El Ocultismo, Una Pasión que Corre por las Venas de la Masonería

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Alcoseri Vicente

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Aug 1, 2026, 12:21:40 AM (4 days ago) Aug 1
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El Ocultismo, Una Pasión que Corre por las Venas de la Masonería
Quienes hemos recorrido el camino iniciático sabemos bien que la Masonería nunca ha sido ajena a esa búsqueda incesante de lo que está oculto a la mirada común. Se nos ha dicho muchas veces que somos sólo una sociedad discreta, filantrópica y de los principios  de le Ilustración —y es verdad—, pero negar nuestro vínculo histórico y espiritual con las ciencias ocultas sería como olvidar de dónde venimos. El ocultismo, en su esencia, es la búsqueda de la verdad que no se entrega a quien sólo pide con la razón; es el estudio de las fuerzas que mueven el universo más allá de lo que podemos medir o contar, y en eso hemos sido compañeros de ruta desde hace siglos.
 Y es que no es que la Verdad este oculta, sino que nuestros 5 sentidos no perciben esta verdad , y nuestro método científico simplemente se limita al instrumental científico hecho de materia densa y de lo que estos alcanzan a percibir de los impulsos electromagnéticos.  
La palabra misma viene del latín occultus: lo escondido, lo reservado para quienes se atreven a purificar la mirada y el espíritu. Aunque el término como tal se consolidó en la Francia del siglo XIX —con figuras como Court de Gébelin, Eliphas Lévi y Papus, y luego difundido en el mundo de habla inglesa por Helena Blavatsky—, su semilla está en los primeros misterios: en Egipto, en Grecia, en la tradición hermética. Y la Masonería, con su herencia operativa y luego especulativa, bebió directamente de esas fuentes. Su carácter gnóstico, iniciático y reservado no es un agregado tardío: está en sus cimientos. Por eso no es casualidad que tantos hermanos masones sintamos esa atracción natural hacia la alquimia, la astrología, el hermetismo, la parapsicología o las enseñanzas de quienes, como Gurdjieff, Blavatsky o tantos otros, nos invitaron a mirar más allá del velo. Figuras fundamentales como Albert Pike no ocultaron esa vinculación; al contrario, la profundizaron, entendiendo que no hay verdad completa sin conocer también el lenguaje de lo oculto.
 El Libro El Retorno de los Brujos: Cuando el misterio del Ocultismo volvió a la luz
En pleno auge de la posguerra, cuando el mundo creía haberlo resuelto todo con la ciencia y el progreso, apareció un libro que rompió con todo eso: El Retorno de los Brujos, publicado en Francia en octubre de 1960 por Louis Pauwels y Jacques Bergier. Nadie esperaba nada de él; sus propios autores pensaban vender apenas unos pocos miles de ejemplares. Pero fue una bomba: atacado por racionalistas y autoridades por igual, vendió millones de copias en todo el mundo y sigue siendo leído y debatido hasta hoy.
¿Qué tenía este texto para remover tanto suelo? Pauwels y Bergier —un periodista de espíritu místico y un científico y resistente que conoció el horror de Mauthausen— reunieron allí lo que la modernidad quería olvidar: la alquimia no como superstición, sino como una sabiduría de transformación; las huellas de civilizaciones antiguas que desafían nuestra historia oficial; los vínculos oscuros entre el nazismo y corrientes esotéricas; la posibilidad de vida y civilizaciones más allá de la Tierra; y fenómenos que la ciencia de entonces descartaba sin mirar. Lo llamaron realismo fantástico: la idea de que no hay muralla entre lo que llamamos real y lo que parece imposible.
Para entenderlo bien, hay que saber que ambos autores bebieron de fuentes que nos son muy cercanas: la obra de Gurdjieff y su Cuarto Camino, la Teosofía, el sufismo y, por supuesto, la Masonería. Incluso tratan los manifiestos rosacruces de 1622, esos textos pegados en las calles de París que anunciaban una nueva sabiduría donde ciencia y misterio no eran enemigos, sino dos caras de una misma moneda. Y es que el libro no sería comprensible sin ese trasfondo iniciático que nosotros reconocemos al instante.
Esa semilla que sembraron Pauwels y Bergier germinó después en la cultura popular: en películas como Stargate, que nos habla de puertas entre mundos; en Prometeo, que cuestiona nuestro origen y el de quienes nos precedieron; o en tantas historias que retoman la idea de visitantes antiguos o conocimientos olvidados. Esa inquietud no nació de la nada en los años 60: siempre estuvo ahí, esperando ser recordada.
 Nuestro lazo inquebrantable
Hay quienes insisten en presentarnos a los masones como opuestos irreconciliables a cualquier corriente espiritual o mística, y quienes nos acusan de practicar artes tenebrosas. Ambas posturas son falsas. La Masonería no es una secta exclusivamente de ocultismo, pero tampoco reniega de su herencia, recordemos que la masonería es ecléctica, y en su eclecticismo no deja absolutamente nada de lo humano  fuera . Lo que hacemos es tomar esas enseñanzas y ponerlas al servicio de la virtud, la fraternidad y la construcción del hombre interior. La alquimia, para nosotros, es la transformación de nuestras pasiones en obras; los misterios antiguos son lecciones de humildad y grandeza; el conocimiento oculto es lo que nos recuerda que todavía no hemos llegado al final del camino.
Sin esa raíz ocultista, nuestra Orden no sería lo que es. Y sin la Masonería, gran parte de esa sabiduría se habría perdido en la sombra o en la hoguera. Por eso esa "extraña pasión" que muchos hermanos sentimos no es desvío ni curiosidad vana: es el eco de nuestra propia naturaleza iniciática, el llamado a seguir buscando la Luz aunque todavía no veamos el camino claro.
El Hermetismo, es la columna vertebral de nuestra simbología. De la Tabla de Esmeralda tomamos el principio: “Lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está abajo es como lo que está arriba” —la ley de correspondencia que une microcosmos y macrocosmos.
Las columnas J y B son la expresión de la dualidad hermética: activo/receptivo, severidad/clemencia, sol/luna, equilibrándose en el centro.
La frase “Asciende de la tierra al cielo y vuelve a descender a la tierra” resume nuestro trabajo: transformar lo material elevando el espíritu.
La Geometría Sagrada y la letra G tan presente en masonería  unen la medida del mundo con la sabiduría divina, herencia directa de Hermes Trismegisto.
La Alquimia en Masonería  es la alegoría de la transformación interior
No buscamos oro metálico, sino la Gran Obra: pasar de la materia bruta a la luz consciente.
  La Piedra Bruta que desbastamos es nuestra naturaleza sin pulir; la Piedra Cúbica es el hombre equilibrado y recto.
Los tres grados fundamentales siguen las fases alquímicas: nigredo (oscuridad/prueba), albedo (limpieza/claridad), rubedo (perfección/fraternidad).
Los tres principios: Azufre (espíritu/fuerza), Mercurio (alma/medida), Sal (cuerpo/estabilidad) están presentes en gabinetes de reflexión y alegorías.
Cábala, es el lenguaje de la creación
Nuestra visión del Templo y del Gran Arquitecto se nutre de ella:
El Árbol de la Vida y sus diez Sefirot corresponden a nuestros pilares y a la escala de perfección que recorremos .
La Gematría y el valor sagrado de las letras hebreas están en palabras de paso y signos; la idea de que cada cifra y cada letra guarda un sentido oculto .
La tríada Sabiduría–Fuerza–Belleza es eco directo de las primeras esferas: Kether, Chokmah y Binah.
Pitagorismo y Gnosis
 Los números no son sólo cuentas: son leyes universales. El triángulo, el cuadrado, el círculo y la Tetraktys ordenan nuestro templo y nuestra ética.
La iniciación como muerte y resurrección (como en la leyenda de Hiram Abiff) es un esquema gnóstico universal: morir a la ignorancia para nacer a la luz propia.
La certeza de que la verdad no se impone, se descubre y conquista en el propio interior.
Simbolismo y principios operativos
El Pavimento Mosaico Ajedrezado en  alternancia blanco-negro como la dualidad de todo lo creado, luz y sombra, prueba y recompensa.
Escuadra y Compás: límite terrenal y aspiración celeste; orden y libertad.
El Templo como reflejo: construimos en piedra lo que debemos edificar en nosotros mismos.
La idea de conocimiento reservado: no por egoísmo, sino porque sólo quien se purifica y se prepara puede sostener la verdad sin dañarse ni dañar.
La Masonería no es  en si ocultismo, pero porta en su ADN sus mejores enseñanzas: que el universo es un lenguaje cifrado, que el hombre es su imagen en pequeño y que la verdadera obra es la transformación propia. Muchos de esos saberes que hoy llamamos ocultos nosotros los hemos vuelto fraternos, morales y al alcance de quien quiera trabajar por la Luz.
La Astrología y las Doce Columnas Zodiacales
En el Rito Escocés Antiguo y Aceptado es común ver doce columnas o emblemas que representan cada signo zodiacal, sosteniendo simbólicamente la bóveda celeste del Templo. No se trata de predecir destinos, sino de leer el lenguaje cósmico de los ciclos:
El zodíaco es el camino del Sol: nace en Capricornio, se fortalece en Aries, culmina en Cáncer y se renueva en Piscis —igual que el iniciado: pasa por oscuridad, prueba, luz y regeneración.
Se vinculan a los tres grados: Aprendiz (Aries a Virgo: trabajo, materia, primeros pasos), Compañero (Libra: equilibrio, medida), Maestro (Escorpio a Piscis: transformación, muerte y resurrección iniciática, plenitud).
Sol, Luna y estrellas en el Oriente no son sólo luces: simbolizan Sabiduría, Fe y Verdad, y los ciclos que ordenan tanto el cielo como nuestra conducta.
Usamos el cómputo Año de la Luz (A.L.), sumando 4000 al año común, en recuerdo de esa armonía entre creación y tiempo.
El Pentagrama y la Estrella Flamígera, que son alegorías eminentemente de ocultismo están presentes en Logias Masónicas.
El pentagrama es la Estrella Flamígera, símbolo central en muchas logias:
Con la punta hacia arriba: el Espíritu domina los cuatro elementos (tierra, agua, aire, fuego) —el hombre dueño de sus pasiones, elevado a imagen del Gran Arquitecto del Universo.
Para los pitagóricos era signo de salud y conocimiento; para nosotros, de la Gran Obra y la perfección del ser.
En rituales sirve como escudo y foco: se coloca en el centro o sobre las columnas J y B para mantener el orden y apartar lo que no conviene a la Luz.
No es símbolo de maldad: esa lectura es deformación; su verdadero sentido es purificación y soberanía espiritual.
Palabras misteriosas y lenguaje oculto
Muchas vienen del hebreo, hermetismo y tradiciones antiguas; no son conjuros, sino llaves de reconocimiento y sentido alegórico de las ciencias ocultas:
Vitriol: acrónimo hermético: Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem —“Visita el interior de la tierra y rectificando hallarás la piedra oculta”: todo saber verdadero nace del trabajo sobre uno mismo.
Así sea, Amén, A.L.G.D.G.A.D.U.: fórmulas que sellan la intención y alinean la obra con el Principio Supremo.
Más elementos ocultistas en el Templo
Pavimento mosaico ajedrezado : alternancia blanco-negro = dualidad universal, prueba y elección, luz y sombra.
Tres luces y tres grandes columnas: eco de la tríada cabalística y hermética: Sabiduría–Fuerza–Belleza.
Cámara de Reflexión: símbolo de la oscuridad previa al nacimiento iniciático, donde se enfrentan los propios .
Geometría sagrada: círculo, cuadrado, triángulo, número áureo —el universo se escribe en medidas y proporciones, y el Templo es su reflejo.
Correspondencias: todo lo que está arriba resuena abajo; el Templo es el cosmos en pequeño, y el masón es su propio Templo.
 En Masonería no tomamos el ocultismo como superstición, sino como lenguaje simbólico que revela vínculos entre cielo, tierra y espíritu. Las doce columnas, la estrella flamígera y las palabras sagradas no son adorno: son el mapa de la senda que recorremos para construir orden en nosotros y en el mundo.
Alcoseri 

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