En la masonería, los deberes son de tres clases: los de la Logia para con los masones, los de los masones para con la Logia y sus hermanos y los de los Dignatarios y Oficiales para con los masones.
La Logia debe dar protección, apoyo e instrucción a todos los miembros. Los masones se deben dar amor fraternal y ayuda entre sí; asimismo, respeto y obediencia a la Logia y sus representantes. Los Dignatarios y Oficiales deben cumplir la misión de sus cargos con sujeción a los Reglamentos y Estatutos, pero como entre ellos existe el Venerable Maestro, cuya misión y responsabilidad es elevadísima y de toda gravedad, es necesario definir bien sus tremendas obligaciones.
Estas no están claramente definidas en la Legislación escrita, pero entre éstas, la práctica y la tradición, las han podido ordenar y explicar el erudito hermano de Dublín, Jun Fitzhenry, en la siguiente forma y que deben conocer todos los masones, sobre todo aquellos que ambicionan el puesto de Venerable, o que lo desempeñan sin tener conciencia de la gravedad de ese cargo. He aquí la enseñanza de Fitzhenry:
Más de una vez he pensado que, en general, apenas se comprende, o se ve con indiferencia, la naturaleza de las obligaciones expresas o implícitas que contrae el Maestro de una Logia. Razón hay para presumir que cualquier hombre de mediana inteligencia, que ha pasado por los cargos subalternos, cuando llega a presidir a sus hermanos se encontrará capaz de desempeñar con exactitud y propiedad la parte que le corresponde en las ceremonias de la Logia. Si no es así no será más que un cero. Si nada puede hacer no decir, él mismo será nada. Tenemos derecho a esperar algo más que frases aprendidas de memoria. El Maestro ha de poseer y poder comunicar algunos conocimientos acerca del significado y origen de nuestras ceremonias, que, si no son explicados, pueden parecer formulas frívolas o fastidiosas; cuando, en verdad, tienen por objeto despertar la curiosidad racional y siempre contiene un significado, pues la Masonería conserva siempre el sello de su origen asiático y enseña sus preceptos morales por medio de actos simbólicos; pero se requieren explicaciones para comprender ese sentido, y se supone que el Maestro puede enseñar a los hombres y dirigir los trabajos.
La gente vulgar y los ignorantes suelen quedar atónitos ante lo que no pueden comprender; pero la Masonería no se limita al vulgo; hombres de las más elevadas dotes intelectuales se unen diariamente a nuestra Asociación, ansiosos no solo de participar de sus beneficios, sino de instruirse en la ponderada filosofía que está en sus alegorías e ilustrada por medio de símbolos. Entonces, ¿por qué hemos de tolerar esa ignorancia que nace de mera apatía? …https://www.facebook.com/groups/782484798494441/search/?query=Deberes
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Deberes y… 2
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Seguramente es de algún valor saber algo de una materia que llama la atención de tantas personas estimables e inteligentes. Los medios para adquirir estos conocimientos están a nuestro alcance. La Masonería ha roto las restringidas limitaciones que le impuso el tímido celo de nuestros predecesores. Hemos participado del irresistible progreso del siglo XX, por lo que ahora tenemos tratados, repertorios y periódicos masónicos consagrados a la explicación de la historia de las antigüedades y de los principios de la Masonería. Llamamos la atención, más ahora que en otros tiempos, según parece, no solo por la multiplicación de nuestras publicaciones autorizadas, sino por l cantidad de rituales espurios y despreciables y por las pretendidas exposiciones que alimentas la credulidad del vulgo.
Llegar a ser Maestro de su Logia es la aspiración legítima de todo hermano joven, que se interesa por nuestra Asociación. El mismo orden cuestionable de nuestros actuales reglamentos parece abrir a todos, sucesivamente, el camino a la dignidad de Maestro; deben pues estar seguros mis jóvenes hermanos de que siguiendo un uso, que tal vez no puede abolirse, podemos estar presididos por un Masón descuidado o ignorante investido de autoridad, al que debemos tratar con formulas exteriores de respeto; no podemos exigir para él la deferencia y consideración que seguramente se tributarían al ilustrado y al experimentado. Será como la figura de una cabeza que suele colocarse en un lugar prominente y vistosamente adornada, pero no es más que una esfinge, que en nada contribuye a la dirección de la nave. En las cosas grandes, como es la verdadera preeminencia, un Venerable Maestro puede, sin embargo, encontrar algún compañero experto que le explique lo que no puede explicarse por sí mismo; todo esto da poco crédito a la capacidad del Maestro y no puede ser satisfactorio para la opinión que tenga de sí mismo, por lo que es necesariamente perjudicial a la orden. Pero ¿qué diremos de los que consideran las funciones de Maestro de una Logia, ni más ni menos, como la presidencia de un club de recreo, que no ha de tener ningún otro efecto en nuestra conducta en la vida que hacernos pasar algunas noches agradables en buena sociedad? Este caso no es muy raro, la existencia de esta idea de la Masonería (especialmente entre las clases más altas de la sociedad) ha paralizado su poder de hacer el bien, entregando la Institución al ridículo y al desprecio de muchos, cuya buena opinión hubiéramos querido captarnos, convirtiéndola en una imagen vana y vacía de lo que debiera y pudiera ser, si se entendiera y se practicara bien.
A menudo se hace mofa porque no hacemos el suficiente caso a la seriedad de la Masonería; pero la verdad es que grandemente faltamos a su objeto y a su tendencia, además que somos demasiado prontos en admitir entre nosotros a hombres de quienes apenas podemos esperar que fijen su pensamiento en nuestra Institución. Los enemigos declarados de la Masonería se han esforzado, pero en vano, en perjudicarnos. Nuestros peores enemigos han sido nuestros propios hermanos, que han empañado el brillo de la pureza masónica y degradado la medida de su existencia. Esperamos, sin embargo, que comiencen a prevalecer ideas más justas, por su buen nombre y recordando su antigua utilidad e importancia. …