09.05.2014 | OPINIÓN
Por:
Fabio
Oliva
La Ciudad de Buenos Aires tiene una de las más bajas cantidad
de superficie verde por habitante. Entre 1 y 2 m2 por habitante
se debaten los más pesimistas y los más optimistas pero en
cualquiera de los casos se encuentra muy lejos de los entre 10 y
15 m2 por habitante recomendados por la OMS.
Cuando el gobierno porteño y sus legisladores deberían estar
preocupados por construir más espacios verdes (se calcula que se
deberían crear por lo menos 100 nuevos parques y plazas), muy
por el contrario se impulsa y sanciona una nueva ley que permite
reducir los espacios verdes. Sin dudas, una paradoja nefasta que
sólo puede ser justificada por alguna cuenta que demuestra que
para esta gestión nuevamente los negocios son más importante que
la salud y la vida. de los ciudadanos.
La alianza de legisladores del PRO y UNEN que aprobó la ley
estaba tan apurada en sancionarla que hizo oídos sordos a los
ciudadanos y legisladores que les advirtieron que el Parque
Avellaneda debería ser exceptuado. ¿Por qué? En el Parque
Avellaneda sigue vigente la ley 1153 lograda por la iniciativa
sostenida por la ciudadanía desde el año 1989, de una práctica
de planificación participativa y gestión asociada totalmente
innovadora, valorada y reconocida en diferentes ámbitos.
La ley 1153 de la CABA fue votada en positivo por unanimidad y
sancionada en el año 2003, salió publicada en el Boletín Oficial
Nº 1904 del 19 de marzo de 2004 y posteriormente fue
reglamentada en el año 2005 cumpliendo con todas las instancias
necesarias para su aplicación plena.
Dicha Ley dice en su Artículo 2° "Ratifícase el Plan de Manejo
del Parque Avellaneda del año 1996 y el marco metodológico
establecido en el mismo, como el instrumento ordenador del área
y que como Anexo I forma parte de la presente Ley". En el Plan
de Manejo mencionado en su Capítulo 1.7 Términos de Referencia,
punto 4, se establece la Prohibición absoluta de nuevas
edificaciones. Este punto es el que determina que esta nueva Ley
no puede contradecir a una Ley anterior. Más allá de la tristeza
y la indignación frente a este nuevo embate a la democracia
participativa, esta excepción del Parque Avellaneda se
transforma en una oportunidad para unirnos aún más en la
defensa de lo público.
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