La Fiscalía antiterrorista gala pidió ayer un año de prisión en firme,
pena ya cumplida en régimen preventivo, contra el vascofrancés Hervé
Larrieu (Bayona, 1967), primer militante arrepentido de ETA en
Francia. En una audiencia celebrada a puerta cerrada a petición de la
defensa, el acusado explicó al Tribunal Correccional de París que
entró en ETA por amor a la responsable del aparato logístico Lorentxa
Guimón y salió años más tarde por la contradicción entre su repentina
conversión al catolicismo y sus actividades como falsificador de
documentos de identidad para «comandos asesinos». Larrieu ha recibido
repetidas amenazas por incumplir las condiciones en su salida pactada
de ETA.
Hervé Larrieu se presentó voluntariamente el 22 de marzo de 2002 en la
brigada territorial de la Gendarmería de Saint Malo (Bretaña). Antes
de entregarse había acudido a la localidad vecina de Dinan a
despedirse de su madre. Atrás quedaban 14 meses de clandestinidad y
cuatro años de militancia en ETA. Sólo quince días antes, el 6 de
marzo, la dirección había aceptado acceder a sus insistentes
peticiones de darse de baja. Le dieron 1.000 euros en metálico y le
recordaron que no debería volver a pisar el País Vasco ni Las Landas.
Por supuesto, nada de colaborar con la Policía.
El acuerdo fue el epílogo a una crisis mística. En enero de 2001 se
había integrado en la red de pisos que el aparato de acogida (Harrera)
tenía en Burdeos y Lyón. «Ha explicado al tribunal que descubrió la fe
en la clandestinidad y que se dio cuenta de que era contradictorio con
lo que hacía. Volvía de una iglesia cercana al piso franco y le
remordía la conciencia seguir falsificando carnés. Era el choque entre
dos ideologías diametralmente opuestas», declaró al término de la
vista su abogado, Philippe Valent