118 / 26 - La soberanía como situación extraordinaria: la geopolítica de la era Trump ( Aleksandr Duguin )

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RGE 118 / 26

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La soberanía como situación extraordinaria: la geopolítica de la era Trump

La muerte del derecho internacional y el triunfo de la «política del poder»

(Comentario metafísico sobre los acontecimientos de 2025-2026)

Pregunta: Alexander Guélievich, volvamos a la turbulencia del cambio de década 2025-2026. Observamos una escalada sincronizada: Venezuela, Groenlandia, la nueva retórica de Trump, la inestabilidad en torno a Irán. ¿Por qué este «proyectil» geopolítico ha caído de forma tan concentrada?

A.D.: Estamos presenciando el momento de la verdad: la realización de los planes que Donald Trump articuló durante la campaña electoral de 2024-2025. Lo que entonces se percibía como extravagancia, gamberrismo diplomático o ideas grotescas irrealizables —las ideas de anexionar Groenlandia, absorber Canadá o invadir directamente Venezuela— ahora se está haciendo realidad. Trump no se limitó a declarar la transición a la política de poder (Power Politics), sino que comenzó a aplicarla de forma implacable.

Su reciente máxima —«el derecho internacional no existe» y la única fuente de legitimidad es la propia identidad del sujeto— no es más que una definición pura y destilada de la soberanía. Porque, según Carl Schmitt, el soberano es aquel que toma la decisión en una situación de emergencia (Ausnahmezustand). Cualquier guerra, cualquier ruptura del equilibrio mundial es una situación de emergencia por excelencia. Y quien dicta su voluntad en este caos es el soberano, independientemente de si encaja en el lecho de Procusto de las normas jurídicas.

Hay que ser consciente de que el derecho internacional es siempre el resultado del consenso de los vencedores. Cuando la arquitectura jurídica existente deja de satisfacer los apetitos de las potencias líderes, como ocurrió con la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, que se autoproclamó señora única de los mares, lo que provocó un conflicto con el mundo ibérico, comienza la guerra. Trump ha anunciado que ese momento ha llegado.

El sistema comenzó a pudrirse desde la desintegración de la URSS, cuando los traidores de nuestro liderazgo cometieron un crimen que va más allá de la catástrofe: le entregaron al enemigo las llaves del «Grad» en bandeja. Con la desaparición del bloque socialista, el edificio del derecho internacional se tambaleó y se erosionó. Y si los liberales soñaban con un mundo global, Trump truncó bruscamente esos sueños: primero, el fortalecimiento de la hegemonía estadounidense y del Estado nacional; después, el globalismo. Nos encontramos en plena Tercera Guerra Mundial, en pleno proceso de rediseño del mapa mundial.

Neomonroísmo y el fin de las pequeñas soberanías

Trump actualizó el llamado «corolario de la doctrina Monroe». Si en el siglo XIX James Monroe postuló la liberación de las Américas de la influencia europea, Trump ha dado la vuelta a esta tesis: ahora significa el control directo y total de Washington sobre todo el hemisferio occidental. Esto, como acertadamente señaló Tucker Carlson, es una transición de la República a la Imperio.

En esta situación, Rusia no tiene otra opción ontológica que proclamarse Imperio y afirmar la doctrina Monroe euroasiática: «Eurasia para los euroasiáticos».

  • Trump afirma: el hemisferio occidental es propiedad de Estados Unidos.
  • Nosotros debemos responder: el hemisferio oriental es la esfera de dominio de Rusia y China (así como de la India).

Entramos en la era de un mundo tripolar. El destino de Europa en esta estructura es lamentable e impredecible: corre el riesgo de convertirse en víctima de la próxima guerra por Groenlandia entre Estados Unidos y la OTAN, y las élites de Bruselas, completamente desconcertadas, ya están dispuestas a recaudar fondos para «defender Dinamarca».

Para nosotros, el imperativo es claro: convertirnos en un polo de poder soberano. En esta nueva y dura topología del mundo, los pequeños Estados nacionales son chatarra histórica. El concepto de soberanía para los países que no poseen un escudo nuclear ha sido aniquilado:

  • No puede haber una Armenia soberana.
  • No puede haber una Georgia o un Azerbaiyán soberanos.
  • No puede haber un Kazajistán, un Uzbekistán, un Tayikistán o un Kirguistán soberanos.

O bien se convierten en parte de nuestro Estado Federal, nuestro Grossraum, o bien se transforman en un puente para Occidente (o China). No hay tercera opción. La era de las «Suizas» neutrales ha terminado.

El yugo energético y el «pensamiento después de Gaza»

Pregunta: ¿No se está tramando una estrategia para asfixiarnos energéticamente mediante el colapso de los precios, teniendo en cuenta las reservas de Venezuela, Irán y las ambiciones árticas de Estados Unidos?

A.D.: Los riesgos son enormes. Trump, al atacar nuestra flota fantasma e imponer sanciones, pretende privarnos del «derecho a respirar». La energía es un arma. El ataque a Maduro, la presión sobre Irán, las pretensiones sobre Groenlandia… Todo ello son eslabones de una misma cadena para bloquear nuestras perspectivas árticas, que nos ha dado Dios.

Pero responder a ello con una «expresión de preocupación» o apelando al difunto derecho internacional significa demostrar una debilidad que en Washington y Bruselas solo provoca una sonrisa burlona. Ya hemos entrado en un mundo en el que el «llanto de Jeremías» está fuera de lugar.

Es más, estoy convencido de que se está preparando la próxima operación de cambio de régimen contra Rusia:

  1. Primero, con la ayuda de Israel y Estados Unidos, eliminaron a los líderes de Hamás y Hezbolá.
  2. Luego destruyeron a los oficiales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y a los científicos nucleares iraníes.
  3. Ahora, un ataque con drones contra la residencia de nuestro presidente y un atentado contra la tríada nuclear.

Es una «marca negra». Ya no hay líneas rojas. Nuestra respuesta debe ser un régimen en el que cada día sea el Día del «Oresnick». Los golpes deben dirigirse contra los centros de toma de decisiones, contra los líderes políticos del régimen terrorista ucraniano.

Estamos obligados a asimilar una filosofía aterradora: el pensamiento después de Gaza. Al igual que Adorno se preguntaba sobre la posibilidad de la poesía después de Auschwitz, debemos comprender que en 2026 Gaza se ha convertido en la medida de todas las cosas:

  • conviertes al enemigo en Gaza.
  • te conviertes tú mismo en Gaza.

Es una conclusión inhumana e inmoral, pero no tenemos otro mundo. A los vencedores —Netanyahu, Trump, Zelenski— no se les juzga. Nosotros, en virtud de nuestra humanidad, no considerábamos enemigos a los ucranianos, sino que los considerábamos nuestro pueblo. Pero cuando miro a Zelenski, Budanov y Malyuk, no veo en ellos a nuestro pueblo. Es una ontología diferente, ajena. Y si seguimos jugando al humanismo y a los «cheburashkas», felicitando a los recién casados en medio del apocalipsis, no habrá matrimonios, ni Cheburashkas, ni Rusia.

Trump: un enemigo honesto y una oportunidad para la victoria

Pregunta: Hace un año calificó a Trump de «oportunidad», ya que, a diferencia de los globalistas locos, no es un maníaco. ¿Ha cambiado su opinión tras un año de su mandato?

A.D.: Trump es a la vez un enemigo y una oportunidad. El loco era Biden, con su globalismo hipócrita, que desató la guerra en Ucrania. Trump, por su parte, es la encarnación de la voluntad de poder, ha abolido el «lenguaje de la mentira» por innecesario. Su mundo es el mundo de la fórmula «Puedo y lo haré».

Durante este año, Trump, por supuesto, se ha alejado de su programa MAGA hacia los neoconservadores. En política interior no ha hecho nada: ni arrestos de corruptos, ni las purgas prometidas (¿dónde está el caso Epstein?). En cambio, en política exterior se ha mostrado aún más intervencionista de lo esperado.

Pero ahí radica su «honestidad». Con él no se puede jugar con cartas marcadas de la diplomacia: simplemente sacará la pistola. Solo entiende el lenguaje de la fuerza. Y esa es nuestra oportunidad. Debemos actuar de forma simétrica: no explicar, no justificarnos, sino tomar lo que es nuestro. Trump solo respeta a quienes son capaces de arruinar al enemigo, como hizo Israel con Gaza (lo cual, cabe destacar, Trump aprobó tácitamente).

Fenomenología del cinismo

Pregunta: ¿Pero qué hay de sus tuits sobre el «espíritu de Anchorage» y su amistad con Putin?

A.D.: Es cinismo absoluto y cristalino. Trump ensalza con el mismo patetismo la «gran Coca-Cola Light», la cual bebe a litros, y las negociaciones con el líder de algún Vanuatu. Ni siquiera intenta mentir, simplemente transmite el flujo de su conciencia, donde todo es «genial».

Su intento de «salvar a Ucrania» mediante un alto el fuego fue para nosotros una trampa mortal y, afortunadamente, su arrogancia imperial rápidamente devolvió todo a su sitio: a los ultimátums que rechazamos. Trump es transparente. Cuando no dice directamente «os mataré», lo da a entender. Hemos aprendido a leer esos pensamientos. Ya no hay tiempo para ilusiones ni negociaciones. Solo existe la voluntad de vencer, basándose exclusivamente en nuestras propias fuerzas.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

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