¿Es la Masonería la Sinagoga de Satanás de la que habla la Biblia?

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Orlando Palacios

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Jun 30, 2026, 7:39:00 PM (23 hours ago) Jun 30
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¿Es la Masonería la Sinagoga de Satanás de la que habla la Biblia? 

 
A menudo escuchamos o leemos la misma acusación: que la Masonería es esa “Sinagoga de Satanás” mencionada en el mismo Libro de la ley o Biblia en el Apocalipsis, que es parte de una conspiración secreta para destruir gobiernos, órdenes religiosas e instituciones sociales. Como iniciados Masones, es nuestro deber analizar con claridad, sin pasiones ni miedos infundados, de dónde viene esta idea y por qué no tiene nada que ver con lo que realmente somos.
 
  ¿Qué dice realmente el texto bíblico?
 
Primero, acudamos directamente a la fuente. En el Libro del Apocalipsis, leemos:
 
“He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado” (Apocalipsis 2:9)
 
“He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado” (Apocalipsis 3:9)
 
Observen bien: el pasaje no habla de ninguna institución futura, ni de sociedades secretas, ni de conspiraciones mundiales. Se dirige a comunidades concretas de la época: se refiere a grupos que, en aquel momento, afirmaban pertenecer a la fe de Israel pero vivían en contra de sus principios, y que perseguían a los primeros cristianos. Es una advertencia moral y espiritual para ese tiempo, no una profecía para señalar a la Masonería siglos después.
 
 
  ¿Cómo nace esta acusación?
 
La expresión se retoma y transforma siglos más tarde, cuando surgen tensiones profundas entre la Iglesia Católica y los cambios de la modernidad. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, con documentos como la encíclica Humanum Genus (1884) de León XIII y la obra del sacerdote jesuita Louis Meurin —quien en 1893 publicó La Francmasonería: Sinagoga de Satán— se construye una narrativa que mezcla prejuicios, miedo a lo desconocido y defensa de privilegios.
 
A esta visión se suma el infame documento conocido como Los Protocolos de los Sabios de Sión, una falsificación creada a principios del siglo XX. Presentado como un plan secreto, en realidad es una invención sin ninguna prueba histórica. Su fuerza radica en que ofrece una explicación sencilla y cómoda para cualquier malestar social: si hay crisis, guerras o cambios, no es por causas complejas, sino por un “complot” oculto. Así, se asocia a judíos y masones como un solo enemigo, y se convierte en base del discurso antijudío y antimasónico que tanta desgracia ha causado.
 
  ¿Por qué la Masonería no puede ser eso?
 
Desde nuestra visión iniciática, la confusión es evidente cuando se conoce nuestra esencia:
  No tenemos dogmas ni credos cerrados: No atacamos ninguna fe, sino que respetamos todas las creencias que buscan la verdad. Invitamos a creer en el Gran Arquitecto del Universo, pero dejamos a cada hermano la libertad de entenderlo según su propia conciencia.
 
Nuestro secreto no es ocultismo maligno: Lo que guardamos no son planes para dominar al mundo, sino símbolos, rituales y experiencias que solo tienen sentido para quien ya ha recorrido el camino. Es como no explicar una lección a quien aún no está preparado: el secreto protege el valor de la enseñanza, no oculta maldad.
  Nuestra obra es de construcción, no de destrucción: Como herederos de los constructores, nuestra labor es pulir la piedra bruta —nuestro propio carácter— para edificar un ser humano más justo, tolerante y fraterno. Buscamos la armonía, no el caos.
 
No somos enemigos de la religión: Muchos masones han sido y son creyentes devotos, católicos, protestantes, judíos, musulmanes o de otras tradiciones. La Masonería no sustituye a la fe, sino que complementa la formación moral y espiritual de quien la practica.
 
La acusación de “Sinagoga de Satán” no viene de un análisis real de nuestra obra, sino de una estrategia para demonizar lo que no se comprende y lo que cuestiona estructuras de poder cerradas.
 
 
  El nombre que no define la esencia
 
Un viajero llegó a una aldea a la ladera de una montaña y preguntó:
—He oído que en esta montaña hay una Logia Masónica habitada por espíritus malignos. ¿Es cierto?
 
El anciano masón del lugar respondió:
—Hace muchos años, unos Masones que no querían que profanos entraran a ese refugio de meditación, para que nadie pudiera allí perturbar la paz y la sabiduría, empezaron a decir que la Logia de la montaña estaba maldita. Le pusieron nombres terribles para que nadie se acercara.
 
—¿Y qué hay realmente dentro? —insistió el viajero.
 
—Sólo silencio, luz y la posibilidad de encontrarse con uno mismo —respondió el masón anciano—. El nombre que le ponen desde afuera no cambia lo que es en su interior.
 
 
Nos llamen como nos llamen, nuestra verdadera identidad no está en lo que dicen de nosotros quienes no nos conocen, sino en lo que construimos cada día en nuestra Logia y en nuestra vida. No somos lo que acusan, sino lo que hacemos: buscadores de la Luz, constructores de fraternidad y defensores de la libertad de consciencia.

 
 Alcoseri



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