La Reflexión de un Venerable Ad Vitam

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Alcoseri Vicente

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Apr 11, 2026, 5:23:52 PM (21 hours ago) Apr 11
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La Reflexión de un Venerable Ad Vitam
(Una Reflexión profunda)
Érase una vez, en una logia cuyo punto geométrico se ubicaba en un lugar solamente conocido por verdaderos masones , un Maestro Masón llamado Pedro Vientos  ya anciano que se hacía profundas preguntas sobre el futuro de su logia y, más allá, sobre la propia supervivencia de la masonería.
Lo que más le inquietaba era comprobar que toda su experiencia, acumulada durante décadas, apenas había dejado huella en los hermanos de su logia. Había recorrido el Mundo Masónico de rito en rito, de obediencia en obediencia, de Oriente en Oriente buscando aquellas logias que se distinguían por su carácter más genuinamente iniciático. Compraba en internet rituales olvidados, los practicaba con devoción y había pulido su propia piedra hasta hacerla brillar. Había vivido el ritual de instalación demasiadas veces , lo que le permitía encender los fuegos y levantar columnas  de una logia nueva. Era un buscador que  si encontró … y que verdaderamente transmitía ese algo Masónico capaz de poner en acción cualquier idea sublime, había aprendido en Logia aquello capaz de motivar a los masones y evitar aquello que desmotivaba a los hermanos de Logia.
Decidió reunir a los hermanos de su Logia, pero fuera de las tenidas habituales. Para dar importancia al encuentro, él mismo preparó los ágapes y sirvió el mismo la mesa, queriendo demostrar con el ejemplo que un Maestro Masón que muchas veces había sido Venerable Presidente de su Logia también puede ponerse al servicio de sus hermanos. Recordaba las palabras de un hermano masón : «Seguro que Jesucristo sirvió de mesero repartiendo los panes a sus apóstoles en la última cena, y eso lo hizo Grande ».
Con prudencia, preparó una comida frugal, suficiente para mantener la atención sin adormecerla con la digestión.
Terminada la cena  del Ágape , todos los hermanos presentes formaron un círculo alrededor del viejo maestro masón Pedro Vientos. Estaban todos  desconcertados: aquel ritual de ágape masónico algo improvisado no se parecía en nada a otros anteriores ágapes.
— Hermanos míos —comenzó el Q:. H.: Pedro Vientos —, desde hace semanas me pregunto por qué llamaron ustedes  a la puerta del Templo. Sus motivaciones me han dado alguna pista, porque sé por experiencia que muchos entran para complacer a un familiar, o por contactos con empresarios y políticos. Pero los he observado con atención y hoy voy a empujarlos a sus límites. Ya no hay venda en los ojos: sólo están los vuestros y los míos. Les diré también por qué organicé este ágape fuera del Edificio de nuestra Gran Logia . Los comentarios constantes hablan  de las convulsiones de egos que amenazan el futuro de nuestra Orden.
Los Masones presentes se quedaron mudos, perplejos. El Masón Pedro Vientos continuó:
— Yo soy el pasado y el presente de la masonería. Ustedes son el futuro. Pero en el taller del mañana hay que asegurarse de que las piedras sean sólidas. Voy a hacerles una sola pregunta: ¿por qué se hicieron francmasones?
Por orden de antigüedad, el más antiguo se colocó en el centro del círculo y respondió:
— Entré para complacer a un familiar… pero confieso que no me entusiasma demasiado.
El segundo,  un masón de izquierda, dijo con convicción:
— Creo que la masonería puede ser una herramienta para el Gran Cambio Social  y para construir los “mañanas que serán políticamente mejores”. ¡Puede servir a la humanidad!
El tercero, decepcionado de la religión pero en busca de espiritualidad, confesó:
— Pienso que la masonería puede darme esa dimensión espiritual. Reconozco que estoy a mitad del camino, pero estoy dispuesto a perseverar.
El cuarto fue más directo:
— La masonería forma parte de mi trayectoria política de derecha.
El Q.: H:. Pedro Vientos le respondió con una pregunta:
— ¿Querer servir a dos amos al mismo tiempo? Terminarás descontentando a ambos… y en masonería estarás ausente con frecuencia.
El quinto confesó sin rodeos:
— Pertenecer a una logia me abre puertas profesionales y amplía mi red de contactos. Además, ¡formo parte de la élite!
El sexto explicó:
— Mi padre fue iniciado. Nos transmitió a mí y a mis hermanos un sentido de la vida basado en el respeto y la tolerancia. Para mí es un deber continuar su herencia.
El séptimo habló con serenidad:
—Compré  cientos de libros y llegue a leer libros esotéricos, que  varios de ellos eran  de Masonería y los  leí con pasión y dedicación . Comprendí que la Tradición oriental no era para mí. Uno de los últimos sistemas iniciáticos vivos en Occidente es la francmasonería. Creo que aquí tengo un lugar y una utilidad.
El ultimo de ellos , a la pregunta respondió: ingrese por curiosidad , simple y llana curiosidad, y la Masonería me atrapó , y ahora luego de años en Logia tengo más curiosidad , la curiosidad luego supe que es mal vista por la Masonería , pero me motiva a estudiar más y más sobre el tema.
Terminaron la improvisada reunión en un silencio cargado de preguntas y preocupaciones. Después del café y los abrazos fraternales, cada uno regresó a su vida profana.
Durante varios días el hermano Pedro Vientos reflexionó y meditó, repasando una y otra vez las palabras e intenciones de los Aprendices. La noche le trajo claridad: había muchos llamados, pero pocos elegidos. Muy pocos estarían realmente dispuestos a construir el Templo Interior.
Recordó una conversación con un hermano que también era de décadas en la catedra masónica . De él aprendió que la construcción de la catedral de la Ciudad de México no había movilizado a miles de trabajadores, como suele contarse, sino sólo a un puñado de verdaderos constructores. Hasta entonces se indignaba cuando alguien decía que la masonería era “la élite”. Después de aquella charla y de la reunión con los Aprendices, cambió de opinión. La experiencia le abrió los ojos: la masonería es profundamente selectiva y nada democrática.
Si el dicho popular afirma que “el hábito no hace al monje”, él pensó que “el mandil no hace al masón”. Muchos hermanos se sienten atraídos por poderes ilusorios,  Veneras de brillante  oro, costosos mandiles , lisonjas  y títulos pomposos , pero pasan de largo junto al verdadero Secreto masónico.
Decidió tomar bajo su tutela a los Aprendices de su Logia que le parecieron más aptos para perseverar, con el fin de transmitirles toda su experiencia masónica y la esperanza de convertirlos en verdaderos iniciados.
Paciencia y longitud de tiempo…
Después de varios años de esfuerzo y perseverancia, los Aprendices , luego Compañeros se convirtieron en Maestros Masones  cumplidos y perfectos, para la mayor satisfacción del Q:.y V:. H:. Pedro Vientos . Ya luego Pedro Vientos  convertido Maestro Ad Vitam de su Respetable Logia Simbólica , se dio por una larga reflexión sobre el futuro de la Orden masónica. He aquí algunos fragmentos:
«No sirve de nada ser miles en el taller si el resultado es el caos. ¿De qué vale querer hacer la felicidad de la humanidad si no somos capaces de formar iniciados en el verdadero sentido de la palabra? La vida sobre la Tierra es sagrada, y el deber del masón es mantener esa sacralidad para que nuestros herederos puedan continuar la Gran Obra de la Transmutación de la que habla la Alquimia . La Orden masónica también es sagrada, y el masón tiene el deber de ser su custodio y celoso protector. El mayor objetivo es evitar que nuestra civilización caiga en la barbarie.
Como ya no podemos construir catedrales de piedra, nos queda la construcción de la Catedral Espiritual, para devolver a todos el sentido de los valores que elevan al ser humano. Puede parecer ingenuo, pero es la única arma contra el cinismo y la negación de la Vida».
Al decir esto, el Venerable pensaba en el famoso Discurso del Caballero de Ramsay, especialmente en los capítulos sobre el amor a la humanidad y sobre el futuro de la Orden.
Nuestro Venerable AD Vitam no se sentía investido de una misión sagrada. Simplemente había comprendido que el papel del masón es transmitir lo más fielmente posible la Tradición Masónica.
«Ahora creo haber entregado a los masones las herramientas útiles para la Orden. Sólo me queda prepararme para mi último viaje… con la conciencia tranquila».
Como Masón , agrego mi visión de esta historia.
Esta parábola del Venerable Ad Vitam es un espejo incómodo pero necesario. El Venerable Ad Vitam Pedro Vientos insistiría en que la verdadera iniciación no se transmite por herencia familiar, conveniencia política, por curiosidad o deseo de pertenecer a una “élite”, sino únicamente a través de un trabajo interior profundo y sincero. La mayoría entra a la Masonería  por motivos exteriores,; y de ellos sólo unos pocos permanecen por la llamada interior.
El Masón Pedro Vientos recordaría que el mandil no hace al masón, como el hábito no hace al monje. El verdadero masón se reconoce por su capacidad de servir, de tallar su propia piedra y de mantener viva la llama iniciática aunque esté rodeado de indiferencia o mediocridad.
En la tradición hermética y alquímica, se repite constantemente la idea de que “muchos son los llamados, pocos los elegidos”. La piedra filosofal no se obtiene por multitudes, sino por una pequeña minoría que trabaja con paciencia, humildad y perseverancia.
El Venerable AD Vitam representa al masón maduro que comprende una verdad dolorosa pero liberadora: no se trata de llenar las logias, sino de formar hombres y mujeres capaces de construir la Catedral Espiritual. La masonería no necesita miles de miembros tibios; necesita un núcleo de hermanos y hermanas verdaderamente transformados, dispuestos a ser guardianes de lo sagrado en un mundo que lo ha olvidado.
La escena del Venerable sirviendo la mesa a sus Aprendices es magistral: enseña con el ejemplo que la grandeza está en el servicio humilde. Ese gesto vale más que cualquier discurso brillante.
Al final, el mensaje es claro y esperanzador: aunque parezca que la masonería se diluye en vanidades y formalismos, siempre habrá Venerables sabios que, con paciencia y longitud de tiempo, elijan a los pocos capaces de continuar la cadena. Porque la verdadera iniciación no se mide por el número de mandiles, sino por la calidad de las piedras que se tallan.
La masonería sobrevive no por su tamaño, sino por la profundidad de quienes la viven con el corazón. Y mientras haya un Venerable dispuesto a servir la mesa y a preguntar con honestidad “¿por qué entraste?”, la llama seguirá ardiendo.
Alcoseri 
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