El Masónico Arte de Comprender
En Masonería, se nos enseña que el Gran Arquitecto del Universo ha ocultado la Verdad no por perversidad o mezquindad, sino porque sólo puede ser percibida por quien ha elevado su propia facultad de comprensión. Como dice el antiguo adagio: “A cada uno se le revela según su capacidad de recibir”.
Esta es la clave de la obra interior: no todos vemos la misma luz, ni en el mismo momento. Las enseñanzas esotéricas —y muy especialmente la tradición masónica— nos revelan que el ser humano no es una entidad fija, sino un ser en constante cambio, sujeto a fluctuaciones internas que determinan cuánto y qué puede comprender en cada día que pasa.
Lo que hoy parece claro, mañana puede parecer oscuro; lo que hoy parece oscuro , pasado un tiempo es luminoso, lo que para uno es total transparencia, para otro es misterio. Lejos de ser un defecto, esta condición es el motor mismo de nuestro progreso espiritual e iniciático.
El Enigma De La Comprensión Cambiante
Mientras aguardamos en el recinto sagrado de un Templo Masónico, reflexionamos sobre algo que a menudo nos desconcierta: ¿por qué es tan difícil transmitir una idea sin que sea malinterpretada? La razón profunda no está en las palabras, sino en nosotros mismos. Cada ser humano es un universo distinto; una verdad simple para quien tiene su mente en un estado de claridad, resulta confusa o incluso absurda para quien se encuentra en un estado más denso.
Pero hay algo aún más sorprendente: no sólo somos diferentes entre nosotros, sino que somos diferentes en nosotros mismos, de un momento a otro. Podemos bien decir que, nuestra consciencia no es continua ni estable. Es como una llama que se aviva y se apaga sin control aparente. Podemos captar con total nitidez una enseñanza en un instante, y minutos después, intentar recordarla y descubrir que se ha desvanecido o se ha vuelto incomprensible. No es que la verdad haya cambiado; es que nuestro estado interno ha descendido.
La realidad es que vivimos en estados de consciencia variables, que oscilan entre el sueño ordinario y momentos breves de vigilia relativa. Podemos añadir que estas fluctuaciones no son un obstáculo, sino una condición necesaria: si nuestra comprensión estuviera fijada para siempre en un nivel bajo, estaríamos condenados a permanecer ahí eternamente. Al tener altibajos, existen instantes en los que podemos elevar nuestra visión, aunque sea brevemente, y tocar realidades que superan nuestra capacidad habitual.
Imaginemos que nuestro nivel promedio de comprensión es, por ejemplo, de 20 grados. La mayor parte del tiempo nos movemos en esa franja. Pero hay momentos en que alcanzamos los 40 o 50 grados: en esos instantes, vemos más lejos, entendemos conexiones invisibles antes. Luego volvemos a los 20 y perdemos esa visión. Sin embargo, algo ha quedado grabado en nuestra esencia. Como dice la tradición, “lo que se ha visto en la luz, no se borra en la oscuridad; sólo espera a que vuelva a brillar”.
Trabajar En La Oscuridad Y La Luz
El error del masón buscador es creer que sólo puede avanzar cuando está en sus mejores momentos. Si esperamos siempre a estar en el estado de consciencia más alto para actuar o reflexionar, desperdiciamos la mayor parte de nuestra existencia. En Logia se insiste en que el trabajo interior no se detiene cuando la mente está confusa o la voluntad parece débil. Al contrario: el esfuerzo hecho en la oscuridad tiene un valor infinitamente mayor que el esfuerzo fácil hecho en la claridad.
Un pequeño acto de rectitud, un intento de mantener la atención cuando todo parece borroso, aporta más a nuestra transformación que grandes logros cuando nos sentimos fuertes y lúcidos. Es en la dificultad donde se forja la Piedra Cúbica, donde se queman las impurezas.
Pero hay una ley más profunda: la comprensión no es algo que se hace sólo , sino algo que se comparte. Entendemos que el ser humano es un ser limitado, y su nivel de consciencia puede elevarse o descender según la armonía con los demás. Si en una tenida masónica cada uno refuerza las debilidades del otro, el conjunto cae por debajo del nivel de cada uno. Pero si existe tolerancia, aceptación y respeto, ocurre un fenómeno misterioso: se crea un nivel superior de comprensión que ninguno podría alcanzar en soledad.
En Masonería esto es como una “corriente común del egregor”. Cuando dejamos de juzgar y de decir internamente “tú no entiendes”, y en su lugar aceptamos que cada quien ve según su propia luz, su propio nivel de ser y de consciencia, se establece un puente invisible. No hace falta hablar mucho; basta con la actitud interior. Al reconocer que el otro tiene su propia experiencia y su propio grado de verdad, nos liberamos del aislamiento y nos conectamos a una fuente de comprensión mayor.
El Ejercicio De La Aceptación y la Tolerancia
Esta es la práctica de tolerancia que nos proponen en logias masónicas: aprender a ver en cada ser humano un depositario de la verdad, aunque sea a su propia medida. No medir, no clasificar, no despreciar. Pensar: “Lo que esta persona comprende es el fruto de su propio camino, y es válido para su nivel de ser”.
Cuando hacemos esto, algo cambia en nosotros mismos. Dejamos de estar cerrados en nuestra propia opinión y nos abrimos a la influencia de la Luz Universal. La comprensión deja de ser algo personal y limitado, y se convierte en algo colectivo, en una corriente que fluye entre todos los que buscan.
Recuerda: los grados pueden parecer bajos, pero ¿quién conoce la escala completa? Tal vez nuestros 20 grados no son más que el primer escalón de mil. Lo importante no es la altura alcanzada, sino la dirección y la actitud.
En el simbolismo de nuestra Orden, el trabajo iniciático consiste precisamente en estabilizar la conciencia, elevar el nivel promedio y reducir la distancia entre los estados bajos y altos. Las fluctuaciones son inevitables, pero gracias a ellas tenemos la posibilidad de evolucionar.
Entendamos que la verdadera comprensión no es un saber acumulado, sino un estado de ser. Aprender a aceptar, a compartir y a esforzarse incluso en la oscuridad es el secreto para transformar la Piedra Bruta en una obra digna del Templo Eterno.
Al final, descubrimos que comprender no es dominar una idea, sino elevarse hasta su nivel. Y en ese ascenso, descubrimos que no estamos solos: todos los masones buscadores, con sus luces y sus sombras , con sus grandes defectos o sus grandes virtudes, forman parte de una misma cadena que asciende hacia la Fuente de toda Sabiduría, que es el Gran Arquitecto del Universo.
Alcoseri