LA SOCIEDAD SECRETA ABAKUÁ
Por Abakuá o ñañigo se conoce popularmente en Cuba al miembro de la
sociedad secreta masculina Abakuá, la única de su tipo existente en
el continente americano.
Esta asociación surgió en las primeras décadas el siglo XIX en los
momentos de mayor hostilidad hacia el esclavo y el negro, quienes, ante
el acoso, solo hallaron un medio apropiado para evadir la represión:
una agrupación mutualista bajo la expresión más desarrollada de su
conciencia social, la religiosa.
La primera sociedad de blancos se fundo a principios del presente siglo
y llevo el nombre de Akanaran Efo Muñon Ekobio Mucakara. Su creador
fue Andrés Facundo de los Dolores Petit, celebre también por sus
aportes a la Regla de Palo* con la elaboración del cuerpo conceptual y
ritual de la variante Kimbisa.
Los antecedentes del Abakuásismo se hallan en las sociedades secretas
que existieron en la región nigeriana del Calabar, y su organización
y contenido tiene como base una leyenda africana que narra la historia
de la violación de un secreto por una mujer: la princesa Sikan
encuentra al pez sagrado Tanze. Cuando este muere, los miembros de la
tribu buscan la manera de reproducir su bramido en el tambor sagrado
Ekue, para lo cual realizan varios intentos entre los que figuran el
sacrificio de la princesa para utilizar su piel como parche del tambor.
El ñañiguismo no puede desvincularse de las creencias africanas
acerca de la influencia que ejercen los antepasados (espíritus), por
lo que en todas sus ceremonias religiosas se les convoca para
garantizar el desarrollo del acto cultual, según rigurosas normas
litúrgicas. Un elemento simbólico indispensable en la dramaturgia con
que se desarrolla el ritual es llamado Ireme o diablito, un
representante de la naturaleza que vigila los pasos de los
participantes e intervienen aun como protagonistas en algunos de ellos.
Las actividades de culto se realizan todas en templos, de los cuales
existen 40 entre las provincias de La Habana y Matanzas, distribuidos
en los municipios de Guanabacoa (14), Marianao (11), Regla (6), San
Miguel del Padrón (4), Cárdenas (4) y Matanzas -ciudad- (1).
En todos los ritos se utilizan trazos o grafías llamados Ekeniyo, que
constituyen un sistema ideográfico de señales para inmovilizar y
fijar las representaciones de hechos globales. Tales símbolos se
trazan con yeso amarillo o blanco y comprenden tres categorías: los
Gandos, las Firmas o Anaforuanas y los Sellos.
Los Gandos representan situaciones complejas del ceremonial, se trazan
en el suelo y sobre ellos se colocan diferentes objetos del culto y se
sitúan los dirigentes religiosos (Plazas).
Las Firmas o Anaforuanas representan a cada una de las jerarquías que
integran la estructura de los abakuá y cumplen una función
consagratoria cuando se trazan sobre determinados elementos del ritual.
Los Sellos son la representación o identificación de cada juego o
potencia Abakuá, de los que existen 123 en toda Cuba.
En la actualidad, los Abakuá poseen órganos de coordinación
municipal en los municipios de Cárdenas, Matanzas, Guanabacoa, Regla,
Marianao y San Miguel del Padrón, y dos a nivel provincial en Ciudad
de La Habana y Matanzas, encargados todos de controlar la obediencia a
los reglamentos y principios de la sociedad.
Dentro del ñañiguismo se reconocen varias jerarquías. El Ndisime es
el aspirante a entrar en una potencia, mientras el Abanekwe es un
hombre ya iniciado. Plaza llaman al que lleva muchos anos, ocupa un
puesto relevante dentro del juego y esta encargado de preservar y hacer
cumplir las normas y principios rituales y sociales. Títulos de Plazas
son Iyamba, Mokongo, Ekuenon, Isue, Nkrikamo, Nasako y otros.
En las sociedades secretas masculinas Abakuá solo son admitidos
hombres. Al indagar entre sus integrantes cual es el concepto de
Hombre, expresaron:
"Hombre no es solo aquel que no es homosexual, sino el que refleja la
mas pura dignidad del ser humano como laborioso, fraterno, alegre,
rebelde ante la injusticia, cumplidor del código moral establecido por
los antepasados formadores del Abakuá; es aquel que es buen padre,
buen hijo, buen hermano y buen amigo".
Durante la trata esclavista, el Caribe se nutrió de creencias de los
diferentes grupos étnicos que llegaron a estas tierras. Las
influencias, en muchos casos, se hicieron recíprocas entre las
diferentes etnias, de manera que a veces se torna difícil distinguir
entre una y otra manifestación religiosa.
El complejo de asociaciones Abakuá o Ñáñigas son sociedades
secretas consideradas como hermandades para la ayuda mutua, de las
cuales sobreviven más de un centenar en las ciudades-puerto de La
Habana, Matanzas y Cárdenas en Cuba y que hoy son únicas en el
continente americano.
Las asociaciones abakuá tienen sus antecedentes en las sociedades
secretas que existieron en la región nigeriana del Calabar y en los
Cabildos de Nación. Las funciones principales de estos últimos, eran
ayudar y socorrer a todos aquellos miembros que lo necesitaran; además
de perpetuar su cultura a través de las celebraciones de los domingos,
donde se realizaban ritos que contribuían a preservar y mantener sus
tradiciones. Se supone que, en Cuba, la primera asociación fue
constituida a principios del siglo XIX con los mismos fines que los de
los Cabildos de Nación. Así, en el año 1836, el cabildo de negros
carabalí Apapá Efik inicia sus cultos secretos con un grupo de negros
nacidos en la isla o criollos. Estas agrupaciones, exclusivas de
hombres, surgieron con un carácter mutualista que contribuyó a que
las potencias de ñáñigos se incrementaran rápidamente. Ya en 1840,
en la capital del país existían más de sesenta. El 24 de diciembre
de 1862, el cabildo carabalí Bríkamo "Niño Jesús" de Matanzas,
inicia a un grupo de negros criollos en el abakuá, los que toman el
nombre de Blabanga.
En 1863, el habanero Andrés Facundo de los Dolores Petit, consiguió
que su potencia Bakokó Efor permitiera la entrada de blancos. Se
convertía de esta manera el ñañiguísmo, en la primera asociación
en la Isla que aunó hombres y no razas. Tanto en La Habana como en
Matanzas, sus propósitos trascendieron a tal punto que se formaron
sólidas hermandades que congregaron a trabajadores de los puertos, las
tabaquerías y otros sectores laborales.
Desde mediados del siglo XIX, estas sociedades fueron prohibidas por
las autoridades españolas. Sus ceremonias fueron siempre realizadas
secretamente. El ritual abakuá incluye celebraciones -llamadas en Cuba
Plantes- de dos tipos: privadas, en las que sólo pueden participar los
iniciados y cuya divulgación es estrictamente prohibida; y otras, a
las que concurren, incluso, miembros ajenos a la sociedad donde se
canta y se baila por lo que se pueden considerar como un acto de
expresión de cultura.
El mito en el que se basan los ritos abakuá de iniciación, tuvo su
origen en una leyenda africana que narra la historia del hallazgo del
Pez Sagrado por la princesa Sikán, hija del rey Iyamba, de la nación
Efó. El Mito de Sikán determinó además, que sólo hombres pudieran
ser iniciados en esta religión para lo cual debían ser dignos,
fraternos, laboriosos, cumplidores del código ético cultual, al igual
que buen padre, buen hijo, buen hermano y buen amigo. Los principales
atributos ñáñigos son, en primer lugar, los tambores del orden
ritual, con los cuales se ejecuta solamente las llamadas al orden y que
se preservan dentro del templo sagrado llamado famba, al cual sólo
tiene acceso la alta jerarquía abakuá. El más importante es el ekue
o tambor de fundamento y secreto, que se toca por fricción y que
reproduce la sagrada voz de Abasí Tanze. Además, están los bastones
o atributos de los jefes principales. Por su parte, la música
ñáñiga se ejecuta con otro grupo de tambores, los cuales de mayor a
menor reciben los nombres de bonkó-enchemiyé, obí-apá,
cuchíyeremá, y benkomo. Completan la orquesta los itones o palos, el
cencerro o ekón, y las erikundis o sonajas.
El ñañiguismo no puede desligarse de las creencias africanas entorno
a la influencia que ejercen los antepasados. En todas sus ceremonias
religiosas se les convoca para garantizar el desarrollo de los ritos,
según rigurosas normas litúrgicas, las cuales están dirigidas a la
veneración del ekue que engloba la esencia del culto de la Sociedad
Secreta Abakuá.
Por otra parte, cobra una significación muy especial en los plantes
los iremes o diablitos, danzantes enmascarados que hoy constituyen
símbolos en el folklor cubano. Son considerados como un elemento
simbólico dentro del ritual que representa a la naturaleza. El
diablito abakuá es una figura antropomorfa con la cabeza cubierta de
un capuchón terminado en punta, el cual solo tiene un par de ojos
bordados. Usan una vestimenta de colores vistosos y abigarrados
dibujos. En el cuello, rodillas, bocamangas y bocapies, sendos festones
de soga deshilachada. Colgados de la cintura, varios cencerros de metal
que suenan al andar y bailar. En las manos llevan un trozo de caña de
azúcar y una rama de 'escoba amarga'.
Los diablitos se desempeñan en funciones privadas y funciones
públicas, rituales y de pura de diversión. Todos representan siempre
el espíritu de algún antepasado. Ven y oyen, pero no hablan, expresan
sus sentimientos y estados de ánimo a través de la gestualidad de sus
coreografías. Durante los ritos los iremes permanecen dentro del
recinto donde ofician las ceremonias secretas.
Las actividades de culto se realizan todas en templos, los que se
encuentran entre las provincias de La Habana y Matanzas. En todos los
ritos se utilizan trazos o grafías llamados Ekeniyo, que constituyen
un sistema ideográfico de señales para inmovilizar y fijar las
representaciones de hechos globales. Tales símbolos se trazan con yeso
amarillo o blanco y comprenden tres categorías: los Gandos, las Firmas
o Anaforuanas y los Sellos: los Gandos representan situaciones
complejas del ceremonial, se trazan en el suelo y sobre ellos se
colocan diferentes objetos del culto y se sitúan los dirigentes
religiosos -Plazas-; las firmas o anaforuanas representan a cada una de
las jerarquías que integran la estructura de los abakuá y cumplen una
función consagratoria cuando se trazan sobre determinados elementos
del ritual; por último, los sellos son la representación o
identificación de cada juego o potencia Abakuá, de los que existen
una centena, aproximadamente, en toda Cuba.
Dentro del ñañiguismo se reconocen varias jerarquías. Por ejemplo,
el Ndisime es un hombre que aspira a pertenecer a una potencia,
mientras el Abanekwe es uno ya iniciado. En tanto, los que llevan
muchos años encargándose de preservar y hacer cumplir las normas y
principios rituales y sociales, reciben el nombre de Plaza. Títulos de
esta última categoría son Iyamba, Mokongo, Ekuenon, Isue, Nkrikamo,
Nasako entre otros. Por su parte, los abakuá aunque no adoran a las
deidades, como en el caso de la Regla Osha, sí tienen santos que
apadrinan los diferentes juegos o potencias. Así, está por ejemplo,
Abasí, quien es el Dios supremo; Llarina Allerican, quien tiene
correspondencia con Shangó; Llarina Oro Conde, la que sincretiza con
Yemayá; Llarina Ibandá, la que tiene correspondencia con Oshún; Itia
Arará a quien se equipara con Babalú Ayé, entre otros. La Sociedad
Secreta Abakuá posee indudablemente gran significación en el contexto
religioso cubano: ha preservado y transmitido, de generación en
generación, por más de un siglo, los más auténticos valores de los
ancestros africanos de la región nigeriana del Calabar, aún cuando,
en la mayor parte de su existencia, ha sido perseguida y condenada por
las autoridades. Hoy continúa siendo símbolo de hermandad y
fraternidad entre sus adeptos, quienes, orgullosos de su herencia,
rinden culto a sus antepasados.
Mito de Sikán
Nasakó era un brujo muy prestigioso. Supo a través de sus poderes que
Abasí, el Dios Todopoderoso, enviaría un gran poder sobrenatural que
proporcionaría la paz a los hombres de Efó y Efik, quienes se
disputaban las posesiones territoriales. Estos dos territorios estaban
divididos por un río en el que se escuchaban los bramidos
sobrenaturales que emitía el ser enviado por Abasí. Los hombres de
una y otra región hacían rogaciones constantemente en las orillas del
río, pues quien lograra poseer el Ser enviado, lograría dominar la
situación en la región.
Una mañana Sikán, hija del rey Iyamba de la nación Efó, fue a
buscar agua al río para los quehaceres de la casa. Cuando caminaba de
regreso a su casa con el güiro lleno de agua en la cabeza, escuchó
un fuerte sonido que la asustó. Enseguida, dejó el recipiente y
salió corriendo hacia la aldea. Al llegar a su casa se lo contó a su
padre quien enseguida comprendió que el bramido era del Ser enviado
por Nasako. Rápidamente fue el padre en busca del recipiente donde
encontró un pez que se movía. Iyamba recogió el güiro y el pez y se
presentó ante Nasako quien comprobó que efectivamente era el Ser
augurado por Abasí. Nasako le recomendó a Iyamba en presencia de su
hija que guardaran el más absoluto secreto, pues el hallazgo lo mismo
podía traer paz que guerra. Así, los tres juraron no divulgar el
descubrimiento del pez. Sin embargo, Sikán no guardó el secreto; se
lo dijo a su novio, el príncipe Mokongo, hijo del rey Chabiaka del
territorio Efik, a pesar de que estaba en disputa con su propio
territorio y, específicamente, con su familia. Mokongo, conocedor del
secreto, se presentó en Efó con todos sus guerreros para reclamar su
posesión. Nasakó entonces dijo que todo aquel que amara al pez
enviado sería grande y que había que venerarlo para el bien de todos.
Poco tiempo después, siguiendo las indicaciones de Nasakó, los
pueblos Efó y Efik firmaron la paz sobre la piel de un leopardo en una
ceremonia solemne celebrada a orillas del río que dividía a los dos
territorios. No obstante, Sikán fue hecha prisionera y condenada a
que le cortaran la cabeza por no haber guardado el secreto del pez
Tanze.
EL PALO MONTE O MAYOMBE
Esta expresión religiosa tiene su raiz en los cultos de origen Bantú,
termino con que la etnología occidental reunió bajo una misma
denominación a la comunidad de pueblos del África oriental, central y
austral que hablaban esa lengua en cualquiera de sus variantes.
Conocida también como Mayombe, esta Regla fue el resultado inicial de
la transculturación de los credos bantúes a la sociedad cubana, en la
que surgieron con la iniciación de los criollos otras vertientes como
la Imbisa y la Brillumba, hasta llegar a la Kimbisa del Santo Cristo
del Buen Viaje, organizada en el siglo XIX por Andrés Facundo de los
Dolores Petit.
La Regla Conga en general tiene como rasgos característicos la
vinculación con las fuerzas de la naturaleza, a algunos de cuyos
elementos, como la vegetación, consideran animados por espíritus, a
los que ofrecen albergue también en las profundidades de la tierra.
Los antepasados están representados en el agua.
El centro de la ceremonia en este credo es la Nganga, recipiente donde
se supone se encuentra el alma de un muerto sometida a la voluntad del
iniciado a través de un pacto que los alimenta a ambos.
La posesión de la Nganga o prenda, junto a la posibilidad de emplearla
sin limitaciones, es el elemento que distingue a la máxima jerarquía
de esta expresion: el Tata Nganga o Tata Nkisi, quien puede realizar
ceremonias de "rayamiento" (iniciación) y nuclear a su alrededor a su
grupo religioso.
Para sus funciones, el Tata se apoya en otras jerarquías menores de
consagrados, como el Bakonfula ayonfombe y el Ngueyo, quienes junto al
resto de los "ahijados" forman la Casa, la cual es autónoma en la
realización de los ritos o ceremonias.
Un lugar destacado en la Regla de Palo lo ocupan los símbolos
gráficos de carácter sagrado (firmas) para identificar a los
espíritus, antepasados y orichas a los que se solicita el permiso para
realizar las diferentes ceremonias culturales.
Al trazar las firmas los creyentes consideran que en ellas están
representados los poderes sobrenaturales y que los mismo responden por
la efectividad de la labor realizada.
Cada una de ellas adquiere una función personal para cada iniciado,
que la emplea para identificarse ante su fundamento (nganga) y ante el
resto de los creyentes. Por otra parte, expresa la relación con el
espíritu protector con el que ha realizado el pacto.
El rasgo principal de los brillumberos consiste en el culto a las
deidades de la santería*, las cuales reciben, de acuerdo al ritual
palero, su correspondencia en objetos materiales.
En la Regla Kimbisa existe un fuerte sincretismo y tolerancia entre el
elemento congo, la Regla de Ocha*, el espiritismo*, el catolicismo y
las sociedades secretas masculinas Abakuá*. De las creencias de origen
bantú tomaron, entre otras cosas, sus concepciones relacionadas con la
nganga, el animismo de las plantas, las aguas y la tierra, y la
influencia de espíritus y antepasados. De la Ocha encontramos sus
orichas traspolados con otros nombres (Elegguá se convierte en Lucero
Mundo; Yemayá, en Tiembla Tierra; Oya, en Centella), la asimilación
del empleo del coco en la adivinación y la creencia de "alimentar" y
"fortalecer" la prenda mediante sacrificios con efusión de sangre. Del
espiritismo asimila la comunicación directa con las espíritus, sobre
la base de que cuanto ocurre en la tierra esta regido por fuerzas del
mas allá. La influencia del catolicismo se manifiesta a través de la
adoración del Espíritu Santo y la utilización del crucifijo y
oraciones del ritual católico. Además, el guía principal de los
kimbiseros es San Luís Beltrán. El elemento Abakuá se verifica en el
método de selección de sus aspirantes, quienes deben cumplir con
determinado comportamiento social.
Históricamente, las practicas de la Regla Conga o Mayombe han
recibido, por desconocimiento de la población, el calificativo de
"brujería", opinión que evidencia entre los no informados la sobre
posición del componente mágico de esa expresión religiosa al resto
de los elementos que la identifican. La magia es solo el medio por el
cual el iniciado equilibra las fuerzas del bien y del mal y evita
cuanto frene el desarrollo normal de su vida diaria.
Religiones Africanas: Regla Conga
Una de las zonas más devastadas por la Trata esclavista en África,
fue la correspondiente a la cultura bantú. Diversidad de tribus,
dialectos, hábitos y costumbres la caracterizan, lo que determina que
actualmente, no se pueda dilucidar con precisión la procedencia
étnica de algunos países de la región del Caribe. En general, las
prácticas religiosas originarias de esta región africana no se
corresponden específicamente con ninguna de las etnias del mosaico
bantú. Por el contrario, se han formado con rasgos de unas y otras, de
manera que es muy difícil definir el origen etnográfico de algunos de
sus elementos, como la liturgia y los dioses. En algunos casos, la
influencia yoruba ha servido para consolidar patrones; no obstante, sus
historias, su geografía, sus divinidades, responden a un mundo
enteramente bantú.
La Regla Conga o Regla de Palo es la concepción más amplia que existe
de los cultos de origen bantú y de donde se deriva la Briyumba, la
Kimbisa y el Mayombe-es un término por el que también se puede
nombrar la Regla de Palo-, que si bien utilizan el palo monte como
elemento mágico, tienen algunos aspectos rituales que las diferencian:
el rasgo principal de los brillumberos consiste en el culto a las
deidades de la Regla Osha, las cuales reciben, de acuerdo con el ritual
palero, su correspondencia en objetos materiales; en la Regla Kimbisa
existe un fuerte sincretismo y tolerancia entre el elemento congo, la
Regla de Osha, el Espiritismo, el catolicismo y las sociedades secretas
Abakuá. De las creencias de origen bantú tomaron, mantienen, sus
concepciones relacionadas con la nganga, el animismo de las plantas,
las aguas y la tierra, y la influencia de espíritus y antepasados.
El palero trabaja con tierra, con palos del monte, con animales y todo
tipo de planta u objeto que le sirva de apoyo a los conjuros salvadores
de sus practicantes. Las fuerzas naturales y los elementos vivos de la
naturaleza son indispensables en los ritos congos. Esto, conjuntamente
con los dioses, le sirve al palero como medio de expresión del
lenguaje ritual. La liturgia conga es muy compleja, su esencia y eje
central están representados por la nganga, donde se concentra la
fuerza mágica capaz de cumplir con todos los establecimientos dentro
del código ritual. Se le introducen diversos elementos adquiridos del
ámbito físico, social e histórico. Un variado número de palos del
monte con cualidades medicinales y venenosas, se utilizan en la
composición, al igual que animales que son escogidos teniendo en
cuenta sus cualidades: la hormiga loca, porque siempre está trabajando
o la hormiga brava o bibijagua, pues constantemente está atacando o en
disposición de hacerlo, por citar algunos ejemplos. De igual forma, se
añaden elementos del mundo inorgánico, como tierra de cementerio,
piedras volcánicas o cantos rodados de río o de mar.
El contenido de las ngangas cazuelas de barro o de hierro- puede variar
en dependencia de quien las utilice y de las entidades bajo las cuales
se hayan realizado, pero siempre tienen que responder a un principio
ineludible: todo lo que se pone dentro del caldero tiene que estar en
correspondencia con su condición de centro de fuerzas mágico. Sin
embargo, hay un elemento que no se puede obviar, los restos humanos del
nfumbi muerto-, los cuales le dan vitalidad y fuerza al conjunto de
elementos que se depositan dentro de la cazuela. Así, puede decirse
que lo más importante dentro de la nganga es el matari piedra-,
referencia directa a Inzambi, quien potencia y armoniza el conjunto, y
el nfumbi, quien anima todos los elementos de la naturaleza. Cabe decir
además, que entre el dueño de la prenda y el nfumbi se establece una
alianza que marcará los destinos tanto de la familia consanguínea
como de la religiosa del practicante. Como se puede apreciar, en la
concepción de la nganga, los nfumbi desempeñan un papel primordial.
Constituye, de cierta forma, la herramienta de trabajo religioso y es
capaz de enfrentar todas las contingencias de la vida y la muerte.
Las ngangas se heredan una y otra vez siguiendo estrictas normas que se
guardan en secreto. Forman enlaces, como especie de una familia, pues
en la confección de una prenda nueva se toman elementos de una
precedente, es decir, de la del padrino. Esta prenda no se entrega en
el momento de la iniciación, sino cuando ya el nuevo practicante ha
logrado alcanzar un determinado nivel de conocimientos y ha mostrado
una ética acorde con los códigos del sistema. La adivinación es uno
de los principios básicos en la Regla Conga. Presagiar y contribuir al
mejoramiento de la vida rápidamente es básico en este culto. Para
esto se emplea el mpake o mpaka menso, un cuerno que tiene en su
interior algunos elementos con poderes mágicos y cuya boca está
cubierta por un espejo, generalmente ahumado. El palero empaña este
espejo y lee a través de él las figuras que aparecen entre el humo.
También pueden emplearse collares con amuletos para la adivinación
conjuntamente con aguardiente y tabaco.
Como en todas las manifestaciones religiosas, en la Regla de Palo,
también existe una jerarquía: el Tata Nganga o Padre Nganga, quien es
el dueño de la Nganga Madre, de la que se han derivado las otras.
Tiene prestigio reconocido para iniciar neófitos en la práctica de
esta religión, así como construir otras ngangas. Posee además, la
facultad de la adivinación. Realiza sus prácticas a partir de la
tradición heredada individualmente de sus antepasados; la Madre
Nganga, la mujer poseedora de una nganga madre y con prestigio para
ayudar a los Tatas en la realización de las liturgias; las Madrinas,
quienes fungen como ayudantes de los Tatas en los rituales, sobre todo
en las "rayaduras" o iniciaciones; y por último, los Padrinos, los que
tienen iguales atribuciones que las madrinas.
Entre las principales celebraciones litúrgicas de la Regla Conga se
pueden mencionar las llamadas "rayaduras" o bautismo palero,
habilitación de nuevas "prendas", limpiezas, ofrendas prometidas y
ritos curativos, fundamentalmente. En el caso de la ceremonia de
iniciación, se le llama rayado, pues dibujan con una navaja o cuchillo
unas cruces, no muy profundas en la piel, a ambos lados del pecho y,
atrás, en los omóplatos. Existen diversas maneras de hacer las
incisiones, las cuales se realizan acompañadas de cantos y gestos
físicos. Este es un acto que permite la incorporación de un nuevo
adepto a la casa-templo palera; es un pacto con el muerto, con Nzambi y
con la familia religiosa.
Los bailes congos maní, yuca, garabato y palo- se pueden ejecutar en
cualquier casa-templo, en las ceremonias de iniciación o de
celebración de la festividad de alguna deidad. Por su parte, los
cantos congos son breves y se repiten continuamente. Melódicamente no
son muy complejos; sin embargo, están dotados de gran belleza
rítmica. También se recitan extensos parlamentos con la finalidad de
invocar a las fuerzas sobrenaturales o de saludar a los Tata Ngangas o
Tata nkisis.
Un lugar destacado en la Regla de Palo lo ocupan los símbolos
gráficos de carácter sagrado firmas- para identificar a los
espíritus y antepasados a los que se solicita el permiso para realizar
las diferentes ceremonias cultuales.
Al trazar las firmas, los creyentes consideran que en ellas están
representados los poderes sobrenaturales y que los mismos responden por
la efectividad de la labor realizada. Cada una de ellas adquiere una
función personal para cada iniciado, que la emplea para identificarse
ante su fundamento nganga- y ante el resto de los creyentes. Por otra
parte, expresa la relación con el espíritu protector con el que ha
realizado el pacto. Los elementos más comunes en las firmas son lo
primarios y están en la naturaleza y en la realidad social. Cada firma
expresa un cúmulo de experiencias que sobrevivió a los siglos de
explotación. De la misma manera, las fuerzas sobrenaturales también
poseen una gama de firmas. Se dibujan en el suelo, en las paredes, en
las cazuelas, en las puertas con grandes trazos circulares o rectos.
Al igual que todas las religiones existentes, para los paleros existe
un Dios Supremo, una fuerza máxima creadora del Universo, a la que
llaman Nzambi, Zambi, Nzambia, o Mayimbe, de la cual emana la fuerza de
los mpungos o fuerzas mágicas. Conviene tener presente que en la
estricta concepción conga, estos mpungos únicamente son fuerzas,
seres incorpóreos, que nunca devienen en antropomórficos. En los
cultos congos, el dios universal provoca una necesidad imperiosa de
alcanzarlo, a tal punto que puede prácticamente considerarse, según
algunos investigadores, como un culto monoteísta.
Los adeptos a estas prácticas veneran las almas de los antepasados, de
los muertos y de los espíritus de la naturaleza que moran en árboles,
ríos y mares. Establecer una jerarquía de estas entidades
sobrenaturales o mpungus se hace muy difícil, si se tiene en cuenta la
gran cantidad de designaciones que pueden tener. No obstante, algunos
de lo mpungus fundamentales en los cultos congos son:
Tiembla Tierra: Dueño de la tierra, del universo. Es quien puede
controlar los cuatro puntos cardinales. Ejecuta todos los mandatos de
Nzambi. No se le puede invocar con peticiones vagas, pues suele
enfurecerse.
Lucero Mundo, Khuyu: Abre y cierra los caminos, es el dueño de las
encrucijadas. Se equipara en Regla de Osha con Elegguá.
Sarabanda o Salabanda: Dios de los hierros y del monte. No puede faltar
en la nganga. Muy vinculado a Siete rayos, que le da fuerza y lo ayuda
a resolver los problemas de los practicantes. Está presente en todos
los ritos congos. Se equipara con Oggún en la Regla de Osha.
Siete Rayos: Es uno de los más importantes dioses dentro de la Regla
de Palo; es guerrero y se utiliza para los trabajos de brujería
difíciles y rápidos. Se equipara con Shangó en la Regla de Osha.
Madre de agua. Siete Sayas: Simboliza la unidad del mundo, lo que fluye
y la maternidad universal. Es muy común en todas las sectas congas y
es dueña del mar y de la entrada de los ríos. Se equipara con Yemayá
en la Regla de Osha.
Brazo Fuerte: Es quien lleva el mundo sobre sus hombros y cruza los
ríos tempestuosos. Es una entidad guerrera y vencedora. Se equipara
con Aggayú en la Regla de Osha.
Chola, Madre Chola, Chola Awengue: Es la dueña de las corrientes
dulces, los ríos y el oro. Muy venerada entre los congos. A veces se
le confunde con la dueña del mar. Se equipara con Oshún en la Regla
de Osha.
Tata Pansúa: Cuenta con muchos devotos. Dios de los enfermos y
curandero milagroso. Se equipara con Babalú Ayé en la Regla de Osha.
Centella: Dueña de la centella y el relámpago. Se equipara con Oyá
en la Regla de Osha.
Lufo Kuyo: No cuenta con muchos adeptos, pero es una prenda que, según
los practicantes, lleva a la cárcel y te saca de ella . Se equipara
con Ochosi en la Regla de Osha.
Bután o Bután Fuyé: Es el curandero, el médico del monte. Se
equipara con Osaín en la Regla de Osha.
Kisimba. Mpungo, Kabonga: Es el sabio, el adivino. Se equipara con
Orula en la Regla de Osha.
La Regla Conga o Palo Monte es una manifestación religiosa de arraigo
popular. Su sistema ritual y teológico imbrica concepciones muy
profundas a pesar de que su formación fue a partir de la convergencia
de prácticas de diferentes grupos étnicos del mundo bantú; esto ha
provocado que influya directamente en otras religiones de origen
africano que convergen en esta región.
Religiones Africanas: Regla Conga
Una de las zonas más devastadas por la Trata esclavista en África,
fue la correspondiente a la cultura bantú. Diversidad de tribus,
dialectos, hábitos y costumbres la caracterizan, lo que determina que
actualmente, no se pueda dilucidar con precisión la procedencia
étnica de algunos países de la región del Caribe. En general, las
prácticas religiosas originarias de esta región africana no se
corresponden específicamente con ninguna de las etnias del mosaico
bantú. Por el contrario, se han formado con rasgos de unas y otras, de
manera que es muy difícil definir el origen etnográfico de algunos de
sus elementos, como la liturgia y los dioses. En algunos casos, la
influencia yoruba ha servido para consolidar patrones; no obstante, sus
historias, su geografía, sus divinidades, responden a un mundo
enteramente bantú.
La Regla Conga o Regla de Palo es la concepción más amplia que existe
de los cultos de origen bantú y de donde se deriva la Briyumba, la
Kimbisa y el Mayombe-es un término por el que también se puede
nombrar la Regla de Palo-, que si bien utilizan el palo monte como
elemento mágico, tienen algunos aspectos rituales que las diferencian:
el rasgo principal de los brillumberos consiste en el culto a las
deidades de la Regla Osha, las cuales reciben, de acuerdo con el ritual
palero, su correspondencia en objetos materiales; en la Regla Kimbisa
existe un fuerte sincretismo y tolerancia entre el elemento congo, la
Regla de Osha, el Espiritismo, el catolicismo y las sociedades secretas
Abakuá. De las creencias de origen bantú tomaron, mantienen, sus
concepciones relacionadas con la nganga, el animismo de las plantas,
las aguas y la tierra, y la influencia de espíritus y antepasados.
El palero trabaja con tierra, con palos del monte, con animales y todo
tipo de planta u objeto que le sirva de apoyo a los conjuros salvadores
de sus practicantes. Las fuerzas naturales y los elementos vivos de la
naturaleza son indispensables en los ritos congos. Esto, conjuntamente
con los dioses, le sirve al palero como medio de expresión del
lenguaje ritual. La liturgia conga es muy compleja, su esencia y eje
central están representados por la nganga, donde se concentra la
fuerza mágica capaz de cumplir con todos los establecimientos dentro
del código ritual. Se le introducen diversos elementos adquiridos del
ámbito físico, social e histórico. Un variado número de palos del
monte con cualidades medicinales y venenosas, se utilizan en la
composición, al igual que animales que son escogidos teniendo en
cuenta sus cualidades: la hormiga loca, porque siempre está trabajando
o la hormiga brava o bibijagua, pues constantemente está atacando o en
disposición de hacerlo, por citar algunos ejemplos. De igual forma, se
añaden elementos del mundo inorgánico, como tierra de cementerio,
piedras volcánicas o cantos rodados de río o de mar.
El contenido de las ngangas cazuelas de barro o de hierro- puede variar
en dependencia de quien las utilice y de las entidades bajo las cuales
se hayan realizado, pero siempre tienen que responder a un principio
ineludible: todo lo que se pone dentro del caldero tiene que estar en
correspondencia con su condición de centro de fuerzas mágico. Sin
embargo, hay un elemento que no se puede obviar, los restos humanos del
nfumbi muerto-, los cuales le dan vitalidad y fuerza al conjunto de
elementos que se depositan dentro de la cazuela. Así, puede decirse
que lo más importante dentro de la nganga es el matari piedra-,
referencia directa a Inzambi, quien potencia y armoniza el conjunto, y
el nfumbi, quien anima todos los elementos de la naturaleza. Cabe decir
además, que entre el dueño de la prenda y el nfumbi se establece una
alianza que marcará los destinos tanto de la familia consanguínea
como de la religiosa del practicante. Como se puede apreciar, en la
concepción de la nganga, los nfumbi desempeñan un papel primordial.
Constituye, de cierta forma, la herramienta de trabajo religioso y es
capaz de enfrentar todas las contingencias de la vida y la muerte.
Las ngangas se heredan una y otra vez siguiendo estrictas normas que se
guardan en secreto. Forman enlaces, como especie de una familia, pues
en la confección de una prenda nueva se toman elementos de una
precedente, es decir, de la del padrino. Esta prenda no se entrega en
el momento de la iniciación, sino cuando ya el nuevo practicante ha
logrado alcanzar un determinado nivel de conocimientos y ha mostrado
una ética acorde con los códigos del sistema. La adivinación es uno
de los principios básicos en la Regla Conga. Presagiar y contribuir al
mejoramiento de la vida rápidamente es básico en este culto. Para
esto se emplea el mpake o mpaka menso, un cuerno que tiene en su
interior algunos elementos con poderes mágicos y cuya boca está
cubierta por un espejo, generalmente ahumado. El palero empaña este
espejo y lee a través de él las figuras que aparecen entre el humo.
También pueden emplearse collares con amuletos para la adivinación
conjuntamente con aguardiente y tabaco.
Como en todas las manifestaciones religiosas, en la Regla de Palo,
también existe una jerarquía: el Tata Nganga o Padre Nganga, quien es
el dueño de la Nganga Madre, de la que se han derivado las otras.
Tiene prestigio reconocido para iniciar neófitos en la práctica de
esta religión, así como construir otras ngangas. Posee además, la
facultad de la adivinación. Realiza sus prácticas a partir de la
tradición heredada individualmente de sus antepasados; la Madre
Nganga, la mujer poseedora de una nganga madre y con prestigio para
ayudar a los Tatas en la realización de las liturgias; las Madrinas,
quienes fungen como ayudantes de los Tatas en los rituales, sobre todo
en las "rayaduras" o iniciaciones; y por último, los Padrinos, los que
tienen iguales atribuciones que las madrinas.
Entre las principales celebraciones litúrgicas de la Regla Conga se
pueden mencionar las llamadas "rayaduras" o bautismo palero,
habilitación de nuevas "prendas", limpiezas, ofrendas prometidas y
ritos curativos, fundamentalmente. En el caso de la ceremonia de
iniciación, se le llama rayado, pues dibujan con una navaja o cuchillo
unas cruces, no muy profundas en la piel, a ambos lados del pecho y,
atrás, en los omóplatos. Existen diversas maneras de hacer las
incisiones, las cuales se realizan acompañadas de cantos y gestos
físicos. Este es un acto que permite la incorporación de un nuevo
adepto a la casa-templo palera; es un pacto con el muerto, con Nzambi y
con la familia religiosa.
Los bailes congos maní, yuca, garabato y palo- se pueden ejecutar en
cualquier casa-templo, en las ceremonias de iniciación o de
celebración de la festividad de alguna deidad. Por su parte, los
cantos congos son breves y se repiten continuamente. Melódicamente no
son muy complejos; sin embargo, están dotados de gran belleza
rítmica. También se recitan extensos parlamentos con la finalidad de
invocar a las fuerzas sobrenaturales o de saludar a los Tata Ngangas o
Tata nkisis.
Un lugar destacado en la Regla de Palo lo ocupan los símbolos
gráficos de carácter sagrado firmas- para identificar a los
espíritus y antepasados a los que se solicita el permiso para realizar
las diferentes ceremonias cultuales.
Al trazar las firmas, los creyentes consideran que en ellas están
representados los poderes sobrenaturales y que los mismos responden por
la efectividad de la labor realizada. Cada una de ellas adquiere una
función personal para cada iniciado, que la emplea para identificarse
ante su fundamento nganga- y ante el resto de los creyentes. Por otra
parte, expresa la relación con el espíritu protector con el que ha
realizado el pacto. Los elementos más comunes en las firmas son lo
primarios y están en la naturaleza y en la realidad social. Cada firma
expresa un cúmulo de experiencias que sobrevivió a los siglos de
explotación. De la misma manera, las fuerzas sobrenaturales también
poseen una gama de firmas. Se dibujan en el suelo, en las paredes, en
las cazuelas, en las puertas con grandes trazos circulares o rectos.
Al igual que todas las religiones existentes, para los paleros existe
un Dios Supremo, una fuerza máxima creadora del Universo, a la que
llaman Nzambi, Zambi, Nzambia, o Mayimbe, de la cual emana la fuerza de
los mpungos o fuerzas mágicas. Conviene tener presente que en la
estricta concepción conga, estos mpungos únicamente son fuerzas,
seres incorpóreos, que nunca devienen en antropomórficos. En los
cultos congos, el dios universal provoca una necesidad imperiosa de
alcanzarlo, a tal punto que puede prácticamente considerarse, según
algunos investigadores, como un culto monoteísta.
Los adeptos a estas prácticas veneran las almas de los antepasados, de
los muertos y de los espíritus de la naturaleza que moran en árboles,
ríos y mares. Establecer una jerarquía de estas entidades
sobrenaturales o mpungus se hace muy difícil, si se tiene en cuenta la
gran cantidad de designaciones que pueden tener. No obstante, algunos
de lo mpungus fundamentales en los cultos congos son:
Tiembla Tierra: Dueño de la tierra, del universo. Es quien puede
controlar los cuatro puntos cardinales. Ejecuta todos los mandatos de
Nzambi. No se le puede invocar con peticiones vagas, pues suele
enfurecerse.
Lucero Mundo, Khuyu: Abre y cierra los caminos, es el dueño de las
encrucijadas. Se equipara en Regla de Osha con Elegguá.
Sarabanda o Salabanda: Dios de los hierros y del monte. No puede faltar
en la nganga. Muy vinculado a Siete rayos, que le da fuerza y lo ayuda
a resolver los problemas de los practicantes. Está presente en todos
los ritos congos. Se equipara con Oggún en la Regla de Osha.
Siete Rayos: Es uno de los más importantes dioses dentro de la Regla
de Palo; es guerrero y se utiliza para los trabajos de brujería
difíciles y rápidos. Se equipara con Shangó en la Regla de Osha.
Madre de agua. Siete Sayas: Simboliza la unidad del mundo, lo que fluye
y la maternidad universal. Es muy común en todas las sectas congas y
es dueña del mar y de la entrada de los ríos. Se equipara con Yemayá
en la Regla de Osha.
Brazo Fuerte: Es quien lleva el mundo sobre sus hombros y cruza los
ríos tempestuosos. Es una entidad guerrera y vencedora. Se equipara
con Aggayú en la Regla de Osha.
Chola, Madre Chola, Chola Awengue: Es la dueña de las corrientes
dulces, los ríos y el oro. Muy venerada entre los congos. A veces se
le confunde con la dueña del mar. Se equipara con Oshún en la Regla
de Osha.
Tata Pansúa: Cuenta con muchos devotos. Dios de los enfermos y
curandero milagroso. Se equipara con Babalú Ayé en la Regla de Osha.
Centella: Dueña de la centella y el relámpago. Se equipara con Oyá
en la Regla de Osha.
Lufo Kuyo: No cuenta con muchos adeptos, pero es una prenda que, según
los practicantes, lleva a la cárcel y te saca de ella . Se equipara
con Ochosi en la Regla de Osha.
Bután o Bután Fuyé: Es el curandero, el médico del monte. Se
equipara con Osaín en la Regla de Osha.
Kisimba. Mpungo, Kabonga: Es el sabio, el adivino. Se equipara con
Orula en la Regla de Osha.
La Regla Conga o Palo Monte es una manifestación religiosa de arraigo
popular. Su sistema ritual y teológico imbrica concepciones muy
profundas a pesar de que su formación fue a partir de la convergencia
de prácticas de diferentes grupos étnicos del mundo bantú; esto ha
provocado que influya directamente en otras religiones de origen
africano que convergen en esta región.