, la luz.
Asocia partes del ritual o lecciones a lugares específicos (técnica de "palacio de la memoria" usada en tradiciones masónicas antiguas).
Si divagas, regresa a la puerta de entrada y empieza de nuevo.

Consejo final: Practica diariamente, informa en Logia de tus avances y tropiezos (como Mateo). La constancia transforma la mente dispersa en herramienta de luz. No busques perfección inmediata; celebra cada segundo de presencia plena.
Hermano, estos ejercicios no son meras técnicas: son el primer paso para pasar de la piedra bruta a la cúbica, para que tus actos sean verdaderos Actos divinos. ¡Practícalos con fe inquebrantable: "Yo confío, Yo puedo"!
Alcoseri 
image.png
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages