1418/23 - ¿Por qué las cosas importan? (Michael Roberts)

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RGE 1418/23


Un mundo material

 ¿Por qué las cosas importan?

4 septiembre, 2023 

MICHAEL ROBERTS, ECONOMISTA BRITÁNICO

«A pesar de todo lo que nos dicen, vivimos en un mundo cada vez más desmaterializado donde cada vez más valor reside en elementos intangibles (aplicaciones, redes y servicios en línea), el mundo físico sigue sustentando todo lo demás». Así comienza Ed Conway, editor de economía de Sky TV, en su fascinante libro, Material World.

Su tema subyacente es que “ cuando echas un vistazo a los balances de nuestras economías, se advierte que, por ejemplo, cuatro de cada cinco dólares generados en Estados Unidos se remontan al sector de servicios y una fracción cada vez menor se atribuye  a la energía, la minería y la manufactura”.

“ Casi todo, desde las redes sociales hasta el comercio minorista y los servicios financieros, depende totalmente de la infraestructura física que lo facilita y de la energía que lo impulsa. Pero, sin hormigón, cobre y fibra óptica no habría centros de datos, ni electricidad, ni internet. El mundo, me atrevo a decir, no se acabaría si Twitter o Instagram dejaran de existir repentinamente; Sin embargo, si de repente nos quedáramos sin acero o gas natural, la historia sería muy diferente”.

La división que hace Conway entre material e inmaterial no es correcta, Como hemos demostrado G. Carchedi y yo en nuestro libro Capitalismo del siglo XXI, los productos del trabajo mental son tan materiales como las cosas que objetivamente están fuera de nuestra mente. 

Las ideas pueden convertirse en uso material y mercantilizarse para obtener capital. De hecho, como argumentó Marx, no se trata que estas ideas materiales clave dejen de existir, sino que seguirán actuando porque si no se aplica ningún trabajo humano para usarlos, eso significaría el fin del mundo.

Sin embargo, cuando uno lee el libro de Conway, recuerda que todo lo que se dice acerca de los «intangibles» son ahora la forma más importante de inversión de los capitalistas y que podemos tener un «capitalismo sin capital» es una tontería o es una. realidad limitada al mundo financiarizado de Estados Unidos y otras economías del G7. La mayor parte de la economía mundial todavía se basa en la producción de cosas, «cosas» que pueden convertirse en mercancías a partir del trabajo de miles de millones.

“Es un lugar bastante encantador el mundo de ideas. En ese mundo etéreo vendemos servicios, gestión y administración; creamos aplicaciones y sitios web; transferimos dinero de una columna a otra; comerciamos con consejos y utilizamos los móviles hasta para entregas de comida. Si en el otro lado del planeta se están derribando montañas, esto no parece especialmente relevante en el mundo etéreo de occidente”.

Y, sin embargo, Conway señala que en 2019, el mundo extrajo y explotó más materiales de la superficie terrestre que la suma total de todo lo que extrajimos desde los albores de la humanidad: 

“En un solo año extrajimos más recursos que la humanidad en la gran mayoría de su historia, desde los primeros días de la minería hasta la revolución industrial, con guerras mundiales incluidas”. 

Si bien el consumo de materiales está cayendo en naciones postindustriales como Estados Unidos y el Reino Unido, en el otro lado del mundo – en los países donde los estadounidenses y los británicos importan la mayoría de sus productos – la elaboración material está aumentando a un ritmo vertiginoso. 

Y estos recursos no son sólo materiales energéticos. El petróleo y otros combustibles fósiles sólo representan una fracción de la masa total de recursos. Por cada tonelada de combustibles fósiles, el mundo extrae seis toneladas de otros materiales, principalmente arena y piedra, pero también metales, sales y productos químicos. Conway observa que «las cosas importan» para el capital y los gobiernos que lo representan.

El mundo material, como lo llama Conway,está por detrás de la economía global: “mezcla arena y piedras con cemento, añade un poco de agua y tendrás hormigón, el material fundamental de las ciudades modernas. Añádele grava y betún y tendrás asfalto, del que están hechas la mayoría de las carreteras, es decir, aquellas que no están hechas de hormigón. Sin silicio no podríamos fabricar los chips de las computadoras que sustentan el mundo moderno. Derrita arena a una temperatura suficientemente alta con los aditivos adecuados y obtendrás vidrio. Resulta que el vidrio es uno de los grandes misterios de la ciencia de los materiales; líquido o sólido tiene una estructura atómica que aún no entendemos del todo. Y el vidrio que tienes en el parabrisas es sólo el comienzo, ya que, tejido acompañado de resina, el vidrio se convierte en fibra de vidrio: la sustancia con la que se fabrican las palas de las turbinas eólicas. Refinado en alambres, se convierte en la fibra óptica con la que se teje Internet. Agreguémoslos litio a la mezcla y obtendrá un vidrio fuerte y resistente; agréguele boro y obtendrá algo llamado vidrio borosilicato”.

Conway destaca sólo seis materiales clave que impulsan la economía mundial en el siglo XXI: arena, sal, hierro, cobre, petróleo y litio. Son los más utilizados y los más difíciles de sustituir. El libro, Conway nos lleva en un viaje por la historia y la tecnología en torno a estos recursos fundamentales .

Con la simple arena, fabricamos todo tipo de productos, con el vidrio elaboramos hasta la fibra óptica: “es fácil convencernos que hemos desmaterializado el mundo con la era de la información. Sin embargo, nada de esto (videollamadas, búsquedas en Internet, correo electrónico, servidores en la nube, streaming) sería posible sin algo muy físico”.  

Y de la arena surge el cemento: “actualmente hay más de 80 toneladas de hormigón en este planeta por cada persona viva, unas 650 gigatoneladas en total. Eso es más que el peso combinado de cada ser vivo del planeta: cada vaca, cada árbol, cada ser humano, planta, animal, bacteria y organismo unicelular. Luego está el silicio en la arena. Tiene propiedades únicas que le permiten convertirse en vidrio; no sólo es lo suficientemente fuerte como para sostener edificios en forma de concreto; y es el material clave para los semiconductores”.

Este es uno de los factores de una de las contradicciones de la producción de materias primas por parte del capital. La propiedad y el control de arena, vidrio, cemento y silicio se concentran en unas pocas empresas. Por ejemplo, TSMC, una empresa taiwanesa, fabrica los procesadores ideados por Apple, Tesla, Nvidia o Qualcomm. Ahora son las empresas más valiosas del mundo.

Solo hay un puñado de empresas capaces de fabricar chips de silicio perfectas y sólo hay un sitio en el mundo capaz de fabricar arena de cuarzo para los crisoles donde se cristalizan esas mini- estructuras. Todo esto no sólo conduce a la concentración de la riqueza en unas pocas manos sino también al conflicto político. 

Una cuestión de seguridad

La Corporación estadounidense Spruce Pine tiene una posición hegemónica en la producción de silicio para microchips: “ pero si sobrevolamos las minas de Spruce Pine con un avión fumigador cargado con un polvo especial, podríamos acabar con la producción mundial de semiconductores y paneles solares en seis meses».   

Y la producción de semiconductores está en el centro de la guerra de chips que se está gestando entre Estados Unidos y China, es el principal esfuerzo del imperialismo estadounidense para estrangular la economía china.

Y luego está el calentamiento global, que Conway no duda en recordarnos.  “La maldición del hormigón es que es uno de los mayores emisores de carbono del planeta. A pesar de toda la atención se presta a otras fuentes de gases de efecto invernadero (como la aviación o la deforestación) la producción de cemento genera más CO2 que esos dos sectores combinados. La producción de cemento representa un asombroso 7-8 por ciento de todas las emisiones de carbono”.

Con la sal, Conway muestra que producimos sustancias químicas clave: la utilizamos para producir soda cáustica que nos permite fabricar papel, aluminio, y lo más importante el polo alcalino sirve para fabricar jabón y detergentes. Sin sosa cáustica, no habría papel, y sin cloruro de hidrógeno no existirían paneles solares ni chips de silicio. Además está el cloro que purifica nuestra agua.

Pasamos al hierro y el acero, Conway nos recuerda que estos son los metales definitivos que pueden fundirse y darles todo tipo de formas. Y lo más esencial de todo, se pueden convertirse en herramientas. Ningún otro metal es tan útil ni ofrece la misma combinación de resistencia, durabilidad y disponibilidad. 

Ahora, si vives en una economía desarrollada como Estados Unidos, Japón, el Reino Unido o la mayor parte de Europa, tienes aproximadamente 15 toneladas de acero por persona en los automóviles, hogares, hospitales y escuelas, en los clips de tu oficina y en los armamentos de tu nación. 

De hecho, Conway señala que el acero es una buena medida para explicar  los niveles de vida y las diferencias tecnológicas entre las naciones . En contraste con los niveles del mundo rico de 15 toneladas por persona, la persona promedio en la China de hoy es de 7 toneladas de acero. 

“La persona promedio que vive en el África subsahariana tiene menos de una tonelada de acero per cápita: “hablamos frecuentemente de brechas de ingresos entre naciones, pero ¿qué pasa con la desigualdad en el consumo de silicio, de fertilizantes, de cobre y la desigualdad en la utilización del acero?”

Luego está el cobre. “Sin él, literalmente nos quedamos en la oscuridad. Si el acero proporciona el esqueleto de nuestro mundo y el hormigón su carne, entonces el cobre es el sistema nervioso de la civilización, sin esos circuitos y cables, que nunca vemos, el mundo no podría funcionar”.  No podemos producir ni distribuir electricidad sin cobre. Incluso los paneles solares contienen grandes cantidades de cobre. En resumen, si tiene corriente eléctrica es gracias al cobre.  

El cobre se extrae en algunos de los países más pobres del mundo y su uso y producción están controlados por empresas con sede en los países más ricos del mundo. 

La cadena de valor agregado desde la minería del cobre hasta los productos de consumo moderno está en manos de los mismos: “ los iPhones de hoy son mucho más potentes que las computadoras de los sistemas del Apolo que llevaron al hombre a la luna, o de las que se encuentran en una computadora portátil. Si, el cobre sigue siendo fundamental”.

Conway señala dos cosas que la teoría del valor de Marx predijo: “ a medida que aumenta la cantidad de cosas que extraemos del suelo y las convertimos en productos, la proporción de personas necesarias para que esto suceda disminuye inexorablemente ”.  

Por tanto, hay un aumento continuo en lo que Marx llamó la composición orgánica del capital. Y el otro factor determinante es que la producción capitalista no tiene en cuenta lo que los economistas neoclasicos llaman «externalidades», fenómeno también llamado en su jerga «daños colaterales” para medio ambiente y los humanos.

“No hay cuentas medioambientales ni análisis de flujo de materiales, que cuenten el uso de estos recursos de la naturaleza. Incluso cuando las Naciones Unidas hablan sobre cuánto está afectando a los humanos y al planeta el cambio climático, una simple roca aparentemente estéril no cuenta”.

De hecho, Conway analiza la contradicción entre la búsqueda de más recursos materiales y su impacto en el medio ambiente.  “Reducir nuestra huella de carbono significará aumentar nuestra huella de consumo debcobre. La buena noticia es que parte de eso puede provenir del reciclaje. La mala noticia es que incluso si reciclamos prácticamente todo lo que podamos de tuberías y cables viejos, todavía nos quedaríamos desesperadamente escasos de lo que necesitamos”.

La misma cuestión se aplica a los combustibles fósiles. Conway señala que justo antes que ocurriera la pandemia, poco más del 80 por ciento de la energía primaria del mundo procedía de combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas.

 “En el 2019 los combustibles para movilizarse solo proporcionaron el 1,5 por ciento de nuestra energía, esto significa que un kilogramo de tomates de invernadero genera hasta 3 kilogramos de emisiones de carbono. En otros términos en los últimos 13 años hemos producido más plástico que toda la producción de las industrias de la petroquímica desde que empezó a funcionar.

“ Salvo algunas caídas como con la pandemia de COVID-19 en 2020 y la crisis del petróleo de principios de la década de 1970, la producción de plástico ha tendido a seguir aumentando exponencialmente”.  

Conway propone invertir en innovación tecnológica para superar esta contradicción. Pero admite que “ no tiene sentido pretender que esto será fácil o que se logrará sin algunos compromisos incómodos”.   ¿O tal vez debería considerar algo más dramático a través de un cambio estructural en las relaciones sociales y la propiedad de los recursos del mundo?

Por último, está el litio, la base material de la producción del siglo XXI . El litio es esencial para el almacenamiento de baterías en el transporte eléctrico y para una multitud de electrodomésticos modernos que pueden funcionar sin electricidad. 

Una vez más, el litio está en el centro de otra batalla por el poder económico: “las reservas de este metal se concentran en un puñado de naciones, por lo que mientras el resto del mundo entra en pánico por el dominio de China en la cadena de suministros de baterías, muchos en Beijing entran en pánico por la dependencia de China del resto del mundo para sus materias primas.

Esto nos recuerda otro aspecto de la teoría del valor de Marx en relación con las materias primas. Hay una tendencia a que el valor incorporado en las mercancías caiga a medida que aumenta la productividad del trabajo (es decir, disminuye el tiempo de trabajo promedio necesario para producir las mercancías). 

Conway se refiere a la ley de Wright: cada vez que la producción de un artículo se duplica, su costo cae aproximadamente un 15 por ciento. Y ley de Wright : “ha tenido un éxito inquietante a la hora de explicar la caídas de los precios, desde los portacontenedores hasta los plásticos especializados”.

Pero siempre existe el riesgo de que los precios de las materias primas aumenten de precio y perturben la rentabilidad del capital, lo que provocará crisis de producción y afectará el nivel de vida de miles de millones de personas. Marx vio esto como un factor decisivo en la tendencia a la caída de la tasa de ganancia en la producción capitalista.

 “Cuanto más se desarrolla la producción capitalista, con mayores medios para un aumento repentino e interrumpido de la proporción de capital constante, mayor es la sobreproducción relativa de capital fijo y más frecuente la subproducción de factoráas y materias primas, y mayor el aumento de su precio y la reacción correspondiente” ( Marx El Capital Vol. 3). La tasa de ganancia es, por lo tanto, inversamente proporcional al valor de las materias primas.

Como ha señalado José Tapia , las grandes transiciones tecnológicas en el uso de nuevos recursos materiales han acelerado históricamente la acumulación de capital y han frenado la caída de la tasa de ganancia. Pero, a la inversa, cualquier aumento en los precios de materias primas clave puede desencadenar agraves crisis, como vimos en la crisis del petróleo de los años setenta. 

En nuestro libro, El capitalismo del siglo XXI,mostramos la alta correlación inversa entre los precios de los combustibles fósiles y de las materias primas en general y la tasa de ganancia. (pág. 17).

Como nos recuerda Conway, “si el suministro de estos materiales no logra mantenerse incluso cuando nuestra demanda aumenta, ya sabes a dónde conduce. En 2022, por primera vez en la historia, el precio de las baterías de iones de litio ( precios que, gracias a la Ley de Wright, han caído desde la década de 1990) dejó de caer y subió. 

La explicación: las preocupaciones sobre el suministro de materias primas, el litio, había hecho subir el precio del resto de los ingredientes”. Ésta es una de las causas de base en el repunte inflacionario desde el fin de la pandemia.

Conway finaliza su libro con la gran contradicción del siglo XXI : el calentamiento global y el cambio climático. ¿Cómo puede el mundo llegar al ‘cero neto’ cuando necesita tantos recursos de materias primas? Por supuesto, Conway no añade que están controladas por unas pocas empresas gigantes y que este es el principal obstáculo para alcanzar el cero neto.

En cambio, a Conway le preocupa que el cambio a la energía renovable signifique aún más extracción de materiales básicos: “para reemplazar una pequeña turbina de gas natural, que produce 100 megavatios de electricidad, suficiente para alimentar hasta 100.000 hogares, con energía eólica se necesitarían unas 20 enormes turbinas eólicas. Para construir esas turbinas se necesitarán casi 30.000 toneladas de hierro y casi 50.000 toneladas de hormigón, además de 900 toneladas de plástico y fibra de vidrio y 540 toneladas de cobre (o tres veces más si se trata de construir un parque eólico marino). 

Una turbina de gas, por el contrario, necesita alrededor de 300 toneladas de hierro, 2.000 toneladas de hormigón y quizás unas 50 toneladas de cobre para devanados y transformadores. En resumen, según sus cálculos, necesitaremos extraer más cobre en los próximos 22 años que en los últimos 5.000 años de historia de la humanidad”.

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