CUIDA: sentipensar, autonomía y cuidado más allá del impacto. María Cristina Ibarra

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Katerine Maribel Quiñones Quiñones

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May 7, 2026, 11:24:23 PM (5 days ago) May 7
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¡Hola a todas y todos! Soy Katerine Maribel Quiñones Quiñones, estudiante del doctorado en Diseño, Arte y Ciencia  de la universidad Jorge Tadeo Lozano. 

En el marco de la Cátedra Diseño, Arte y Ciencia, participé como moderadora —junto con Ximena Torres— en la conferencia de María Cristina Ibarra, centrada en la experiencia CUIDA: prácticas y experiencias participativas de Diseño–Antropología en tiempos de Antropoceno.
Las preguntas formuladas durante la sesión buscaron profundizar en tres dimensiones clave de su trabajo:

  1. El cuerpo como forma de conocimiento y desobediencia epistémica,
  2. la imaginación colectiva como práctica de cuidado y apertura de futuros, y
  3. el acompañamiento de procesos comunitarios más allá de las métricas tradicionales de impacto.

Las reflexiones que siguen se construyen a partir de las respuestas de la conferencista, con el propósito de abrir la discusión dentro de la Red Latinoamericana en Diseño, Ciencia, Arte y Tecnología (RedCatSur).
La grabación completa de la sesión puede consultarse aquí:
https://youtu.be/LlLoog7hcxw?si=IUfGeALC-NvPaGvd

Pensar con las manos: sentipensar y desobediencia epistémica

Al referirse al taller de Dibujología, María Cristina Ibarra propone el sentipensar como una práctica que desobedece la separación moderna entre mente y cuerpo. Lejos de ser una metáfora abstracta, sentipensar —en la tradición de Orlando Fals Borda y en la práctica desarrollada por Ibarra— implica ensuciarse las manos, activar el cuerpo y permitir que el territorio nos transforme.

Desde esta perspectiva, investigar y diseñar no significa aprender sobre un objeto, sino aprender con: con las personas, con los materiales y con los lugares. El cuerpo deja de ser un soporte secundario y se convierte en una fuente legítima de conocimiento, capaz de orientar decisiones, abrir preguntas y reconfigurar el propio proceso investigativo.

La desobediencia epistémica aparece, entonces, cuando se abandona la figura del diseñador o investigador experto que extrae información desde un escritorio, y se reconoce que quien diseña también es afectado, educado y transformado por la experiencia. En CUIDA, el conocimiento no precede a la acción: emerge en la medida en que se camina el territorio, se dibuja, se conversa y se comparte.

Desde este lugar, los procesos participativos se entienden como celebraciones del encuentro. No buscan controlar resultados ni reducir la incertidumbre, sino desarrollar la capacidad de estar presentes —corporal, sensible y éticamente— frente a lo imprevisible. La incertidumbre no es una falla del método, sino una condición constitutiva del sentipensar.

Cartas, imaginación colectiva e infraestructuras para la autonomía

En relación con el uso de cartas como estrategias de diálogo participativo, María Cristina Ibarra es clara: no son manuales ni metodologías para resolver problemas. Tampoco ofrecen soluciones predefinidas. Su potencia radica en funcionar como infraestructuras relacionales que facilitan el diálogo y habilitan procesos colectivos de imaginación.

En sintonía con la noción de Diseño Autónomo de Arturo Escobar, estas cartas no buscan diseñar futuros para las comunidades, sino crear condiciones para que las comunidades puedan construir y sostener sus propios futuros posibles. Se alejan así del solucionismo hegemónico y de la promesa moderna de una “Tierra Prometida” universal, inevitable y tecnocrática.

La imaginación colectiva, tal como aparece en CUIDA, no proyecta futuros espectaculares ni tecnologizados, sino que se ancla en los deseos, las necesidades y los conflictos situados. Preguntar qué futuro se desea —en lugar de decidirlo desde afuera— es ya un gesto político que desplaza la autoridad del diseño y reconoce la pluralidad de mundos posibles.

Las cartas, más que aplicarse, se activan en relación. Problematizan incluso la idea de “aplicar” herramientas, entendida muchas veces como transferencia mecánica de métodos del Norte global hacia el Sur. En cambio, proponen dedicación, escucha y entrelazamiento, aceptando que los procesos creativos son siempre colectivos, conflictivos y abiertos.

Más allá del impacto: economías del cuidado y sostenimiento de la vida

Frente a la pregunta por la evaluación de la experiencia CUIDA más allá del corto plazo, Ibarra plantea un desplazamiento fundamental: abandonar las métricas tradicionales de impacto para pensar el valor del diseño desde el cuidado.

En el capitalismo verde y en muchos marcos institucionales, el impacto se mide con números rápidos, indicadores visibles y resultados cuantificables. En cambio, desde una perspectiva decolonial —afín a las economías de la generosidad y a la ética del mantenimiento—, el éxito de un proceso se mide preguntando si logró sostener la vida, los afectos y los vínculos en el tiempo.

El cuidado, en CUIDA, no es un efecto colateral del diseño, sino su eje central. Se manifiesta en la confianza construida, en la constancia del acompañamiento y en la disposición a no desaparecer cuando el proyecto formal termina. A diferencia de prácticas extractivas —entrar, recolectar y salir—, se apuesta por relaciones que persisten y se transforman.

Desde esta mirada, el impacto no se captura en informes finales, sino en los relatos, los gestos y las apropiaciones que continúan circulando. Es una valoración cualitativa que reconoce que aquello que realmente importa —la dignidad, la memoria, el cuidado mutuo— no siempre puede ni debe ser medido.

Comparto estas reflexiones con la RedCatSur como una invitación a seguir pensando colectivamente cómo diseñamos, investigamos y acompañamos procesos en tiempos de crisis planetaria. La experiencia CUIDA nos recuerda que el desafío no es solo metodológico, sino profundamente epistemológico, ético y político.

 

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