NUEVA YORK.- En 26 de julio, el diario israelí Haaretz publicó este titular: “Israel, 659 días en guerra. Según las fuentes médicas de Gaza, las fuerzas israelíes mataron al menos a 25 personas, algunas de ellas mientras iban a buscar asistencia alimentaria”.
Quienes vienen siguiendo de cerca la situación en la Franja de Gaza sabrán que Haaretz viene publicando el mismo formato de titular todos los días desde hace semanas: lo único que cambia es el número de palestinos muertos mientras esperaban para recibir la ayuda alimentaria repartida por Israel en la Franja de Gaza.
Y mientras veía apilarse los diarios con ese titular, de pronto recordé que hace aproximadamente un mes Israel había logrado asesinar a diez altos militares de Irán y a 16 de sus científicos nucleares cuando estaban sentados tranquilamente en sus casas y oficinas.
¿Cómo es entonces que Israel puede detectar y destruir objetivos específicos en Irán, a casi 2500 kilómetros de Tel Aviv, y no es capaz de repartir cajas de alimentos sin matar a algunos de los hambreados habitantes de Gaza, que está a menos de 100 kilómetros de Tel Aviv?
No parece algo casual, sino producto de algo más profundo y bastante bochornoso que opera en el seno del gobierno extremista del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Hay figuras claves de la coalición ultraderechista de gobierno, como el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, que impulsaron abiertamente una política que empujó al hambre y el exilio a muchos palestinos gazatíes.
Como Bibi sabía que Estados Unidos no le permitiría llegar tan lejos, les repartía la mínima ayuda posible, para impedir que los matones supremacistas judíos que llevó al gobierno lo terminaran sacando del poder.
Lamentablemente para Bibi, la jugada fue muy burda y de Gaza empezaron a llegar horrendas imágenes de niños desnutridos que hicieron que hasta el presidente Donald Trump dijera el lunes que en Gaza está ocurriendo “una verdadera hambruna”. “Esas cosas no hay manera de falsearlas. Hay que alimentar a esos niños”, declaró.
¿Cómo llegamos a este punto en donde un Estado democrático judío, en parte descendiente del Holocausto, adopta una política de inanición en una guerra con Hamas que se ha convertido en la más letal entre israelíes y palestinos en toda la historia de Israel, y que no da señales de terminar?
Mi opinión: la diferencia es que esta guerra se libra entre el gobierno más fanático y amoral de la historia de Israel y la organización más fanática y asesina de la historia palestina.
Esta es la primera guerra entre israelíes y palestinos donde los que tienen la manija son los peores líderes de ambos bandos. Acá, tanto los opositores moderados de Israel como la Autoridad Palestina en Cisjordania son un cero a la izquierda. Y por eso no puedo decir ni cuándo ni cómo terminará, porque Netanyahu insiste con una “victoria total” sobre Hamas, que nunca logrará, y Hamas insiste en sobrevivir a esta guerra para seguir controlando Gaza al día siguiente, algo que no merecen.
Repasemos la película: Hamas era plenamente consciente desde hace meses de la grave escasez de alimentos y vivienda que había en Gaza, escasez que contribuyó a desencadenar con su salvaje ataque contra Israel del 7 de octubre de 2023, sin ningún plan ni estrategia para proteger a los civiles de la obvia represalia israelí.
Y Hamas también sabe desde hace meses que si libera a los rehenes israelíes, acepta el exilio de sus líderes y le abre la puerta a una fuerza de paz árabe que gobierne la franja con el respaldo de la Autoridad Palestina, el sufrimiento de los gazatíes se termina de inmediato.
Pero Hamas se niega: no solo quiere mantener el control de Gaza después de un eventual alto el fuego, sino que además pretende que Estados Unidos garantice su seguridad si Israel reanuda sus ataques tras la liberación de los últimos rehenes, cautivos en túneles desde hace 21 meses. Hamas es una organización perversa y retorcida, con una enorme responsabilidad por el sufrimiento que se vive en Gaza.
Pero lo que mucha gente aún no entiende es lo perverso y retorcido que es el actual gobierno israelí. Funcionarios, legisladores y judíos norteamericanos tratan de convencerse a sí mismos de que este no es más otro gobierno israelí de derecha, solo que un poco más a la derecha. Se equivocan.
Como vengo planteando desde mi columna del 4 de noviembre de 2022, la mañana siguiente a la elección de este gobierno israelí, titulada “El Israel que conocíamos dejó de existir”, el actual gobierno israelí es único, por lo horrible.
Es un gobierno que ha empoderado a figuras como el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, que el año pasado sugirió que bloquear la ayuda humanitaria a la Franja de Gaza es algo “justificado y moral”, por más que cause la muerte por hambre de dos millones de civiles, pero que la comunidad internacional no se lo permitiría. “Les damos ayuda porque no hay otra opción”, declaró Smotrich en una conferencia organizada por el periódico derechista Israel Hayom.
Trump y su enviado para Medio Oriente, Steve Witkoff, nunca entendieron nada. Creen que todos son tan transaccionales como ellos, ya sea Vladimir Putin o Netanyahu, y que en el fondo todos quieren la “paz” ante todo, y no “un pedazo” de Ucrania o “un pedazo” de Gaza o Cisjordania. Y así fue como como Bibi y Putin, cada uno a su manera, se las ingeniaron para engañar a Trump y Witkoff durante tanto tiempo.
¿Quieren un ejemplo? En enero, Israel y Hamas acordaron un alto el fuego de tres fases que incluía un intercambio de rehenes por prisioneros. Sin embargo, Trump y Witkoff permitieron que Netanyahu rompiera unilateralmente el alto el fuego en marzo, antes de que se pudieran negociar las dos últimas fases del acuerdo. Bibi se escudó en la negativa de Hamas a cumplir la condición de liberar más rehenes que había puesto Israel para reanudar las negociaciones, pero Hamas nunca se había comprometido a hacerlo en la Fase 1 del acuerdo mediado por Estados Unidos.
Un análisis publicado esta semana por Amir Tibon en Haaretz y titulado “Cómo Trump facilitó la política de hambruna de Netanyahu en Gaza sin lograr el regreso de los rehenes a casa”, señala que Bibi no tenía ningún justificativo bélico para reanudar la guerra, ya que Hamas, como fuerza militar, había sido derrotado.
Todo se hizo para satisfacer las necesidades políticas de Bibi. Smotrich y los demás extremistas le dijeron a Bibi que o reanudaba la guerra o sería derrocado, y Bibi engañó a Trump y a Witkoff haciéndoles creer que podría liberar a los rehenes con golpes militares más duros contra Hamas, más penurias para los gazatíes civiles, y confinando a lo que queda de la población a un pequeño rincón de la franja.
Y todo resultó ser un error. Hamas no fue derrotado, y cuando Israel finalmente tuvo que reanudar el suministro de alimentos a través de su propia organización de distribución, la Fundación Humanitaria de Gaza, el fracaso del operativo fue tal que en los abarrotados puntos de distribución empezaron a morir incontables gazatíes por día.
Como señala Tibon en su columna “al ver que la estrategia de bloqueo y hambruna de Netanyahu se había convertido en un desastre de relaciones públicas para Israel, Hamas planteó sus demandas en las negociaciones en curso por los rehenes”.
La conclusión es esta: “Netanyahu arrastró a Trump y Witkoff a adoptar una política que fracasó: no devolvió a ningún rehén con vida, les costó la vida a casi 50 soldados israelíes desde que se reanudó la guerra en marzo, provocó la muerte de miles de civiles palestinos, y desató un desastre humanitario hecho y derecho. Las consecuencias de este fracaso perseguirán a Israel durante años”, concluye Tibon.
Por desgracia, las consecuencias también perseguirán a los palestinos, porque me temo que este fracaso ha aumentado las chances de que Hamas salga de esta guerra sin tener que ceder el poder en Gaza. Hace décadas que Bibi y Hamas se facilitan tácitamente su mutua supervivencia política. Y es muy posible que esta calamitosa guerra termine con ambos todavía en el poder.
De ser así, mejor digámosle adiós a cualquier “solución de los dos Estados” y démosle la bienvenida a una guerra eterna. Porque parafraseando al filósofo Immanuel Kant, de la madera torcida de Bibi y de Hamas nunca saldrá nada recto.
Traducción de Jaime Arrambide
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