Aon
unread,Jun 17, 2008, 11:48:10 AM6/17/08Sign in to reply to author
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to SALVEMOS a la TIERRA
2ª Parte ~
Contra el poder político establecido de la religión:
Jesús menospreció la justicia de los escribas (doctores de la ley) y
la de los Fariseos, diciendo que la justicia de los creyentes en una
conciencia superior era la verdadera, (S. Mateo 5:20).
Jesús se negó a respetar la sabiduría de los antiguos que pretendían
aplicar, por ejemplo, la ley del ojo por ojo (S. Mateo 5:38, 39). Lo
mismo cuando dijo que no se respetara el mandamiento de los antiguos
que enseñaba a aborrecer al enemigo (S. Mateo 5:43, 44). También dijo
que no era suficiente la ley de los antiguos que sentenciaba la norma
del “no matarás” (S. Mateo 5:21, 22). Y también dio a entender que el
mandato de los antiguos respecto al adulterio estaba incompleto (S,
Mateo 5:27, 28). Por último, también objetó la ley establecida sobre
el divorcio (S. Mateo 5:31, 32).
Jesús también excedió la capacidad de tolerancia del poder religioso
cuando tildó de hipócritas a quienes hacían sus donaciones en los
Templos (S. Mateo 6:2), o cuando deshonró a los que aman orar en los
templos llamándolos hipócritas también (S. Mateo 6:5), y criticó las
elaboradas oraciones de los Gentiles (S. Mateo 6:7, 8).
Jesús enseñó a orar diciendo: “Dios, perdónanos nuestras deudas, como
nosotros perdonamos a nuestros deudores”, pero el fundamentalismo
cristiano de varios gobiernos del mundo, como el de los Bush´s o el de
los Blair´s que hacen a la vez de puente con el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial, por lo que jamás han perdonado a los
países que ellos mismos endeudaron al extremo con sus monstruosos y
leoninos intereses... sin embargo consideran que sí son perdonados por
sus infames genocidios. No perdonan pero pretenden ser perdonados.
Jesús se opuso al poder capitalista de los Gentiles y repudió sus
riquezas y opulencia exagerada, excesiva, mientras tantas personas no
tuvieran un mísero plato de comida (S. Mateo 6:31, 32).
Jesús también se opuso a quienes incluso predicasen en su nombre
diciendo: “Muchos me dirán aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos
en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios y en tu nombre hicimos
muchísimos milagros... Y entonces yo les responderé: Nunca los
conocí, ¡apártense de mí, obradores de maldad!” (S. Mateo 7:22, 23),
como sacándose de encima a los infames fanáticos de los dogmas de la
religión.
Jesucristo demostraba una gran aprensión hacia las leyes
discriminatorias y justicia parcial según la moral distorsionada de
los mortales. Ante la pregunta de los escribas y Fariseos de
Jerusalem: “¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los
ancianos?”, Jesús les respondió con otra pregunta: “¿Por qué también
ustedes no respetan los mandamientos de Dios a causa de sostener su
tradición?” (S. Mateo 15:1, 2), y, asimismo, les dijo también:
“Hipócritas, bien profetizó acerca de ustedes Isaías, diciendo: Esta
gente de labios me honra; más sus corazones lejos se encuentran de
mí. Por eso en vano me honran, enseñando las doctrinas y los
mandamientos relativos impuestos por los hombres”, (S. Mateo 15:7, 8,
9).
Su resistencia al poder establecido no dio tregua en ningún momento
hasta el último momento de su vida. Porque Jesús despreciaba la
arrogancia de quienes se jactaban de su propio poderío corrompido, que
de una u otra forma imponían como autoridad y directriz de los más
humildes e indefensos que nunca gozaban de los privilegios otorgados a
los de la clase social alta, que eran justamente quienes integraban el
poder político-religioso de aquellos tiempos; así, Jesús no dejaba de
condenar las falsedades de los criterios impuestos a la sociedad, como
por ejemplo cuando afirmaba que su visión de la vida era el servicio
desinteresado y la ayuda humanitaria, y no la tendencia de los
insensibles del poder que hacen uso de la gente. Asimismo, les dijo a
sus discípulos y a la gente del pueblo: “Ustedes saben que los
príncipes y Gentiles se enseñorean entre ellos, y los que son más
grandes ejercen sobre ellos potestad, muy diferente a esta causa por
la que he venido para servir y no para ser servido”, (S. Mateo 20:25,
28), “y dar mi vida en rescate de muchos”.
Por esto mismo, Jesús les dijo a los amos del poder, a los príncipes
sacerdotes del templo, a los ancianos del pueblo, que los publicanos y
las rameras tenían una más profunda compresión de la vida que las
leyes decretadas por los doctos y soberanos, (S. Mateo 21:23, 32).
También se refirió al uso del poder de la siguiente manera: “¡Ay de
ustedes escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpian lo que está
por fuera del vaso y del plato; más por dentro están llenos de robo e
injusticia. ¡Ay de ustedes, escribas y Fariseos hipócritas! porque
son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera se muestran
relucientes, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de
toda suciedad”, (S. Mateo 23:25, 27); y: “se muestran por fuera
hombres justos entre la gente, pero por dentro están llenos de
hipocresía e iniquidad” (S. Mateo 23:28).
Jesús prefería estar con la gente común, con la más humilde y con los
enfermos, y elegía como amigos más cercanos a los publicanos y
pecadores, con quienes, por ejemplo, compartía una mesa de comida
antes que con los Fariseos (S. Mateo 9:10, 11). Y advirtió a sus
discípulos (uno de ellos publicano y los otros pescadores o
desocupados), que se cuidasen de quienes los entregarían en concilios
y los torturarían en sus templos a causa de esta lucha contra
príncipes, reyes y Gentiles (S. Mateo 10:17,18); “Pero no teman a los
que matan el cuerpo, porque el alma no pueden destruir” (S. Mateo
10:28).
Y así tal cual él lo anunció, sucedió:
continúa ....
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