You do not have permission to delete messages in this group
Copy link
Report message
Show original message
Either email addresses are anonymous for this group or you need the view member email addresses permission to view the original message
to secreto-...@googlegroups.com
El Francmasón Frente a su propia Interioridad
Hermanos, qué verdad tan profunda encierra el camino del iniciado: naces, creces, recibes formación académica en la escuela, posiblemente te instruyen en alguna doctrina religiosa durante la niñez, te inculcan amor por tu patria —sea cual sea—. Llegas a la adolescencia y las pasiones se desbordan; encuentras amigos en la calle que te forman de otro modo, descubres el amor, trabajas, te casas, formas una familia. La vida profana te ofrece mucho, pero para algunos surge una inquietud profunda: algo falta, un vacío interior que ninguna rutina llena. Es entonces cuando muchos buscan la Masonería, atraídos por ese “algo más”, ansiosos por armar el rompecabezas de la existencia cuyas piezas esenciales parecen perdidas. En las Logias Masónicas se nos guía precisamente hacia eso: mirar hacia nuestra interioridad, resolvernos a nosotros mismos. Se nos repite con insistencia: “Conócete a ti mismo”, el antiguo mandato délfico que la Orden adopta como eje de su enseñanza. Pero no todos los hermanos responden igual a esta llamada. Algunos ven en la Masonería un mero club social: un lugar para hacer amigos, fortalecer contactos políticos o económicos, o simplemente para relajarse y compartir un trago. Nada de esto está mal en sí mismo; la Logia debe ser también un espacio de esparcimiento fraternal, de descanso del mundo profano. Sin embargo, no debemos olvidar nunca su propósito esencial: conducirnos a niveles superiores de perfeccionamiento espiritual, moral e intelectual. Entras a la Masonería buscando la Gran Sabiduría. Aprendes que la vida profana es una escuela, pero incompleta. Solo en la Logia, mediante la fidelidad a su misión y la fraternidad con los compañeros del Oficio, comienzas a comprender algo más de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza que el Gran Arquitecto del Universo manifiesta en Su Templo Universal. Como Aprendiz, trabajas en el atrio exterior, aprendiendo las herramientas básicas para pulir tu piedra bruta. Como Compañero, avanzas con mayor libertad, exploras las ciencias y las artes liberales, pero aún no accedes al Sanctasanctórum, la Cámara del Medio, símbolo de la interioridad profunda del ser humano. Allí resides las verdades más elevadas, y solo el Maestro Masón, tras la experiencia simbólica de la muerte y resurrección, puede entrar plenamente. En el Grado de Compañero te haces cada vez más consciente de la Luz interior que llevas, la misma que brilla eternamente desde el Oriente. Esa Luz es una con la del Gran Arquitecto; en ella reconoces tu propia divinidad potencial. Y así llegas al Tercer Grado, el del Maestro Masón —máximo y sublime grado de la Masonería Azul—, donde se representa el drama central: la búsqueda de la Palabra Perdida, símbolo del Verbo creador, del conocimiento perdido de nuestra naturaleza divina. Recordemos las palabras del Evangelio de Juan (1:1-5): “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. [...] Todas las cosas por él fueron hechas [...] En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. Como Maestro Masón comprendes que tú mismo eres el Verbo hecho carne, la Palabra Perdida recuperada y encarnada. Eres hijo de la Viuda —la Materia Virgen que, al recibir el Espíritu de la Gran Luz, da a luz lo inmortal—. Entraste ciego y desnudo al Templo; ahora sales enriquecido con la Luz plena, en posesión de tu derecho de primogenitura divina. Esta misma enseñanza aparece maravillosamente expresada en el antiguo Brihadaranyaka Upanishad de los Vedas: (Condúcenos de lo irreal a lo Real, de la oscuridad a la Luz, de la muerte a la Inmortalidad). El Primer Grado nos lleva de la oscuridad profana a la Luz inicial. El Segundo Grado, de lo irreal (las ilusiones del ego) a lo Real. El Tercer Grado, de la muerte simbólica a la Inmortalidad del espíritu consciente. Como dijo Gurdjieff: “La vida es real solo cuando ‘Yo Soy’”. Solo cuando despertamos a nuestra interioridad verdadera, cuando nos resolvemos a nosotros mismos, la existencia adquiere su pleno significado. Que esta reflexión nos impulse, hermanos, a no quedarnos en la superficie de la fraternidad, sino a profundizar cada día más en el Sanctasanctórum de nuestro propio ser. Alcoseri