En realidad la idea original planteada en la redacción de nuestro
periódico “El Proletario” -Partido Revolucionario de los Trabajadores
(PRT) correspondiente a enero-febrero de 2012- era que en lugar de una
referencia tradicional sobre los sucesos del 23 de enero, se elaborara
un análisis de fondo de los problemas ideológico y estratégicos que
rodearon las acciones insurreccionales de la fecha, así como los
éxitos y errores de las vanguardia en la táctica-plan para la
coyuntura.
Naturalmente ese sigue siendo el objetivo, pero a razón de las
interpretaciones y tácticas ventajistas de las fuerzas reaccionarias
de la MUD asumiendo la paternidad democrática del evento, creímos
conveniente un breve resumen acerca del punto. En función no sólo de
bloquear el plan confusionista de la derecha, sino también alertar
contra la versión del oportunismo, de los arribistas y el sectarismo
de partido en las filas del proceso revolucionario. Tales posiciones
tergiversan los hechos ignorando a los verdaderos protagonistas de la
lucha anti dictadura y del 23 de enero, que tantas lecciones pueden
brindarnos medio siglo después.
Lo primero es que los apologistas de la derecha, improvisadores e
hijos póstumos de los viejos partidos puntofijistas, aprovechan la
ignorancia de las nuevas generaciones sobre el tema, para hacer su
“festín democrático” con la célebre derrota perezjimenista. Sus
figuras aparecen como héroes simbólicos de la “nueva democracia” del
58, soslayando las responsabilidades de los viejos partidos, aliados y
figuras burguesas en el ascenso de la dictadura militar de Pérez
Jiménez. Dictadura producto del derrocamiento del gobierno democrático
del general Medina Angarita por el golpe cívico militar de octubre de
1945, que organiza la dirección de Acción Democrática, Rómulo
Betancourt, Gonzalo Barrios, Raúl Leoni, Prieto Figueroa y otros
socialdemócratas de la época, aliados a Rafael Caldera y a los
militares perezjimenistas.
Se trataba de una coalición antinacional y populista bendecida por
las petroleras anglo-norteamericanas, el Departamento de Estado y las
capas burocráticas importadoras de la oligarquía criolla. Los
golpistas toman el gobierno y liquidan las medidas nacionalistas del
medinismo en materia de libertades democráticas, petróleo y reforma
agraria.
La coalición de derecha ejecuta un push oscuro, de procedimiento
nada democrático, formalista en su origen, acorde con la expansión de
pos-guerra del capital estadounidense. Su acción abre el poder a la
dictadura del entonces mayor Marcos Pérez Jiménez. Paradójicamente la
cacareada democracia capitalista venezolana arranca con un golpe
militar, una mancha de origen para los partidos y figuras de la MUD,
herencia manifiesta en la conspiración de la “Coordinadora
Democrática” el 11 de abril del 2002.
La Junta golpista del 18 de octubre de 1945, bautizada pomposamente
por los betancouristas como “junta revolucionaria”, pasa sus facturas
internas el 24 de noviembre de 1948, dos años después de la
Constituyente del año 46. En noviembre del 48 rueda la segunda
parte del golpe del 45 y así como Carmona Estanga y sus militares
desplazan el 11 de abril el laborioso golpe de estado de Primero
Justicia, AD, Copei y la banca, la reacción perezjimenista desplaza al
débil y vacilante gobierno de Acción Democrática presidido por Rómulo
Gallegos, montando un triunvirato militar con el teniente coronel
Carlos Delgado Chalbaud, Llovera Páez y el mayor Marcos Pérez Jiménez,
quien a su vez desplaza a Suarez Flamerich, a Delgado Chalbaud y al
capitán Mario Vargas.
Sobre las bayonetas del contragolpe militar de noviembre se
impulsan Marcos Pérez Jiménez, Llovera Páez y Vallenilla Lanz. Para
1950 el nuevo contubernio ha ilegalizado al PCV y al propio gestor del
golpe del 45, AD. La Junta arremete ferozmente contra los comunistas y
los sectores democráticos de la inexperta socialdemocracia enrolada
por el CEN de AD en la aventura militar. Mientras que la mayoría de
los jefes de AD, Betancourt, Leoni, Carlos Andrés Pérez y compañía,
van en desbandada a un “exilio dorado” entre Puerto Rico y New York.
La represión se acentúa a lo largo de los años cincuenta contra los
militantes comunistas y el ala de izquierda de la base de AD, sector
que enfrenta las irresponsabilidades de sus jefes, sanos y salvo en el
exilio dorado. Indignados con su propia jefatura, los cuadros adecos
forman en plena resistencia antiperezjimenista, la llamada corriente
“AD de izquierda”, que luego de derrocado el gobierno de Pérez Jiménez
por la insurrección de masas del 23 de enero, se transforma en el MIR
(Movimiento de Izquierda Revolucionaria), inicialmente liderado por
Domingo Alberto Rangel, Sáez Mérida (secretario general en la
clandestinidad cuyo asesinato en pleno gobierno bolivariano nunca fue
investigado), Moisés Moleiro, Américo Martín por la juventud de AD y
otros activistas anti dictadura. El MIR se declara marxista en su
fundación.
Después del fracasado plebiscito del régimen militar y la burguesía
criolla en el año 1952, que a su pesar gana Jóvito Villalba
-secretario general del ambiguo partido Unión Republicana Democrática
(URD)- el gabinete y la burguesía perezjimenista de Fedecámaras
desconocen el voto popular, amenazando al villalbismo y al propio
Jóvito Villalba que acobardado sacrifica su triunfo electoral por el
exilio.
Los asesinatos y la persecución militar contra los comunistas
crece, aumentan los asesinatos, los presos, exiliados y perseguidos
por los militares y la Seguridad Nacional de Pedro Estrada. En honor a
estos mártires del PCV y AD de izquierda, no podemos terminar el
párrafo sin anotar que en todos estos episodios Rafael Caldera y sus
discípulos copeyanos, se desenvolvían cómodamente en las instituciones
del Estado militar.
No así las masas ni la militancia revolucionaria que cargaba el
peso de la represión militar sobre sus hombros. Después del 55 la capa
burocrática de la dictadura enfrenta al aumento de los conflictos de
masas, atizados por los comunistas que se han reorganizado
combativamente en la clandestinidad. Los adeistas de izquierda reciben
la influencia ideológica y organizativa del PCV.
Entre el año 56- 57, las acciones y lucha clandestina de las masas
arrecia contra los desfalcos y atropellos represivos de la dictadura
militar burguesa. Una crisis del imperialismo norteamericano afecta la
rama de la construcción venezolana empeorando las cosas. Del seno de
sectores que hasta la fecha habían apoyado o se hacían la vista gorda
con las tropelías del régimen militar, valga decir, el Episcopado, los
grandes capitalistas de Fedecámaras, los calderistas, el grueso del
Ejército y la burocracia, sintiendo ladear el enorme trasatlántico
militar, comienzan a moverse nerviosamente de un lado a otro, sacan
pastorales, murmuran aquí y allá, haciéndose inconformes con el
régimen en la segunda mitad del año 57.
Caldera y su buen olfato corren a Nueva York para reunirse con un
Rómulo Betancourt, que ha engordado en “el exilio”, y el aún
tembloroso Jóvito Villalba. Firman el pacto anticomunista de Nueva
York (antesala del famoso pacto de Punto Fijo de Caracas, firmado en
1958 en la quinta Punto Fijo). Los puntos principales del pacto eran
el control electoral, el montaje de la democracia representativa con
ellos y Fedecámaras al frente, pero sobretodo el aislamiento y prisión
de los comunistas. Mientras tanto la gran burguesía importadora trata
de despegarse públicamente del cada vez más incómodo general.
El Partido Comunista, consolidado como vanguardia de las luchas a
lo largo de la década, centralizado, moviéndose como pez en el agua en
la clandestinidad y con suficiente autoridad política, organiza en
1957 el XIII pleno, que vota por la táctica política de unidad de
fuerzas para derribar a Pérez Jiménez y su golpeado aparato
burocrático-represivo. El pleno comunista impone la consigna “por la
conquista de un gobierno de amplias libertades”.
La acertada consigna de unidad en la lucha, el prestigio y la
aceitada maquinaria político-organizativa del PCV clandestino y la
actividad de los aliados revolucionarios, permite que en junio de 1957
se forme la célebre Junta Patriótica, integrada por el PCV, AD de
izquierda y el ala radical de URD. Se designa por su ubicación
insospechable y compromiso con el cambio a Fabricio Ojeda presidente
de la Junta Patriótica que es el frente amplio antiperezjimenista.
Se incorpora a la Junta Patriótica un pequeño grupo progresista de
Copei representado por Aristiguieta Gramko
Los comunistas son el dínamo de la Junta Patriótica, su maquinaria
propagandística y de organización es la base fundamental del frente.
Se destacan G. García Ponce por el PCV y Sáez Mérida por “AD de
izquierda”, quienes giran las líneas centrales de sus partidos.
Rápidamente la Junta Patriótica se convierte en el eje de la
resistencia y la lucha de masas. La JP contacta con algunos militares
afines al PCV y otro grupo de militares descontentos organizados en
los cuarteles en torno a Hugo Trejo. Estos últimos producen el 1º de
enero un levantamiento militar rápidamente sofocado por la dictadura
militar.
Veinte días después, el 21 de enero, la Junta Patriótica promueve
la huelga general y coordina la insurrección de masas entre el 22 y el
23 de enero, que los aparatos represivos del régimen no pueden esta
vez sofocar. La lucha de masas gana la calle y la insurrección da al
traste el 23 de enero con los 10 años de dictadura militar burguesa.
De aquí en adelante hay otra historia de la que ya hablaremos en su
oportunidad.
Pero el caso es que el PCV, los aliados revolucionarios y el frente
amplio de la Junta Patriótica, son los verdaderos héroes anti
dictadura y mal hacen, no digamos que la MUD, sin autoridad alguna
para hablar sobre el tema, sino el oportunismo y la improvisación de
algunos “rojo-rojitos” militantes, que cumpliendo una línea
táctico-electoral, por sectarismo pesuvista o por simple adulancia,
confunden a las masas minimizando la actividad de los comunistas y
miristas en la lucha anti dictadura, destacando sólo al factor militar
o a sus líderes afines, que aunque notorios no fueron decisivos ni el
símbolo de la constancia en las jornadas revolucionarias de la década
de los cincuenta.
Falsear la historia es pues un empeño inútil. Los puntofijistas
trataron de hacerlo llamando revolución del 45 a lo que no era más que
un vulgar golpe de estado, pero al final fracasaron a pesar del
ventajismo y el atraso político de las masas en los años cuarenta. Las
tácticas, necesarias en política, jamás eliminaran la realidad y la
dialéctica de la lucha de clases. Los revolucionarios debemos tener
muy en cuenta esa lección.
partidorevo...@gmail.com