Deiman fue travesti y ahora es pastor

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Oct 10, 2007, 7:46:35 PM10/10/07
to San Miguelillo Católico
Este barranquillero, que hace diez años dejó el homosexualismo, las
drogas y los atracos, hoy está casado y se dedica a predicar el
evangelio.

Hace diez años el ex travesti está casado con Sixta Maribel, también
pastora.

Por WILLIAM VARGAS LLERAS

Los 120 fieles que asisten a los cultos de la Iglesia Evangélica del
barrio Santo Domingo, en el suroccidente de Barranquilla, escuchan con
atención al pastor Deiman Ariza Martínez, a quien consideran todo un
ejemplo vivo de que cuando se quiere, se puede.
Hace diez años, Deiman no vestía como lo hace ahora, con prendas
masculinas. Antes lucía pelucas de mujer, vestía con prendas
femeninas, se maquillaba, en fin: era un travesti. Por las calles del
mismo barrio donde ejerce de guía espiritual, muchos de los que lo
siguen ahora lo vieron por muchos años con un 'caminao' que generaba
piropos y 'batalladas' a tutiplén.


Su casa era el punto de encuentro de la mayoría de los travesti de su
sector y los barrios aledaños. Ariza Martínez se convirtió, con el
paso de los años, en uno de los 'tesos' de la zona. Se enfrentaba a la
gente que lo molestaba. Le dio la 'cara' a la ciudad todas las noches
en el parque Surí Salcedo, en donde, además de esperar clientes, si
tenía la oportunidad, los atracaba. Lo que también hizo cuando se fue
a vivir a Medellín.
Deiman, de 42 años de edad, nació en el barrio Santo Domingo. Su niñez
transcurrió en medio de limitaciones económicas, lo que incidió en el
desarrollo de la familia. Él solo llegó hasta segundo de bachillerato.

A la edad de 19 años, Ariza Martínez comenzó a frecuentar grupos de
homosexuales. "Ese fue el inicio. Empiezo a vestirme de mujer. Un año
más tarde lo hago en público. Algunos de los 'veteranos' fueron mis
principales motivadores, los que me alentaban para que le diera el
'frente a la sociedad'. Me llevaron a salones de belleza, donde me
transformaron", recuerda.

Cuando Deiman se vio por primera vez ante un espejo, luciendo prendas
femeninas y maquillado, se quedó quieto. "Me sentí bien", dice,
mientras entrelaza sus dedos de la mano izquierda con los derechos de
Sixta Maribel, su esposa.
Él tiene cinco hermanos: cuatro hombres y una mujer. "Mi caso resultó
una vergüenza para mis padres y hermanos. Los 'viejos' lloraron mucho,
sobre todo mi mamá, cuando me vio por primera vez vestido como mujer.
Hubo llamados de atención, pero yo los enfrentaba con violencia y
vulgaridades. Mis hermanos se apenaban de mí, porque ellos daban por
descontado que yo sería el 'bravo' de la cuadra", dice.

Ahora como pastor se dedica a predicar la palabra de Dios en el barrio
Santo Domingo.

DROGAS Y SEXO

Cuando Deiman se consideró que estaba 'iniciado como travesti', se
desbordó. El temor a salir a la calle luciendo prendas de mujer se
vino abajo ante el estímulo que recibía de sus 'colegas'.
Ingresó de una a ese mundo sórdido. "La fortaleza, para llamarla de
alguna forma, la obtuve con las drogas. La marihuana, el batraciao y
el bazuco resultaron mis aliados. Lo único que no consumí fue la
cocaína, porque esa no es para mi estrato", relata.

El siguiente paso fue darle legalidad al homosexualismo. "Solo se
requiere de valor. Es salir la primera vez y caminar por el sector
donde resides, que te vean los 'manes' del barrio para que se te quite
la pena. La transformación física se daba en los salones de belleza.
Ahí es donde se obtiene el 'cartón'. Mi debut fue en Carnaval. Desde
ese instante quedé graduado como travesti. Lo cierto es que al verme
así me gustó. Aunque también reconozco que las amistades influyeron
mucho en mi transformación", indica ante la mirada de su esposa Sixta.
Hoy, Deiman agradece a sus padres y hermanos que, a pesar de toda 'la
lengua' que le echaron, nunca le dijeron que se fuera de la casa.
"Todas las amistades iban a mi residencia, y contra el concepto
moralista de los míos, jamás me invitaron a que me largara. Cuando vi
que mi sobrino estaba creciendo, decidí alejarme del techo familiar,
no quería que él siguiera mi ejemplo", dice.


Las 24 horas del día estaba vestido de mujer. En una ocasión le
pintaron una 'gran oportunidad' en Medellín y se fue para la 'Ciudad
de la eterna primavera'. "Allá ese mundo es amplio, con más chance de
trabajo. Lo cierto es que muchas 'cosas' las aprendí en esa
permanencia: hasta cómo atracar. Esa experiencia dentro de mi mente me
hizo grande. Imagínese cuando retorné a Barranquilla con todo ese
costal de lecciones encima. No desaproveché las 'papayas' que me
brindaron los clientes que recurrían al parque Surí Salcedo. Todo ello
unido a las drogas. En fin, toda una locura", asegura.

Los padres de Deiman, Hermes y Cristina, están muertos. El primero
falleció hace cinco años y alcanzó a ver el cambio de su hijo, quien
ya había empezado a dejar el homosexualismo.
Y sin tapujos, Deiman se refiere a su vida sexual. "Existe el
transformista, el que de día viste como hombre y de noche luce ropa de
mujer. Yo como travesti también fui homosexual. Tuve dos relaciones
con igual número de hombres, y fue de convivencia y todo", confiesa.

EL PRINCIPIO DEL FINAL

Deiman sostiene que nada en él fue postizo. Se inyectó hormonas y con
ello le crecieron los senos y las nalgas. Como dejó de usarlas, se le
chuparon, los senos y los glúteos. "Me sentía en la gloria, pero, ¡qué
va! A pesar de mi juventud comencé a notar que me cansaba muy
fácilmente, que la droga, si bien me había facilitado momentos
placenteros, ya comenzaba a pasarme la cuenta de cobro. Eso resulta
duro, sobre todo porque tú sientes que tienes al mundo agarrado, pero
insisto, no hay nada. Las puertas se me cerraban hasta con los mismos
homosexuales.

Y un buen día amanecí pensando en los míos, en los sufrimientos que
les había originado. Regresé a casa. Llegué con la cabeza agachada. A
los pocos días mamá murió de un paro cardiaco. Ese fue un golpe duro,
porque ella, a pesar de todos los sufrimientos, nunca dejó de ser mi
mamá. Medité tanto sobre lo sucedido. Llegó el momento en que me dije:
¡no más! Me quedé encerrado en mi habitación toda una semana, en
ayuno. Los 'amigos de la farándula' iban a buscarme, pero las
instrucciones que di a mi familia eran que yo no estaba. Cuando salí
lo hice vestido como hombre. Recorrí las calles. Los vecinos y
conocidos estaban sorprendidos, y esa resultó ser la primera prueba
fuerte. Desde entonces cambié. Me corté el cabello, nada de maquillaje
y ahora soy un varón. Aunque no faltaron los comentarios naturales
como: 'para joderlo, después de tanto que hizo como marica, que lo...'
y tal por cual. Y nadie puede decir que los enfrenté. Todo ello lo
acepté, porque la verdad es que no me estaban calumniando.
Ingresó al mundo de Dios. Y siempre le pidió que si alguna vez le
permitía ser pastor, le diera la oportunidad de hacerlo en el barrio
Santo Domingo, "porque es el sector que me ha conocido las dos etapas
por las que he atravesado en mi vida. Organizando espectáculos de
travesti y ahora divulgando la palabra de Dios".

A PUNTA DE ORACIÓN

Mientras Deiman andaba en 'su mundo', su hermana Rosmery, quien había
ingresado a la religión evangélica, empezó de manera silenciosa la
misión de orar por él. Para eso contó con la ayuda de una compañera,
Sixta Maribel.
"Lo conocí hace diez años, cuando vestía como mujer. Lo veía por el
barrio luciendo tacones, con busto, el cabello largo, maquillado,
blusas ombligueras. Era un travesti", relata Sixta.


Su atracción hacia quien hoy es su esposo empezó después que este
"entró en el camino del Señor. Cuando ya estaba segura de ello es
cuando se dio el amor, el noviazgo. Él es todo un varón", agrega.
"Dice la palabra que la oración es fuente de poder. Y quedó
demostrado, porque los padres de Deiman, su hermana y yo oramos mucho
para que saliera de ese ambiente en el que se encontraba. La semilla
estaba sembrada, y llegó el día en que el Señor lo tocó", resalta
Sixta, quien también es pastora.


Y continúa: "Dios lo hizo varón, El fue el que se desvió. En el barrio
se maravillan por este testimonio", insiste Sixta, nacida en Zambrano,
Bolívar. De la unión no hay hijos. Ahora, Deiman pide permiso para
terminar la charla porque llegó la hora de propagar la palabra del
Creador.

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