La Transmisión en Francmasonería

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Alcoseri Vicente

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Mar 13, 2026, 9:40:40 PM (2 days ago) Mar 13
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La Transmisión en Francmasonería

Como cada noche de tenida que nos reunimos  a compartir un momento de fraternidad. Es también una oportunidad para enriquecernos mutuamente con nuestras similitudes, diferencias y complementariedades, trabajando en común.
El único propósito de este nuevo comunicado es servir de punto de partida para el verdadero trabajo:  con los aportes y enriquecimientos cuando circule la Luz en Logia.
¿Qué es la transmisión en francmasonería?

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad transmite saberes y conocimientos adquiridos por experiencia o estudio, mediante métodos y soportes variados. Generalmente, la transmisión se realiza a través de la educación, con un fin social: asegurar la perennidad del grupo, socializar a la nueva generación y conservar la civilización.
El tema es vasto, pero limitaré esta reflexión a la especificidad de la transmisión en francmasonería, sin detenerme en exégesis clásicas sobre las diferencias entre formación, educación o enseñanza.
Etimológicamente, transmitir significa «hacer llegar algo a alguien», y comparte raíz con tradición («hacer pasar a otro, entregar»). No es necesario recordar aquí los fundamentos de la masonería moderna ni sus orígenes.
Mi reflexión se estructura en dos partes:

Principios generales: ¿Qué transmitir? ¿Cómo, por quién y a quién?
Especificidades del método masónico.

I. Principios generales
¿Qué transmitir en francmasonería?
La masonería especulativa surgió a inicios del siglo XVIII en un contexto inglés particular: personas de orígenes diversos buscaban un espacio de libertad para cultivar la tolerancia recíproca, la libertad de conciencia y la unión. Muchos masones nos precedieron y supieron transmitir.
Tras tres siglos, pese a la evolución del mundo, los fundamentos permanecen intactos:

El camino masónico es iniciático: descubrir verdades sobre uno mismo.
El trabajo nunca termina: cada situación exige estudio, concepción, cuestionamiento, rectificación humilde y digna.
Contamos con herramientas: los símbolos enriquecen la razón pura; el ritual ordena el pensamiento, el cuerpo y el corazón.
La progresión es gradual: sólo tras asimilar el grado anterior se integran conocimientos nuevos, en la tensión entre lo vertical (trascendencia) y lo horizontal (inmanencia).

Este legado es un método de desarrollo del pensamiento simbólico-analógico: nace de la intuición o emoción, genera un imaginario creativo pero razonado. Construir obliga a dar sentido.
Este pensamiento simbólico florece en lo íntimo-personal y se afirma en la confrontación fraternal y colectiva en logia.
En logia ocurre todo: orden, orientación, discriminación. El ritual ritma y ordena, crea un espacio de aprendizaje de los vínculos consigo mismo, con el otro y con el mundo.
El camino iniciático masónico es una búsqueda de sentido, un deseo de progresar y comprender más allá de opiniones político - partidistas, corsés sociales, dogmas religiosos,  pensamiento único o pensamientos  comunes estériles.
Nuestro método nos permite tender hacia el ideal libremente asumido: el perfeccionamiento espiritual, moral y material de la humanidad. Este es nuestro patrimonio y lo que debemos transmitir.
¿Cómo transmitir, por quién y a quién?
La francmasonería se sirve de la Tradición. Esta tradición masónica posee valores que trascienden la moral: una manera de ser intemporal. Por ello, busca en un pasado mítico e histórico formas de vivir la modernidad.
Si se entendiera como tradición dogmática, sería inadaptada al tiempo presente. Pero la masonería la concibe adogmática, refiriéndose a arquetipos no definidos. Esto genera tres consecuencias:

No impone el camino, sólo indica la dirección.
Los principios admiten enriquecimiento personal permanente.
Lo demás  es experiencia íntima, lo que explica el carácter fundamental del secreto (no confundir con discreción).

La Tradición Masónica afirma también el ideal de fraternidad: vínculo horizontal entre iniciados, construido con regla y escuadra, tanto medio de comunicación como fin.
Desde los textos más antiguos, la transmisión inicia con la iniciación y continúa con la formación de aprendices. Desde el principio, hay que saber que todo lo recibido deberá transmitirse algún día, con humildad para recibir y dar.
Los maestros deben evaluar periódicamente lo sembrado en logia y fuera, en el mundo profano donde transcurre lo esencial de su vida.
Además de las reglas iniciáticas y graduales, hay que transmitir entusiasmo, deseo de realización, evolución, camino y compartir con hermanos y hermanas.
En todo caso, la transmisión de la Tradición exige ejemplaridad. La masonería permite al ser realizarse, devenir lo que es. Para esa transformación se necesitan ejemplos virtuosos, testimonios vivos. El hombre —y el masón— necesitan modelos.
II. Especificidades del método masónico
Las constituciones de nuestras obediencias refieren en sus preámbulos o primeros artículos al carácter iniciático y al método ritual y simbólico.
Propongo tres pistas breves.
Primera: el carácter iniciático
Muchas sociedades ancestrales usaron ceremonias de paso. En masonería, se trata de despojarse de lo superfluo para acceder a la luz que guía un camino sin fin.
La iniciación presupone un antes y un después, un iniciado y un iniciador. Sólo un iniciado puede juzgar si el postulante posee las cualidades necesarias.
Esto implica transmisión vertical: sólo «los que saben» deciden el acceso a cada grado.
El maestro masón  asume una responsabilidad profunda al invitar a un profano a ingresar a la orden : ¿puedo proponer  y apadrinar a fulano y comprometerme a acompañarlo? ¿Cómo conducir la entrevista, relatar la encuesta, informar a los maestros? ¿Cómo fundamentar el juicio sobre el postulante?
No se trata de «probar» a riesgo de generar desilusiones o resentimientos.
Segunda: el simbolismo
La masonería es uno de los pocos espacios de autoconstrucción fuera de la religión o el psicoanálisis. Que construye al yo superior, las relaciones humanas y una sociedad mejor.
Trabajamos nuestra propia piedra, sin olvidar que debe integrarse en el edificio colectivo.
¿Es adecuado el término «instrucción masónica» cuando un maestro acompaña a un aprendiz o compañero? Etimológicamente, instruir era «construir, edificar», pero no construimos al otro: él debe tallarse con mazo y cincel.
Estamos en el simbolismo: apertura y libertad, opuesto al dogma y al pensamiento único. La masonería no es secta: cada uno avanza a su ritmo, con la única condición de asiduidad y trabajo.
El maestro masón  no transmite «la buena palabra» ni respuestas únicas. Es un despertador: acompaña, pone en situación de descubrir por sí mismo, incita a explorar pistas. Está también para analizar cuando el camino se cierra o roza el abismo.
Esto es más exigente que revelar una verdad única. La masonería libera espíritus, no los somete.
La ejemplaridad del maestro masón (en logia y en lo profano) es condición de credibilidad.
El maestro masón  no transmite La Verdad, sino que abre pistas de reflexión por explorar.
El símbolo masónico no enseña, provoca al masón a investigar; abre un espacio interior donde se consiente al misterio sin reducirlo.
Tercera: el ritual y las reglas de comportamiento
Sea cual sea el rito, todos seguimos un ritual fijo, no modificable a voluntad.
El ritual no es exclusivo de la masonería: muchos grupos lo usan para cohesión. Es lengua común y federadora.
Más allá de pasar de lo profano a lo sagrado, acompaña toda la tenida. Su valor radica en estar presente y tener sentido.
No defiendo un ritual memorizado sin comprensión, sino su necesidad como llamado permanente al trabajo: descifrar los símbolos del templo y recuperar el sentido ancestral de palabras y gestos.
Recrear y luego borrar el cuadro de logia recrea un espacio sagrado atemporal . Es como en  el budismo tibetano, la destrucción o el "borrado" de un mandala de arena es una ceremonia ritual fundamental, no un acto de vandalismo o desperdicio. Simboliza la enseñanza central de la impermanencia y el desapego (aunque por comodidad hoy en logias se use tapiz o plancha reversible).
Las reglas de palabra y comunicación (escucha, respeto, dominio de pasiones) simbolizan la construcción de relaciones armónicas.
Conclusión
Todo masón se comprometió voluntariamente para servir el ideal de perfeccionamiento espiritual y moral universal.
Se impuso libremente la vía iniciática simbólica para mejorar a sí mismo y a la humanidad.
Por tanto, tiene el deber de cumplir sus compromisos: consigo, con hermanos y hermanas, con su obediencia u orden.
Debe ser fiel garante de la Tradición masónica y de su transmisión, mediante una ejemplaridad siempre perfectible, en el templo y fuera de él.
Esta reflexión subraya que la transmisión masónica no es mera entrega de conocimiento, sino una influencia espiritual viva, provocada por símbolos que despiertan, y sostenida por la ejemplaridad y el trabajo ritual en logia. Es un proceso de liberación y construcción colectiva, no de adoctrinamiento.
Alcoseri 


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