Iglesia Palabra Pura

0 views
Skip to first unread message

Ramya Bradbury

unread,
Aug 5, 2024, 12:38:58 PM8/5/24
to remppevoultio
LaSemana Santa es el punto culminante de las celebraciones cristianas. La Iglesia, desde el Mircoles de Ceniza, a lo largo de la Cuaresma, ha venido preparndose para el Triduo Pascual en el que cada ao conmemora los misterios centrales de la fe. Misterios cuya contemplacin excede tanto la pura racionalidad que quienes han gozado de talento artstico han creado obras cimeras de cultura humana. Todas las bellas artes -escultura, pintura, msica, literatura- han competido en dar el do de pecho para plasmar, en lucha con lo inefable, lo que se celebra en estos das: la Pasin, Muerte y Resurreccin de Jesucristo.

Si quien est llamada a contemplar y asombrarse es la persona en su integridad, con todo el corazn, con toda la mente, con todas las fuerzas (Marcos 12, 30), tambin con sus sentidos y emociones, ningn cauce mejor que la palabra potica, el ms alto resplandor del lenguaje (Ivonne Bordelois), con su poder de conmover e impresionar de un modo casi fsico (Jorge Luis Borges).


Anloga intensidad emocional despierta el annimo soneto No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido;/ ni me mueve el infierno tan temido/ para dejar por eso de ofenderte; o el de Rafael Snchez Mazas: Delante de la Cruz, los ojos mos/ qudenseme, Seor, as mirando/ y, sin ellos quererlo, estn llorando/ porque pecaron mucho y estn fros; y tantos otros poemas que cabra aducir, como el Cristo de la Buena Muerte, de Jos Mara Pemn, la oracin final de El Cristo de Velzquez, de Miguel de Unamuno (T que callas, oh Cristo!, para ornos), o poesas de la Nobel chilena Gabriela Mistral, de Vicente Huidobro o de Ernestina de Champourcin.


No es posible leerlos sin orar. Recitar es, ahora s, por su etimologa, rezar, despojarnos del marchamo de monologuistas con que la costumbre puede llegar tal vez a oxidar nuestros rezos. Decir estos versos equivale a dotar de espesor humano nuestra splica. Es notar que la sangre circula ms de prisa. Orar con los poetas permite sentir en propia carne cmo, en la mejor poesa de todas las pocas, pueden darse cita, a un tiempo, Verdad, Bondad y Belleza; y cmo la poesa -naturalmente, repito, la grande, la excelente- es una de las artes que menos amarillean, segn ha escrito el reciente premio Princesa de Asturias, el poeta polaco Adam Zagajewski.


Antes de escribir esta presentacin, Jos Refugio de la Torre, quien coordin el armado de la seccin temtica de este nmero, nos hizo llegar unas lneas que creemos conveniente transcribir ad verbatim ya que expresan con mucha claridad los lineamientos que siguieron los autores para componer el dossier Devocin, santidad y martirio:


Dentro de la cultura religiosa del cristianismo primitivo, la relacin personal del creyente con Dios se vea favorecida por la mediacin de aquellos humanos que al haber muerto en defensa de la fe se convertan en "amigos de Dios", en intercesores que estaban en posibilidad de franquear las barreras entre el mundo y el orden divino.1 A medida que el culto a los santos gan prominencia durante la Edad Media, la idea de intercesin comenz a asociarse preferentemente con aquellas personas a quienes las iglesias locales reconocan como santos. Al margen de esta evolucin, codificada y ordenada de manera especial en el Concilio de Trento, los ideales cristianos que constituyeron uno de los soportes de la sociedad novohispana desde el siglo XVI reservaban un lugar central para el martirio y la santidad como modelos de peregrinaje en la vida terrena y como efectivos mecanismos de mediacin ante Dios. Sin embargo, esta aparente uniformidad en la necesidad de reconocer los mritos y la capacidad mediadora de los mrtires y los santos guardaba tras de s una enorme complejidad en sus formas de articulacin, circulacin e interlocucin dentro de la sociedad novohispana y mexicana. Los relatos sobre el martirio de miembros de distintas rdenes religiosas, por ejemplo, no solamente mostraban escenas de victimizacin y estoicismo que deban ser asumidas como modelos de entereza y fe para el creyente, sino que en tanto herramientas para la memoria, mostraban la interseccin entre los campos de batalla donde se alzaban los triunfos de diversas corporaciones eclesisticas, grupos humanos y geografas dispares.


El estudio de estos relatos, por lo tanto, trata de establecer los contextos que hacan inteligibles dichas historias atendiendo a la diversidad de autoras y condiciones de circulacin y recepcin que involucraban. En vena similar, el estudio de la promocin del culto a los santos se distancia ahora de la oposicin artificial entre creencias populares y la religin institucionalizada, atendiendo ms bien a las conexiones que en el mbito local permiten que la presencia de lo sagrado sea tangible para los creyentes.


El texto escrito por De la Torre sirve muy bien para poner en su contexto los trabajos de la seccin temtica. Los dos primeros, de Alejandro Caeque y del propio Jos Refugio de la Torre, dedicados a los santos y mrtires franciscanos y jesuitas durante el proceso de poblamiento del septentrin novohispano; y el tercero, de Roberto Aceves vila, que aborda los rastros decimonnicos de algunas prcticas asociadas a la devocin al santo dominico Gonzalo de Amarante, en la Guadalajara del siglo XIX -prcticas como irle a bailar al santo-, que no eran bien vistas por la jerarqua eclesistica.


Sin embargo, y dado el inters que puede suscitar el tema de la cultura de la santidad y martirio, cabra detenernos en esta ltima y traer a colacin una nota al pie del propio texto escrito por De la Torre, en la que cita un interesante trabajo de Concepcin de la Pea Velasco que hace alusin a las races etimolgicas de la palabra martirio. La palabra griega μάρτυρ, - υρος (mrtyr, -yros) significa testigo, y la mencin a la lengua es importante puesto que una buena parte de los textos que se integraron en lo que luego se conocer como Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, estaban escritos en griego. Ya en esta literatura cristiana temprana, el concepto de testigo fue adquiriendo otros significados que devendrn en la nocin posterior de mrtir, pues el ser testigo de Cristo -como se consideraban a s mismos Pedro y el resto de los Apstoles-, no solamente denotaba la accin de proclamar la fe en l sino tambin sufrir en carne propia la persecucin y muerte como la experiment el propio Jesucristo. Padecer suplicio e, incluso, la muerte por proclamar la fe se convierte a la vez en testimonio de esa fe, entrelazamiento semntico que es el ncleo de un discurso donde el martirio se ve con admiracin y con deseos de imitacin. Esto, desde pocas muy tempranas del cristianismo, no dej de provocar ms de un debate en el seno de la Iglesia, a lo que el arzobispo de Constantinopla del siglo IV, san Gregorio Nacianceno, por ejemplo, contest con la sentencia "buscar la muerte es pura temeridad, pero es cobarde renunciar a ella".2


En esta cultura plurisecular del martirio, tanto los miembros de la Compaa de Jess como los franciscanos, en efecto, se caracterizaron por esforzarse en llevar la prdica de la fe entre los indios al lmite, lo cual derivaba casi invariablemente en la muerte de los predicadores. En consecuencia, sus compaeros se dedicaron con gran tesn a construir los martirologios. Ser mrtir, testigo de Cristo, daba mucho prestigio no solamente a la figura del martirizado, pues, sus suplicios eran recogidos en historias que sern contadas de manera constante hasta fijarse en la memoria colectiva por generaciones, sino tambin a las rdenes religiosas a las que pertenecan, o a los descendientes y familiares en el caso tambin de los seculares martirizados, como sucedi con los mrtires de las Alpujarras. La cultura del suplicio voluntario en aras de una creencia, de una idea, es quiz incomprensible a los ojos de un occidental del siglo XXI, pero a la vez tiene races tan profundas que su significado -o una simulacin de su significado- trascendi al mundo cristiano catlico (entre el cristiano ortodoxo el martirio no fue nunca bien visto), para expandirse tanto en el Islam como en el mundo moderno secularizado.


De tal forma, hay quienes consideran mrtires a los muyahidn que se hacen matar en la yihad contra el infiel y se piensa que su accin es bien recibida por Al. El caso extremo aparece constantemente en los peridicos desde hace unas dcadas, en las figuras de los terroristas suicidas que se hacen estallar en medio de las multitudes. En el mbito secularizado est la figura del hroe que defiende la nacin a la que pertenece y su libertad, perfil construido en el mundo occidental de los estados nacionales del siglo XIX. Se trata de mrtires secularizados detrs de cuya inmolacin Dios y la Religin se convierten en la Patria y la Nacin. Y ah est el problema, pues nos hemos acostumbrado a llamarlos mrtires por el sencillo hecho de que se trata de individuos que mueren por una fe o por un ideal aunque distan radicalmente del mrtir jesuita, del franciscano o del de los tiempos de Valeriano. Pero los discursos de ambos extremos reproducen elementos del discurso del martirologio cristiano catlico. Y en este contexto ms amplio, cobran ms relevancia los anlisis pormenorizados de Caeque y De la Torre, ya que ofrecen una articulacin del concepto de martirio (adems del de santidad) a los discursos y prcticas del mundo catlico, lo que permite comprender su particularidad.


Norma Anglica Castillo nos presenta un documento muy interesante. Se trata de un expediente producido tras descubrirse que los responsables de un barco cargado de esclavos que encall en las costas de la Nueva Espaa, en 1636, haban falseado la informacin sobre el cargamento ocultando a varios de ellos. Aunque es una realidad de la que tenemos nocin, el contrabando de esclavos, as como el contrabando de otras muchas mercancas, son fenmenos muy difciles de documentar, de ah la importancia de este expediente.


La seccin general cierra este nmero con tres artculos de temas diversos. Concepcin Lujn, Jess Miguel Olivas y Javier Hernndez muestran que es posible establecer planes de desarrollo comunitarios como alternativa a las polticas de desarrollo institucionalizadas. En este caso, presentan el estudio y la implementacin de un modelo socioecolgico participativo para el desarrollo forestal comunitario sustentable en la cuenca del ro Papigochi (Chihuahua), un tipo de dinmica que por desgracia an no es suficientemente atendida por la poltica forestal y los programas de desarrollo estatales. Por su parte, Alejandro Martnez de la Rosa, David Ch. Wright e Ivy Jacaranda Jasso abordan el tema de la construccin de identidades y la conformacin de estereotipos a partir del seguimiento de los cambios y permanencias en las danzas de conquista y de la representacin del personaje del indio chichimeca que aparece en ellas, entre los grupos de indgenas y mestizos del estado de Guanajuato. Finalmente, Laura Ibarra Garca analiza la construccin del concepto de igualdad a lo largo de la guerra de independencia y hasta la promulgacin de la Constitucin de 1824, mostrndonos las variables que hubo en la idea en un periodo de cambio.

3a8082e126
Reply all
Reply to author
Forward
0 new messages