En Verdad ¿La Verdad nos hará Libres?

0 views
Skip to first unread message

Alcoseri Vicente

unread,
Feb 16, 2026, 9:53:43 PM (2 hours ago) Feb 16
to secreto-...@googlegroups.com
En Verdad ¿La Verdad nos hará Libres?
Existe una frase bíblica que resuena en los muros de universidades, logias masónicas , iglesias , en hogares,  bibliotecas y tribunales de justicia: «La verdad os hará libres». Nos reconforta creer en ella, porque nos sugiere que la verdad es un bálsamo suave, una llave maestra que abre las puertas de la felicidad y la armonía. Pero, hermanos, si contemplamos con frialdad científica la historia humana y la biología de nuestro cerebro , descubrimos que esa frase es, en el mejor de los casos, una verdad a medias y, en el peor, una posible  trampa peligrosa.
 "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" es una célebre frase bíblica (Juan 8:32) pronunciada por Jesús, indicando que la comprensión de la verdad espiritual, esta idea tan potente, no libera a las personas de la esclavitud del pecado y la ignorancia.
La versión completa, la que no se censura en el sanctasanctórum del espíritu, debería ser: «La verdad os hará libres, pero primero os hará sentir miserables, solitarios y aterrorizados» pero esto es parte de un proceso.
Vivimos en una civilización que adora la idea de la verdad, pero que está estructurada enteramente sobre la necesidad de la mentira —no mentiras maliciosas, sino ficciones útiles, velos que cubren la piedra bruta de la realidad. Para comprender el costo oculto de ver la realidad tal como es, debemos aceptar una premisa evolutiva dura: el cerebro del Homo sapiens no evolucionó para percibir la Verdad absoluta, sino para sobrevivir en el mundo de todos los días.
Imaginemos a dos de nuestros antepasados en la sabana africana hace 50.000 años. Uno es un realista objetivo: mira el mundo tal como es, un lugar hostil, indiferente, lleno de enfermedades, donde la muerte es el final absoluto y donde su existencia individual carece de significado cósmico. El otro es un optimista delirante: cree que los espíritus del bosque lo protegen, que un baile especial traerá la lluvia y que su tribu es el centro del universo.
¿Quién tiene más probabilidades de sobrevivir y reproducirse? Paradójicamente, el delirante. Su creencia le da confianza para cazar, cooperación para la tribu y energía para levantarse cada mañana. El realista, abrumado por la crudeza de la verdad, cae en la inacción o el nihilismo.
Somos descendientes de esos optimistas delirantes. Heredamos un cerebro diseñado para filtrar la realidad, suavizando sus bordes cortantes con mitos, esperanzas irracionales y sesgos cognitivos. Llamamos a esto “salud mental”, pero en realidad es una alucinación controlada y compartida, un velo que cubre la Luz verdadera.
El costo de despertar de esta alucinación —de decidir ver la realidad sin filtros— es inmenso, porque va en contra de nuestra programación evolutiva. Cuando empezamos a ver las cosas tal como son, lo primero que perdemos es el consuelo, el colchón narrativo que amortigua los golpes de la vida.
Nos damos cuenta de que el dinero no es real: sólo  papel o bits en los que acordamos creer. Las naciones no son entidades sagradas, sino líneas imaginarias en mapas dibujados por hombres  ya muertos, y que nosotros seguimos creyendo sus dogmas políticos por simple inercia. Las instituciones —policía, ley, banco— son ficciones intersubjetivas que sólo  existen mientras actuamos como si existieran.
Ver la fragilidad de estas estructuras produce vértigo, como caminar sobre un lago congelado y descubrir la profundidad oscura debajo. La mayoría patina feliz en la superficie, creyendo que el hielo es firme. El que ve la realidad sabe que el abismo está a un centímetro.
Pero el costo no es sólo  miedo; es la pérdida de la magia. Nuestras vidas están impulsadas por historias: el alma gemela, el gran amor de la vida, el éxito, la patria. Estas nos dan propósito. Al ver la realidad biológica detrás, la magia se evapora: el amor es un mecanismo temporal, el éxito una carrera de estatus, la guerra un conflicto de recursos disfrazado.
El mundo se vuelve gris y mecánico. Pierdes la embriaguez de las ilusiones que emocionan a los demás. Es la sobriedad en una fiesta de borrachos: tienes la verdad, pero ellos tienen la alegría del momento.
Este es el primer pago por ser masón: sacrificar la inocencia profana. Al convertirte en masón no puedes volver a creer ciegamente en el sistema político, la religión o el romanticismo una vez que has visto sus engranajes. Al ser masón te conviertes en un adulto en un mundo de niños eternos, y la adultez es solitaria y pesada.
Cuando te retiran la venda que cubre tus ojos en logia , que son  las gafas de color rosa evolutivas, con la que no te permiten ver la verdad, cuando vez como iniciado masón, cambia tu relación con los demás incluso con tus hermanos de logia que aún se aferran a lo profano. Te conviertes en extraño en tu propia tribu. La cooperación humana se basa en ficciones compartidas. Quien ve que el emperador está desnudo amenaza la cohesión. La sociedad odia a los aguafiestas; el masón al ser realista lo es por definición.
Participar en los delirios colectivos se vuelve disimulación constante, creando distancia abismal. La gente percibe esa distancia y reacciona con hostilidad: etiquetándote de cínico, deprimido o loco. Históricamente, se usaba cicuta, cruz o manicomio; hoy, marginación social o algorítmica.
Ver la realidad implica una carga ética: la ignorancia permite disfrutar sin culpa. Pero al ver las cadenas de explotación que sostienen nuestra comodidad, la inocencia se pierde. Cada decisión se vuelve compleja; como masón vives con ojos abiertos en un mundo de sonámbulos.
La verdad es aburrida y compleja; las mentiras, emocionantes y simples. En la era de la postverdad, la complejidad es un pecado social.
Has buscado como masón la verdad para ser libre, pero te ha aislado. Has roto las cadenas de la ilusión, pero eran también lazos que te unían a los demás. La libertad de ver la realidad es fría y desolada, como la del astronauta flotando en la estratosfera  lejos del calor humano.
El costo de ser masón no termina ahí. Hay un precio íntimo: la disolución del yo. La creencia en un “yo” sólido es ficción. No hay piloto central; sólo  procesos neuronales. Ver esto produce vértigo existencial: muerte del ego en vida.
Fortificamos el yo con narrativas: “Yo soy…”. Pero somos procesos transitorios. El terror al vacío nos hace huir del silencio. La sociedad moderna evita ese abismo con distracciones constantes.
Quien ve la realidad atraviesa este desierto: acepta que no es autor de sus pensamientos, que sus emociones son fluctuaciones, que su vida no es novela con final.
Este es el precio más alto de ser masón: pérdida de la narrativa heroica. Ya no eres el héroe; eres consciencia pura experimentando el universo.
Pero aquí la paradoja gira a favor del masón: al otro lado de la desilusión no está la desesperación, sino paz. Al soltar ficciones, cae la resistencia al mundo profano al verlo tal como es. El sufrimiento (no el dolor biológico) desaparece.
Distinción: dolor es inevitable; sufrimiento es mental, la fricción entre “lo que es” y “lo que debería ser”. Ver la realidad elimina esa fricción. Ganas serenidad, inmunidad a manipulación, asombro ante lo real.
El trato: entrega seguridad, comodidad social y ego. Recibes realidad: vivir sin miedo a que se rompa tu burbuja, porque ya no tienes burbuja. Vives en la intemperie inmensa, llena de estrellas reales.
Al ser masón , tienes que comprender que para vivir así en el mundo profano, necesitas ser un agente doble: usa ficciones como herramientas (dinero, leyes) sin ser usado por ellas. Mantén distancia irónica interior. Prioriza lo que sufre (seres conscientes) sobre lo imaginario.
El costo oculto de la verdad es el precio de la adultez masónica: dejar juguetes y cuidar la consciencia plena.
La verdad no es cómoda; es ventosa y exigente, pero es donde se está de pie con dignidad. Las ilusiones son cálidas prisiones; la realidad es fría, pero inmensa y solamente tuya.
Si sentiste vértigo al leer esto, es buena señal: una parte de ti ya sabía esto.
No hagas este viaje tu solo. Somos muchos masones por todo el planeta que los que intentamos es despertar dentro de la Cueva de Platón, mundo simulado , Matrix , Maya o como quieras llamarla .
El velo se ha rasgado. Decide si cerrarlo o mirar al otro lado.
Cuando por fin comprendas esto y vivas esto , entenderás por fin  la frase , la verdad os hará libres .
Nos vemos en la Realidad.
Alcoseri
image.png
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages