Franco Vielma
18 de junio 2026
El gobierno de Donald Trump hizo público este miércoles 17 de junio el texto del acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán que busca poner fin a la guerra y desbloquear el estrecho de Ormuz.
El documento establece un compromiso y negociaciones durante 60 días para alcanzar detalles definitivos reseñados en el Memorándum, el cual fue firmado por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, presidente de Irán, de acuerdo con la Casa Blanca.
Las rúbricas se centran en detener más de 109 días de guerra y es un compromiso sometido a gran controversia en el debate: mientras los norteamericanos lo proclaman como una victoria, el mundo del análisis geopolítico coincide casi en consenso de que esto es una capitulación estratégica de Estados Unidos.
A continuación, el Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán, analizado a detalle punto por punto.
Análisis. Irán consigue que Estados Unidos, de gran superioridad estratégica militar y perpetrador inicial de este conflicto, decida una culminación inmediata y permanente de sus operaciones militares, sin conseguir objetivos claves sobre los cuales centraron su ofensiva, entre ellos la caída del gobierno de los ayatolá.
Al incluir al Líbano, la Administración Trump sugiere que contendrá a Israel, mientras que Irán hará lo propio con la milicia Hezbolá, dando forma a un acuerdo de paz regional que, si bien será endeble y complejo de aplicar, es rasgo de la urgencia con la que los norteamericanos desean retirarse de las hostilidades.
El aspecto del Líbano es el punto más frágil del acuerdo, por razones del ente sionista israelí. Netanyahu podría continuar unilateralmente la demolición del Líbano e Irán podría encontrar razones sólidas para ejercer represalias.
Análisis. En ninguna circunstancia Irán amenazó la integridad territorial y soberanía de Estados Unidos. La nación persa tampoco intentó un cambio de régimen ni incidir directamente en los asuntos de Washington en su política interna. Por ende, la única parte del acuerdo que capitula en esos elementos es Estados Unidos. Trump indicó la intención de ocupar la isla de Jark, pero ahora firman ahora un compromiso con un gobierno al que prometieron derrocar.
Análisis. Las partes entienden que, luego de semanas de negociaciones muy tensas en el mecanismo de Islamabad, ha sido imposible construir un acuerdo integral definitivo. Pero la premura por crear un acuerdo temprano no estaba sobre Irán, sino sobre los norteamericanos, especialmente cuando la presión por el cierre del Estrecho de Ormuz comenzó a desarticular aún más el sistema de precios energéticos afectando a los mercados. Para Trump era necesario lograr un acuerdo para cambiar la correlación y estancamiento de las últimas semanas, encontrar una puerta de salida, aunque muchos detalles se someterán a un proceso intensa de negociación en los próximos meses.
Desarrollar negociaciones por 60 días sujetos a prórroga sugiere que hay simetría entre las partes, posición de fuerza de negociación en cada una de las partes, e inamovibles críticos. Los norteamericanos negocian desde las condiciones construidas por Irán, al mismo nivel de terreno de Irán.
Análisis. Este ítem, que hace referencia a la reapertura del Estrecho, tiene detalles semánticos que pasan desapercibidos, pero que ilustran la posición de Irán en esta negociación: el Memorando anuncia primero el retiro de Estados Unidos y el desmantelamiento de su bloqueo naval. Declaran retirar sus fuerzas de las proximidades de Irán. El detalle semántico es que Estados Unidos asume primeramente los compromisos, en el orden de concesiones. Cede primero, «por completo», en un plazo de 30 días, lo cual, en términos militares, es un proceso acelerado de desmilitarización de una zona de conflicto, sin dejar elementos disuasivos de contención. Se parece más a un repliegue obligatorio o huida.
La letra pequeña de este punto es lo que Estados Unidos considera como «proximidades» de Irán. El punto no aclara si se trata solo de retirar embarcaciones o si eso incluye otras capacidades en la región que constituyan «obstáculo o perturbación» al posicionamiento de Irán y sus actividades navieras.
Varias bases de la región están destruidas y desmanteladas, mientras que otras siguen funcionando con afectaciones. Irán apostará por la desmilitarización total en las negociaciones a seguir. Es difícil que consiga logros maximalistas, pero es probable que el posicionamiento de bases estadounidenses en Asia Occidental no sea el que una vez fue.
Análisis. Este es el punto más importante para la cuestión energética y condiciones generales que obligaron a Estados Unidos al acuerdo. Lejos de parecer que este punto garantiza la apertura iraní del Estrecho de Ormuz, en realidad otorga a Irán el control fáctico y la coadministración del corredor marítimo junto a Omán, excluyendo la tutela militar de Occidente.
La legislación para el cobro por «servicios» marítimos de Irán y la coordinación con Omán ya existen desde marzo, y la sincronización política de esa ley iraní y el Memorando de Islamabad es apreciable.
El término «Irán hará todo lo posible» evita obligaciones absolutas y, además, el paso libre depende del fin de sanciones norteamericanas. Es evidente que el control del Estrecho, como posición de fuerza asimétrica de Irán, ha cambiado la arquitectura militar y geopolítica del paso marítimo y la región, al largo plazo, dándole facultades a la nación persa para volver a cerrarlo si encuentra razones para ello.
Este es el rasgo más claro de la capitulación de Trump y, por defecto, ha cambiado también las condiciones de correlación energética y el flujo de materias primas en Asia Occidental. Esto tiene proporciones globales.
Análisis. Antes de la guerra, Irán no tenía ninguna aspiración a obtener financiamiento alguno. La nación islámica solo deseaba liberarse de sanciones y recuperar sus haberes congelados. Pero la guerra cambió las perspectivas. Los grandes daños sufridos por Irán pasan factura y la cuenta será pagada por Estados Unidos y sus aliados regionales quienes participaron en las agresiones.
Los fondos de este acuerdo no serán federales, dijo el vicepresidente J.D. Vance. El gobierno de Trump ha dicho que el mecanismo previsto se enfoca más en la inversión privada a gran escala de una Irán libre de sanciones.
Análisis. El anhelado levantamiento de sanciones a Irán podría volverse realidad. Y esto no es una dádiva estadounidense. Aunque el mecanismo será discutido en negociaciones y será de «mutuo acuerdo», esto es una concesión estratégica. Se espera que la nación persa obtenga casi 100 mil millones de dólares en activos de diversa naturaleza congelados o retenidos.
Este no es un asunto puramente económico para Irán. Durante décadas, las sanciones intentaron debilitar la capacidad militar defensiva y ofensiva iraní, así como la consolidación del Eje de la Resistencia, sin lograr esos objetivos.
El levantamiento de sanciones facilitará no solo la recuperación económica y la reconstrucción, también fortalecerá un incremento integral de las capacidades de Irán para acceder a materias primas, tecnologías, servicios de banca, logística y recursos financieros, que son inherentes a su estrategia asimétrica dentro y fuera del país.
La nueva situación de Irán es que han remodelado la arquitectura de seguridad regional y este proceso no irá desacoplado de su interacción económica. De hecho, lo segundo es complementario y tributario de lo primero.
Análisis. Este es un hito clave y central para Estados Unidos, tanto en la guerra como en las negociaciones. Es evidente que la Administración Trump no logró los objetivos de destruir el programa nuclear de Irán, tal como han predicado.
En este punto, los norteamericanos han alcanzado una victoria simbólica y significativa al someter el programa nuclear a una negociación, luego de que vocerías de la Guardia Revolucionaria Islámica declararon que ello no sería negociable. El meollo es justamente ese: una negociación, discusiones por realizarse y la posibilidad de un desenlace a futuro. En este punto es necesario diferenciar un programa nuclear de un arma atómica.
El 9 de agosto de 2005, el ayatolá Alí Jamenei emitió una fatwa (edicto religioso) que declara que la producción, almacenamiento y uso de armas nucleares están prohibidos por el Islam. En la teocracia iraní, este decreto tiene un peso moral y político fundamental para la gobernanza.
Irán es parte de los acuerdos de no proliferación nuclear y los ratificó en 1970.
El acuerdo nuclear iraní (formalmente conocido como el Plan de Acción Integral Conjunto o PAIC) se firmó en 2015 y estableció que la República Islámica no crearía armamento nuclear. El gobierno de los ayatolá ha dicho incansables veces que su programa nuclear ha sido y será siempre pacífico. Este acuerdo fue destruido unilateralmente por el propio Donald Trump en 2018.
Al comprometerse a no crear un arma nuclear, Irán no renuncia a ningún imperativo estratégico. De hecho, en el Memorando ratifica sus principios y los precedentes legales que han regido su política nuclear pacífica.
Sobre el material nuclear altamente enriquecido, el documento establece «resolver la disposición» del mismo mediante la «desnaturalización in situ» (inhabilitar el material enriquecido), y si esto se consolida será importantísimo para las aspiraciones estadounidenses.
Estados Unidos no descarta ni suprime el programa nuclear de Irán, pues es una realidad objetiva inapelable. El Memorando, por el contrario, reconoce las «necesidades energéticas» iraníes. Este es un punto medular. El programa nuclear no solo no fue desmantelado militarmente, más bien será blindado bajo un nuevo paraguas, tal como en 2015, mediante un nuevo acuerdo.
El asunto estructural de esto se pierde de vista, ya que la República Islámica ha formateado las condiciones estructurales que rigen la correlación de fuerzas en Asia Occidental, y a expensas de ello, podrán continuar con su programa nuclear desarrollando capacidades en esa dirección. Si en un futuro los acuerdos terminan rotos, Irán habrá preservado un importante disuasivo estratégico: la capacidad de crear material altamente enriquecido.
Análisis. El punto 9 es una concesión estadounidense y acto de construcción de confianza para viabilizar lo establecido en el punto 8.
Análisis. Este ítem ilustra la necesidad de Washington de contener la volatilidad en el mercado energético y la crisis de suministro creada en Ormuz. Mientras se encaminan las negociaciones, habrá licencias. El crudo iraní volverá a fluir, muy pronto, en condiciones legales en el corto plazo en el mercado internacional.
Análisis. El texto es claro al establecer que se «acordarán mutuamente» los procedimientos para liberar los activos. Su ambigüedad es un recurso semántico para superponer la negociación como condición. Es Washington tratando de matizar su capitulación, pues el Memorando contradice esa ambigüedad en las últimas líneas del Punto 11, al aclarar que Estados Unidos «se compromete» a agilizar todo uso de esos recursos, según disponga Irán.
Análisis. Las premisas de estos puntos son breves y contundentes: seguimiento a los puntos del Memorando, flujo naviero en Ormuz bajo la rectoría iraní y liberación de recursos iraníes congelados o retenidos. Estos son incentivos y alcances tempranos del acuerdo.
Y, finalmente, una resolución vinculante en el Consejo de Seguridad de la ONU, para blindar el acuerdo total al largo plazo.
Suponiendo que las negociaciones alcancen un final satisfactorio, según los puntos esenciales del Memorando de Islamabad, estaríamos ante el viraje estratégico más importante en Asia Occidental en décadas. Irán emerge con un poder inédito, cambiando la arquitectura y la simetría geopolítica en la región, logrando imponer sus premisas esenciales al ejercer el uso de la coerción y las armas frente a Estados Unidos e Israel.
*Franco Vielma es escritor, analista político y comunicador. Licenciado en Sociología del Desarrollo. Especialista en Planificación pública. Magister en Comunicación Política. Ha sido analista para Petróleos de Venezuela S. A. Fue Coordinador en el Vice Ministerio de Asuntos Estratégicos, adscrito al Ministerio del despacho de la Presidencia de Hugo Chávez.
Fuente: Misión Verdad
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