
A
menudo, alguna de ellas tiene un aspecto delicado y muestra tal
delgadez que lo único que uno se puede preguntar es si será anoréxica.
Tengo que admitir que, aunque me siento muy orgullosa de
Madam CJ Walker
como inventora (creó una línea completa de productos para el cabello,
entre ellos crema alisadora), su invento en especial no me conmueve.
Bueno, tal vez si volviéramos a aquellos años, entenderíamos que lo
normal era… plancharse el pelo para parecerse al opresor con el fin de
parecer menos “salvaje”… No lo sé.
Yo, por mi parte, tengo un serio problema: no entiendo por qué las mujeres negras de todo el mundo hemos aceptado seguir el canon de belleza que se nos ha impuesto.
A lo largo de todo el continente africano, las mujeres se devanan los
sesos bien utilizando productos para alisar el cabello o bien dañándolo
con pelo postizo. Si ponemos, por ejemplo, a diez mujeres en una
habitación, nueve de ellas tienen el pelo sintético. Sencillamente, esto
es algo que no tiene ningún sentido. Sobre todo cuando les sucede a las
mujeres africanas. De verdad, piénsenlo. Cuando se ponen extensiones,
las mujeres de color trenzan su pelo natural y luego cosen o pegan sobre
él una cola de caballo hecha con pelo artificial o natural de otra
mujer. Piensen en ello detenidamente. ¿Tiene algún sentido ponerse extensiones?
¿Qué le pasa a una raza para odiarse tanto a sí misma como para llegar
al extremo de querer ocultar su aspecto? Ponerse extensiones o alisarse
el pelo no es solamente una forma de elegir un peinado.
Es
un asunto profundamente grave que transmite al resto del mundo que el
pelo rizado de las mujeres africanas es feo y que, por lo tanto, no hay
que mostrarlo. Aun así, por si no tuviéramos bastante con las mujeres
adultas que desean esconder el cabello que Dios les ha dado, es bastante
frecuente ver numerosas niñas con el pelo alisado. Incluso hay algunas
madres que van más lejos y se ponen extensiones de pelo de sus propias
hijas. Pero, ¿cómo es posible que no se den cuentan del daño físico y
emocional que les están causando? La mayoría de nosotros nos hemos
quedado en ocasiones impresionados cuando hemos visto fotografías de la
supermodelo Naomi Campbell con el pelo estropeado por llevar extensiones
durante años y años.

Para
mí, la culpa de todo esto la tienen los organizadores de concursos de
belleza, las agencias de publicidad, los productores de videoclips, las
agencias de modelos, etc. Quiero decir, ¿alguna vez se ha visto en un certamen de belleza, incluso en África, una participante peinada con pelo natural?
Cuando (asiduamente) las revistas occidentales más conocidas publican
la lista de “las mujeres más guapas del mundo” ¿cuántas tienen rasgos
negros y llevan un peinado natural? Si una mujer negra forma parte de
alguna de esas listas, es más probable que la elegida sea Tyra Banks
antes que Tracy Chapman. Las mujeres negras hemos permitido al mundo
decirnos que si queremos peinarnos con nuestro pelo natural, ya no
triunfaremos en la vida. En muchos campos, desde la industria de la
música hasta los tribunales de justicia, los peinados con pelo natural
están considerados como algo aborrecible.
Recuerdo
una ocasión en que una amiga vino a visitarme a Ghana. A pesar de que
le gustaba la forma en que me arreglaba el cabello, a ella le daba miedo
peinarse de “forma natural” porque se sentía como una abogada en Gran
Bretaña: nadie la tomaba en cuenta. Me quedé pasmada. A diario me
encuentro con mujeres que admiran mi pelo rizado, pero me dicen que
ellas no se atreven a llevarlo de manera natural porque sus maridos, sus
novios, su familia, sus amigos y sus compañeros de trabajo las
rechazarían. Se me parte el corazón cuando pienso que una mujer que
elige pegarse una cola de caballo de pelo artificial sobre su cabeza
gusta más que otra que prefiere peinarse con su pelo natural. Cada día animo a las mujeres que se inclinan por la opción del peinado natural. No tienen por qué ser rastas.
Una mujer tiene muchas otras opciones donde elegir, siempre y cuando
sea un natural. Además, depende de cada una de nosotras adoptar nuestra
propia imagen.
Nosotras
mismas, como mujeres negras, tenemos que tener la valentía suficiente y
la capacidad necesaria para poder llevar nuestro pelo rizado natural.
Sin embargo, mientras algunas mujeres tan mediáticas como Beyoncé y
Oprah Winfrey decidan “ir naturales”, más tiempo se tardará en acabar
con el estereotipo sobre la belleza femenina negra. Hasta parece que cuanto más éxito tiene una mujer negra, más largo y liso es su cabello.
Todo esto también puede aplicarse al color de nuestra piel y a otras
características de nuestros cuerpos. Si no me creen, solamente tienen
que mirar a cantantes como Mary J. Blige o Janet Jackson. Comparen por
ejemplo las portadas de sus primeros álbumes con las más recientes y no
me digan que estas mujeres no se han sometido a una cirugía plástica de
nariz para tener una imagen más europea. Es algo totalmente vergonzoso.
Además, es un insulto no solo a Dios sino a la verdadera esencia de la
mujer negra como ser humano.
En
realidad, no sé qué es peor. Si el síndrome del todo falso (pelo
sintético, pestañas postizas, uñas acrílicas, lentillas de colores para
los ojos), o el blanqueamiento de la piel. Resulta sorprendente la
cantidad de productos que existen en el mercado para “aclarar el tono de
la piel”. Pero más sorprendente aún es que algunos gobiernos africanos
permitan que se instalen enormes vallas publicitarias anunciando
blanqueadores de piel. Me consta que en ciertos países como Senegal, el
valor de una mujer se mide por la blancura de su piel. Es indecente.
¿Se
han sentado alguna vez al lado de una mujer con la cara blanqueada? Su
apariencia no es solamente la de un ser humano al que le han aplicado la
técnica de teñido tie-dye,
sino que además huele terriblemente mal. Imaginen el olor de la piel
quemada y así sabrán a qué huele una mujer con la piel blanqueada.
Repugnante. En realidad, lo que me parece fascinante es que cuando una
mujer así se mira en el espejo no ve otra cosa que una imagen bella que
le devuelve la mirada. Si yo me blanqueara la piel, ¡me daría tanta
vergüenza salir de casa convertida en un simple Bubu! Una vez más tengo que decir que, personalmente, el blanqueamiento de la piel me parece un insulto a Dios.
Mujeres negras: tenemos que detener este movimiento. Tenemos que acabar con un mito de belleza que está basado en una falsedad.
Tenemos que dejar de comprar revistas de belleza que solamente publican
imágenes de mujeres que no tienen nada que ver con nosotras. El mundo
entero tiene que saber que no somos menos inteligentes sencillamente
porque nos peinemos con nuestro pelo rizado. Nuestras abogadas han de
poder celebrar juicios peinadas con su pelo natural. No creo que una
mujer sea mejor abogada solo porque se ponga pelo sintético. Nuestros
profesores tienen que defender a las estudiantes que llevan peinados
naturales y hacer ver a los niños que las profesoras que se peinan con
su pelo natural están tan capacitadas para enseñar como las que llevan
extensiones.
Las
ejecutivas que ocupan posiciones de poder y son las encargadas de tomar
decisiones tienen que ir a trabajar con peinados de su propio pelo. Las
presentadoras de televisión, las actrices, los músicos, etc. tienen que
aparecer en pantalla peinadas con su pelo natural.
No creo que si Beyoncé, Mary J. Blige, Janet Jackson y otras muchas cantantes
eligieran peinarse con su pelo natural fueran a desaprovechar su
habilidad para cantar. Tampoco Oprah Winfrey perdería su popularidad. Y
no me parece que las hermanas Williams puedan perder un partido de tenis
solo por el hecho de llevar su pelo natural. Con franqueza, lo que yo
pienso es que hay una industria musical dirigida por el hombre blanco
que controla a artistas como Beyoncé. Con todo, las que no tienen ningún
tipo de excusa son las tenistas del tipo de las hermanas Williams.
Desde luego, sería muy reconfortante que, ante el crecimiento de
Nollywood, las actrices nigerianas tomaran la iniciativa y se negaran a
cumplir con el ideal occidental de belleza femenina. Pero, ¿en verdad
son tan liberales como para actuar de ese modo?

En
cuanto a mí, apenas recuerdo la última vez que me puse crema para
desrizar mi cabello. Bueno, en realidad me estoy acordando ahora. Desde
que tenía quince años he llevado siempre mi pelo de forma natural. En
aquella época, sin embargo, solía ponerme extensiones sobre mi pelo
natural rizado. Durante mi último año en la universidad, me di cuenta de
que llevar rizos era igual que llevar trenzas. Así que, después de
graduarme, decidí que nunca más me trenzaría el pelo sino que lo dejaría
rizado. Cuando cumplí 25 años llegué a Ghana con mi cabeza llena de
rizos. La gente me miraba horrorizada. ¿Me había vuelto loca? ¿Acaso me
había convertido en una “sacerdotisa fetichista”?
Me
quité los rizos un año después. Pero aún así preferí peinarme con mi
pelo natural. En esa ocasión, lo llevaba corto. Pero, a pesar de las
presiones, no me veía a mi misma alisándome el pelo o poniéndome
extensiones. Siete años después, me dejé influenciar. Miraba a mí
alrededor y observaba que todas las mujeres se alisaban el cabello o se
ponían pelo sintético. Por consiguiente, a mis 32 años, hice lo que no
había hecho desde que tenía 15 años… me amoldé, y empecé a alisármelo.
En aquel momento, todo el mundo me lisonjeaba por lo guapa que estaba.
Incluso alguien llegó a sugerirme que si me blanqueaba un poquito la piel estaría aun mucho más guapa.
Esos comentarios me enojaron bastante. Además, me enfadé conmigo misma
por haberme dejado influenciar y decidí no retocar más mi pelo y volver a
mis maravillosos rizos.
Desde
que tenía 15 años, he sabido que el único estilo que me sentaba bien
era llevar mi pelo natural rizado. A medida que he madurado y me he
aceptado a mí misma como mujer negra y hermosa, no necesito que nadie me
diga que si me pongo pelo sintético, me aliso el cabello y me blanqueo
la piel, seré mucho más guapa y más feliz.
En fin, estas son solo algunas reflexiones de una mujer africana común y corriente.
Traducción de Virginia Solans