“Para nosotros los inuit, el hielo es vida, el hielo es cultura, el hielo es todo”, Sheila Watt-Cloutier1
Donald Trump mintió cuando dijo en el Foro de Davos que Groenlandia era un trozo de hielo. No, Groenlandia es mucho más que una isla helada. En el siglo XXI el Ártico será una región estratégica tanto desde el punto de vista político, militar como ecológico.
Lo que hace tiempo nos parecía una excentricidad de Trump cuando habló de ocupar Groenlandia, anexionarse Canadá o México, se está convirtiendo en una realidad. Ese trozo de hielo del que habla Trump es un inmenso territorio de más de dos millones de km2 en su mayor parte inhabitable (90%) que permanece helado desde hace más de 400.000 años con una capa que tiene un espesor medio de profundidad de 3.000 metros.
El gran interés de la administración republicana, calificada de negacionista sobre el cambio climático, es que en el fondo reconocen que, en las próximas décadas, el océano Ártico será más fácilmente navegable por el derretimiento del hielo. No es casualidad que esa zona se esté convirtiendo en un nuevo centro de intereses donde convergen conflictos militares, políticos y económicos entre Rusia, China, Europa y, ahora, los EEUU.
El corazón palpitante de los océanos del mundo
El mundo, tal y como lo conocemos, no sería lo mismo sin Groenlandia y la región Ártica. Su papel es fundamental ya que actúa como una bomba reguladora del clima del Hemisferio Norte a través de las corrientes de los océanos. En concreto la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC). Se trata de una rama del gran Transportador Oceánico (un sistema de circulación global en los océanos del mundo que mueve el agua caliente del Hemisferio Sur hacia el Norte y, una vez allí, regresa con masas de agua fría). Este proceso constante apenas se ha interrumpido y, cuando lo ha hecho, ha provocado alteraciones en el clima enormes.
¿Estamos en uno de esos momentos? La comunidad científica lo debate. Algunos estudios señalan que AMOC se está ralentizando y podría colapsar hacia finales de este siglo. El motivo es el deshielo glaciar del norte que está expulsando hacia el mar masas enormes de agua alterando la salinidad y la circulación de las corrientes transportadoras. Las consecuencias pueden llegar a desestabilizar los climas de una gran parte del mundo: una parte de Europa y América del norte podría congelarse mientras que una parte de África y América del Sur evolucionaría hacia climas tropicales.
Groenlandia amenazada por el cambio climático
El Ártico es más sensible que el resto del planeta debido a un fenómeno llamado “ampliación ártica”, en donde los cambios se suceden más rápidamente. El hecho es que se están detectando aumentos de hasta +6º respecto a la temperatura media en relación a la era preindustrial; es decir, cuatro veces más rápido que en el resto del planeta2.
Esta situación plantea terribles dilemas. El deshielo se está acelerando. En doce meses (31 agosto 2024 a 31 de agosto 2025), Groenlandia, ha perdido 105.000 toneladas métricas de hielo según los científicos del Instituto Meteorológico de Dinamarca como publicaron en Carbón Brief. La capa de hielo de Groenlandia se ha adelgazado en 2.000 millas cuadradas entre 1985 y 2022, según estudios publicados en Nature. En palabras de Sara Das (glacióloga y científica del Instituto Oceanográfico de Woods Hole “Groenlandia está en una dinámica imparable hacia el derretimiento”3.
Ese derretimiento no llegará de un día para otro sino que tardará miles de años pero los impactos son inmediatos o se cuentan en unas cuantas décadas. Entre ellos, la subida del nivel del mar (desde 1993 ha aumentado diez centímetros). El deshielo del permafrost es otro factor adicional alterando los ciclos del carbono y aumentando los gases de efecto invernadero. También la pérdida de albedo al reducirse las masas de hielo (el color blanco actúa como reflectante mientras que las superficies más oscuras atraen la radiación solar). Y finalmente, la pérdida de biodiversidad de especies animales y vegetales que solamente sobreviven en esas condiciones polares, como la fauna de osos blancos, focas, ballenas, pingüinos, narvales, caribúes, etc.
¿Son las materias primas el principal objetivo de Trump?
La inmensa mayoría de los medios de comunicación y analistas han puesto el foco -de ese interés de Trump- en las materias primas. En mi opinión ese no es el motivo fundamental. Es cierto que Groenlandia tiene una riqueza -tanto en el subsuelo como en el mar- de unas proporciones incalculables.
Cuando la UE cartografió esa zona encontró un total de veinticinco de los treinta y cuatro minerales de su lista de materias primas. Entre ellos: carbón, cobre, oro, grafito, ilmenita, molibdeno, hierro, plomo, níquel, gemas, tierras raras, plata, titanio, uranio, zinc, además de petróleo y gas natural. Todos son fundamentales en un mundo donde la producción necesita de ellos para fabricar ordenadores, smartphones, baterías eléctricas, paneles solares, motores, etc. Por no hablar de las necesidades de la industria militar.
Pero hay una realidad contra la que, por el momento, el ser humano no puede superar que son las condiciones inhabitables de una gran parte de Groenlandia. Estas condiciones limitan la posibilidad de una gran explotación minera a corto o medio plazo. De hecho, en estos momentos solamente operan siete empresas. El proyecto más importante es Tan Breez que cotiza en Nasdaq a través de Critical Metals y que está intentando abrir este año una mina de tierras raras cerca de Qaqortoq4.
La explotación de los recursos mineros es una tarea muy complicada por varias razones: solamente el 10% se puede habitar durante todo el año; una gran parte de la isla tiene seis meses de oscuridad; carece de carreteras, aeropuertos, red eléctrica y mano de obra. Como dijo Anthony Marchese, presidente de Texas Mineral Resources, “si vas a Groenlandia por los minerales, hablas de miles de millones de dólares y de un tiempo extremadamente largo (alrededor de unos diez y seis años para que una mina comience a ser rentable). Javier Blas analista en Bloomberg dice: “la isla no es un Wonderland de materias primas, es un desafío pero no ha producido aún un solo barril de petróleo a pesar de los intentos”. Bent Jensen decía algo parecido: “ la mina de Greenland Ruby se abría y se cerraba debido a las condiciones, veo poco probable un auge minero”5. En resumidas cuentas, el “tesoro” está ahí pero no es fácil acceder a él.
Los EEUU de Trump tienen otro objetivo prioritario
El Ártico ya no es un lugar remoto en un extremo del mapa, es una zona del mundo que puede llegar a ser uno de los centros de gravedad. La publicación digital Xataka, a través de sus analistas, lleva insistiendo en los argumentos que he mencionado antes.
Cuando Trump da como argumento la “seguridad nacional” no es que esté intentando ocultar su objetivo, sino que nos está revelando que lo que más le preocupan a las élites de EEUU es la competencia con China (en todos los terrenos), con la UE (en lo económico) y con Rusia (en lo militar). Creo que Groenlandia se encuentra, en estos momentos, en el top de sus prioridades: la carrera tecnológica (fundamental en la industria civil y militar) y la configuración de un espacio de hegemonía estadounidense que abarcaría la mayor parte del Hemisferio Norte Occidental.
Una manera para avanzar hacia ese objetivo es Groenlandia. Con la ayuda del cambio climático los hielos del océano Ártico irán cediendo, se abrirán nuevas vías navegables y nuevos corredores comerciales (se calcula que esa ruta reduce la navegación unos dieciséis días). Según la mayoría de los informes, la presencia de Rusia y China en esa zona es hoy mucho mayor que la de los EEUU. Incluso Europa contaría con la ventaja de que Groenlandia pertenece legalmente a Dinamarca.
En octubre de 2025 la naviera china Sea Legend Shipping de 294 metros de eslora y bajo bandera siberiana completó su primera ruta ártica directa a Europa. Transportaba 4.890 contenedores de nudos fotovoltáicos, sistemas de almacenamiento de energía y mercancías de comercio electrónico transfronterizo. Es lo que se conoce como la Ruta de la Seda Polar por la que China está intentando conectar a través del Ártico a Europa, Asia y América6.
“Para EEUU, que llega tarde a este tablero, Groenlandia representa el atajo perfecto: un enclave situado entre el Atlántico y el Ártico, capaz de albergar puertos de aguas profundas, bases aéreas y nodos logísticos desde los que compensar la ventaja ruso-china. Visto así, más que una mina, Groenlandia es un puerto adelantado al mundo que viene. Una pieza desde la que influir en el comercio global del siglo XXI y en el control de las rutas que, por primera vez en la historia moderna, dejan de estar cerradas por el hielo”. (7)
Esto explica el encargo de la administración Trump a Finlandia para que construya una flota de buques rompehielos sin los cuales, a día de hoy, es inviable la navegación por el Ártico. Por el momento, solamente Rusia tiene estos buques y está colaborando con China.
La actuación de EEUU en Venezuela es reveladora de lo que intentarán en Groenlandia y en otras partes del mundo. No están dispuestos a discutir con nadie lo que ellos consideran como el dominio de su espacio vital. Mientras Ucrania no tiene interés y favorecen las aspiraciones de Putin, defienden a ultranza que Venezuela, Colombia, México, Canadá o Groenlandia son parte de su seguridad nacional. El proyecto de construir un sistema de defensa antimisiles -Cúpula Dorada- similar al que tiene Israel (Cúpula de Hierro) responde a este criterio. Como dice Miguel Jorge en Xataka:
“El telón de fondo es que el norte de Europa está cada vez más militarizado, donde los incidentes contra cables submarinos, gasoductos e infraestructuras cŕiticas en el Báltico han normalizado la idea de una guerra híbrida permanente. En ese contexto, Washington observa cómo Moscú y Pekín ensayan tácticas de presión por debajo del umbral del conflicto abierto, mientras las respuestas legales y judiciales se muestran lentas e ineficaces” 7.
El futuro de Groenlandia es también de todo el planeta
Hasta el momento el asunto de Groenlandia aparece como una disputa entre la UE y Trump. Pienso que el conflicto va mucho más allá. En Groenlandia viven 56.000 personas, en su mayoría inuits. Para Dinamarca es una colonia que le pertenece según la legalidad internacional. Trump reclama su derecho porque no cree en el derecho internacional sino en la supuesta deuda económica y moral que tiene el resto del mundo con EEUU.
Lejos de lo que dice Trump, Groenlandia no es un trozo de hielo al que en su ignorancia llega a confundir con Islandia. No lo es. Groenlandia es un corazón que bombea, que regula gran parte de nuestros climas y que contiene miles de especies marinas y terrestres.
El cambio climático antropogénico está llevando al Planeta a condiciones desconocidas. La colonización fascista de Groenlandia será un salto cualitativo para la destrucción de muchos ecosistemas. El fascismo climático no aceptará límites ni regulaciones ni leyes internacionales, tomará Groenlandia violando los metabolismos de la Biosfera. Groenlandia es un asunto que va más allá de su población y de la disputa internacional. Nos concierne a todas y todos como en su día la selva del Amazonas. Movilizarnos contra el intento colonizador de Trump es una de las tareas más importantes de este momento.
Si la industria minera, los buques gigantescos, las bases militares, la apertura de pozos de petróleo y gas natural, se instalan en la gran isla blanca, habremos vuelto a perder otra gran batalla estratégica.
Durante miles de años los inuits han vivido tomando de la naturaleza lo que necesitaban y cuidando de ella. Uno de sus proverbios ancestrales dice: “El día en que una huella no quede marcada en la nieve, significará que la tierra está herida de muerte”. Aún nos queda tiempo para poder evitarlo.