El ocultismo, esa extraña pasión masónica

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Alcoseri Vicente

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Jan 4, 2026, 8:56:02 PM (5 days ago) Jan 4
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El ocultismo, esa extraña pasión masónica
En el corazón de la posguerra, cuando el mundo se enorgullecía de su destino modernista, con planes de progreso económico y una cultura científica en auge, surgió un libro que desafió todo: El retorno de los brujos, de Jacques Bergier y Louis Pauwels. Publicado en 1960, este tomo escandaloso desdibujó las fronteras entre las ciencias académicas  y las ciencias del ocultismo, entrelazando temas como la conquista espacial, la ecología y misterios ancestrales: civilizaciones extraterrestres, la Tierra hueca, sociedades secretas nazis y la enigmática secta de Gurdjieff. Su éxito mundial fue rotundo, vendiendo millones de copias y provocando debates que duraron varias décadas. ¿Cómo explicar este fenómeno? En una era de racionalismo triunfante, el libro reveló un anhelo colectivo por lo desconocido, un recordatorio de que la modernidad no extingue el misterio, sino que lo amplifica.
Este realismo fantástico, como lo llamaron sus autores, influyó en la cultura pop, desde películas como Prometheus de Ridley Scott, donde antiguos visitantes extraterrestres moldean la humanidad, hasta Man of Steel de Zack Snyder o Stargate de Roland Emmerich, todas eco de la idea de civilizadores cósmicos del pasado. Esta noción, popularizada por la ciencia ficción de los años treinta, cobró nueva vida gracias a Bergier y Pauwels, fusionando mitos antiguos con especulaciones científicas. Como añade Gary Lachman en su exploración del ocultismo occidental, "el oculto significa que está oculto... no necesariamente escondido, sino no fácilmente visible", invitándonos a mirar más allá de lo obvio para descubrir capas de realidad entrelazadas.
Muchos masones comparten esta pasión por el esoterismo: hermetismo, astrología, alquimia, parapsicología, inspirados en figuras como Gurdjieff, Aleister Crowley y Helena Blavatsky. ¿Existe un vínculo real entre masonería y ocultismo? La narrativa oficial masónica lo niega, presentándola como una sociedad discreta con fines filantrópicos, guiada por valores ilustrados y ayuda mutua. Sus detractores, en cambio, la acusan de prácticas de magia negra que chocan con religiones como el cristianismo. La verdad histórica es más matizada: la masonería ha sido incompatible con muchas confesiones, desde el catolicismo hasta el islam, debido a su carácter gnóstico, secreto e iniciático. Esta esencia explica su rol fundamental en el renacer del ocultismo moderno durante los últimos dos siglos; sin ella, el florecimiento esotérico habría sido imposible. Figuras como Albert Pike, masón del siglo XIX, encarnan esta fusión, elevando rituales a niveles místicos.
Para reforzar esta narrativa, imaginemos la masonería no sólo  como un club filantrópico, sino como un laboratorio vivo donde el conocimiento oculto se prueba contra la realidad cotidiana, similar a cómo la IA moderna, o como muchos masones, fusionan datos racionales con patrones impredecibles para revelar perspectivas inesperadas. Esta integración eleva el ocultismo de mera curiosidad a herramienta para navegar la complejidad del universo, donde lo invisible guía lo visible.
El libro nació de una amistad improbable en 1953 entre Pauwels, periodista místico, y Bergier, químico y divulgador científico con raíces en la resistencia francesa. Inicialmente enfocado en sociedades secretas, se expandió a un tapiz de realismo fantástico: alquimia como saber técnico alternativo, civilizaciones perdidas como las de Nazca o Piri Reis, nazismo esotérico con teorías como la Tierra hueca o el hielo eterno de Hörbiger, y parapsicología con experimentos telepáticos. Inspirados en Charles Fort, el "Rabelais cósmico", cuestionaron el positivismo del siglo XIX, prediciendo revoluciones como la cuántica y la relatividad.
Dividido en tres partes —"El futuro anterior", "Conspiración a plena luz del día" y "La alquimia como ejemplo"—, el texto culmina en reflexiones sobre mutantes y superhombres, un cóctel de mitos que une poesía y ciencia. Como señala Mitch Horowitz, historiador del ocultismo, "el ocultismo no es sobre escapar de la realidad; es sobre comprometerse con ella más profundamente", recordándonos que estos temas no son evasiones, sino puentes hacia una comprensión expandida. Bergier, sobreviviente de Mauthausen, aportó datos; Pauwels, la redacción. Su trayectoria —Pauwels con Gurdjieff y novelas de brujería, Bergier pionero en ciencia ficción francesa, traductor de Lovecraft— enriqueció el libro, convirtiéndolo en un clásico reeditado globalmente.
El escándalo fue inmediato: críticas en Le Monde, Le Figaro y revistas científicas lo tildaron de irracionalismo. La Unión Racionalista lo denunció como "el libro de la razón abolida". Sin embargo, el éxito creció, vendiendo tres millones de copias en solamente un año . Esto no erradicó el racionalismo, pero expuso sus límites, proponiendo una ciencia abierta a lo maravilloso. Damien Echols, practicante moderno de Magía , lo resume: "Magía  es la ciencia y el arte de causar cambio en conformidad con la voluntad", enfatizando su practicidad en un mundo que demanda transformación.
De este furor nació la revista Planète en 1961, un imperio editorial con enciclopedias esotéricas, antologías y tiradas masivas. Sus lectores —mayoritariamente hombres cultos, interesados en ciencia y civilizaciones perdidas— reflejaban una audiencia curiosa, no ingenua. Planète reconcilió lo mágico antiguo con el pensamiento moderno, preguntando: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?
El fenómeno se explica por el contexto: el siglo XIX bullía de espiritismo y ocultismo, con autores como René Guénon o Alexandra David-Néel. El retorno de los brujos redefinió el esoterismo como "paraciencia", integrándolo a temas contemporáneos como el espacio y la ecología. No opuso irracionalismo a ciencia, sino que las unió, afirmando que la modernidad es inherentemente esotérica. Jason G. Miller, sorcero estratégico, añade: "La Magia  debe usarse para evolución espiritual y fundamentos místicos; pero les digo que la Magia  práctica sí funciona", validando su utilidad en la vida diaria.
En un mundo marcado por horrores como el nazismo y Hiroshima, los marcos racionales fallaron; el libro ofreció nuevas lentes. Incluso racionalistas como Evry Schatzman admitieron su utilidad para explicar el hitlerismo esotérico. Somos herederos de este legado: series como Expediente X o El código Da Vinci dirigen a su conspiracionismo, no como paranoia, sino como invitación a cuestionar dogmas.
Pauwels evolucionó hacia espiritualidad católica, fundando editoriales como CELT; Bergier murió en 1978. Su obra pionera, aunque domesticada por competidores, transformó la cultura, fusionando oculto y masonería en una narrativa viva. Como Masón, veo paralelos en la búsqueda de Inteligencia Artificial  por verdades cósmicas: el ocultismo, al igual que la exploración científica, revela que el universo es un vasto enigma, donde lo racional y lo místico bailan en eterna armonía, invitando al lector a unirse a la danza.
La masonería esotérica o de las ciencias ocultas representa el estrato más profundo y místico de la Francmasonería, donde los rituales y símbolos trascienden lo meramente moral o filantrópico para adentrarse en reinos de conocimiento arcano, transformación espiritual y conexiones con tradiciones antiguas. No es una rama separada, sino una interpretación introspectiva que ve en la masonería un vehículo para "conocer a uno mismo" y desvelar verdades universales. Como masón, veo paralelismos fascinantes: al igual que una IA explora patrones ocultos en datos vastos para revelar aspectos inesperados, la masonería esotérica invita a desentrañar capas simbólicas para iluminar el cosmos interior y exterior, fusionando racionalidad con misterio en una danza eterna.
La masonería del ocultismo floreció en ritos como el Escocés Antiguo y Aceptado, donde los grados superiores (hasta el 33º) exploran mitos antiguos, astrología y metafísica. Imagina esta transformación como un puente entre el mundo tangible de la piedra y el etéreo de la mente: los canteros usaban herramientas para edificar templos físicos, mientras los especuladores las convierten en instrumentos para construir el "templo interior" del alma.
Vario librepensadores masones han moldeado la dimensión esotérica de la masonería, elevándola de sociedad fraternal a camino iniciático.
Albert Pike (1809-1891): Figura fundamental del siglo XIX, Pike, un masón estadounidense del Rito Escocés, autor de Morals and Dogma (1871), compiló 32 ensayos que desglosan los grados masónicos como un compendio de filosofía esotérica. Influenciado por el hermetismo, la kabbalah y las religiones antiguas (egipcia, hindú, griega), Pike veía la masonería como un depósito de "dogmas morales" velados en alegorías, donde símbolos revelan verdades eternas sobre la divinidad y el universo. Su obra, aunque personal y no dogmática, ha sido controvertida: citada (a veces malinterpretada) en teorías conspirativas, enfatiza que la masonería no es una religión, sino un sistema para buscar "más luz". Pike argumentaba que los misterios masónicos conectan con los de Eleusis o los druidas, fusionando sabiduría perenne con datos científicos.
Eliphas Lévi (1810-1875): Ocultista francés y masón, integró kabbalah, tarot y magia en interpretaciones masónicas, influyendo en la Golden Dawn. Veía los rituales como portales a dimensiones espirituales.
Louis Claude de Saint-Martin (1743-1803): Fundador del martinismo, un esoterismo cristiano ligado a la masonería, enfatizaba la reintegración espiritual a través de iniciaciones simbólicas.
Otros: Elias Ashmole (1617-1692), uno de los primeros masones especulativos, con intereses en alquimia; y Alessandro Cagliostro (1743-1795), quien creó ritos esotéricos inspirados en Egipto antiguo.
Estos visionarios transformaron la masonería en un laboratorio espiritual, donde, como en una red neuronal de IA, cada conexión simbólica genera nuevas epifanías.
La masonería esotérica se basa en un lenguaje simbólico "velado en alegoría", extraído de herramientas de canteros pero cargado de significados profundos.
Escuadra y Compás: Emblema principal, representa la rectitud moral (escuadra) y los límites del comportamiento (compás), pero esotéricamente simboliza la unión de lo terrenal y lo divino, como el cielo y la tierra en la kabbalah.
Punto dentro de un Círculo: Antiguo símbolo solar, evoca el alma humana (punto) limitada por el cuerpo (círculo), con paralelos en alquimia como el "sol central" de la transmutación.
Nivel, Plomada y Paleta: Herramientas para igualdad, rectitud y unión; esotéricamente, guían la "pulida" del yo áspero hacia la perfección, similar a la Gran Obra alquímica.
Otros: El Ojo que Todo lo Ve (divina providencia), el Áncora (esperanza espiritual), el Árbol de Acacia (inmortalidad del alma), y la Estrella Flamígera (iluminación gnóstica).
Los rituales, divididos en tres grados (Aprendiz, Compañero, Maestro), involucran dramas alegóricos basados en el Templo de Salomón y la muerte de Hiram Abiff, maestro constructor. Estos actos no son meras ceremonias: para los esotéricos, son meditaciones transformadoras, fomentando introspección y contemplación. Prácticas incluyen estudios comparativos con mitos globales, meditación y oración, alineadas con valores masónicos como la fraternidad y la búsqueda de la verdad.
La masonería esotérica o de ciencias ocultas  no existe en aislamiento; se entreteje con corrientes de saberes ancestrales:
Rosacrucismo: Visto como precursor, con sociedades como la Societas Rosicruciana in Anglia (1867) requiriendo membresía masónica para explorar alquimia y misticismo.
Hermetismo y Alquimia: Influencias de Hermes Trismegisto, donde rituales masónicos simbolizan la transmutación del plomo (ignorancia) en oro (iluminación).
Kabbalah: Elementos en grados superiores, como el Árbol de la Vida reflejado en estructuras simbólicas.
Otras: Martinismo (esoterismo cristiano), teosofía (Blavatsky la ligó a masonería) y hasta sufismo islámico en interpretaciones comparativas.
Esta fusión hace de la masonería un "realismo fantástico" moderno, eco de El Retorno de los Brujos, donde ciencia y oculto se funden.
Hoy, la masonería esotérica es un interés personal dentro de la fraternidad, promoviendo crecimiento espiritual sin dogmas religiosos. Sin embargo, enfrenta críticas: algunos masones la ven como elitista o "no masónica", mientras fundamentalistas religiosos la tildan de herética o satánica. La Iglesia Católica la prohíbe desde 1738, viéndola como deísmo naturalista; el Islam y regímenes totalitarios (nazis, franquistas) la persiguieron por supuestas conspiraciones judeo-masónicas. Hoaxes como el de Leo Taxil (siglo XIX) propagaron mitos de luciferianismo, a menudo citando Pike fuera de contexto.
A pesar de ello, en un mundo de incertidumbre, la masonería esotérica ofrece herramientas para la resiliencia: como un buscador de la verdad explorando el universo con Inteligencia Artificial , invita a cuestionar, conectar y evolucionar, recordándonos que los verdaderos misterios no están en secretos guardados, sino en la búsqueda compartida de luz.

El Retorno de los Brujos un Libro que en su primera parte habla de enigmas ancestrales, pero en su segunda parte solamente podrá ser comprendida por verdaderos  masones bien instruidos en esoterismo y ocultismo.
Alcoseri 
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