La base de todos los conflictos fraternos (entre heramanos de una familia, entre compañeros de trabajo, entre vecinos, entre miembros de una organización, etc, etc) está el problema del perdón. La gente es ofendida algunas veces pero se siente ofendida mucha veces. Necesitamos estar perdonando sin cesar, sanando las heridas.
De otra manera el rencor es un tumor que envenena las fuentes de la alegría, inunda de tristeza el alma y cubre nuestro cielo de nubes oscuras. El resentimiento solo destruye al resentido. No hay locura mayor que atizar y alentar el rencor. El perdón beneficia al que perdona.
Por otra parte, los corazones doloridos son corazones desabridos en el trato con los demás. Perdonar equivale a liberarse de un peso de muerte, a sanarse como quien extirpa un tumor, a purificarse como quien retira un veneno. No existe terapia tan liberadora como el perdón. Por simple interés de equilibrio emocional y salud mental valdría la pena estar perdonando constantemente.
3.9. Perdonarse
pags. 107-108
Les invito a participar en los Talleres de Oración y Vida donde sea que se realice. puede ser en una parroquia u otros lugares. Estate atentata o atento a estas convocatorias. Allí se enseña a manejar varias formas de practicar el perdón.
Vale la pena, les garantizo