Nuevas tendencias: el retorno al confesionario

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Oct 7, 2007, 4:58:01 PM10/7/07
to San Miguelillo Católico
Las señales son tímidas pero constantes. La última ha llegado de
Loreto, donde doce mil jóvenes recibieron el sacramento del perdón,
alentados por el Papa. Y en los seminarios vuelven a aparecer los
textos donde estudiar los "casos de conciencia"

por Sandro Magister

ROMA, 6 de septiembre del 2007 - En los dos días del encuentro entre
Benedicto XVI y lo jóvenes que acudieron a Loreto en cientos de miles
de Italia y de muchos países del mundo, ocurrió un hecho inesperado
por su intensidad y dimensión: una masa que se acercó a la confesión
sacramental.

Entre sábado 1 y domingo 2 de setiembre, en la gran explanada bajo la
pequeña ciudad y el santuario de la Virgen, 350 sacerdotes confesaron
ininterrumpidamente desde las 2 de la tarde hasta las 7 de la mañana,
asediados por doce mil jóvenes en espera de perdón.

Pero también antes de la llegada del Papa el rito de la penitencia
fue, para numerosos jóvenes, parte de la preparación para el evento.
Los recorridos de peregrinación que convergían en Loreto comprendían
casi todas las etapas de la confesión sacramental. Fue así en la
abadía de Fiastra, que por momentos se convirtió en un inmenso
confesionario. Fue así en el santuario de Canoscio, sobre los montes
Apeninos. Cada vez con decenas y decenas de sacerdotes ocupados
simultáneamente en administrar el sacramento.

No se trata de una novedad absoluta. También en la Jornada Mundial de
la Juventud tenida en Roma en el 2000 los jóvenes se confesaron en
gran número: ciento veinte mil en tres días, en el inmenso estadio de
la Roma pagana, el Circo Máximo, transformado en confesionario a cielo
abierto.

Pero la que entonces parecía una llama efímera, se ha revelado
posteriormente como una tendencia duradera. Y en expansión,
especialmente en los santuarios y en ocasión de grandes encuentros.
Cierto, en porcentaje las cuotas de quienes se confiesan entre los
jóvenes católicos es hasta ahora mínima. En Loreto menos del 5% de los
presentes. Pero la inversión de tendencia está en acto, respecto a la
casi desaparición de la práctica del sacramento hace años.

Y después, más que los números, hablan los signos. El ver que tantos
jóvenes se confiesan por su propia libre elección, dentro de un evento
religioso que está bajo la mirada de todos, transmite el mensaje que
la confesión no es más un sacramento en desuso sino que vuelve a ser
practicada y querida.

Benedicto XVI resueltamente alienta esta retoma de la confesión,
especialmente entre los jóvenes. Ha decidido dedicar una entera tarde,
el jueves anterior a la pasada Semana Santa, a la celebración del
sacramento de la penitencia en San Pedro, bajando él mismo a la
basílica a celebrar el rito, a predicar y a confesar.

Confesión individual, no colectiva. Porque, en efecto, fue esta la
práctica que se difundió espontáneamente a continuación del Concilio
Vaticano II, sobre todo en Europa Central, en Norteamérica, en América
latina, en Australia: la de impartir absoluciones generales a grupos
enteros de fieles, después de que realizaban un "mea culpa" también
colectivo.

Esto no nunca fue la indicación de Roma. La única absolución colectiva
autorizada - incluso después de la actualización del rito en 1974 - es
cuando se está en peligro de muerte, por ejemplo para un batallón en
guerra, o en ausencia dramática de sacerdotes respecto al número de
penitentes presentes; pero siempre con la obligación del beneficiario
de la absolución colectiva de presentarse "cuanto antes, máximo dentro
del año" a un sacerdote, para confesarle individualmente sus propios
pecados graves.

No obstante ello, la práctica de la absolución colectiva continúa en
numerosas diócesis del globo. El intento declarado de sus promotores,
incluso obispos, era de salvar el sacramento de un abandono en masa.
Pero el resultado fue precisamente el de acelerar el abandono.

También en los seminarios y en las facultades de teología la confesión
colectiva tuvo y tiene sus partidarios. Un teólogo moralista que se ha
convertido en su paladín es Dominiciano Fernandez, español,
claretiano, en un libro impreso en Italia por la editorial Queriniana,
"Dio ama e perdona senza condizioni [Dios ama y perdona sin
condiciones]", con el prefacio partícipe del liturgista Rinaldo
Falsini, franciscano.

La caída de la práctica de este sacramento ha ido de la mano, en los
seminarios, con el abandono de una enseñanza que apunta a la
preparación práctica de buenos confesores. Desde hace algunas décadas
los "casos de conciencia" han dejado de ser materia de estudio.

Pero también en esto se encuentran hoy señales de inversión de
tendencia. Este verano se publicó, editado por Ares, un libro de un
estimado teólogo y moralista, Lino Ciccone, consultor del pontificio
consejo para la familia, titulado: "L'inconfessabile e l'inconfessato.
Casi e soluzioni di 30 problemi di coscienza [El inconfesable y el
inconfesado. Casos y soluciones de 30 problemas de conciencia]".

Como el título hace intuir, en el libro se enlistan 30 "casos de
conciencia", seguidos por sendas líneas de solución. Los casos, muchos
de los cuales bajan a lo concreto de la vida real, van desde el aborto
a la práctica homosexual, del divorcio a la corrupción financiera. El
volumen está expresamente escrito para quien se prepara al sacerdocio,
como "libro de ejercicios" para usar junto con los textos de moral
general.

Pero sirve también para quien es ya sacerdote y ya confiesa. Y tiene
la intención de confesar más y mejor.

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