El Misterio de Baphomet

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Orlando Palacios

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Jun 16, 2026, 7:07:01 PMJun 16
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El Misterio de Baphomet
 

En el silencioso  rumor de nuestros Templos Masónicos sabemos que todo símbolo guarda un enigma. Lo que para el mundo profano es extraño, temible o mal comprendido, para el iniciado masón es una clave que abre puertas hacia realidades más profundas. Baphomet es, sin duda, una de esas figuras: confundida con lo tenebroso, acusada de idolatría y oscuridad, pero encierra en sí misma la síntesis de los opuestos, el equilibrio de las fuerzas universales y el secreto de la transformación. Adentrémonos, pues, con respeto y cautela, en este misterio que cruza siglos, órdenes y tradiciones ocultas.

El Misterio de Baphomet
 
La esfinge griega, con cabeza y pechos de mujer, alas de ave y cuerpo y patas de león —o, según otras versiones, cuerpo de perro y cola de serpiente—, asolaba la región de Tebas, proponiendo enigmas a cuantos se acercaban y devorando sin piedad a quienes no lograban descifrarlos. De igual modo, hay figuras en el mundo de la ciencia oculta que nos presentan sus propios acertijos, desafiando nuestra comprensión y revelando su verdadero sentido solo a quienes han recorrido el camino iniciático.
 
Tal es el caso de Baphomet, una de las imágenes más enigmáticas y poderosas de nuestra tradición. A menudo se le ha malinterpretado como una representación diabólica, una invención de la fantasía o un ídolo de culto oscuro. Sin embargo, tras siglos de rumores, persecuciones y especulaciones, sigue siendo una de las claves más profundas para entender el equilibrio cósmico y la naturaleza de la transformación espiritual.
 
Todo comenzó en 1307, cuando el papa Clemente V y el rey Felipe IV de Francia lanzaron una persecución implacable contra la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, más conocidos como los Templarios. En el proceso inquisitorial que duró hasta 1314 —año en que quemaron en la hoguera a su Gran Maestre, Jacques de Molay—, entre los cargos se incluía la adoración de un ídolo misterioso. Se decía que en sus ceremonias secretas veneraban una figura con forma de macho cabrío, una calavera o una cabeza de tres rostros. Pero en los documentos originales de la acusación, nunca apareció el nombre de Baphomet.
 
¿De dónde surgió entonces esta palabra? No hay una respuesta única, pero sí varias pistas que nos llevan a recorrer senderos antiguos:
 
- El arqueólogo Joseph von Hammer-Purgstall sugirió que proviene del griego Baph y Metis, es decir, “Bautismo de la Sabiduría”.
- Otros lo relacionan con términos árabes: Abufihamat, que significa “Padre de la Comprensión”.
- También se ha dicho que es una adaptación fonética de Mahoma, aunque esto entra en contradicción con el hecho de que el islam rechaza la adoración de imágenes.
- Incluso se le ha vinculado con Behemot, la criatura legendaria de las escrituras hebreas, símbolo de la fuerza primigenia.
 
Fue en el siglo XIX cuando la figura adquirió su forma más conocida. El ocultista Masón Eliphas Levi dibujó la imagen que hoy reconocemos: un ser andrógino, con cabeza de cabra, alas extendidas, una antorcha entre los cuernos y el signo del pentagrama en la frente. Para Levi, Baphomet no era un demonio, sino la representación del Agente Universal, la fuerza que une los opuestos: luz y oscuridad, masculino y femenino, activo y pasivo, cielo y tierra. En sus manos lleva las palabras Solve et Coagula —disolver y unir—, la fórmula alquímica de toda transformación.
 
Este simbolismo se amplió más tarde con figuras como Aleister Crowley, quien adoptó el nombre de Baphomet como propio y lo definió como el “Misterio de los Misterios”, la esencia misma de la Gran Obra: la unión de las fuerzas contrarias para generar una realidad superior. Para él, esta figura representaba la materia prima de la creación, el equilibrio que permite que la vida y el espíritu evolucionen.
 
Lo fascinante es que, en el fondo, Baphomet responde a una idea antigua: la del ser original, el Andrógino Primordial, antes de que la dualidad dividiera la creación. Como dicen las escrituras, el primer ser creado reunía en sí mismo ambos principios; la separación fue solo un paso en el camino, y el objetivo de todo iniciado es recuperar esa unidad perdida.
 
Hoy, para nosotros los masones, Baphomet sigue siendo un símbolo de advertencia y de guía: nos recuerda que nada es totalmente bueno ni totalmente malo, que toda fuerza tiene su contraparte y que el verdadero conocimiento consiste en armonizar lo que parece opuesto. No es un ídolo que se adora, sino un espejo en el que mirar nuestra propia naturaleza compleja y enigmática.
 
Como decía el sabio gnóstico Basílides: el silencio es la mejor respuesta ante lo que aún no podemos comprender del todo. Y así, entre el enigma de la esfinge y el misterio de Baphomet, avanzamos, paso a paso, buscando siempre la luz que reside más allá de las apariencias.
 
 
Baphomet es una figura simbólica compleja, vinculada históricamente a los Templarios y acusada erróneamente de ser un ídolo demoníaco. Su nombre tiene múltiples orígenes posibles, ligados a la sabiduría, el conocimiento y las tradiciones antiguas. En la interpretación esotérica y masónica, representa el equilibrio de los opuestos, la fuerza transformadora y la unidad primordial de todo lo existente. No es un ser que se adora, sino un símbolo que enseña que la verdadera sabiduría consiste en armonizar las fuerzas contrarias que rigen el universo y el ser humano.
 
 Alcoseri 


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