Dos grandes problemas de gestión tienen que ver con la mirada estratégica y con la operatividad de éstas. Muchas veces –casi siempre- ambas caminan separadas y hasta en sentidos opuestos, por un lado los grandes lineamientos y mirada de país y por otro la parte de ejecución operativa.
En el país se vienen impulsando las reformas del estado teniendo en cuenta justamente estas dos debilidades: el qué se quiere y cómo puede hacerse. Tanto el proceso de descentralización, más allá de las críticas y “fallas” que puedan tener- , nos da el marco para que el estado se acerque al ciudadano desde su propio territorio y el proceso de modernización, nos da elementos claves para operar este acercamiento al mismo territorio para brindar resultados concretos al ciudadano.
Para ello es importante poder contar con tres grandes líneas:
Un primer elemento, es tener claridad del horizonte. Para ello las orientaciones deben estar plasmadas en políticas, programas y proyecto. Y ello debe ser logrado a través de los tomadores de decisión. Aquí juega un rol importante la política para generar acuerdos, consensos y disensos propios de un país diverso y que tienen que coordinar y articular esfuerzos entre los tres niveles de gobierno (nacional, regional y local).
Un segundo elemento, para poder implementar estas decisiones son las instituciones públicas. Para ello en cada nivel de gobierno (ministerios, gobiernos regionales, gobiernos locales, instancias intermedias de gestión, entre otras) deben consolidarse y fortalecerse. Tienen que adecuar sus estructuras, sus documentos de gestión, sus instrumentos y herramientas, para que sus procesos en la provisión del servicio público sea de calidad y generar valor público- resultados- satisfaciendo así al ciudadano.
Un tercer elemento, son los servidores públicos –las personas- quienes dan soporte a las instituciones y tienen que dar marcha a todo el aparato estatal. Para ello tienen que fortalecer sus capacidades acorde a las exigencias de la gestión pública, es decir, lograr que ésta sea ágil, eficiente y trasparente. Ello implica que mejoren sus desempeños y que no debe ser visto sólo como capacitaciones, sino como la mejora permanente del desempeño institucional.
Por eso el gran reto de la gestión pública es articular y “jugar en pared” con estos tres elementos, ya que la primera te brinda el marco político y las políticas, la segunda, la institucionalidad y la tercera es sostenida por los servidores públicos. Si se logra armonizar estos elementos podemos generar cambios sustanciales en la gestión y por ende en la mejora del servicio público que se brinda a los ciudadanos.