Quien mató al Presidnte “Chalbaud”.
A los gringos no siempre les salen bien las cosas.
En 1948, depuesto el Presidente Constitucional de Venezuela, Romulo Galllegos, al nuevo embajador gringo, Walter Donelly, no le salían bien las cosas.
“Chalbaud”, un hombre habilidoso en lenguas y relaciones de mundo, dicotómico en su relación paternal, preside la junta. El Ingeniero Delgado Chacón “Chalbaud”, les salió turuleto para sus designios.
Se decía por ahí, que el procomunismo de su esposa de origen rumano, Lucia Levine, le había afectado.
El, ahora Presidente de la Junta Militar, a los pocos meses, pide a su gente de su confianza que estudien la posibilidad de buscar un acuerdo entre los países exportadores de petróleo, para confrontar a las siete compañías extranjeras saqueadoras del petróleo.
Chalbaud no había aprendido la lección, no entendió que al Betancourt subir el precio del petróleo en enero del 46, sólo unos centavos, le había costado en noviembre del 48, el gobierno, a Rómulo Gallegos.
Como en Venezuela los gringos no podían estar dando golpes de estado cada mes como en Ecuador y Perú, lo más fácil fue matar en noviembre de 1950, a Carlos Delgado Gómez (Carlos Delgado Chalbaud), Presidente de la Junta Militar, Dijo Luis, se le mataba por tener conciencia.
Buenaventura respondió “se dio inicio a “las muerte por conciencia”.
Meses antes, para arreglar el asunto del derrocamiento, se reúnen en Caracas el Tcnel. Castro León, Jefe del Estado Mayor Aéreo, el Comandante del Agrupamiento Militar de Caracas Tcnel. Néstor Prato, el Cmdte. del Cuartel Urdaneta Tcnel. Molina Herrera, el Jefe de la Guarnición de la Victoria Mayor Prato, el jefe de la Guarnición Independiente de la Guaira Mayor Tomas Mendoza, El Director del Servicio de Transporte Militar Mayor Roque Yoris, el Segundo Jefe de la Guardia Nacional Capitán Raúl Croce Roa y el mismísimo Marcos Pérez Jiménez, Ministro de la Defensa.
Se dice que ese día, en esa reunión y, en esas horas, se planificó la muerte del Presidente de la Junta de Gobierno.
Inteligentemente Delgado Gómez, se da cuenta de la maniobra de los militares y envía a algunos de ellos a cumplir misiones fuera del país; pero la traición tiene largos brazos.
Días después de la muerte de Chalbaud, la esposa de éste, valientemente acusa del asesinato al propio Marcos Pérez Jiménez y muere a los años con la certeza de que éste o estos fueron quienes lo mandaron a matar.
Ya con Pérez Jiménez como Presidente de la Junta, por fin la embajada de Estados Unidos dormía tranquila. Rápidamente la junta de gobierno rompió relaciones con Rusia, y las restableció con Somoza y Trujillo, declaró la persecución a los comunistas y apagó la llama de la organización de los países exportadores de petróleo, logrando así la oposición sus verdaderos objetivos.
El embajador de los Estados Unidos Walter Donelly, junto con las petroleras, había alcanzado colocar sus comodines indicados y mantener sus relaciones de poder, sostenidas durante el periodo gomecista.
Para cumplir su misión, la historia los enterró a los dos juntos en el mismo horcón. En noviembre del año 1954, cumpliéndose seis años del derrocamiento de Gallegos, Estados Unidos otorga a Pérez Jiménez el galardón de la “Legión del Mérito”, por su “conducta especialmente meritoria en el cumplimiento de sus altas funciones y sus actitudes anticomunistas”.
La iglesia y los empresarios lo celebraron. Las intenciones y formación revolucionaria de los jóvenes militares del golpe del 45 y 48, quedaban debeladas.
Luego Venezuela crecería con grandes tiendas y supermercados, a un estilo totalmente gringo, la labor de los Embajadores norteamericanos, Frank Corrigan y Walter Donelly no había sido un intento soso; pocos años después, el 80 % de las mercancías, ubicado en los anaqueles de los supermercados y tiendas del país, provenían y provienen del norte.
A Venezuela, Corregan y Donelly con ayuda de los adecos y Pérez Jiménez, la cambiaron; a ellos les importa un carajo matar un presidente. El fin último de estos, es, el establecimiento del libre mercado, lo, que sin pena algunos de nosotros llamamos, un camino hacia el desarrollo.
GABRIEL OMAR TAPIAS