51 / 26 - En Irán, cuatro actos de las raíces de la ira popular ( Romaric Godin )

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Red GeoEcon

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Jan 12, 2026, 10:45:27 AM (3 days ago) Jan 12
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La revuelta popular se extiende

En Irán, cuatro actos de las raíces de la ira popular

En Irán, cuatro actos de las raíces de la ira popular
Irán

La actual revuelta de los iraníes, que en los últimos días ha adquirido un cariz cada vez más violento, tiene su origen en una profunda crisis económica. Ante la debilidad de los precios del petróleo, las sanciones y una economía estructuralmente poco productiva, el régimen se ha visto obligado a adoptar medidas de austeridad inaceptables para la población.

Las revueltas que comenzaron a finales de 2025 continúan en este comienzo de año en Irán. El miércoles 7 de enero, según la BBC, se produjeron violentos enfrentamientos en varias ciudades del país. La agencia de noticias iraní Fars, cercana a los Guardianes de la Revolución, anunció que dos policías habían sido asesinados por individuos armados en la ciudad de Lordegan, en el suroeste del país. Además, hay vídeos que muestran enfrentamientos violentos en varias zonas, en particular disparos de las fuerzas del orden.

Según la agencia de noticias estadounidense Human Rights Activists News Agency (HRANA), las manifestaciones se han extendido hasta ahora a 111 ciudades y pueblos repartidos por las 31 provincias. Al menos treinta y cuatro manifestantes han muerto y se cree que 2200 han sido detenidos. La cadena persa de la BBC ha confirmado la muerte y la identidad de veintiuna personas, mientras que las autoridades iraníes han informado de la muerte de cinco miembros de las fuerzas de seguridad.

Estas revueltas tuvieron un origen principalmente económico, pero no solo. En general, la situación se resume brevemente de la siguiente manera: la inflación causada por el colapso de la moneda, el rial, y las sanciones impuestas provocaron una explosión de ira. Sin embargo, esta descripción omite algunos elementos determinantes.

En realidad, es toda la economía iraní la que se encuentra en ruinas. Según las previsiones del Banco Mundial, que datan de abril de 2025, es decir, antes de la guerra contra Israel y Estados Unidos, el PIB iraní debía contraerse un 4,4 % en 2025, tras una caída del 0,6 % en 2024 y antes de un retroceso del 1,7 % previsto para 2026. Por supuesto, las sanciones, que se levantaron brevemente entre 2016 y 2018 y se endurecieron en octubre, influyen, pero no hay que sobreestimar su importancia.

La economía iraní se ha adaptado a las sanciones desde hace décadas. El comercio exterior se ha reorganizado en torno a algunos países que no aplican las sanciones, como India, Rusia y, sobre todo, China, que hoy en día compra el 80 % de las exportaciones de petróleo iraní. Esta situación ha permitido al país experimentar, a pesar de las sanciones, un fuerte crecimiento del PIB entre 2020 y 2024, superior al 4 % anual según el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuando, a raíz de la pandemia de la covid, el precio del petróleo volvió a dispararse, alcanzando en 2022 más de 100 dólares el barril.

Y es que la economía iraní sigue siendo muy dependiente del petróleo. Aunque la extracción de hidrocarburos solo representa una cuarta parte del PIB iraní, gran parte del sector manufacturero, especialmente el exportador, depende del oro negro: se trata de las actividades de refinado y transformación del crudo. Por lo tanto, es a través del petróleo que el país recupera divisas y financia su economía, a pesar de las sanciones.

Acto 1. La caída del precio del petróleo
Desde 2023, los precios del petróleo han bajado considerablemente. Mientras China se electrifica a marchas forzadas y su crecimiento sigue bajo presión, la demanda de petróleo se ralentiza, sobre todo porque no faltan proveedores. En diciembre, según Bloomberg, los importadores chinos solo aceptaban el petróleo iraní con un descuento del 8 al 9 % sobre el precio del Brent. Al precio actual, esto significa que el petróleo iraní solo encuentra compradores a alrededor de 55 dólares el barril.

Esto tuvo dos consecuencias importantes. En primer lugar, el superávit corriente del país se deteriora. Según el FMI, en 2025 debería situarse en el 2 % del PIB, frente al 3,5 % en 2022. Este deterioro reduce las entradas de divisas y, por tanto, los medios de que dispone el banco central para estabilizar el rial, especialmente cuando las presiones a la baja sobre la moneda son fuertes.

Ahí es donde las sanciones agravan la situación, ya que, a menudo, el mercado de divisas reacciona al endurecimiento de las sanciones, que complican la integración financiera del país y, por lo tanto, incitan a los poseedores de riales a deshacerse de ellos. Así pues, nos encontramos ante una situación en la que la moneda pierde valor y el banco central tiene dificultades para frenar el fenómeno. Esto explica que la moneda iraní haya pasado en 2025 de 800 000 riales por dólar a 1,4 millones de riales por dólar, lo que supone una caída del 75 % de su valor.

Lógicamente, esta situación provoca un aumento de los precios, ya que Irán depende en gran medida del extranjero para sus bienes de consumo. Pero hay que destacar que la inflación de diciembre, del 42 % en un año, aunque elevada, sigue siendo bastante limitada en comparación con la caída de la moneda.

Acto 2. El giro austeritario del régimen
Paralelamente a esta subida de los precios, la economía ha dejado de crecer. Y esto nos lleva a la segunda consecuencia de la caída del precio del petróleo: el impacto en el presupuesto del Estado. En el último informe del Banco Mundial sobre la economía iraní, que data de la primavera de 2024, se observa que los ingresos públicos procedentes del petróleo ya no alcanzaron el objetivo fijado por el presupuesto desde 2019. Pero la situación no dejó de empeorarse. Para el año fiscal 2023-2024, el precio objetivo del petróleo era de 85 dólares por barril.

Tras la pandemia, para hacer frente a esta situación, el régimen recurrió a una forma de reactivación del consumo. Según las cifras del Banco Mundial, la pobreza se redujo considerablemente entre 2021 y 2023 en el país. La proporción de la población que vive con menos de 3,65 dólares de 2017 en paridad de poder adquisitivo al día pasó así en dos años del 6,05 % al 3,8 %. En cuanto al nivel de 6,85 dólares, se pasó del 29,3 % en 2021 al 21,92 % en 2023.

En detalle, el estudio del Banco Mundial destaca que esta mejora se explica en parte por los aumentos salariales permitidos por el crecimiento de la actividad (y por el presupuesto público), pero sobre todo por las ayudas públicas y, en particular, por las ayudas temporales destinadas a la gente más pobre. La idea del Gobierno era apoyar la demanda interna para alimentar el importantísimo sector de los servicios, que representa la mitad del PIB iraní. El consumo de los hogares fue así el primer pilar del crecimiento de esa época, sobre todo porque las personas que salían de la pobreza tenían ahora acceso a los mercados de bienes y servicios.

El cálculo del régimen era no solo ganarse así a los sectores más pobres de la población, sino también reforzar sus ingresos procedentes de los impuestos para compensar la pérdida de ingresos petroleros. Pero nada salió como estaba previsto. Las ganancias fueron menores de lo esperado y el presupuesto siguió siendo deficitario. Al no tener acceso a los mercados financieros internacionales, el régimen financió su déficit mediante la creación de dinero y transferencias del fondo soberano, que recaudaba parte de los ingresos petroleros. Dos métodos que debilitaron aún más el rial.

Por no hablar de que esta reactivación del consumo favoreció las importaciones y pesó aún más sobre el superávit por cuenta corriente. El déficit comercial no petrolero se agravó aún más, ya que las exportaciones iraníes no petroleras siguen estando muy vinculadas al petróleo y, por lo tanto, también se ven afectadas por la caída de los precios. Por esta razón, el superávit por cuenta corriente se mantuvo bastante reducido cuando el precio del petróleo se disparó en 2021-2022, hasta solo el 3,5 % del PIB, la mitad de lo que era a mediados de la década de 2000. Como suele ocurrir en estos casos, la reactivación del consumo no vino acompañada de una política de adaptación de los medios de producción.

Acto 3. El colapso
Por lo tanto, en 2024 el crecimiento iraní era frágil. Para reducir la presión sobre el rial, el Gobierno emprendió una política de austeridad a partir de esa fecha. Y, como suele ocurrir, esta política debilitó el crecimiento. Al no poder contar con los ingresos del petróleo, se decidió aumentar los impuestos y reducir el gasto. El presupuesto para 2024-2025 (los años fiscales iraníes van de marzo a febrero) preveía así una disminución del volumen del gasto y un aumento notable de los impuestos para reducir el déficit a solo el 0,2 % del PIB.

Estas decisiones minaron el consumo, mientras que el precio del petróleo seguía cayendo junto con la demanda de productos iraníes para la exportación. Los sectores más pobres, pero también gran parte de la clase media, se vieron obligados a pagar dos impuestos: los de consumo y los de inflación. Por lo tanto, la demanda se desplomó. Y la ira aumentó, porque la parte de la población que había salido de la pobreza no tenía ningún deseo de volver a ella o de tener que privarse de los bienes de consumo a los que acababa de acceder.

Sin embargo, al mismo tiempo, el país atravesó una triple crisis. En primer lugar, una crisis energética, relacionada con la falta de inversión en infraestructuras de producción de electricidad, que provocó cortes entre 2023 y 2024, reduciendo la capacidad productiva del país.

A esto se sumó una segunda crisis relacionada con el agua. El país, ya de por sí árido, se ve gravemente afectado por el cambio climático y por dramáticas sequías. Las reservas de agua se encuentran regularmente en niveles mínimos. Hasta tal punto que el Gobierno incluso había considerado la evacuación del área metropolitana de Teherán, con una población de 14 millones de personas. Una crisis de este tipo afecta a la población, pero también a la agricultura y a los precios de los alimentos, ya que hay que importar lo que ya no se puede producir.

Por último, la crisis geopolítica que condujo al bombardeo israelí-estadounidense del país este verano minó la confianza en el país y provocó una aceleración de la caída del rial. Todo ello ha creado la peor de las situaciones para la población, que se enfrenta a una reducción de las ayudas públicas, a un aumento del desempleo, que ha pasado del 7 % a casi el 10 % en dos años, y de los impuestos, y a una subida generalizada de los precios, en particular de los productos de primera necesidad.

Acto 4. La revuelta
La gota que ha colmado el vaso ha sido el proyecto de presupuesto para 2026-2027. La estrategia de austeridad no ha funcionado. El déficit público supera ahora el 4 % del PIB, lo que contribuye a la caída del rial. Por lo tanto, el Gobierno ha decidido apretar aún más las tuercas.

El proyecto de presupuesto prevee nuevos aumentos de los ingresos fiscales del 60 %, en particular del impuesto sobre los beneficios de las pymes, para compensar las pérdidas de ingresos petroleros, pero también recortes drásticos en los gastos, con una reducción del 20 % del salario real del funcionariado y una disminución del importe real de las pensiones. Aunque todavía se preveían ayudas específicas, la economía de este presupuesto era claramente aún más austera en un contexto aún más crítico. La respuesta de la población ha sido inmediata y las revueltas hicieron caer aún más el rial, provocando el incendio del Gran Bazar de Teherán.

Desde entonces, el presidente, Massoud Pezechkian, ha anunciado el abandono de varias medidas fiscales y se ha comprometido a aumentar los salarios de las y los funcionarios y las pensiones. Sin embargo, estas medidas de apaciguamiento no resuelven nada. La economía iraní, en gran parte en manos de los Guardianes de la Revolución, sigue siendo demasiado poco productiva y demasiado dependiente del petróleo como para permitir una mejora sostenible del nivel de vida.

La crisis económica actual es, por tanto, el resultado de la voluntad del régimen de comprar la paz social tras la pandemia. Pero tal ambición no puede funcionar en el marco de una economía iraní estructuralmente deficiente, no solo por las sanciones y su dependencia del petróleo, sino también por el acaparamiento de la producción por parte del régimen y los Guardianes de la Revolución. Con una productividad demasiado baja, la economía iraní debe encontrar un equilibrio imposible entre los intereses del régimen y los de la población. Una tarea que se ve aún más dificultada por el cambio climático y el endurecimiento de las sanciones.

8/01/2025

Mediapart

Traducción: viento sur

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