Benedicto XVI: Una santa actual, Margarita d'Oingt.

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Mari La Palma

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Nov 6, 2010, 5:04:04 AM11/6/10
to GRUPO CARISMÁTICO VIRTUAL: ISLA DE LA PALMA.

Benedicto XVI: Una santa actual, Margarita d'Oingt

Hoy en la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 3 de noviembre de 2010 (ZENIT.org). -
Ofrecemos a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI
pronunció hoy durante la audiencia general celebrada en el Aula Pablo
VI del Vaticano, con miles de peregrinos de todo el mundo.
* * * * *
Queridos hermanos y hermanas
con Margarita d'Oingt, de la que quisiera hablaros hoy, nos
introducimos en la espiritualidad cartujana, que se inspira en la
síntesis evangélica vivida y propuesta por san Bruno. No conocemos su
fecha de nacimiento, aunque alguno la coloca en torno a 1240.
Margarita proviene de una poderosa familia de nobleza antigua del
Lyonnais, los Oingt. Sabemos que la madre se llamaba también
Margarita, que tenía dos hermanos – Guiscardo y Luis – y tres
hermanas: Catalina, Isabel e Inés. Esta última la seguirá al
monasterio, en la Cartuja, sucediéndole después como priora.
No tenemos noticias sobre su infancia, pero por sus escritos podemos
intuir que transcurrió tranquila, en un ambiente familiar afectuoso.
De hecho, para expresar el amor sin límites de Dios, ella valora mucho
imágenes ligadas a la familia, con particular referencia a las figuras
del padre y de la madre. En una meditación suya reza así: "Muy dulce
Señor, cuando pienso en las especiales gracias que me has hecho por tu
solicitud: ante todo, cómo me custodiaste desde mi infancia y cómo me
sustrajiste del peligro y me llamaste a dedicarme a tu santo servicio,
y como proveíste en todas las cosas que me eran necesarias para comer,
beber, vestir y calzar, (y lo hiciste) de tal forma que no tuve
ocasión de pensar en todas estas cosas sino en tu gran
misericordia" (Margherita d'Oingt, Scritti spirituali, Meditazione V,
100, Cinisello Balsamo 1997, p. 74).
Siempre en sus meditaciones, intuimos que entró en la Cartuja de
Poleteins en respuesta a la llamada del Señor, dejando todo y
aceptando la severa regla cartujana, para ser totalmente del Señor,
para estar siempre con Él. Ella escribe: "Dulce Señor, yo dejé a mi
padre y a mi madre y a mis hermanos y todas las cosas de este mundo
por tu amor; pero esto es poquísimo, porque las riquezas de este mundo
no son sino espinas que pinchan; y cuantas más se poseen más se es
infortunado. Y por esto me parece no haber dejado otra cosa que
miseria y pobreza; pero tu sabes, dulce Señor, que si yo poseyera mil
mundos y pudiese disponer de ellos a mi placer, lo abandonaría todo
por amor tuyo; e incluso si tu me dieses todo lo que posees en el
cielo y en la tierra, no me consideraría saciada hasta que no te
tuviese a ti, porque tu eres la vida de mi alma, no tengo ni quiero
tener padre y madre fuera de ti" (ibid., Meditazione II, 32, p. 59).
También de su vida en la Cartuja tenemos pocos datos. Sabemos que en
1288 se convirtió en su cuarta priora, cargo que mantuvo hasta su
muerte, que tuvo lugar el 11 de febrero de 1310. De sus escritos, con
todo, no se desprenden giros particulares en su itinerario espiritual.
Ella concibe toda la vida como un camino de purificación hasta la
configuración plena a Cristo. Él es el libro que se escribe, que
incide diariamente en el propio corazón y en la propia vida, en
particular su pasión salvadora. En la obra Speculum, Margarita,
refiriéndose a sí misma en tercera persona, subraya que por gracia del
Señor "había grabado en su corazón la santa vida que Dios Jesucristo
llevó en la tierra, sus buenos ejemplos y su buena doctrina. Ella
había puesto tan bien al dulce Jesucristo en su corazón que le parecía
incluso que éste le estuviese presente y que tuviese un libro cerrado
en su mano, para instruirla" (ibid., I, 2-3, p. 81). "En este libro
ella encontraba escrita la vida que Jesucristo llevó en la tierra,
desde su nacimiento hasta su ascensión al cielo" (ibid., I, 12, p.
83).
Cada día, desde la mañana, Margarita se dedica al estudio de este
libro. Y, cuando lo ha mirado bien, comienza a leer el libro en su
propia conciencia, que muestra las falsedades y las mentiras de su
propia vida (cfr ibid., I, 6-7, p. 82); escribe de sí misma para
ayudar a los demás y para fijar más profundamente en su propio corazón
la gracia de la presencia de Dios, es decir, para hacer que cada día
su existencia esté marcada por la confrontación con las palabras y las
acciones de Jesús, con el Libro de la vida de Él. Y esto para que a
vida de Cristo sea impresa en su alma de forma estable y profunda,
hasta poder ver el Libro en su interior, es decir, hasta contemplar el
misterio de Dios Trinidad (cfr ibid., II, 14-22; III, 23-40, p.
84-90).
A través de sus escritos, Margarita nos ofrece algunos resquicios
sobre su espiritualidad, permitiéndonos captar algunos rasgos de su
personalidad y de sus dotes de gobierno. Es una mujer muy culta;
escribe habitualmente en latín, la lengua de los eruditos, pero
escribe también en franco-provenzal y también esto es una rareza: sus
escritos son, así, los primeros, de los que se tiene memoria,
redactados en esta lengua. Vive una existencia rica en experiencias
místicas, descritas con sencillez, dejando intuir el inefable misterio
de Dios, subrayando los límites de la mente para aprehenderlo y la
inadecuación de la lengua humana para expresarlo. Tiene una
personalidad lineal, sencilla, abierta, de dulce carga afectiva, de
gran equilibrio y agudo discernimiento, capaz de entrar en las
profundidades del espíritu humano, de descubrir sus límites, sus
ambigüedades, pero también sus aspiraciones, la tensión del alma hacia
Dios. Muestra una destacada aptitud para el gobierno, conjugando su
profunda vida espiritual mística con el servicio a las hermanas y a la
comunidad. En este sentido, es significativo un pasaje de una carta a
su padre. Escribe: "Mi dulce padre, os comunico que me encuentro tan
ocupada a causa de las necesidades de nuestra casa, que no me es
posible aplicar el espíritu en buenos pensamientos; de hecho, tengo
tanto que hacer que no sé de qué lado volverme. No hemos recogido
trigo en el séptimo mes del año y nuestras viñas han sido destruidas
por la tempestad. Además, nuestra iglesia se encuentra en tan malas
condiciones que nos vemos obligados a reconstruirla en parte" (ibid.,
Lettere, III, 14, p. 127).
Una monja cartuja dibuja así la figura de Margarita: "A través de su
obra se revela una personalidad fascinante, de inteligencia viva,
orientada hacia la especulación y, al mismo tiempo, favorecida por
gracias místicas: en una palabra, una mujer santa y sabia que sabe
expresar con un cierto humorismo una afectividad del todo
espiritual" (Una Monaca Certosina, Certosine, en Dizionario degli
Istituti di Perfezione, Roma 1975, col. 777). En el dinamismo de la
vida mística, Margarita valora la experiencia de los afectos
naturales, purificados por la gracia, como medio privilegiado para
comprender más profundamente y secundar con más prontitud y ardor la
acción divina. L motivo reside en el hecho de que la persona humana es
creada a imagen de Dios, y por ello es llamada a construir con Dios
una maravillosa historia de amor, dejándose implicar totalmente por su
iniciativa.
El Dios Trinidad, el Dios amor que se revela en Cristo le fascina, y
Margarita vive una relación de amor profundo hacia el Señor y, por
contraste, ve la ingratitud humana hasta la vileza, hasta la paradoja
de la cruz. Ella afirma que la cruz de Cristo es parecida a la mesa
del parto. El dolor de Jesús es comparado con el de una madre.
Escribe: "La madre que me llevó en el seno sufrió fuertemente, al
darme a luz, durante un día o una noche, pero tu, dulcísimo Señor, por
mi fuiste atormentado no una noche o un día, sino durante más de
treinta años […]; ¡cuán amargamente sufriste por causa mía durante
toda la vida! Y cuando llegó el momento del parto, tu trabajo fue tan
doloroso que tu santo sudor se convirtió como en gotas de sangre que
se derramaban por todo tu cuerpo hasta el suelo" (ibid., Meditazione
I, 33, p. 59). Margarita, evocando los relatos de la pasión, contempla
estos dolores con profunda compasión. Dice: "Tu fuiste depositado en
el duro lecho de la cruz, de forma que no podías moverte o girarte o
agitar tus miembros como suele hacer un hombre que sufre un gran
dolor, porque fuiste completamente extendido y te fueron clavados los
clavos […] y […] fueron lacerados todos tus músculos y tus venas. […]
Pero todos estos dolores […] aún no te bastaban, tanto que quisiste
que tu costado fuese abierto por la lanza tan cruelmente que tu dócil
cuerpo fuese totalmente arado y desgarrado; y tu sangra brotaba con
tanta violencia que formaba un largo camino, casi como si fuese una
gran corriente". Refiriéndose a María afirma: "No era de maravillarse
que la espada que te deshizo el cuerpo penetrara también en el corazón
de tu gloriosa madre que tanto quería sostenerte […] porque tu amor
fue superior a todos los demás amores" (ibid., Meditazione II,
36-39.42, p 60s).
Queridos amigos, Margarita d'Oingt nos invita a meditar diariamente la
vida de dolor y de amor de Jesús y de su Madre, María. Aquí está
nuestra esperanza, el sentido de nuestro existir. De la contemplación
del amor de Cristo por nosotros nacen la fuerza y la alegría de
responder con el mismo amor, poniendo nuestra vida al servicio de Dios
y d los demás. Con Margarita decimos también nosotros: "Dulce Señor,
todo lo que realizaste, por amor mío y de todo el género humano, me
lleva a amarte, pero el recuerdo de tu santísima pasión da un vigor
sin igual a mi potencia de afecto para amarte. Por eso me parece […]
haber encontrado lo que tanto he deseado: no amar otra cosa que a ti o
en ti o por amor a ti" (ibid., Meditazione II, 46, p. 62).
A primera vista esta figura de cartuja medieval, como toda su vida, su
pensamiento, parecen muy lejanos de nosotros, de nuestra vida, de
nuestra forma de pensar y actuar. Pero se miramos a lo esencial de
esta vida, vemos que nos afecta también a nosotros y que debería ser
esencial también en nuestra propia existencia.
Hemos escuchado que Margarita consideró al Señor como un libro, fijó
la mirada en el Señor, lo consideró como un espejo en el que aparece
también su propia conciencia. Y de este espejo entró luz en su alma:
dejó entrar a la palabra, la vida de Cristo en su propio ser y así fue
transformada; su conciencia fue iluminada, encontró criterios, luz y
fue limpiada. Precisamente de esto necesitamos también nosotros: dejar
entrar las palabras, la vida, la luz de Cristo en nuestra conciencia
para que sea iluminada, comprenda lo que es verdadero y bueno y lo que
está mal; que sea iluminada y limpiada nuestra conciencia. La basura
no está sólo en distintas calles del mundo. Hay basura también en
nuestras conciencias y en nuestras almas. Sólo la luz del Señor, su
fuerza y su amor es el que nos limpia, nos purifica y nos da el camino
recto. Por tanto sigamos a santa Margarita en esta mirada hacia Jesús.
Leamos en el libro de su vida, dejémonos iluminar y limpiar, para
aprender la vida verdadera. Gracias.
[En español dijo]
Saludo a los grupos de lengua española, en particular a los peregrinos
de Alcobendas, así como a los demás fieles provenientes de España,
México y otros países latinoamericanos. Os invito a que me acompañéis
con vuestra ferviente oración durante el próximo fin de semana, en el
que realizaré una visita pastoral a Santiago de Compostela, uniéndome
así a los peregrinos que llegan hasta los pies del Apóstol en este Año
Santo. Iré también a Barcelona, donde tendré la alegría de dedicar el
maravilloso templo de la Sagrada Familia, obra del genial arquitecto
Antoni Gaudí. Voy como testigo de Cristo Resucitado, con el deseo de
llevar a todos su Palabra, en la que pueden encontrar luz para vivir
con dignidad y esperanza para construir un mundo mejor.


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