Despus de la ruidosa y exitosa publicacin de Potpourri y Msica sentimental, el escritor del momento se dispuso salir del anonimato y dar a conocer su verdadera identidad. En su nuevo trabajo no iba a repetir la frmula de los Silbidos de un Vago. Es que Eugenio Cambaceres se encontraba en el mejor momento de su vida. Ahora saba que la literatura era su vocacin inequvoca. Haba dejado de andar errante y a los saltos por la vida que su medio le impuso. Tras el tratamiento europeo, su estado de salud era excelente y enamorado de su mujer y su hijita, transitaba alegremente por el sendero victorioso.
Demasiado honrado y progresista para la poltica. Demasiado pasional para ejercer una profesin fra que no senta. As, fue a parar a la literatura casi por accidente. Sin otra intencin que divertirse a expensas de la hipocresa que lo rodeaba, ofreci dos hilarantes stiras de la sociedad argentina, para luego reconocer que la pluma podra ser el lugar que no lograba encontrar. Dispuesto a tomar en serio la profesin, el orden que antes escaseaba, la intencionalidad en cada personaje, la descripcin brutal y cada escena salida de su propia experiencia dieron forma a un estilo literario. Fue, como Julio Cortzar lo definira, un espectador al margen del espectculo.
Ya era bien sabido que los silbidos de un vago eran la pluma de Eugenio Cambaceres. Esta vez no habra anonimato; su nombre y apellido aparecera en la portada, al igual que el subttulo Ensayo, en lugar del anterior Silbidos de un vago.
Estaban los dos bandos. Los que corran a las libreras el primer da para disfrutar de su prosa consagrada e igualmente criticada, y los que destrozaban sus habilidades de redaccin, que le criticaban el contenido supuestamente pornogrfico de sus obras y la excesiva liberalidad de los personajes.
Pero no todo lo que pensaba Can era elogioso. En privado, el oriental se quejaba a Eugenio por reproducir en los dilogos de su obra la jerga grotesca que hablamos todos en la vida ordinaria. Por el contrario, Garca Mrou lo agasajaba por emplear los trminos corrientes de nuestra conversacin.
El tiempo permitira apreciar en Eugenio Cambaceres a un pionero e iniciador de las tcnicas literarias que acabaran imponindose en los novelistas modernos. El primer sucesor de Eugenio sera Roberto Arlt, que consagrara la escritura hasta entonces denominada despectivamente como coloquial. Hacia mediados del siglo XX ningn autor utilizara dilogos que no reflejaran con estricta naturalidad el habla del individuo de su correspondiente poca. De algn modo, Eugenio contribuy, quiz sin saberlo ni pretenderlo, a configurar lo que mucho despus se transformara en el idioma nacional, una de las esencias ms distintivas del argentino, y sobre todo, del rioplatense.
Tres das despus del lanzamiento de Sin rumbo, la primera edicin estaba casi agotada y la editorial preparaba una segunda. En menos de veinte das se venderan 3.000 ejemplares. Las crticas no tardaron en llegar. As pues, Sin rumbo sera considerada la primera novela realista de la literatura argentina. Casi sin saberlo, con su tercer libro inauguraba una poca. Sus meticulosas descripciones le otorgaran a su obra el valor de ser la primera que mostraba cmo era la autntica vida de campo argentina. Fue pionero absoluto en incluir el lenguaje popular y abandonar narraciones anacrnicas poco verdicas y ser rigurosamente crudo para pintar la realidad. La gente estaba fascinada con la naturalidad de los relatos cambacerianos.
El escandaloso romance del autor con Emma Wizjak de casi diez aos atrs resurga con Sin rumbo. Es que la nueva novela tena tantas referencias autobiogrficas, que por momentos el lector poda creer que Andrs era Eugenio Cambaceres. Demasiadas cosas en comn entre el personaje principal y el escritor. El affair entre el protagonista y la soprano Marietta Amorini era un episodio delicioso tomado de aquel mitolgico evento acaecido dentro del palco del Teatro Coln. Contado con lujo de detalles, como si se tratara de una necesidad imperiosa de aclarar el asunto y de paso lanzar algunos dardos hacia la prima donna y su marido. Quienes lean esos captulos no poda ms que rer con los apellidos que Cambaceres cre a las figuras de su libro. El conde Gorrini era el esposo cornudo, la Amorini la cantante adltera. Apenas si modificaba los nombres para disimular. El hotel de la Paix se llamaba de la Paz. Las descripciones que hace de la casa donde vive Andrs son fieles de la quinta donde Eugenio viva. Lo mismo sucede con su brillante inventario de la estancia donde el joven millonario decide terminar con su vida, tomado sin dudas de El Quemado y alguno de sus secretos mejor guardados. Los sentimientos supremos del padre hacia su hija parecen provenir de la propia experiencia de la vida real, donde Cambaceres disfrutaba de su pequea nia. Pero sin dudas, la ms llamativa coincidencia entre ficcin y realidad de Sin rumbo radica en una que debi pasar desapercibida para todo el mundo. Recin en 1902, cuando muri la hija del escritor, pudo advertirse cuan premonitorios fueron los temores de Andrs, que no eran otros que los de Eugenio.
No viva feliz, rico, a cubierto de la miseria por lo menos, tranquilo y contento al lado de su hija, gozando al verla crecer sana, fuerte, linda, ufano de sus encantos, soberbio, orgullosos de decirse padre de aquel ngel?
Bastaba que en las mil vicisitudes, en las mil alternativas de la existencia se anticipara a los sucesos, predijera algo, un acontecimiento, un hecho cualquiera del dominio fsico o moral, para que saliesen erradas sus conjeturas, y resultase lo contrario precisamente de lo que haba pensado o calculado.
Los familiares y amigos de Rufina Cambaceres debieron recordar todas esas frases premonitorias en aquella tarde trgica del 31 de mayo de 1902, cargadas de tan increble realismo, y escritas quince aos antes.
Aunque el propio autor de Sin rumbo se haya evitado el disgusto de ver tan cruel presagio cumplirse en vida, no pudo eludir otra mala jugarreta del destino. Un ao despus de publicado el libro, en el invierno de 1886, como si fuese una representacin teatral inspirada en su ms famosa novela, Rufinita se enferm de un catarro que por momentos aterroriz a sus padres, quienes habrn sufrido con el ensaamiento del azar. Pero su hija tuvo mejor suerte que Andrea. No muri de tos convulsa, aunque fue un anticipo siniestro que solo Luisa llegara a advertir diecisis aos ms adelante.
Esta vez, Eugenio sera descalificado por masn, ateo, antirreligioso, sacrlego y toda suerte de barbaridades que lo nico que provocaban en el autor y su esposa fueron risas burlonas. El principal reproche era sacar a la luz la vida privada de la gente con doble moral. Para ellos, era ilcito cometer semejante osada.
Para mantenerse al margen de las repercusiones, Eugenio y familia recurrieron a la misma estrategia de los libros anteriores. Desde noviembre de 1885 hasta mediados de julio de 1886 desaparecieron de Buenos Aires e hicieron base en El Quemado.
Sin rumbo marc un momento culmine de su existencia. Lo adverta sin la menor duda. Haba alcanzado lo que los franceses llamaban joie. Ese instante sagrado, cuando discurre por las fibras ms ntimas del protagonista la inconfundible savia de la consagracin. La obtencin del triunfo; la certeza del combate que concluye en victoria. Ahora que su creacin; que su criatura era una realidad palpable, concreta, perdurable, infinita, lo embargaba la ms maravillosa de las sensaciones: la realizacin. S! Para eso exista l y todo el mundo! No le importaban los elogios, mucho menos las crticas. No necesitaba nada ms para pararse arriba de la gloria, al frente de la orquesta filarmnica de los dioses, y con gestos ampulosos dirigir la ms soberbia interpretacin del ltimo movimiento de la quinta sinfona de Beethoven.
Lo saba desde nio, cuando lo sublevaban sus sueos de artista. Lo confirmaba ahora que era un adulto entrado en edad. Ahora era padre, marido. Lo ms importante: era l. A travs de la creacin, desde la pasin por la noble expresin del arte, con una pluma en la mano, se haba elevado hasta alcanzar el sitial que conduca a los hombres hacia la consagracin.
Pens en lo que vena. No poda garantizar que en el futuro lograra superarse. S, saba que esa haba sido su obra magna. Lograba apreciarlo por el valor intrnseco de su novela, por las repercusiones de venta y de la crtica, por representar de algn modo una crnica de su propia vida, por inaugurar una etapa, por ser precursor, por ser escritor. A veces iba en bsqueda de un ejemplar de su tercer libro y lo manipulaba, lo revisaba, lo ola, observaba su nombre y apellido en la portada. Esa era la demostracin cabal de que finalmente, lo haba logrado. Ah estaba su esencia, su espritu, su pasin, sus ideas. Haba dejado de navegar a la deriva, sin saber hacia dnde se diriga.
La novela argentina estara por siempre ligada a Eugenio Cambaceres. l fue el iniciador, el primero en escribir con sinceridad, con realismo, con precisin. Con su obra se terminaron los clsicos dilogos pomposos e irreales que gobernaban la literatura de su poca. Su influencia, pese al escaso reconocimiento que recibira luego de su muerte, es innegable. Despus de Sin rumbo, casi todas las novelas hispanas tendran la impronta cambaceriana. La autora peruana Mercedes Cabello de Carbonera mencionara a Cambaceres como modelo a copiar por sus destacados retratos sociales. La novelista inca Clorinda Matto de Turner empleara en su libro Herencia de 1893, las tcnicas literarias que incorpor despus de leer En la sangre, con observaciones muy similares a las que Eugenio realiz de Genaro y los inmigrantes italianos. Las descripciones precursoras de la regin pampeana influiran inconfundiblemente a literatos notables como Ricardo Guiraldes, Enrique Rodrguez Larreta y Roberto Jorge Payr.
Eugenio Cambaceres senta un especial afecto por su nuevo libro, que ya se haba instalado como lo que sigue siendo hoy: un clsico de la literatura argentina. Podra escribir veinte novelas ms, pero esa permanecera para siempre en un rincn especial de su corazn. Cada vez que pensara en ella, sonreira con una mueca de melancola. Tan significativo fue el efecto que produjo la obra en su autor, que mand a modificar el famoso cielo raso de la recepcin de su palacete. Entre las nubes de aquella cpula ahora volaba una golondrina con un papel doblado en el pico, que deca: Sin rumbo.
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