Buena tarde a todos los compañeros de la RedCaTSur.
Soy Daniel Alejandro Rodríguez, investigador del GameLab Tadeo y candidato a doctor en Diseño, Arte y Ciencia de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. En mi investigación, exploro cómo los videojuegos pueden dejar de ser vistos solamente como entretenimiento para convertirse en herramientas de transformación social y reflexión crítica desde la experimentación artística y tecnológica con medios emergentes.
Recientemente tuve el privilegio de acompañar a la investigadora Blanca Callén en su conferencia "Derecho a no existir y diseño de suficiencia". Si no la han visto, ya se encuentra disponible en el siguiente enlace:
#CátedraDAC |Diseño Suficiente
A partir de esa charla y de mi propio "cacharreo" en el doctorado, les lanzo estas tres reflexiones para el debate:
Sobre lo invisible en lo digital
"Cada acto de creación es también un acto de destrucción", advertía Tony Fry. Esta premisa resuena de forma demoledora cuando recordamos que alumbrar un dispositivo electrónico exige el 80% de toda la energía que utilizará en su vida útil. La virtualidad es una de las ilusiones más exitosas de la modernidad para invisibilizar este inmenso peso geológico.
A esto se suma que el soporte ineludible de lo virtual requiere minerales críticos como el coltán, cuya extracción en el Congo perpetúa lógicas coloniales y de semi-esclavitud, para finalmente terminar como basura electrónica arrojada a los territorios del Sur Global.
Frente a esto, Callén propone invocar el derecho a no existir. Llevado a nuestro campo, esto nos exige una profunda sobriedad o ligereza digital: diseñar software y plataformas ligeras que no exijan una actualización constante del hardware. Evitar la obsolescencia programada desde el código mismo es una forma de respetar el derecho a no existir de nuevos servidores y dispositivos.
Abrir los aparatos
Cuando la tecnología está cerrada, opera como una caja negra que nos relega a ser consumidores pasivos. Como sostiene Callén, abrir los dispositivos, diagnosticar su funcionamiento y repararlos es un acto de creatividad que empuja y amplía los límites materiales y epistémicos impuestos por el diseño hegemónico.
En mi exploración con hardware abierto para la creación de interfaces físicas, y desde la experimentación con videojuegos de impacto social, propongo posicionar esta práctica como aquello que Mario Blaser llama "infraestructura de emplazamiento", es decir, abrir y modificar un aparato nos permite crear herramientas que respondan a nuestro territorio y a nuestras urgencias locales, en lugar de aceptar pasivamente la caja negra que nos impone el Norte Global.
Al abrir, diagnosticar y modificar el aparato, revitalizamos nuestros vínculos emocionales con la materia y logramos lo que Ezio Manzini denomina una transición poética: pasamos de la innovación extractiva a una relación de cuidado. Dejamos de ser consumidores que acumulan gadgets para convertirnos en cuidadores de un jardín de objetos.
Posibilidades desde la investigación del doctorado y, en mi caso, los Juegos Otros
En el marco de mi investigación, abordo los "Juegos Otros": experiencias interactivas que buscan la transformación social y la reflexión crítica. No se trata de juegos para "entretener" o "gamificar" procesos productivos, sino de dispositivos lúdicos que nos permiten ensayar otras formas de habitar el mundo.
Esta aproximación metodológica se basa en el cacharreo material (abrir, tocar, equivocarse), la desobediencia tecnológica (no seguir las instrucciones del manual) y la necesidad de aprender en colectivo. Se trata de construir soberanía tecnológica desde el Sur Global, entendiendo que las respuestas no pueden ser copiadas de estándares de producción hegemónicos, sino que deben nacer de nuestros contextos, materiales, afectos y urgencias locales.
Preguntas para la discusión
¿Cómo diseñamos software y experiencias virtuales que sean deliberadamente ligeras?
¿Cómo ejercemos, desde el diseño, el derecho a que menos servidores y menos dispositivos "no existan"?
¿Puede la creación de tecnologías abiertas devolvernos el rol de cuidadores de la materia frente al de consumidores?