Con el nombramiento de Pedro Cateriano como
presidente del Consejo de Ministros se inicia la pre campaña electoral del
2016. Si entre Keiko y Alan García se suma el 45 % de la intención de voto en una hipotética
primera vuelta, y estos
además han sido los más vapuleados en las intervenciones de Cateriano como Ministro
de Defensa, no cabe duda que se dibuja un primer campo de confrontación de cara
al próximo año. Completando el top tres
de los presidenciables, PPK con 16 % de apoyo y sin bancada en el congreso
podría cosechar simpatías (o evitar antipatías) al mantenerse lejos de este
campo minado, como quien mira desde el balcón mientras recorre regiones
reclutando personalidades y agrupaciones para su proyecto político. En
paralelo, este mismo congreso ya ha citado por tercera vez al alcalde Castañeda
antes de cumplir sus cien primeros (y poco productivos) días a la cabeza de la
Municipalidad de Lima, y frente a su bajón de once puntos en las encuestas, su partido sorprendentemente
culpa al gobierno por no darle su apoyo al buen Lucho.
Hasta aquí, lo que sucede en el lado derecho de
nuestra política criolla, desde la derecha descarada hasta la populista. ¿Y qué
pasa al otro extremo?
Son varias las reuniones, en cafés, locales
partidarios y oficinas congresales, que se han venido realizando con miras a
gestar un solo proyecto político de izquierda o progresista. A diferencia de mejores
épocas, no hay de por medio grandes hechos de masas o debates movilizadores que
ayuden a sellar la tantas veces invocada unidad. Salvo un hecho importante: las
manifestaciones anti ley laboral juvenil. Desde que se logró la derogatoria de
la Ley Nº 30288, se habló con entusiasmo de un recambio generacional que podría
alimentar una izquierda renovada, recogiendo la experiencia organizacional de
las “Zonas” y con el empleo digno como bandera. No parece que ello vaya a
suceder, por lo menos en el corto plazo. Los jóvenes que ya venían militando en
alguno de los partidos que alentaron las marchas, especialmente Tierra y
Libertad, de seguro han incrementado sus bonos al interior de sus
organizaciones pero ello no garantiza nuevos liderazgos, ni mucho menos la
unidad, salvo que desde algún comité de juventudes o desde alguna organización
de cuño estudiantil o juvenil, de Lima o de regiones, se aliente una gran concertación generacional
progresista que podría ser la semilla del frente de centro izquierda que un
sector de la población vería con simpatía ¿Se animarán los jóvenes políticos a
dar ese paso?
En este momento, mientras las diversas
agrupaciones de izquierda llevan a cabo debates internos sobre la conveniencia
o no de ir con uno u otro pre candidato (Yehude Simon, Salomon Lerner, Sergio
Tejada, Susana Villarán), con anuncios y desmentidos en la prensa, todos se esfuerzan por mostrarse
dialogantes y poner a disposición todo lo que tienen en pro del proyecto mayor.
No obstante, lo difícil va ser darle partida de nacimiento a este nuevo
proyecto. No hablo de ponerle un nombre marketero o una frase ganadora a la
criatura. Bastaría con pagar un buen focus group, me dijo un viejo y hoy
pragmático dirigente. Hablo de decir con claridad si la apuesta es por
construir un nuevo partido, armar una alianza o construir un frente.
Para la mayoría de los que voten el 2016, eso no
significará nada (¿cuántos de los que votaron por Ollanta en el 2011 saben que
no fue por el Partido Nacionalista sino por la Alianza Electoral Gana Perú?).
Sin embargo, para los que nos sentimos parte de una organización no resulta
fácil desligarse de una identidad y una historia para asumir los activos y
pasivos de un nuevo nombre y las condiciones de una nueva estructura. ¿Todo sea
por la Unidad? Puede ser pero eso nos lleva a la siguiente pregunta ¿Unidad
para qué? ¿Sólo para una elección?
Tal vez sea tiempo de poner sobre la mesa todos
los programas (me resisto a hablar de ideologías), desde los de seguridad
ciudadana (si los hay), hasta los de inversión privada, diversificación
productiva y protección del ambiente para que las bases en todo el país y la
nueva generación de políticos los discuta. Solo si hallamos coincidencias
sustantivas en esos puntos, y no en la pureza de nuestros aliados o en bellos
conjuros, valdrá la pena unirse.