Hábitos tan cotidianos como lavarse las manos, los dientes y bañarse son esenciales para prevenir enfermedades. En otras palabras, los hábitos de higiene son los que nos permiten vivir con buena salud y mantener una mejor calidad de vida. Esa es la importancia de la higiene personal, una costumbre que todos debemos tener desde que somos niños.
La higiene personal es más que lavarse las manos, el cuerpo y los dientes. También implica desde usar ropa limpia, cubrirnos la boca cuando tosemos hasta tener las uñas limpias. Esto es esencial tanto para proteger nuestra salud como la de quienes nos rodean.
Cómo cuidaremos nuestra cabeza, dientes, manos.
Debemos lavarnos la cabeza, al menos, una vez cada ocho días. ¿Cómo lavarnos la cabeza?. Primero se moja bien el pelo en agua caliente, para que tomen bien el jabón o el champú (compuesto que se compra); luego se enjabona frotando bien la piel de la cabeza y frotando bien el pelo hasta que haga mucha espuma, pues si no hace espuma es que no acaba de estar limpio; luego se enjuaga, si es posible, con dos aguas o tres, y en la última, si ponéis unas gotas de limón o de vinagre, quedará el pelo más fácil de peinar.
Los dientes.
Nos lavaremos los dientes mañana y noche y, si podemos, después de las comidas (tengamos una demostración). El lavado de los dientes los conserva sanos, y, por consiguiente, no tendremos que ir al dentista. Es, además, una falta de consideración enseñar al prójimo una boca sucia, una boca sucia resulta repugnante e indecorosa.
Las manos.
Con las manos cogemos todo lo que necesitamos, y a veces en el polvo
que cae sobre un libro, en la pelota del baloncesto, en la butaca del
tranvía, está el germen de una enfermedad. No nos toquemos los ojos, ni
la boca, ni las narices, ni los oídos, con las manos sucias. Lavemos
bien nuestras uñas muy a fondoCreo que estos consejos son bastante fáciles y convenientes para una buena higiene personal.
La higiene de una persona es algo que pertenece a su más estricta intimidad. Pero también hay que remarcar, que la higiene de una persona, tiene, en muchos casos, repercusiones sociales que afectan a terceras personas. Por ejemplo, una persona mal aseada puede tener un olor corporal desagradable que hace molesta su presencia al lado de otras personas.
Los temas sobre higiene personal siempre deben quedar en el ámbito más privado de una persona. No es correcto ponerla en práctica de forma pública, salvo que fuera una causa de fuerza mayor. Por lo tanto, hay que evitar utilizar la seda dental o los mondadientes en público, tampoco limpiarse las uñas con cualquier objeto que se tenga a mano (no piense ni tan siquiera por un momento, utilizar un tenedor) y comportamientos tan incorrectos como repugnantes similares a los indicados anteriormente.
Si tiene que arreglarse el pelo, porque el viento le ha despeinado, o tiene que darse un retoque a su lápiz de labios, o desea quitarse un pelo rebelde de su barba o bigote, etc. recuerde que tiene que hacerlo en privado. No hay algo tan inapropiado como de mal gusto que hacerlo delante de los demás.
Desde la cabeza a los pies, su higiene debe ser adecuada y habitual. No es correcto solo hacer uso de la misma en contadas ocasiones. Muchas páginas se han escrito en los antiguos manuales de urbanidad sobre la higiene, tan básica en la educación como cualquier otra parcela de su etapa de crecimiento y de adquisición de conocimientos. La higiene debe ser una tarea diaria para la que no hay excusa alguna para pasarla por alto.
La higiene es una parte de la educación básica de cualquier persona. Ahora bien, no es un tema adecuado para tratar en conversaciones y en otros ámbitos públicos. Es algo muy personal e íntimo.