Invierno 1221 DC

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JJGB

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Jan 14, 2015, 12:05:00 PM1/14/15
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El sacrificio de Prometeo.


“Prometeo superaba a sus hermanos en astucia. No temía a los dioses y fue capaz de engañar mas de una vez a Zeus el dios de los dioses”


La pequeña Geraldine abría con gran admiración sus ojos a la luz de la fogata mientras escuchaba sin perder detalle.


“Fue el quien entrego el fuego a la humanidad, eso es lo que decían los helenos”


-¿Por que entrego algo que se obtiene de las tormentas?- Se pregunto Geraldine en voz alta sin darse cuenta.


Todos los hombres sentados alrededor del alfaqui se levantaron furiosos y sorprendidos, no solo era un infante quien escuchaba el conocimiento también era mujer.


Uno de los hombres levanto la mano para abofetear a la pequeña kafir que se había colado en el campamento.


El alfaqui detuvo al hombre reprendiéndolo.


Invito a la pequeña ifrany a sentarse a lado de la fogata, la niña estaba a punto de congelarse.


“El fuego que entrego Prometeo no es como fuego que nos calienta en este momento pequeña, lo que entrego el titán a los hombres fue el conocimiento”


-¿Por que le llamas fuego entonces?-


Porque puede brindarnos calidez y seguridad o puede consumirnos hasta dejar solo cenizas de nosotros...


El viejo musulmán no pudo terminar su frase, una turba iracunda cerco el campamento, acusándolos de herejía y robarse a la pequeña Geraldine para rituales blasfemos.


Los hombres lucharon valientemente pero poco pudieron hacer ante la turba que les superaba en número.


El anciano viendo el final y sabiendo que sus documentos tendrían el mismo destino que los escritos de Alejandría, enrollo el pergamino que momentos antes leía y se lo dio a la niña.


“Nunca permitas que el fuego se Prometeo se apague...”


Fue todo lo que pudo decir antes de que un palo partiera su cráneo.


La niña vio con impotencia como ese hombre sabio de piel oscura era linchado por una turba ignorante y quemado aun con vida.


Geraldine abrió sus ojos, sola en la oscuridad infinita del desierto. Hacia casi dos siglos y medio de estos recuerdos y permanecían frescos. Tardo un poco en percatarse de las lagrimas de sangre que escurrían por sus mejillas.


Nunca había lamentado tanto la perdida de otro ser humano y ciertamente no la había vuelto a sentir. No sintió dolor cuando su madre la dejo casi muerta por haber aprendido a leer y a escribir espiando a los monjes.


Tampoco lo sintió cuando observo a detalle y sin ningún tipo de remordimiento como su familia moría lentamente a causa de la plaga.


Ella solo deseaba saber, fue ese deseo el que la trajo al mundo de los condenados. Fue su sire quien la trajo de vuelta a este mundo después de haber sido quemada en una hoguera acusada de brujería. Ciertamente no había sido buena idea dejar en ridículo al obispo demostrando que ella tenía un mejor dominio y conocimiento de las escrituras, tampoco lo fue el empezar a enseñar a los niños a leer y escribir.


¿Pero de que otro modo podía mantener vivo el fuego de Prometeo?

Se lo debía al viejo alfaqui, se lo debía a todos aquellos humanos que habían dado sus vidas para mantener viva la llama del fuego de Prometeo.


Ahora como uno de los condenados se daba cuenta que la especie humana no era digna de un sacrificio así, los humanos son frágiles y viven poco.


Sin embargo el fuego debía ser arrebatado a los dioses y poseído por los verdaderamente dignos, Geraldine se dio cuenta que aun necesitaba mucho para arrebatar ese don, su alma aun estaba fragmentada y deshecha. Hacía mas de 100 años de su visita a Jerusalén y aun sentía el poder divino desquebrajando su ser.


Se prometió que no volvería a ser tan soberbia y confiada, ese poder sería suyo pero no se comportaría nuevamente de forma tan intempestiva. Después de todo ahora compartía la inmortalidad de los dioses y tenía la eternidad para reclamar el don.


“¿Estas segura que aun deseas hacerlo?”


La fría voz que interrumpió sus pensamientos era antigua, tan antigua para haber atestiguado la creación del primer símbolo, de la primera letra.


-Si no lo hacemos, no habrá a quien heredar el don que sera arrebatado a los dioses- Murmuro la no-muerta


“¿No eres tu, quien sostiene que la humanidad no es digna del conocimiento?”


-No lo es- respondió Geraldine, -Por lo tanto es tiempo de una nueva humanidad- dijo mientras levantaba la mano dando la señal de partida al ejercito que había formado en el ultimo siglo.


13,000 hombres, 1,000 hombres por ciudad serían suficientes. Temuyin y sus bárbaros estaban a las puertas y solo tenían una oportunidad.

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