Historia de la Cábala

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Dec 15, 2009, 12:28:20 AM12/15/09
to Rosicrucian
Historia de la Cábala
Se entiéndase o no, la masonería le debe mucho a la Cábala Judía, y es
por ello que debemos profundizar en su estudio.
El patriarca Abraham es el iniciador de la corriente que
posteriormente se conocería como Cábala Esotérica. El miedo de los
judíos por asociar los albores del pueblo judío con el movimiento
esotérico que lo acompaña es entendible, un Abraham practicante de
magia esotérica tiene visos de realidad. Incluso al patriarca Abraham
se le adjudica la autoría del Sepher Yetsirah para apoyar la idea,
aspecto que no ha sido descartado por los investigadores. No hay duda,
de acuerdo al texto bíblico, de que ABRAHAM אַבְרָהָם poseía UN
CONCIMIENTO SECRETO, Y QUE aún PERMANECE EN SECRETO, pues hay que
tener presente su procedencia caldea; en su momento, territorio
productor de magos y astrólogos. Fundamentándose en los hechos, debe
de admitirse que la transmisión cabalística fue iniciada por Abraham.
Este, criado a la sombra de las enigmáticas escuelas secretas de la
Ciudad de Ur en Caldea , tuvo acceso a las
escuelas de los misterios de la caldea de su época y al enorme caudal
de conocimientos que en ellas se obtenía. En dos ocasiones distintas,
Abraham viaja hacia el oeste, donde dice a su esposa que se haga pasar
por su hermana, porque teme que, de otra manera, sea asesinado por la
belleza de ella. La primera vez es en Egipto (Gn 12, 10). La segunda
vez, es con Abimelec. En ambas ocasiones, el gobernante en cuestión,
primero el faraón y luego Abimelec, se siente atraído por Sarai/Sarah
e intenta casarse con ella. Las dos veces el Señor y el gobernante se
dando a Abraham gran riqueza – por sus viajes a Egipto, le permitió
recibir un aprendizaje inusual por intermedio
de su instructores de mizraim , de la escuela de Midian, uno de los
últimos grandes escuelas hierofantes de la raza negra. Con esta
formación pudo superar las pruebas previas y —tras la cuarentena
purificadora— traspasar el umbral del más profundo conocimiento en el
Sinaí. Hecho que sucedió alrededor del siglo IX a. C
La transmisión iniciática cabalística , por tanto, fue encabezada por
Abraham y de acuerdo al
Pirké Avot: “ Abraham recibió bendición iniciática en el monte
Moriah la transmitió a
Isaac . Isaac la traspasó a Jacob y estos a los profetas, quienes
la trasladaron a los miembros de la Gran Asamblea (Kneset
ha’Guedolah)”. La sabiduría secreta había comenzado su difusión,
siendo estos los primeros eslabones de la cadena cabalística cuya
transferencia iniciática ha llegado ininterrumpida hasta nuestros
días.
La comunicación fue oral durante siglos, a pesar de la existencia de
escritos que eran denominados “rollos ocultos” —los cuales se reducían
a notas personales y privadas—. Por
tanto, es prácticamente imposible definir el aporte individual de la
gran mayoría de los
cabalistas. Tras comenzarse a publicar los manuscritos se presenta una
nueva dificultad
para su asignación: el anonimato. Dada esta circunstancia, se les
solía adjudicar su autoría
a personajes de renombre —preferiblemente del pasado— para que
poseyeran mayor relevancia debido al respaldo. Los tres libros
esenciales de la Cábala han sido conferidos la creación del patriarca
Abraham incluido el Sepher Yetsirah , el Bahir a Nejunia ben Hacanah y
el Zohar a Shimón bar Yojay. Sobre el Yetsirah no ha sido descartado
que su autor fuese Abraham; del Bahir todavía no hay nada concreto,
aunque parece probable que salió de la escuela de Isaac el ciego;
y el Zohar le ha sido adjudicado de manera persistente a Moisés de
León, pero con múltiples
focos de resistencia en el seno de la ortodoxia.
La dificultad en poder asignarle autor a una parte importante de los
libros cabalistas conlleva, darles respetabilidad, el desconocimiento
sobre los aportes de estos iluminados, la Cábala dictada por el Gran
Arquitecto del Universo a Abraham, ha llegado a nosotros inmaculada—.
La fase cabalística correspondiente a los profetas concluye poco
tiempo después de la finalización del exilio babilónico (hecho
sucedido en el año 538 a. C.).
A un siglo, aproximadamente, de regresar el pueblo judío a Jerusalén,
Ezra y Nehemías
instauraron la Gran Asamblea Judía, formada por setenta sabios
ancianos como en la época
mosaica. Posteriormente el conocimiento cabalístico se esparce, pero
manteniéndose en el seno
de núcleos herméticos como el de los esenios, por ejemplo.
Llegaría el tiempo de los últimos grandes cabalistas illuminatis en
Judea, antes del nuevo y prolongado exilio tras la segunda destrucción
del Templo. Nombres como los de Yojanan ben Zacay, Yehoshua ben
Janania, Yonatan ben Uziel, Akiva, Shimón bar Yojay,
Nejunia ben Hacanah, Menajem el esenio, por citar algunos de los más
importantes,
cubren una época dorada de la Mercavah. Durante esta etapa es que se
supone fueron
concebidos el Sepher Yetsirah, el Libro de Enoj y Heijalot (los
Palacios).
A principios del segundo milenio de la era actual comienza a
proyectarse con fuerza renovada la Cábala, focalizándose en la
Provenza francesa y en diversos puntos de la geografía española, desde
donde irradia vigorosamente, de hecho la Cábala renace en España. Se
inicia un nuevo
período en el que la ‘sabiduría secreta’ trasciende de los círculos
herméticos para ser más
universal, pero siempre totalmente revelada.
Salomón ibn Gabirol nació en Málaga 1021 – y murió en Valencia 1058.
Además de cabalista
fue un filósofo de excepción. Sus principales obras: Kether-Malkuth
(Corona-Reino),
Macor Jaim (Fuente de Vida), Ticún Midot ha’Néfesh (Restitución de las
Cualidades del
Alma). Desarrolló la teoría de las emanaciones. Fue el primero en
utilizar la palabra
Cábala para denominar a la sabiduría secreta hebrea, que hasta ese
momento era llamada Mercavah.
Isaac el ciego (finales del Siglo XII). Hijo del que fue excelente
cabalista Abraham ben
David de Posquieres. Fundó una escuela y apuntaló una época. Escribió
un profundo análisis sobre el Sepher Yetsirah.
Azriel de Gerona (entre el final del Siglo XII y principio del Siglo
XIII). Discípulo de
Isaac el ciego. Escribió un comentario cabalístico a la Agadah
talmúdica denominado Perush Agadot.
Moisés ben Maimón, llamado Maimónides nació Córdoba 1135 y murió El
Cairo Egipto en 1204.
Personaje excepcional dentro de la historia del pueblo judío en
particular y de la humanidad en general. Con Maimónides se da un
fenómeno que sólo se repite posteriormente con Yosef Caro,
como es el de la dificultad de incluirlo dentro de la Cábala, a pesar
de tenerse el convencimiento sobre su condición de cabalista. El
motivo estriba principalmente en su carácter de codificador legal.
Pareciera que no se compagina la rigidez halájica con la metafísica,
sobre todo cuando presionado por el legalismo se ve empujado a
censurar conceptos que rozan aspectos cabalísticos. Pero, en su obra
cumbre filosófica Moré Nevujim (Guía de los
Perplejos) trasciende un significativo conocimiento de la Mercavah. Se
le ha adjudicado la
autoría de un libro titulado Brit Menujá (Pacto de Reposo), que versa
sobre procesos meditativos y vocalizaciones taumatúrgicas.
Moisés ben Najmán, llamado Najmánides nació Gerona 1194 y murió en
Acre 1270.
Considerado como uno de los más grandes cabalistas de todos los
tiempos. Escribió un notable comentario a la Torá y el Sepher Miljamot
ha’Shem (Libro de las Guerras del
Nombre). Existe una controversia sobre el libro Iguéret ha’Kodesh
(Carta Sagrada), algunos
investigadores le confieren su creación a Gikatilla y otros se la
otorgan a Najmánides.
También se le suele asignar la importante obra cabalística Sepher
ha’Emunah vehaBitajon.
Abraham ben Samuel Abulafia nació Zaragoza 1240 y murió en Barcelona
1292). Fue un
profuso escritor, pero pocas de sus obras nos han llegado: Sepher Olam
Habá (Libro del
Mundo Venidero), Imré Shefer (Expresiones de Gracia), Sepher ha’Yashar
(Libro de lo
Recto), Jojmat ha’Tseruf (Sabiduría de Combinación). Sus profundos
conocimientos de
guematría, pero sobre todo su inigualada aplicación del tseruf (cambio
de letras y palabras de acuerdo a tablas predeterminadas) lo
convirtieron en uno de los más importantes
cabalistas que han existido. Llevó una vida ascética y de permanente
práctica extática.
Moisés de León el más notable de todos los cabalistas nació en
Guadalajara España en 1240 y murió en Arévalo 1305. Autor del Zohar
(alrededor de 1280), hecho que lo sitúa en una posición de privilegio
por ser sin duda el libro fundamental de la Cábala. Incluso, en el
Siglo XVIII hubo un importante movimiento que consideró al Zohar
superior al Talmud. Otras obras de este extraordinario cabalista son:
Sefer haRimón, Ha- Néfesh haJojmá, Mishcán haEdut.
Yosef ben Abraham Gikatilla nació en Medinaceli 1248 y murió en
Peñafiel 1305. Discípulo de Abraham Abulafia. Fue el autor de Saaré
Orá (Puertas de Luz), Guinat Egoz, Saaré Tsedec, Taamé Mitsvot.
Ben Asher ben Halaya, llamado Bajya nació en Zaragoza 1255 y murió en
la misma ciudad en 1340. Cabalista sobresaliente. Es de lamentar que
sólo nos haya llegado una de sus obras Cad haKemaj, en donde se
evidencia el profundo conocimiento que poseía. En su libro introduce
un
nuevo sistema de interpretación de la Torá.
Eleazar de Worms (1165-1243). Su obra más importante fue Sepher
Rokeaj
(Libro del Perfumador), donde mezcla elementos legislativos del Talmud
con
principios cabalísticos. Igualmente fue autor de Jojmat ha’Néfesh
(Sabiduría del Alma) y Sepher
ha’Shem (Libro del Nombre).
Yehudá ben Betsalel, conocido como el Maharal de Praga (1515-1609).
Famoso por sus
creaciones golémicas. Fue autor de Beer ha’Golá, Netivot Olamy
Tiphereth Israel.
Tras la expulsión de los judíos de España (1492) los grandes místicos
se trasladaron a Safed, en la alta Galilea, convirtiendo a este lugar
en el epicentro de la Cábala en el Siglo XVI. Allí recibió un nuevo
impulso y se estructuró lo que vendría a ser la Cábala moderna. Otros
posteriormente se trasladarían al Nuevo Reino de León en la Nueva
España, en lo que hoy es el Norte de México creado ahí un movimiento
cabalístico que perdura hasta nuestros días.
Nombres que respaldan un singular conocimiento cabalístico emergen al
evocar dicha población: Yosef Caro, Moisés Cordovero, Isaac Luna,
Salomón Alcavets, Jaim Vital, David ben Zimra, etc.
Yosef Caro nació en Toledo 1487 y murió en Safed en 1575. Cualquier
expresión que se utilizase para calificar a este genio resultaría
insuficiente ante el cúmulo de su sabiduría.
Como en el caso de Maimónides se dificulta encuadrarlo dentro de la
Cábala por su condición primaria de codificador legal, pero el hecho
es que alumbró con su sapiencia los círculos cabalísticos de Safed
durante 39 años. Fue autor del Maguid Mesharim, en donde se vislumbra
una teoría que posteriormente sería la punta de lanza del sistema de
Luna: la separación de lo puro e impuro como la base de los rituales
estructurados en la Torá.
Moisés Cordovero (1522-1570). Fue discípulo de Salomón Alcavets en
Safed, donde posteriormente fundó una escuela. Su libro fundamental Or
Yacar (Luz Preciosa) es un análisis del Zohar que pasó a ser uno de
los dos métodos clásicos para la interpretación zohárica (siendo el
otro el sistema de Luna). Obra de gran importancia es Pardés Rimonim
(Jardín de Granadas), que gira en torno al tema de la energía
universal. Escribió también: Or Nerav, Tomer Devora, Elima Rabati,
Shiur Comah.
Isaac Luria, llamado el Ari nació en Jerusalén 1534 murió en Safed
1572. Discípulo del español David ben
Zimra y de Moisés Cordovero, consolidó las bases de la Cábala
moderna.
No produjo ningún escrito en sus treinta y ocho años de vida, pero
estableció el
método por excelencia para la comprensión del Zohar. Creó todo un
sistema para la
interpretación cabalística, que se conoce como luriánico, siendo el
más extendido en la actualidad.
Sus enseñanzas fueron escritas por su alumno Jaim Vital.
Jaim Vital nació en Safed 1543 y murió en Damasco 1620. Discípulo de
Isacc Luna. Conjuntamente con su hijo Samuel Vital pusieron por
escrito las enseñanzas de su maestro, en una serie de libros conocidos
globalmente como Kitve Ari (Escritos del Ari).
Del Safed, como se indica, partió el enfoque moderno de la Cábala. Las
variables en los
cuatro siglos posteriores han sido relativamente escasas. En ese lapso
nos encontramos con
excelentes cabalistas, pero las obras de referencia en general
continúan siendo las anteriores al Siglo XVII.
Otro aspecto al que debemos de hacer alusión es el de los cabalistas
cristianos. La Cábala
rebasó su tradicional cauce judaico para ser adoptada también por
personas que no profesaban esa religión. Dejó de pertenecer
exclusivamente al pueblo judío para ser patrimonio de la humanidad,
como lo son todas las obras extraordinarias que con independencia de
su
cuna deben de poder ser compartidas por todos aquellos que sean
merecedores, sin la intromisión de mezquinos egoísmos, pero
manteniendo siempre la debida consideración a sus orígenes. Ya en el
Siglo XIII Ramón Lluil establece un primer, e importante, contacto con
la sabiduría secreta hebrea. Después vendrían Pico della Mirandola,
Johan Reuchlin, Cornelio Agrippa, Robert Fludd, Lenain, Von Helmont,
Knor von Rosenroth, Alphonse L. Constant (Eliphas Levi), Martínez de
Pascual, y tantos otros que contribuyeron a su difusión en el ámbito
cristiano.
Hoy —como fue ayer y será mañana— los cabalistas se esfuerzan por
mejorar a la humanidad, tratando de elevarla a fin de que se aproxime
a su Creador. Por extraño que pueda
parecer no es un empeño estéril, se obtienen logros muy alentadores.
Sin embargo
en esta tarea deberíamos de colaborar todos, incluyéndonos los
masones , por lo que nos va en ello, pues el ‘trabajar para el futuro’
no debe de circunscribirse solamente al aspecto material, sino
dirigirlo de manera prioritaria hacia el espiritual

Alcoseri
http://groups.google.com/group/secreto-masonico
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