CAPÍTULO 12
Rebelión Ahora o Nunca
Pregunta 1
Amado Bhagwan:
Desde mi niñez ha existido un rebelde dentro de mí, pero me he sentido
tan impotente que he vivido una vida de sumisión más que de rebelión.
Al escucharte ahora, veo que este rebelde dentro de mí puede
convertirse en tu visión del hombre nuevo; ya no estoy aislado, soy
uno de muchos. ¿Es posible que llevemos dentro de nosotros una central
de energía tan fuerte que el mundo nuevo que Tú contemplas pueda ser
un hecho?
Todos nacemos inocentes, llenos de paz, amorosos..., sin tener idea de
la competencia a muerte que existe en el mundo, sin tener idea de las
armas nucleares que se preparan para darle la bienvenida, ni de la
sucia política que ha estado torturando a la humanidad por miles de
años. Pero antes de que su paz, su amor, su confianza se puedan
convertir en una fuerza rebelde, empezamos a destruir todo lo que es
bello en él y lo reemplazamos por todo lo que es horrible en nosotros.
Es lo que nuestros padres hicieron con nosotros, y así que repetimos
la función.
Generación tras generación la misma enfermedad se transmite de una
mano a otra. Con todas las buenas intenciones del mundo, los padres,
los profesores, los líderes, los curas, todos te van forzando ideas de
competencia, de comparación, de ambición; preparando a los niños para
la dura lucha que tendrán que encarar en la vida; en otras palabras,
preparándolos para la violencia, para la agresividad. Saben que a
menos que seas agresivo, quedarás atrás. Tienes que hacerte valer, y
hacerlo forzosamente, y tienes que competir como si fuera un asunto de
vida o muerte. Todo esto es el marco de vuestro sistema educativo.
Yo solía ser el primero de mi clase, no que fuese estudioso o que
asistía a clases regularmente. Simplemente me di cuenta que los cursos
que enseñaban a los estudiantes en un año, no merecían ni siquiera dos
meses, y que estábamos perdiendo todo un año; así que durante los dos
últimos meses ponía toda mi atención y durante el resto estaba gozando
de todo menos del colegio.
¡Los profesores estaban asombrados! Y cuando volvía a casa con los
resultados, y le decía a mi padre que había obtenido el primer puesto,
él siempre me decía; “Eso quiere decir que tu clase está llena de
tontos”.
Yo le contestaba: “Es extraño. Cuando otros son los primeros, sus
padres se sienten contentos, pero tú pareces sentirte triste que esté
estudiando con tontos. Por eso es que he salido el primero, de otro
modo no tengo ninguna esperanza”.
Pero nunca me motivó. “Has hecho un buen trabajo, debes ser premiado”.
Nunca me premió. Su única expresión, siempre en forma consistente era.
“Es extraño como siempre encuentras una clase de tontos, así que,
naturalmente, sales primero”. Pero es muy extraño. Los padres dan
todos los incentivos posibles. “Sé el primero y serás premiado”. Sé el
primero - esto traerá honor a los padres, a la familia.
Todos te enseñan a estar por encima de los demás a cualquier precio.
Tarde o temprano los niños se vuelven febriles, empiezan a
apresurarse. Aunque tengan que herir a alguien para estar adelante, lo
harán. La violencia está obligada a ser parte de una sociedad
competitiva.
En una sociedad competitiva no tienes amigos. Todos pretenden ser
amistosos, pero son tus enemigos, porque todos están luchando por
trepar por la misma escalera. Todos son tus enemigos, porque ellos
pueden triunfar y forzarte a fracasar. Y muy pronto la gente empieza a
aprender el arte de poner zancadillas, de cómo usar medios errados;
pues éstos te acortan el camino.
Conocí a un estudiante..., yo era el profesor en la Universidad. En
los días de exámenes, no había ningún profesor que quisiera estar en
el salón donde él estaba; pues era casi un asesino; en cualquier
momento podía matar a alguien. Lo que solía hacer era lo siguiente:
venía con un cuchillo al salón de exámenes, y lo ponía sobre la mesa
para que todos pudieran verlo y ningún profesor se le acercara. Traía
consigo notas y se las arreglaba siempre para ser el primero.
Ningún profesor quería cuidar el salón donde él estaba. El decano me
pidió que lo hiciera.
Le respondí: “Ningún problema”.
Replicó: “Pero nadie quiere hacerlo...”.
Le dije: “No entienden”.
Le pedí a uno de mis amigos que era un sikh, “Dame tu kripan”. Era
grande, un tipo especial de espada, mucho más peligrosa que cualquier
otra espada. ¡Un solo golpe y adiós cabeza!
Me preguntó: “¿Qué vas a hacer con la espada?”.
Le contesté: “Estoy tratando de enseñarle a ser un sikh”.
Me dijo: “Qué bueno. Vah guruji ki fatah. Vah guruji ka khalsa”.
Ese es el mantra de los sikhs. “Este es el modo en que la victoria del
maestro ocurre. Este es el modo en que la victoria de los discípulos
del maestro ocurre”.
Me entregó su kripan y entré al salón. El muchacho estaba sentado con
su cuchillito sobre el escritorio. Me acerqué a su escritorio y al
lado de su navaja clavé mi kripan en la madera. Me miró y le dije:
“Tira todos esos apuntes que has traído. Mira lo que tengo”.
Y le quité su cuchillo. Me dijo: “¿Qué estás haciendo?”.
Le contesté: “Si dices una palabra más perderás tu cabeza de un solo
golpe de kripan”.
Me dijo: “Pareces estar loco. ¡No he hecho nada malo y tú estás
dispuesto a matarme!”.
Le repliqué: “No es cuestión de si está bien o mal. Es cuestión de
quién tiene el cuchillo más grande. ¡Y yo tengo el más grande! Y tengo
todo el poder para echarte fuera de la sala de exámenes”. Y tiré su
cuchillo fuera de la sala.
Le dije: “Si no tiras todas las notas que has traído contigo, tu
cabeza saldrá volando por la ventana”. Me entregó todas sus copias y
las tiré por la ventana.
El decano estaba mirando desde su sala. “¿Qué sucede? Las cosas salen
volando por la ventana. Primero la navaja, luego los libros”. Vino
corriendo. - “Parece que hay problemas”.
Le dije: “No se preocupe. Sólo una cosa más…, si este muchacho no se
comporta, verá algo más volando por la ventana”.
“¿Qué?”, preguntó.
“¡Su cabeza!” le respondí.
Me sacó de la sala y me dijo: “Lo siento por haberte pedido que tomes
el examen. Perdóname. ¡No hagas tal cosa!”
Le dije: “No hay otra manera de dar a ese idiota una lección. Ahora
nadie quiere venir, ya que todos los profesores que has estado
mandando están aterrorizados con su navaja. ¿Qué puede hacer? - a lo
más puede matarte-, así que he traído un kripan mucho más grande”.
Pero esto es lo que la sociedad enseña tarde o temprano: Tienes que
ser más agresivo, de otro modo serás un fracaso. Tienes que pelear
para abrirte camino, porque todos están tratando de lograr la misma
meta.
El decano me dijo: “Estás libre. No se te pedirá más que seas
examinador”.
Le contesté: “Qué bien. Es justo lo que quería. No quiero acosar a
nadie. La vida los acosará a todos, para qué añadir más molestias a
sus vidas. Pero tampoco permito que nadie me acose. Es muy bueno que
me hayas liberado de esto para siempre”.
Me miró y dijo: “Sí, yo también puedo entrar en tu cuarto con el
kripan”.
Le contesté: “El kripan puede cortar cualquier cabeza, el kripan no
distingue”.
Me preguntó: “¿Qué quieres decir?”.
Le contesté: “Simplemente estoy diciendo que este muchacho va a ser el
primero todos los años, porque aquí todos son unos gallinas,
innecesariamente temerosos. ¡Simplemente les muestra un cuchillo y se
acabó!”.
Pero toda esta sociedad es violenta y tienes que ser más violento si
quieres ser ambicioso.
Para rebelde quiero al hombre no ambicioso, no competitivo, no con
ansias de poder. Cada niño puede llegar a ser un rebelde; todo lo que
necesita es no ser distraído de su inocencia.
Tu sentimiento de que tienes un rebelde dentro de ti, es verdadero.
Todos tienen un rebelde, pero la sociedad es demasiado poderosa. Te
hace cobarde, te hace astuto. No permite que tu ser sea auténtico. No
quiere que nadie sea su verdadero ser, porque entonces estaría llena
de rebeldes por todas partes.
Pero recuerda que antes de ser un rebelde deberás cumplir ciertas
condiciones. No quiero rebeldes pasados de moda. Mi rebelde va a ser
una idea totalmente fresca, nueva, una nueva realización.
A no ser que tengas suficiente compasión, suficiente amor, silencio en
tu corazón, profunda meditación trayendo más y más luz, más y más
consciencia; no has cumplido mis condiciones. Sólo con esas
condiciones quiero que seas un rebelde. Entonces no puedes hacer nada
errado. Entonces cualquier cosa que hagas será correcta.
Todo está bien, cuando nace del amor.
El amor es la magia que transforma todo en correcto.
Quiero rebeldes que estén iluminados. Es posible, porque la
iluminación ha existido y también los rebeldes. Lo que necesitamos es
una síntesis que los junte - la rebelión y la iluminación, un Gautam
el Buddha con la rebelión de un Lenín. Será el más bello fenómeno.
Un amigo mío de Japón me envió una estatua de Gautam el Buddha. Era
una estatua muy extraña, nunca había visto algo así. En una de sus
manos, sostenía una lámpara de barro con una llama. El combustible era
mantequilla purificada - ghee - lo cual mantenía la llama ardiendo. Mi
amigo dijo, “Esta es la condición - se me dió esta estatua con la
misma condición - que la llama esté ardiendo las veinticuatro horas
del día, sin interrupción”. En la otra mano la estatua tenía una
espada desenvainada. Esto sólo es posible en Japón, porque Japón ha
hecho aún de la espada un arte meditativo; lo mismo que del arco y
flecha. La meditación es básica.
En India no podemos concebir un Gautam el Buddha que tenga una espada.
Pero la belleza de la estatua consistía en que la mitad de su cara
estaba tan llena de paz, donde caía la luz de la llama - tan calma y
serena, totalmente serena, mientras la otra parte de la cara era como
una espada, tan penetrante y aguda, que sólo podía ser la cara de un
guerrero. El artista que la creó debe haber hecho un gran trabajo. En
una misma cara muestra la síntesis suprema - una espada en la mano de
la paz.
Esta es mi idea sobre rebelión, sobre el rebelde. Debe nacer de tu
amor por la humanidad, no de tu rabia hacia el pasado, sino de una
compasión creativa hacia el futuro. No estás sólo para destruir lo
viejo. Tu fin, tu objetivo es crear lo nuevo, y porque lo nuevo no
puede ser creado sin demoler lo viejo; lo demueles. Pero no hay rabia
al hacerlo. Es un simple proceso. Demueles un viejo edificio - no es
cuestión de furia-. Limpias el lugar y construyes un nuevo edificio en
su lugar.
Un sannyasin tiene que ser ambos: la paz, el silencio, la luz, las
cualidades de su ser interior, un rebelde contra toda la injusticia,
contra todo lo inhumano. Pero con el propósito creativo…, para
materializar el sueño de una auténtica sociedad humana, que le diera
igual oportunidad a todos, libertad a todos, educación sin violencia,
educación que no sólo sea informativa, sino también transformativa,
educación que le ayude a ser más individuo y haga que lo mejor en él
florezca.
Estás sentado con gente que tiene el mismo sueño. Y la gente del mundo
de afuera también lo tuvo una vez - cuando eran niños - las mismas
cualidades, las que han sido asfixiadas, reprimidas forzosamente. Sus
inhibiciones pueden ser eliminadas.
Mis sannyasins tienen que ser antorchas ardientes, moviéndose
alrededor del mundo, para compartir su fuego con quien sea que esté
listo.
Y se sorprenderán que no existen personas que no hayan soñado alguna
vez con un hermoso futuro, que no hayan estado en un estado de
inocencia, que no hayan saboreado algo de paz, amor y belleza. Pero
todo esto ha sido destruido, distorsionado, contaminado, envenenado
por esta horrible sociedad. Su único poder reside en su ancianidad.
Pero ahora ese mismo poder, esa ancianidad pasará a ser su mayor
debilidad. Sólo necesita un pequeño empujón. Es ya una sociedad
muerta. Ha estado cavando su tumba con sus propias manos y está parada
al borde de su fosa. Simplemente tienes que empujar un poco y de
pronto encontrarás a Ronald Reagan tendido en la tumba. Y con Ronald
Reagan desaparece todo el mundo que él representa.
Tenemos que empezar desde el principio. De nuevo Adán y Eva, de nuevo
el jardín del Edén…, de nuevo el mismo principio.
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