
Las recientes movilizaciones en Irán comenzaron el domingo 28 de diciembre con una huelga de comerciantes del bazar de Teherán, ante la vertiginosa caída de la moneda nacional y la hiperinflación que hace impredecible la actividad económica. Rápidamente se extendieron a los estudiantes y a las clases populares de numerosas ciudades, expresando un rechazo generalizado a la pobreza, las desigualdades sociales extremas y la tiranía.
La respuesta del poder
El Gobierno ha intentado apaciguar a los manifestantes del bazar con concesiones fiscales, al tiempo que ha cerrado las universidades contestatarias y ha reforzado la represión y las medidas de seguridad contra la juventud y las clases populares movilizadas. Pero el movimiento continúa, afectando al menos a 88 ciudades, en particular pequeñas y medianas, mientras que algunas grandes metrópolis también están experimentando movilizaciones en determinados barrios.
En el noveno día de esta movilización, más de mil personas han sido detenidas, entre ellas muchos adolescentes, y al menos treinta y seis manifestantes, entre ellos dos adolescentes, han sido asesinados. También han muerto dos miembros de las fuerzas represivas.
Profunda ira social
La juventud, y en particular las y los estudiantes, constituyen el núcleo de estas movilizaciones, con una notable participación de los habitantes de pequeñas ciudades desfavorecidas, duramente afectadas por la inflación, la caída de la moneda nacional y el aumento de los precios.
Esta movilización refleja una ira social profunda y duradera, fruto de décadas de injusticias, precariedad y represión, y no de una simple fluctuación monetaria. El agravamiento de las desigualdades y la pobreza es el resultado de una crisis estructural del sistema político-económico iraní, agravada por las sanciones internacionales, una gobernanza marcada por la corrupción y el clientelismo, así como por las políticas llevadas a cabo por la República Islámica.
Ante estas movilizaciones, las autoridades responden con represión, detenciones masivas y violencia. Sin embargo, la experiencia de los movimientos de 2017, 2019 y 2022 demuestra que esta estrategia nunca ha logrado imponer una sumisión duradera. Las protestas actuales se inscriben así en una continuidad de protestas recurrentes.
Intentos de instrumentalización y sus consecuencias
Estados Unidos e Israel han intentado instrumentalizar estas movilizaciones en el contexto de su conflicto con la República Islámica, con el pretexto de defender al pueblo iraní, a pesar de su papel en la violencia sin precedentes contra la población civil en la región y más allá de ella.
Por último, las recientes declaraciones de los dirigentes estadounidenses e israelíes, así como de los servicios de inteligencia, han proporcionado a la República Islámica de Irán un pretexto adicional para intensificar la represión, justificar las detenciones y acusar a los manifestantes de actuar en interés de potencias extranjeras.
Al mismo tiempo, Reza Pahlavi, el heredero de la corona, y sus partidarios reaccionarios, favorables a una intervención militar extranjera, han intentado presentarse como una alternativa política para liberar Irán. Incluso han manipulado vídeos y falsificado consignas de las manifestaciones para presentar al hijo del antiguo sah como un líder popular. Estas maniobras han desacreditado a la corriente monárquica y reforzado el rechazo de los manifestantes, que reafirman su negativa a cualquier tutela o autoridad impuesta.
Perspectivas y solidaridad
En cuanto a las movilizaciones populares, es difícil prever su duración o su capacidad para hacer retroceder al poder, sobre todo porque aún no han entrado en una fase política estructurada, a pesar de consignas radicales como muerte al dictador, y porque no existe ninguna alternativa política creíble. Esta ira generalizada solo podrá transformarse en una fuerza eficaz mediante la convergencia del movimiento de protesta general y las luchas en los lugares de trabajo, los barrios populares y las universidades.
Sin embargo, la juventud y las clases populares de Irán merecen el apoyo internacional de las fuerzas sociales y políticas solidarias en sus luchas contra el alto coste de la vida, las injusticias sociales y la tiranía.
6/01/2026
Traducción: viento sur
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