La mujer negra y el mito de la belleza (1) Akua Djanie (Ghana) www.elpais.com

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Maura Nasly Mosquera

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May 3, 2014, 7:47:34 AM5/3/14
to Reparación Integral Afrocolombiana, AFROAMERICA XXI, MujeresAfro

La mujer negra y el mito de la belleza (1)

Por: | 10 de diciembre de 2013
Por Akua Djanie (Ghana)
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Imágenes de la página de Facebook African fashion. 
Cuando visité por primera vez Sudáfrica, una de las cosas que me llamó la atención y me encantó fue el pelo de las mujeres negras. Las mujeres sudafricanas se mostraban orgullosas de llevar su cabello con distintos tipos de estilos. Desde rastas hasta cortes de pelo corto; peinados tipo afro con aspecto limpio o trenzas. Así que, se pueden imaginar la impresión que me llevé cuando unos años después regresé y encontré que habían aparecido por doquier numerosas tiendas que vendían pelo sintético. Pude imaginar que, al igual que la mayoría de las mujeres africanas, las sudafricanas también se habían subido al carro de la “belleza” femenina. ¡Oh, se me partió el corazón!
Ya lo ven. Desde hace mucho tiempo las mujeres africanas hemos permitido a Occidente decirnos cómo debe ser una mujer para estar guapa. Si tenemos en cuenta a las mujeres que participan en certámenes de belleza, en campañas de publicidad o videoclips; si nos fijamos en las modelos que desfilan en una pasarela, en aquellas que adornan las portadas de las revistas, en las actrices famosas, las cantantes, las deportistas y en las caras famosas de la televisión, observaremos entonces que el prototipo de belleza femenina es tener el pelo largo y liso.
 
 
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A menudo, alguna de ellas tiene un aspecto delicado y muestra tal delgadez que lo único que uno se puede preguntar es si será anoréxica. Tengo que admitir que, aunque me siento muy orgullosa de Madam CJ Walker como inventora (creó una línea completa de productos para el cabello, entre ellos crema alisadora), su invento en especial no me conmueve. Bueno, tal vez si volviéramos a aquellos años, entenderíamos que lo normal era… plancharse el pelo para parecerse al opresor con el fin de parecer menos “salvaje”… No lo sé.
Yo, por mi parte, tengo un serio problema: no entiendo por qué las mujeres negras de todo el mundo hemos aceptado seguir el canon de belleza que se nos ha impuesto. A lo largo de todo el continente africano, las mujeres se devanan los sesos bien utilizando productos para alisar el cabello o bien dañándolo con pelo postizo. Si ponemos, por ejemplo, a diez mujeres en una habitación, nueve de ellas tienen el pelo sintético. Sencillamente, esto es algo que no tiene ningún sentido. Sobre todo cuando les sucede a las mujeres africanas. De verdad, piénsenlo. Cuando se ponen extensiones, las mujeres de color trenzan su pelo natural y luego cosen o pegan sobre él una cola de caballo hecha con pelo artificial o natural de otra mujer. Piensen en ello detenidamente. ¿Tiene algún sentido ponerse extensiones? ¿Qué le pasa a una raza para odiarse tanto a sí misma como para llegar al extremo de querer ocultar su aspecto? Ponerse extensiones o alisarse el pelo no es solamente una forma de elegir un peinado.
Es un asunto profundamente grave que transmite al resto del mundo que el pelo rizado de las mujeres africanas es feo y que, por lo tanto, no hay que mostrarlo. Aun así, por si no tuviéramos bastante con las mujeres adultas que desean esconder el cabello que Dios les ha dado, es bastante frecuente ver numerosas niñas con el pelo alisado. Incluso hay algunas madres que van más lejos y se ponen extensiones de pelo de sus propias hijas. Pero, ¿cómo es posible que no se den cuentan del daño físico y emocional que les están causando? La mayoría de nosotros nos hemos quedado en ocasiones impresionados cuando hemos visto fotografías de la supermodelo Naomi Campbell con el pelo estropeado por llevar extensiones durante años y años.

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Para mí, la culpa de todo esto la tienen los organizadores de concursos de belleza, las agencias de publicidad, los productores de videoclips, las agencias de modelos, etc. Quiero decir, ¿alguna vez se ha visto en un certamen de belleza, incluso en África, una participante peinada con pelo natural? Cuando (asiduamente) las revistas occidentales más conocidas publican la lista de “las mujeres más guapas del mundo” ¿cuántas tienen rasgos negros y llevan un peinado natural? Si una mujer negra forma parte de alguna de esas listas, es más probable que la elegida sea Tyra Banks antes que Tracy Chapman. Las mujeres negras hemos permitido al mundo decirnos que si queremos peinarnos con nuestro pelo natural, ya no triunfaremos en la vida. En muchos campos, desde la industria de la música hasta los tribunales de justicia, los peinados con pelo natural están considerados como algo aborrecible.
Recuerdo una ocasión en que una amiga vino a visitarme a Ghana. A pesar de que le gustaba la forma en que me arreglaba el cabello, a ella le daba miedo peinarse de “forma natural” porque se sentía como una abogada en Gran Bretaña: nadie la tomaba en cuenta. Me quedé pasmada. A diario me encuentro con mujeres que admiran mi pelo rizado, pero me dicen que ellas no se atreven a llevarlo de manera natural porque sus maridos, sus novios, su familia, sus amigos y sus compañeros de trabajo las rechazarían. Se me parte el corazón cuando pienso que una mujer que elige pegarse una cola de caballo de pelo artificial sobre su cabeza gusta más que otra que prefiere peinarse con su pelo natural. Cada día animo a las mujeres que se inclinan por la opción del peinado natural. No tienen por qué ser rastas. Una mujer tiene muchas otras opciones donde elegir, siempre y cuando sea un natural. Además, depende de cada una de nosotras adoptar nuestra propia imagen.
Nosotras mismas, como mujeres negras, tenemos que tener la valentía suficiente y la capacidad necesaria para poder llevar nuestro pelo rizado natural. Sin embargo, mientras algunas mujeres tan mediáticas como Beyoncé y Oprah Winfrey decidan “ir naturales”, más tiempo se tardará en acabar con el estereotipo sobre la belleza femenina negra. Hasta parece que cuanto más éxito tiene una mujer negra, más largo y liso es su cabello. Todo esto también puede aplicarse al color de nuestra piel y a otras características de nuestros cuerpos. Si no me creen, solamente tienen que mirar a cantantes como Mary J. Blige o Janet Jackson. Comparen por ejemplo las portadas de sus primeros álbumes con las más recientes y no me digan que estas mujeres no se han sometido a una cirugía plástica de nariz para tener una imagen más europea. Es algo totalmente vergonzoso. Además, es un insulto no solo a Dios sino a la verdadera esencia de la mujer negra como ser humano.
En realidad, no sé qué es peor. Si el síndrome del todo falso (pelo sintético, pestañas postizas, uñas acrílicas, lentillas de colores para los ojos), o el blanqueamiento de la piel. Resulta sorprendente la cantidad de productos que existen en el mercado para “aclarar el tono de la piel”. Pero más sorprendente aún es que algunos gobiernos africanos permitan que se instalen enormes vallas publicitarias anunciando blanqueadores de piel. Me consta que en ciertos países como Senegal, el valor de una mujer se mide por la blancura de su piel. Es indecente.
¿Se han sentado alguna vez al lado de una mujer con la cara blanqueada? Su apariencia no es solamente la de un ser humano al que le han aplicado la técnica de teñido tie-dye, sino que además huele terriblemente mal. Imaginen el olor de la piel quemada y así sabrán a qué huele una mujer con la piel blanqueada. Repugnante. En realidad, lo que me parece fascinante es que cuando una mujer así se mira en el espejo no ve otra cosa que una imagen bella que le devuelve la mirada. Si yo me blanqueara la piel, ¡me daría tanta vergüenza salir de casa convertida en un simple Bubu! Una vez más tengo que decir que, personalmente, el blanqueamiento de la piel me parece un insulto a Dios.
JANET-JACKSONMujeres negras: tenemos que detener este movimiento. Tenemos que acabar con un mito de belleza que está basado en una falsedad. Tenemos que dejar de comprar revistas de belleza que solamente publican imágenes de mujeres que no tienen nada que ver con nosotras. El mundo entero tiene que saber que no somos menos inteligentes sencillamente porque nos peinemos con nuestro pelo rizado. Nuestras abogadas han de poder celebrar juicios peinadas con su pelo natural. No creo que una mujer sea mejor abogada solo porque se ponga pelo sintético. Nuestros profesores tienen que defender a las estudiantes que llevan peinados naturales y hacer ver a los niños que las profesoras que se peinan con su pelo natural están tan capacitadas para enseñar como las que llevan extensiones.
Las ejecutivas que ocupan posiciones de poder y son las encargadas de tomar decisiones tienen que ir a trabajar con peinados de su propio pelo. Las presentadoras de televisión, las actrices, los músicos, etc. tienen que aparecer en pantalla peinadas con su pelo natural.
No creo que si Beyoncé, Mary J. Blige, Janet Jackson y otras muchas cantantes eligieran peinarse con su pelo natural fueran a desaprovechar su habilidad para cantar. Tampoco Oprah Winfrey perdería su popularidad. Y no me parece que las hermanas Williams puedan perder un partido de tenis solo por el hecho de llevar su pelo natural. Con franqueza, lo que yo pienso es que hay una industria musical dirigida por el hombre blanco que controla a artistas como Beyoncé. Con todo, las que no tienen ningún tipo de excusa son las tenistas del tipo de las hermanas Williams. Desde luego, sería muy reconfortante que, ante el crecimiento de Nollywood, las actrices nigerianas tomaran la iniciativa y se negaran a cumplir con el ideal occidental de belleza femenina. Pero, ¿en verdad son tan liberales como para actuar de ese modo?
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Dibujo de la poeta y activista sudafricana Lebo Mashile.
En cuanto a mí, apenas recuerdo la última vez que me puse crema para desrizar mi cabello. Bueno, en realidad me estoy acordando ahora. Desde que tenía quince años he llevado siempre mi pelo de forma natural. En aquella época, sin embargo, solía ponerme extensiones sobre mi pelo natural rizado. Durante mi último año en la universidad, me di cuenta de que llevar rizos era igual que llevar trenzas. Así que, después de graduarme, decidí que nunca más me trenzaría el pelo sino que lo dejaría rizado. Cuando cumplí 25 años llegué a Ghana con mi cabeza llena de rizos. La gente me miraba horrorizada. ¿Me había vuelto loca? ¿Acaso me había convertido en una “sacerdotisa fetichista”?
Me quité los rizos un año después. Pero aún así preferí peinarme con mi pelo natural. En esa ocasión, lo llevaba corto. Pero, a pesar de las presiones, no me veía a mi misma alisándome el pelo o poniéndome extensiones. Siete años después, me dejé influenciar. Miraba a mí alrededor y observaba que todas las mujeres se alisaban el cabello o se ponían pelo sintético. Por consiguiente, a mis 32 años, hice lo que no había hecho desde que tenía 15 años… me amoldé, y empecé a alisármelo. En aquel momento, todo el mundo me lisonjeaba por lo guapa que estaba. Incluso alguien llegó a sugerirme que si me blanqueaba un poquito la piel estaría aun mucho más guapa. Esos comentarios me enojaron bastante. Además, me enfadé conmigo misma por haberme dejado influenciar y decidí no retocar más mi pelo y volver a mis maravillosos rizos.
Desde que tenía 15 años, he sabido que el único estilo que me sentaba bien era llevar mi pelo natural rizado. A medida que he madurado y me he aceptado a mí misma como mujer negra y hermosa, no necesito que nadie me diga que si me pongo pelo sintético, me aliso el cabello y me blanqueo la piel, seré mucho más guapa y más feliz.
En fin, estas son solo algunas reflexiones de una mujer africana común y corriente.
Traducción de Virginia Solans
Ver aquí una versión de este texto en inglés  publicado por la autora en su columna habitual titulada Reflections of an ordinary woman en la revista New African Magazine
 
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