Foto: Alejandro Olivares
Afines de los 90, Los Peores de Chile se pelearon. Los músicos
estaban chatos de Pogo y sus mandadas a la cresta, que eran pan de cada
día. Pero el 2009 hicieron las paces. Y ahora, dice Pogo, la cosa ha
andado mejor. Tanto que acaban de sacar su tercer disco, “No sabe/No
contesta”, con 11 temas cuyo autor es Pogo, quien canta, guitarrea y
toca la armónica. Para este disco, cuenta, aperró sólo. Sus compañeros
están en otra. Más fomes. “Todos casados, viejos, con hijos. Un
desastre. Pero a quién no le pasa. Yo soy el único que sigue igual que
antes: sin hijos, sin esposa e importándome un comino todo”, dice el
autor de “Cicciolina” y “Síndrome Camboya”. En unos meses se irá con Los
Peores de Chile de gira por Europa.
¿Pasarán por Madrid, donde viviste en los 70?
-No quiero un reencuentro. Volver me partiría el corazón. Europa ya no es la misma. Son todos unos fascistas de mierda.
Pese a eso, sigues ocupando palabras españolas.
-Encuentro horrible como hablan los chilenos. El lenguaje es muy
conservador. Todavía están con el hueón, el conchetumadre, el puta la
hueá. En ese sentido, la jerga española es más exquisita.
ESPAÑA FRANQUISTA
¿Por qué te fuiste a vivir a España tras el Golpe?
-No me gustaba Pinochet. Además que mi papá estaba bien metido en la movida facha.
Bien metido estaba. Tu papá era Mario Carneyro, director de La Segunda cuando salió la portada “Exterminados como ratones”.
-Sí. Puta, mi pobre padre debe estar revolcándose en la tumba. Chica, no
sé, son cosas… son exabruptos. También los tengo. De repente digo cosas
que no quiero decir. Y después me arrepiento. Pero mi papá era peor: él
publicaba sus exabruptos.
¿Le alegaste alguna vez por las portadas que sacó en La Segunda?
-A él lo respetaba. Si quería hacerlo, que lo hiciera. No tenía por qué
entrar en críticas. Ahora, si el tipo cometió un error que no estaba
dentro de los cánones del periodismo, me parece súper lógico que se le
haya expulsado del colegio de periodistas post mortem. Pero también, por
favor, que no me venga a levantar los dedos la prensa chilena, que es
última de manipuladora. No les creo ninguna mierda.
Tú eras anarquista. Tu papá, facho. ¿Cómo se entendían?
-Toda mi adolescencia fui un maldito facho cabrón. Pero explotó el régimen militar y cambié.
¿Qué te hizo cambiar?
-En el fondo siempre fui anarquista. Aunque no conocía la palabra, era
un maldito degenerado que no aceptaba los regímenes de colegio. En mi
casa dejaba la cagada. En esa época no existían los punk, pero yo era el
más punk de todos. Y era a la mierda mi papá, a la mierda mi mamá, a la
mierda mis profesores. Y me echaron del colegio por incendiar una puta
sala en el Luis Campino.
¿Por qué la quemaste?
-Joder, no aguantaba -ni aguanto- el puto orden. No acepto que me digan
“haz esto, haz lo otro”. Chao. Y eso hice: quemé la hueá.
Decías que fuiste un maldito fascista.
-Me criaron diciendo que la vía comunista era la perdición. Lo que
coincidió con que para la UP en mi casa estábamos súper mal
económicamente. No se comía. Nos teníamos que limpiar el trasero con
papel de diario. Y vivíamos en Vitacura, tía, era un choque. Eso me hizo
ser un maldito fascista. Y a los 12 salía a protestar contra Allende
para que no nos transformara en una Cuba.
¿Y?
-Un poco antes de irme a España me di cuenta de cómo eran las cosas y de
que había vivido en una burbuja, puta, como esa en la que viven estos
imbéciles allá arriba para quienes el que no trabaja es un flojo.
¿Y tú familia qué pensó cuando te volviste anarquista?
-Sufrían mucho. Mi papá se dio cuenta inmediatamente que yo era un
maldito revolucionario, aunque fuera de barrio alto y anduviera con
puros amigos fachitas… Y sabía que no iba a durar ni un año con régimen
militar.
¿Y trató de enderezarte?
-En mi casa no se la podían conmigo. Tanta, tanta, tanta, tanta
represión hacía que me fuera poniendo más cabrón, más cabrón, más
cabrón, más cabrón. Y nunca pudieron darme el golpe definitivo para
calmarme. Mientras más me pegaban, más conchesumadre me ponía. Al final
se dieron cuenta que no tenía vuelta. Un día mi viejo me dijo, con la
paciencia colmada: “¿qué quieres hacer, adónde te quieres ir?”. A
Europa, le respondí. “Ya, vente conmigo a Francia un mes”. Y partimos.
Pero aguanté una semana a los franceses. Es que son muy pesados los
conchesumadres. Y ahí se le ocurrió llevarme a la España de Franco.
Medio panorama.
-Pensó que sería lo mejor para enderezarme. Pero, puta, fue el peor
negocio. Al mes que estuve cagó Franco. Y España se sacó los calzones y
todos a poto pelado. Y fue maravilloso. Nací de nuevo. Me hizo clic y me
di cuenta que todos mis aires del barrio alto, de Mario Carneyro, bla
bla, no valían nada. Me cultivé.
Viviste doce años, feliz. ¿Por qué regresaste?
-Me farrié la oportunidad. Y me expulsaron a patadas por hueás que hice.
LAS PERRAS
Hace unos años volviste al barrio alto. Precisamente a El Golf, a la casa de tus padres.
-Por desgracia. Vivo en pleno Sanhattan, al lado de la Torre Titanium,
un pico, tengo como diez picos rodeándome. Todos sabemos que los
arquitectos son gays. Está claro, si no harían edificios pal lado o con
otra forma. Antes vivía en Avenida España, feliz. Pero me robaron mi
plata. Quedé en pelota. Y no me quedó otra que volver a la casa de mis
padres.
¿De qué vives?
-Del diseño gráfico y de las tocatas, que dejan una mierda. Sin eso estaría debajo de un puente.
Con tus vecinos, ¿cómo te llevas?
-No me pescan. Ninguna tía se va a dignar a hablar conmigo, sobre todo
estas cuicas de pelo rubio que tengo de vecinas y que se suben en los
medios autos… qué voy hablar con una perra como esas. No me interesa. No
estoy ni ahí.
Algunos punkis deben decir que eres un hueón cuico hijito de papá.
-Me da lo mismo si lo piensan. Igual la mayoría sabe que me las juego,
que no llego en auto y que no tengo un maldito peso. Y que siempre he
sido así.
EL PAÍS FACHO
¿Por qué odias tanto a Chile?
-Este es un país facho, reaccionario y mala leche. Es el pueblo más
bastardo que hay. Somos un montón de malditos resentidos que estamos
odiándonos y dándonos de patadas. Nos olvidamos de los nuestros. Pero
viene un argentino y se la chupamos completa. Los mismos punkis que nos
rompen las puertas para no pagar dos lucas y entrar en patota, diez días
después están con entradas de 35 lucas haciendo la cola, muy señoritos
cuidándose de los pacos, para ver un grupo de moda. Esa hueá me
revienta. No me preguntes qué pienso de los chilenos, porque me duele
más la veintiúnica muela que me queda.
¿Por qué tanto?
-Los desprecio con toda mi alma. El país entero se ha vuelto un enorme
rebaño al que no le interesa nada. Se bajó los pantalones y se lo
culearon.
Pero la gente, sobre todo los jóvenes, están demostrando lo contrario.
-Ojalá cambien la cosa. Pero debe haber cambios más profundos. Eso de
salir a la calle no tiene mucho sentido a la larga. Es una pérdida de
tiempo.
¿Cuál sería entonces la solución?
-La revolución armada. Ir al barrio alto, pitearse a todos los
chuchesumadres y no dejar ni uno vivo. Sino qué vamos a hacer. ¿Crees
que ellos cambiarán su estilo de vida por los estudiantes? ¿Crees que la
UDI cambiará sus principios filosóficos para darle a los estudiantes
mejor enseñanza?
Imposible.
-Sus principios se basan en que haya un 85% de ignorantes para tenerlos
de mano de obra barata. No pueden darle cultura ni educación, porque los
ingenieros y los doctores son ellos. El problema es que esta casta
inútil de mierda aceptó eso. Y están felices. Y quieren ser todos como
Sánchez, que usa cuatro palabras del vocabulario -un maldito bruto
ignorante- pero que gana ocho palos al día. Ese es el nuevo paradigma
chileno: ser un patán arrogante con mucha plata.
¿Qué te parece Pitronello?
-Un tío que admiro por su valentía, su decisión, pero sobre todo por ser
un chaval de clase media acomodada que no tendría por qué estar
haciendo eso. Y es un tío que está dispuesto a morir o pasar en la
cárcel en vez de con todas las comodidades que le podría dar su familia.
Se hace anarco, revolucionario, y sabe igual que yo que esta lucha no
tiene solución y no tenemos cómo ganarla.
¿Te dan ganas de hacer lo mismo?
-A cada rato. Lo haré si tengo una enfermedad terminal. Pero quemaría el barrio alto. Porque ahí está el problema.
¿Incluida tu casa?
-También. Me da lo mismo todo… Otra cosa que ayudaría a generar un
cambio generacional sería prenderle fuego a todos los televisores de
este país, los causantes del sopor que tenemos y arma importante del
fascismo, que nos tiene idiotizados todo el día: si no es el realiti, es
la teleserie mexicana, el partido de fútbol o el poto y la teta. Pura
basura, tía. Es un insulto a mi inteligencia.
¿Tan así?
-Sí. Un insulto.
¿Pero ves algo?
-Sí. Tengo mis horas diarias de flagelación viendo noticias. Pero no aguanto mucho.
¿Qué te parece Camila Vallejo?
-Ella será la próxima presidenta de Chile. La adoro. No hablo de su
físico. No me meto en esa movida barata. La tía es genial, inteligente,
sabe muy bien para dónde van las cosas.
LOS PINOCHETITOS
¿Piensas votar con inscripción voluntaria?
-Para las presidenciales no creo que esté vivo.
¿Por qué no?
-Me dan ganas de mandar todo a la mierda. La verdad no me interesa. En
la derecha ni siquiera pienso. Este gobierno no ha hecho más que
evidenciar que el pinochetismo sigue ahí. Se puede vestir de todos los
ropajes democráticos y libertarios, pero es un pinochetito pequeño de
chaquetas rojas. Lo que me impresiona es el nivel de asquerosidad de la
Concertación. Son todos unos corruptos. El PPD, el PS, la DC, el
Ominami, son una manga de conchesumadres que están todo el día metidos
en el Congreso cafichándose y trabajando para sus propios intereses.
¿Y los comunistas?
-Sólo si la Vallejo se mete por el PC o alguien de su estilo como este
chaval de Titelmann. Pero a la vieja guardia, por favor, no… Viendo el
panorama actual en el que Golborne aparece como candidato presidencial
sólo porque es lindo y simpático, porque nadie sabe qué mierda ha hecho,
prefiero dar un paso al costado.
¿Tanto?
-Este país es tan conchesumadre que para el plebiscito del 88 por pocos
puntos casi nos quedamos con Pinochet para toda la vida. Más de tres
millones votaron porque siguieran las torturas, los asesinatos, la falta
de libertades. Tía, qué gente en su estado normal de cerebro puede
querer eso. Muchos hueones quisieron eso.
“DROGADO HASTA EL POTO”
Se te metió en la cabeza que morirás de enfermedad terminal. ¿Por qué?
-Mi papá y mi mamá murieron de cáncer. Es una cosa que no tiene vuelta.
Pero cuando vea que la cosa está muy jodida, me voy a dar un tiro y
chao. No creo en dios ni en ninguna basura.
La yerba mala nunca muere…
-Por eso he llegado a la edad que tengo. Debería haberme ido hace
tiempo. Tengo 54 años, pero de la cabeza estoy de 18 0 20. Y eso es lo
bueno. No he querido envejecer.
No quieres ser un viejo de mierda.
-Me gusta ser así: inmaduro, burro, celoso, estúpido, infantil, sin
hijos. Eso me mantiene joven. Como decía la Mafalda, no quiero
adulteces. Cuando me esté volviendo un viejo de mierda, daré un paso al
costado y me iré a la mierda. La gente envejece con 20 años. Antes son
todos radicales, punkis, degenerados, pero de ahí el autito, el
sueldito, la suegrita, la playita, se follan a la tía y la embarazan, y
cagan. A los 25 años son unos guatones que se abanican con tarjetas.
Prefiero mi vida. Andar en bicicleta todo el día. Así me mantengo y duro
una hora y media arriba del escenario.
¿No te cansas?
-Siempre he estado cansado. A veces llego a las tocatas sin haber comido
y drogado hasta el poto. Cualquier tipo en ese estado no se levanta de
la cama ni pal baño. Pero yo llego a la prueba de sonido, empiezo a
chupar, estoy cagado de hambre, pero la hago. Alguien que hace todo ese
esfuerzo para llevarse 20 lucas está muy mal de la cabeza.
¿Cómo te llevas con la gente de tu edad?
-Todas mis amigas son de 30 para abajo. Y viejas no quiero en mi vida.
Apenas me aguanto yo. Puta, si puedo lograr eso, está bien. Tengo suerte
con minas entre 18 y 30. Quizás sea parte del mito y leyenda del Pogo, y
me aprovecho de eso. Pero jamás una tía podría decir que me las doy de
estrella del rock. Al contrario, soy un desastre. ¿Quién a los 54 años
puede llegar a tener chiquitas de 18 o 30?
Muy pocos. ¿Cuál es tu receta?
-No soy el típico galán. No soy de abrirles la puerta, que se la abran
ellas. Si se está ahogando que se salve sola. Me gustan las minas
choras, potentes. Acá en Chile las mujeres son manipuladoras y mamonas.
Las minas con las que salgo saben cómo soy. Soy abierto. Le digo a las
tías “mira, tengo 54 años, soy un amargado, un conchesumadre, no tengo
un maldito peso, ¿querís culear conmigo o no?”. No voy a estar con
cuentos. Si querís que te invite a un restorán, cagaste. Y eso les
gusta. Nunca falta la borracha luego de una tocata o la muy loca que
quiera estar conmigo una noche.
¿No has tenido relaciones duraderas?
-Duré cuatro años con una española. Era amor y odio. Muy sanguíneo.
Terminábamos en el hospital. Ella con la cara rota, yo con el brazo
torcido.
A LA MIERDA TODO
“Soy medio esquizofrénico: tengo mis ratos de positivismo y otros en que
mando todo a la mierda, como hace dos semanas, cuando no me presenté en
el escenario y dejé a todos botados”, dice.
Te importó una raja.
-Sí por dejar la cagada tengo que cortarme los brazos, lo haré. Si tengo
que ponerme una chaqueta con explosivos, joderé. Cuando me la juego lo
hago al tutti para que nadie diga que soy un chuchesumadre.
Hablando de música, detestas el punk de letras tipo “la policía me reprime”.
-Se repite todo, tía. Todos los punkitos hacen punk ignorante porque no
leen. Y siguen haciendo letras de 1977. No tienen lógica de identidad.
Mis letras son lo mismo, pero digo las cosas con otro ángulo, utilizo el
humor y la ironía, hago canciones con cuatro acordes y todas las
combinaciones posibles, y hacen bailar. Y si hablo de amor no digo
“estoy esperando a mi chica y la veo caminar por el fondo con los
pajaritos que cantan”. No. Canto: “Y nos reímos de todas las leyes y nos
violamos muchas otras, desde un balcón tiré el televisor, y le robamos a
todos los bancos y nos gastamos el dinero en un motel”. Pero los
punkitos no leen ni los titulares de prensa.
Te volviste famoso y fuiste a la tele en los ’90. ¿Te odiaste?
-Sí, fue asqueroso, pero me pagaron un millón de pesos.