UNA ESPIRAL DE COBARDÍA Y VIOLENCIA

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Ricardo Rabinovich-Berkman

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Dec 15, 2025, 7:51:04 AM12/15/25
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El ataque de ayer, en Australia, 
a personas que celebraban una fiesta judía, 
entronca dentro del crecimiento del antisemitismo, 
que, como una enfermedad latente, no desaparece, 
espera ocasiones propicias para salir a la luz, 
busca pretextos que justifiquen la violencia. 

Quizás se haya abierto un camino, 
ahora, hacia la tan ansiada paz en Medio Oriente, 
por la vía de los dos Estados, que es, al fin y al cabo, 
aquella que formularon las Naciones Unidas en 1947. 

Si de verdad importa que terminen las masacres, 
deben acabar de una vez todas las agresiones, 
no sólo estas atrocidades como la de Sidney, 
sino todas, inclusive las de palabra.

¿Es posible? Si, después del Holocausto, 
que no tiene equivalente en toda la historia, 
hoy Alemania e Israel son amigos y aliados, 
¿porqué no pensar que puedan llegar a serlo, 
en un futuro no tan lejano, estos dos pueblos?

Duelen los episodios de violencia sanguinaria, 
como el de ayer en Australia. Pero, muchísimo más, 
generan una lacerante preocupación las reacciones, 
en las llamadas "redes sociales" y en los comentarios, 
que justifican o directamente elogian estos hechos.

En definitiva, los asesinos de Sidney fueron dos, 
probablemente enfermos mentales severos, 
pero estos otros son miles, desde sus hogares, 
personas corrientes, buenos vecinos, docentes, profesionales.

La tecnología, al permitir, fomentar y garantizar el anonimato,    
ha generado las sociedades más cobardes de la historia, 
donde la bajeza ha llegado a niveles nunca alcanzados antes, 
facilitando el insulto, la agresión gratuita, las mentiras,
la discriminación irresponsable y todas las infamias, 
en un clima de aceptación general y normalidad.

Es increíble que no nos percatemos del incentivo, colosal,
que se le da a la violencia, de las palabras y los hechos,
por medio de esta institucionalización de la cobardía.
Los mismos gobiernos no dudan en emplearla, 
cuando les conviene. Y ha alterado, en su auge, 
los propios cimientos de los sistemas democráticos, 

Hemos dado lugar a sociedades agresivas como nunca, 
donde el improperio enmascarado es el pan de cada día, 
y la libertad es esgrimida como excusa para arrojar piedras, 
con la tranquilidad cobarde de quien esconde la mano.

Es esencial e impostergable trabajar sobre esto.
Los medios masivos deberían impedir el anonimato en los comentarios.
Las "redes sociales" deberían exigir identificación por nombre y apellido, 
quizás con la salvedad exclusiva para personas en real estado de riesgo.
Los gobiernos deberían abstenerse de usar estos recursos como apoyo.

Detener la espiral de violencia en que se encuentra el mundo es, 
me temo, imposible a estas alturas, o extremadamente difícil al menos.
Es obvio que las acciones que se requieren para ello son más grandes.
Pero todo lo que se pueda hacer para bajar los decibeles de agresión, 
empezando por medidas concretas y sencillas, debe hacerse.

Antes de que sea demasiado tarde...

Fraternalmente,
Ricardo

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